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Dos años después, la guerra de Iraq agota el poder militar de EEUU

Fuentes: Washington Post

Dos años después de que EEUU iniciara una guerra contra Iraq con un despliegue de poder aplastante, un conflicto de guerrilla está reduciendo los recursos del Ejército de EEUU y extendiendo un manto de inseguridad sobre la capacidad de respuesta de todas las fuerzas voluntarias, según dirigentes militares, legisladores y expertos en defensa estadounidenses. Las […]

Dos años después de que EEUU iniciara una guerra contra Iraq con un despliegue de poder aplastante, un conflicto de guerrilla está reduciendo los recursos del Ejército de EEUU y extendiendo un manto de inseguridad sobre la capacidad de respuesta de todas las fuerzas voluntarias, según dirigentes militares, legisladores y expertos en defensa estadounidenses. Las inesperadas y firmes exigencias de mantener los combates en tierra están forzando a desplegar reservas militares y a enviarlas [a Iraq] más deprisa de lo que pueden ser reemplazadas. Problemas en el reclutamiento y retrasos en los equipamientos necesarios están pasando factura; un número creciente de unidades han sido divididas o puestas a prueba con reiterados re-despliegues, especialmente en la Guardia Nacional del Ejército y en el Ejército de la Reserva.

«Lo que me mantiene despierto toda la noche es saber qué aspecto tendrá esta fuerza de voluntarios en 2007», manifestó esta semana en una sesión del Senado el general Richard A. Cody, subdirector de personal del Ejército.

La guerra de Iraq también ha llevado a una drástica disminución en la capacidad de respuesta de todas las fuerzas del tierra estadounidenses para enfrentarse a las amenazas dentro y fuera del país, obligando al Pentágono a aceptar riesgos nuevos, incluso mientras los militares planifican una campaña global contra el terrorismo que los responsables de la Administración dicen que podría alargarse durante una generación.

Sin capacidad ante emergencias

Atrapado en Iraq y Afganistán, EEUU carece de la suficiente capacidad para colocar un gran número de «botas sobre el terreno» en caso de una emergencia en cualquier otra parte del planeta, como podría ser en la península de Corea, según manifiestan algunos legisladores republicanos y demócratas y algunos dirigentes militares. Son escépticos respecto a la capacidad del Pentágono para sustituir la fuerza aérea y naval, y están completamente seguros de que lo que el país necesita es un Ejército mucho mayor. «El Ejército estadounidense responderá si hay amenazas vitales, pero ¿responderá con tantas fuerzas como sea necesario, con equipos en excelentes condiciones? La respuesta es no» señala el senador por Rhode Island Jack Reed.

Por supuesto, el Ejército también se ha beneficiado de los dos años de reemplazo en las distintas zonas de guerra y, desde una perspectiva histórica, se encuentra en una situación mejor de lo que muchos analistas esperaban. Las tropas estadounidenses son las más combativas que ha tenido la nación durante décadas y los niveles de reenganche se han mantenido generalmente altos. La guerra además ha traído consigo la innovación tecnológica al mismo tiempo que ha proporcionado el momento para la reorganización de un Ejército que en muchos aspectos estaba todavía diseñado para al Guerra Fría.

Además, los dirigentes militares están avanzando para allanar el camino para aumentar las filas de forma temporal; recomponer fuerzas para sumar a la Infantería y a la Policía Militar soldados para [ocuparse de] asuntos civiles, y emplear a los civiles en áreas donde sea posible. Ayer, responsables de Defensa se preocupaban por el anuncio de que se elevaría la edad, de los actuales 34 a los 40 años, para alistarse en la Guardia Nacional y del Ejército de la Reserva. El Pentágono está gastando miles de millones de dólares para arreglar y reemplazar el equipamiento perdido en batallas y para comprar blindados, radios, armas y otros equipos.

Sin embargo, tales soluciones llevan su tiempo y nadie, incluidos responsables con trayectoria profesional, pueden predecir cuánto tiempo podrán mantener las fuerzas de voluntarios este acelerado ritmo de guerra. Particularmente el sistema de reclutamiento entorpece a las fuerzas en su esencia. Pero volviendo al plan visto mayoritariamente como económica y políticamente insostenible, los dirigentes militares dicen que la seguridad de la nación se apoya en la intensificación del apoyo al personal en el servicio militar: «Si no hacemos bien esto, el riesgo es enorme», manifestó el teniente general Roger C. Schultz, director de la Guardia Nacional, la rama más afectada del Ejército.

El reclutamiento: un negocio difícil

A la caída de la noche [del 19 al 20] de marzo de 2003 comenzó la guerra de Iraq. El personal bajo mando del sargento Spurgeon M. Shelley estaba cerca de la frontera con Kuwait, viendo el resplandor anaranjado de los misiles que impactaban delante de ellos mientras él guiaba un convoy de municiones para el Cuerpo de Marines hacia al norte, tras el paso fronterizo. Conduciendo un sucio vehículo, con su mascara anti-gas puesta y un traje protector de productos químicos, Shelley decidió hacer lo que fuera necesario para regresar vivo y ver a su hija Lena de dos años. «Voy a hacer lo que sea para sobrevivir»m se dijo a sí mismo.

Hoy Shelley presta servicio en lo que él denomina «un hombre frente a un problema», en otro campo de batalla: una oficina de reclutamiento de marines en Lexington Park, en el condado de St. Mary (Maryland), con la misión de convencer a hombres y mujeres jóvenes de que se alisten y probablemente ir a la guerra. Hace poco, una noche tras haber realizado docenas de infructuosas llamadas a estudiantes de secundaria, Shelley dijo que su trabajo de reclutamiento era más penoso que el combate: «He escuchado más veces ‘no’ de lo que lo escuchará un niño a lo largo de toda su infancia», dijo. «Si tuviera pelo, me lo arrancaría».

El Cuerpo de Marines en activo y cinco o seis componentes de reserva del Ejército han sido incapaces de lograr al menos alguno de los objetivos de reclutamiento previstos para el primer cuarto del año fiscal 2005, según el departamento de estadística del ministerio de Defensa. Los recortes de personal en activo llegaron junto al aumento de la preocupación entre los oficiales del Ejército y del Cuerpo de Marines de que sus servicios corrían el riesgo de perder las cuotas anuales de reclutamiento por primera vez en esta década.

Shelley, por ejemplo, ha reclutado a cuatro personas en cerca de seis meses, a pesar de trabajar 16 horas al día. Preguntado por qué el reclutamiento es tan difícil, da una rápida respuesta: «la guerra».

Cada vez más, las encuestas muestran que la principal razón de que los jóvenes estadounidenses mayores de edad, evitan el servicio militar es que ellos (y en gran medida sus familiares) temen que el alistamiento pueda significar un despliegue en zona de guerra y la muerte o resultar heridos. Una encuesta demostró que estos temores casi se han duplicando entre los encuestados entre el año 2000 y el 2004.

En realidad, los problemas de reclutamiento de hoy reflejan una preocupación extendida que se remonta a la concepción de las fuerzas de voluntarios en 1973, que un Ejército compuesto en su totalidad por voluntarios no podría proveer las tropas adecuadas para una guerra de larga duración en tierra.

Pero la confianza en la fuerza de voluntarios ha aumentado al tiempo que ha ganado en disciplina y profesionalidad. Entre tanto, las misiones lejanas incluso han proliferado mientras el tamaño del Ejército disminuía drásticamente. El Ejército ha disminuido desde 40 divisiones en activo durante la guerra de Vietnam a 28 cuando la Guerra Fría terminó, hasta las 18 de la actualidad.

El Ejército está intentando reconstituir las fuerzas, aumentando temporalmente el número de efectivos en 30.000 soldados y 5.000 marines. Pero la guerra no es el único obstáculo. El aumento de estudiantes universitarios y el mercado de trabajo en expansión están dando a los titulados más posibilidades. «En tiempos como estos, cuando el desempleo está alcanzado el cinco por ciento, es cuando se alcaza un nivel crítico para los reclutamientos», manifestó Curtis L. Gilroy, director de política de acceso del departamento de Defensa.

Para lograr sus objetivos, el Ejército está considerando aumentar los bonos de alistamiento hasta alcanzar los 20.000 dólares. Ambos, el Ejército y el Cuerpo de Marines están alistando a cientos de reclutas que «tendrán que trabajar muy, muy duro» dijo Gilroy.

La situación de Shelley ejemplifica la presión de los reclutadores actualmente. A las seis y media de la mañana consulta su «plan de ataque», una hoja de papel en la que escribe lo que hará hora a hora. Al medio día va a un restaurante de comida rápida. Cuando los institutos terminan, a las tres menos cuarto, empieza a llamar a los posibles reclutas a casa. Por la tarde, va a las gasolineras o al 7-Eleven buscando jóvenes con los «trabajos menos apetecibles». Por la noche sale un área de recreo hasta las diez y media.

Por la noche, girando el volante de su Dodge Stratus con la palma de la mano, Shelley pasa despacio delante un restaurante de comida rápida. Observando los coches, deduce quien está en el restaurante y si merece la pena entrar o no. Hace el último intento del día con un joven con sobrepeso, que apila tomates en un supermercado y regresa a su casa. «Mientras la guerra siga yendo tan lentamente, el reclutamiento no mejorará», predice. «Creo que irá cada vez peor», añade.

Crecientes demandas

Mientras el Ejército lucha por encontrar reclutas, se produce una presión sin precedentes sobre los miembros en servicio y sus familias.

Desde 2001, el Ejército estadounidense ha desplegado más de un millón de tropas para las guerras de Iraq y Afganistán, con 341.000 tropas, casi un tercio, prestando servicio dos o más veces en misiones en el extranjero. Hoy, una resistencia firmemente establecida en Iraq tiene atrapados a 150.000 soldados estadounidenses, habiendo causado al menos 1.500 muertos, más de 10 veces el número de muertos en las principales operaciones de combate que el presidente Bush declaró finalizadas el primero de mayo de 2003 [1].

Debido a la extensión de la violencia por parte de la insurgencia, las fuerzas armadas estadounidenses, el Ejército y en particular el Cuerpo de Marines, emparejadas con una coalición extranjera menor de lo esperado, han tenido que mantener una fuerza de 17 brigadas en Iraq hasta ahora, en lugar de disminuir el número a ocho brigadas o incluso retirase totalmente según los proyectos militares iniciales.

El teniente general James J. Lovelace hijo, jefe de operaciones del Ejército, es una especie de malabarista responsable de repartir las limitadas unidades y el equipamiento y de priorizar qué da a quién. Rodeado de ordenanzas en su oficina del Pentágono, el graduado de West Point, originario de Richmond [Virginia] está preocupado por los lejanos rincones desde los cuales el Ejército ha tenido que reunificar sus fuerzas: «Hemos desplegado unidades de la Vieja Guardia» dice, refiriéndose al primer despliegue jamás llevado a cabo de la guardia ceremonial de Fort Myer, cuando una compañía fue enviada a Djibouti el año pasado. «Hemos llegado hasta el interior de Alaska y movido de allá nuestras fuerzas», dijo. «¡Corea! ¿Quién habría pensado alguna vez haber desplegado desde allí una formación de combate?» dijo, refiriéndose a una brigada enviada desde Corea del Sur a Iraq [en 2005].

Hace dos años, el Ejército liberó a 2.500 reclutas de forma que pudieron navegar con unidades tácticas, señalan oficiales. Además, los marines enviaron menos grupos de reclutadores a las escuelas porque se les necesitaba para operaciones militares.

Los porcentajes de reenganche, que han permanecido inalterables pese a las largas campañas de guerra, sufrieron un pequeño descalabro en el servicio activo del Ejército y de la Guardia Nacional durante los primeros cuatro meses del año fiscal 2005. El Ejército alcanzó el 94% de sus objetivos en el reenganche de soldados recién alistados y llegó hasta el 96% entre aquellos que se encuentran en la mitad de su carrera profesional. Un estudio anterior sobre las tropas en Bosnia demuestra que inicialmente éstas eran más proclives a reengancharse que aquellos que no habían servido fuera del país, pero los porcentajes de reenganches cayeron en la misma medida en que aumentaba el peligro y los despliegues [en el exterior].

«Me preocupan los soldados que han sido desplegados dos y tres veces desde el 11-S», manifestó a la prensa el jueves pasado el general Richard A. Cody, vicecomandante [segundo Jefe] del Ejército.

Mientras completa las tropas para los despliegues, el Ejército tiene que almacenar el equipamiento mínimo. Ha intercambiado entre las unidades miles de cosas, desde radios hasta rifles, mandando productos nuevos y esquilmado los stocks de tanques del Ejército, [vehículos] Humvees y otros valores para equipar a las unidades para el combate. «Los stocks del Ejército en el Sudeste Asiático están agotados y también los de Europa», manifiesta un oficial estadounidense. Apenas la mitad del equipamiento almacenado en los barcos del Ejército y del Cuerpo de Marines ha sido utilizado, dijo el oficial. Abastecer los almacenes debe esperar hasta que la guerra de Iraq se sosiegue, manifiestan responsables de los militares.

Mientras tanto, una parte considerable del engranaje de los marines y del Ejército está en Iraq gastando hasta seis veces más de lo normal. Las pérdidas de las batallas aumentan; el Ejército ha perdido 79 aviones y varios tanques y vehículos Bradley de combate. «Estamos equipados al mínimo, se lo aseguro. Este Ejército inició la guerra sin estar preparado», dijo Cody en una declaración reciente en el Congreso.

La prioridad de almacenar los escasos recursos de las unidades desplegadas significa que las fuerzas que regresan a EEUU ­especialmente las unidades de reserva- están disminuyendo su capacidad de intervención. En muchos casos están llegando al nivel menor, el C4, debido a la falta de equipo que funcione, a que se requiere entrenamiento o personal. «El Ejército informa que, en conjunto, los niveles de preparación hoy son menores de lo que fueron en el pasado», dijo Paul W. Mayberry, diputado para la subsecretaría de Defensa para el Personal y el Entrenamiento.

El Pentágono afirma que con las rotaciones se mantienen suficientes fuerzas preparadas y equipo pre-posicionado para manejar una posible crisis en la península de Corea y otras contingencias, pero los legisladores estadounidenses están preocupados. El senador republicano John W. Warner afirna que en primer lugar está preocupado por la capacidad de respuesta estadounidenses si «surge algún problema en la península de Corea». El senador republicano por Arizona John McCain pregunta: «¿Qué capacidad tenemos de manejar otro conflicto importante?», y añade: «Es bastante obvio que sería extremadamente difícil debido a la parte de nuestros recursos implicados en Iraq y Afganistán. «¿Qué pasará si estalla un conflicto con Corea del Norte o Irán?»

Sentir la presión

De todas las ramas de las fuerzas armadas de EEUU, la Guardia Nacional y el Ejército de Reserva son los que más están sufriendo, ya que son los que aportan entre una tercera parte y la mitad de las tropas en Iraq, a pesar de los permanentes recortes en sus dotaciones y equipamiento en el pasado. «Lo verdaderamente importante fue el hecho de que nadie previó que nosotros tendríamos este nivel de compromiso para la Guardia Nacional», que envió siete brigadas de combate a Iraq y a Afganistán en el ultimo reemplazo, dijo Cody. Debido a que el Ejército tradicionalmente ha aprovisionado al mínimo a la Guardia Nacional y a las unidades de reserva, apenas contaban con las tropas o el equipamiento necesarios cuando fueron movilizados. Como resultado, un gran número de soldados y equipos fueron trasladados de una unidad a otra o intercambiados para crear una fuerza preparada para el despliegue. «Estábamos increíblemente mal equipados antes de que la guerra comenzara. Esa situación no ha mejorado. De hecho, cada día es un poco peor, porque seguimos con los traslados», manifestaba este mes el teniente general Steven Blum, jefe de la Oficinal de la Guardia Nacional ante el Congreso.

La continua división de las unidades está haciendo cada vez más difícil para el Ejército reunir fuerzas viables entre las que van quedando (la mayoría de las cuales poseen niveles de preparación bajos), como muestran las cifras del Ejército. «Es un poco como un queso suizo. Hemos hecho agujeros en las unidades»; dijo Lovelace «Esos ‘agujeros’ son en la mayoría de los casos esenciales y son difíciles de llenar».

La Guardia Nacional y el Ejército de la Reserva ya han desplegado la práctica totalidad de sus fuerzas, necesarias para combatir tanto la insurgencia en Iraq y Afganistán, como para la inteligencia militar, los asuntos civiles, la infantería y la policía militar, poniendo encima de la mesa la cuestión de si es sostenible el límite, impuesto por del Pentágono, de dos años sobre la movilización de los reservistas. «¿Podemos seguir haciendo esto siempre? No, no podemos mantener esto con los niveles actuales [de personal]», manifestó en una entrevista, Schultz, miembro de la Guardia Nacional.

Señal de que los problemas aumentan es que los soldados de carrera, frustrados por la fragmentación de sus unidades y los largos servicios en duras zonas de guerra, están abandonando la Guardia Nacional. La desmoralización entre los guardias de carrera está llegando al 20 por ciento, manifestó Schultz, quien espera que hasta un tercio de los miembros de algunas unidades abandonen el servicio a su regreso de Iraq.

El reclutamiento es costoso, alcanzando el 75 por ciento del objetivo para el primer cuarto del año fiscal 2005, lo que significa que la Guardia Nacional es incapaz de alcanzar el número deseado de 350.000 soldados este año.

La viabilidad de la Guardia Nacional y del Ejército de la Reserva resultará decisiva, manifestaron veteranos responsables del Ejército, mientras consideran si aumentar en 2006, y de forma permanente, el número de las fuerzas en activo, y si es así en cuánto. También señala una prueba crítica para la capacidad del Ejército de llegar a la población civil, no solo con ayudas económicas y educativas, sino además con la ética de auto-sacrificio que se considera la piedra angular de todas las fuerzas voluntarias. «Las fuerzas voluntarias tienen que trabajar siempre, no solo en tiempos de paz», indica Schultz. «Ahora es el momento de responder al llamamiento para servir, [es el momento de] unirse al Ejército».

Nota deIraqSolidaridad:

1. Véase en IraqSolidaridad: Los ocupantes: La fuerzas de EEUU y sus aliados en Iraq

IraqSolidaridad (www.nodo50.org/iraq). Traducción para IraqSolidaridad de Paloma Valverde