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Mientras el Gobierno de Trump sopesa emprender la guerra, las y los iraquíes preparan un festival por la paz

Dos pacifistas iraquíes hacen frente al mundo de Trump

Fuentes: TomDispatch

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos.

Nota de TomDispatch: ¿Un Sadam Husséin estadounidense? 

Han pasado casi 18 desde la guerra «infinita«, las masacres, los desplazamientos masivos de personas, la destrucn de ciudades … ya conocen la historia. Todos la conocemos… más o menos… pero casi siempre es una historia sin ellos y ellas. Casi nunca se oyen sus voces. En nuestro mundo rara vez se les presta atención. Me refiero a las personas afganas, iraquíes, sirias, yemeníes, somalíes, libias, etc., que han sido las más afectadas por nuestras guerras interminables. Sí, de vez en cuando se publica un artículo sorprendente en los medios de comunicación estadounidenses, como la reciente investigación conjunta del Bureau of Investigative Journalism y el New York Times sobre la matanza de una madre y sus siete hijos (el menor de cuatro años) en un pueblo afgano provocada por un misil estadounidense JDAM (masacre que en un principio el ejercito estadounidense desmintió). Fue uno de los cada vez más frecuentes ataques aéreos estadounidenses en ese país. En cada uno de los artículos se puede escuchar la afligida voz del marido, Masih Ur-Rahman Mubarez, que no estaba ahí cuando cayó la bomba, de modo que vivió para buscar justicia para su familia («Tenemos un dicho: permanecer callado ante la injusticia es un crimen, por lo tanto lo difundiré por todo el mundo. Hablaré con todos, en todas partes. No me callaré. Pero esto es Afganistán. Nos oigan o no, seguiremos alzando la voz»).

Sin embargo, en términos generales es verdaderamente pequeño el tiempo que nosotros, los estadounidenses, dedicamos a las vidas de aquellas personas que viven en tierras que a lo largo de este siglo hemos logrado convertir en Estados desesperadamente fallidos o en Estados que se están desmoronando. A menudo pienso en un tema sobre el que TomDispatch ha sido prácticamente el único medio que ha hablado en estos años: cómo entre 2001 y 2013 la fuerza aérea de Estados Unidos aniquiló fiestas de boda en tres países del Gran Oriente Próximo: Afganistán, Irak y Yemen (utilizando aviones y armamento estadounidenses, los saudíes han continuado en los últimos años con estas horribles matanzas en Yemen).

Es probable que ustedes no recuerden ni una sola fiesta de boda destrozada por un ataque aéreo estadounidense (la cantidad real es de al menos ocho) y no les culpo porque no llamaron mucho la atención aquí. Con una excepción: el periódico sensacionalista propiedad de Murdoch, el New York Post, publicó en portada el ataque con un drone a una caravana de vehículos que se dirigía a una boda en Yemen en 2013 con este titular: «Bride and Boom!» [¡Novia y boom!].

Siempre pienso lo que ocurriría si un atacante suicida inspirado por al-Qaeda o el ISIS atentara una boda aquí, matara a la novia o al novio, a las personas invitadas e incluso a los músicos (como hicieron en Irak en 2004 las fuerzas del entonces General de División de Marines James Mattis). Ya saben la respuesta: los medios de comunicación le prestarían una atención indignada 24 horas al día todos los días de la semana en la que se incluirían entrevistas a las personas supervivientes llorando, todo tipo de historias contando los antecedentes, memoriales, ceremonias, etc. Pero cuando somos nosotros quienes destruimos y no las personas destruidas, las noticias pasan en un santiamén (si es que pasan) y la vida (aquí) continúa, por lo cual me parece tan especial el artículo de la colaboradora de TomDispatch, Laura Gottesdiener. Hace exactamente lo que el resto de los medios hace tan raramente: ofrece sin mediación alguna las voces de dos jóvenes pacifistas iraquíes (¿sabían ustedes que hay jóvenes pacifistas iraquíes?) que hablan de lo profundamente que afectó a sus vidas la invasión y ocupación estadounidense de su país en 2003. Tom.

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Circula un chiste negro por Bagdad estos días. Me lo contó por teléfono Noof Assi, una pacifista y trabajadora humanitaria iraquí de 30 años. La conversación tuvo lugar a finales de mayo, justo después de que el gobierno Trump anunciara el envío de 1.500 soldados estadounidenses más a sus guarniciones en Oriente Próximo.

«Irán quiere luchar para conseguir que Estados Unidos y Arabia Saudí se vayan de Iraq», empezó. «Y Estados Unidos quiere luchar para que Irán se vaya de Irak». Hizo una pausa teatral. «Así que, ¿y si todos los iraquíes nos marcháramos para que puedan luchar aquí a sus anchas?».

Assi forma parte de la generación de jóvenes iraquíes que han vivido casi toda su vida primero bajo la ocupación estadounidense de su país y después en medio de la catastrófica violencia que provocó la ocupación, incluido el ascenso del ISIS, y que ahora observan preocupados el ruido de sables de Washington respecto a Teherán. No podrían ser más conscientes de que en caso de que estalle un conflicto, casi con toda seguridad los y las iraquíes se volverán a ver atrapados en medio.

En febrero el presidente Trump provocó la ira al afirmar que Estados Unidos iba a mantener su presencia militar – 5.000 soldados – y la base militar al-Asad en Irak para «vigilara Irán«. Posteriormente, en mayo, el Departamento de Estado ordenó repentinamente  a todos los funcionarios del gobierno no imprescindibles que salieran de Irak y citó vagas fuentes de inteligencia que hablaban de amenaza de «actividad iraní» (el comandante adjunto británico de la coalición liderada por Estados Unidos contra el ISIS contradijo esta supuesta información de inteligencia al afirmar que «no ha aumentado la amenaza de unas fuerzas respaldadas por Irán en Irak y Siria»). Pocos días después un cohete cayó sin causar daños en la fuertemente fortificada Zona Verde, donde está situada la embajada estadounidense. El primer ministro iraquí Adel Abdul Mahdi anuncio entonces el envío de delegaciones a Washington y Teherán para tratar de «detener las tensiones«, mientras miles de iraquíes ordinarios se manifestaban en Bagdad para protestar contra la posibilidad de que su país se vea arrastrado una vez más a un conflicto.

Mucha de la cobertura mediática estadounidense en estas últimas semanas acerca de la cada vez mayor tensión entre Estados Unidos e Irán, plagada de «información de inteligencia» filtrada por funcionarios anónimos del gobierno, se parece sorprendentemente a la que proliferó antes de la invasión estadounidense de Irak en 2003. Como afirmaba claramente un artículo reciente de Al Jazeera, titulado «Is the US media beating the drums of war on Iran?» [¿Tocan los medios de comunicación estadounidenses los tambores de guerra contra Irán?],»En 2003, fue Irak. En 2019, es Irán».

Por desgracia, en los 16 años transcurridos la cobertura estadounidense acerca de Irak no ha mejorado demasiado. Sin duda los propios iraquíes están desaparecidos en combate. Por ejemplo, ¿cuándo ha oído algo el público estadounidense acerca de que las estudiantes de la segunda ciudad más grande de Irak, Mosul, duramente bombardeada y conquistada al ISIS en 2017, se han organizado para reponer los libros que había en los estantes de la antes famosa biblioteca de la Universidad de Mosul, quemada por los militantes de ISIS cuando ocupaban la ciudad, o acerca de que libreros y editores están recuperando el mundialmente conocido mercado de libros de la calle Mutanabbi de Bagdad, destruido por un devastador coche bomba en 2007, o acerca de que cada mes de septiembre decenas de miles de personas jóvenes se reúnen en todo Irak para celebrar del Día de la Paz, una conmemoración que empezó hace ocho años en Bagdad fruto de una idea de Noof Assi y su colega, Zain Mohammed, un pacifista de 31 años, que también es dueño de un restaurante y local de espectáculos?

Dicho de otro modo, raramente se permite al publico estadounidense vislumbrar Irak, lo que hace que la guerra parezca menos inevitable.

Assi y Mohammed están muy acostumbrados no sólo a esa imagen tan sesgada de su país en nuestro país, sino también al hecho de que iraquíes como ellos estén desaparecidos en combate en la conciencia estadounidense. De hecho, les sigue sorprendiendo que los estadounidenses hayan podido causar tanta destrucción y daño en un país del que siguen sabiendo tan poco.

«Hace unos años fui a Estados Unidos en un programa de intercambio y descubrí que la gente no sabía nada de nosotros. Algunas personas me preguntaban si usaba el camello como medio de transporte», me dijo Assi. «Así que volví a Irak y pensé: ¡Maldita sea! Tenemos que hablar al mundo de nosotros».

A finales de mayo hablé por teléfono con Assi y Mohammed por separado y en inglés acerca de la amenaza cada vez mayor de otra guerra estadounidense en Oriente Próximo y de su trabajo colectivo durante dos décadas por la paz con el objetivo de reparar la violencia provocada por las dos últimas guerras estadounidenses en su país. En lo que viene a continuación he editado y mezclado las entrevistas de estos dos amigos para que las y los estadounidenses puedan escuchar un par de voces de Irak que cuentan la historia de sus vidas y su compromiso con la paz en los años posteriores a la invasión de su país en 2003 .

Laura Gottesdiener: ¿Qué fue lo primero que os hizo empezar a trabajar por la paz?

Zain Mohammed: A finales de 2006, el 6 de diciembre, al-Qaeda [en Irak, el precursor del ISIS] ejecutó a mi padre. Mi familia es pequeña, mi madre y dos hermanas. Mis oportunidades se limitaban a dos opciones. Tenía 19 años. Acababa de terminar la educación secundaria, así que tenía la opción o bien de emigrar o bien de integrarme en el sistema de milicias y vengarme. Ese era el estilo de vida entonces en Bagdad. Emigramos a Damasco [Siria]. Entonces, de pronto, al cabo de unos seis meses, cuando ya habíamos hecho casi todos los trámites para emigrar a Canadá, le dije a mi madre: «Quiero volver a Bagdad. No quiero huir» .

Volví a Bagdad a finales de 2007. Hubo un gran atentado con un coche bomba en Karrada, la parte de la ciudad en la que vivíamos. Mis amigos y yo decidimos hacer algo para decir a nuestros amigos que teníamos que trabajar juntos en favor de la paz. Así que el 21 de diciembre, Día Internacional de la Paz, hicimos un pequeño acto en el mismo lugar del atentado. En 2009 obtuve una beca para asistir a un taller sobre la paz en la Universidad Americana de Sulaymaniyah y vimos una película sobre el Día de la Paz. Al final la película aparecían imágenes de todo el mundo y durante un segundo apareció nuestro acto en Karrada. Esta película fue increíble para mí. Era un mensaje. Volví a Bagdad y hablé con un amigo cuyo padre había sido asesinado. Le dije «es sistemático: si uno es chií, lo reclutará una milicia chií para vengarse; si es sunní, lo reclutará una milicia suní o al-Qaeda para vengarse. Tenemos que crear una tercera opción». Con ello me refería a cualquier opción que no fuera luchar o emigrar.

Hable Noof y ella dijo que teníamos que juntar a jóvenes y organizar una reunión. «Pero, ¿sobre qué?», le pregunté. Lo único que teníamos era esta idea de la tercera opción. Noof dijo: «tenemos que reunir a jóvenes y hacer una reunión para decidir qué hacer».

Noof Assi: Cuando se fundó Bagdad se la llamó Ciudad de la Paz. Cuando empezamos a hablar de ello se reían de nosotros.¿Una celebración de la Ciudad de la Paz en Bagdad? No va a ocurrir nunca, decían. Entonces no había ningún acto, no se organizaba nada en los parques públicos.

Zain: Todo el mundo decía: estáis locos, todavía estamos en guerra …

Noof: No teníamos dinero, así que decidimos encender velas, estar en la calle y decir a la gente que Bagdad se llama la Ciudad de la Paz. Pero luego llegamos a ser un grupo de unas 50 personas, así que creamos un pequeño festival. No teníamos presupuesto alguno. Tomábamos material de nuestra oficina y utilizábamos la impresora ahí .

Pensamos: «Bien, hemos hecho algo, pero no creo que la gente quiera seguir». Pero los jóvenes volvieron y nos dijeron que les había gustado y que por qué no lo hacíamos otra vez.

Laura: ¿Cómo fue creciendo el festival desde entonces?

Noof: El primer año vinieron unas 500 personas, la mayoría de ellas familiares nuestros. Ahora asisten 20.000 personas al festival. Pero nuestra idea no se limita al festival, sino que concierne al mundo que hemos creado por medio del festival. Literalmente hacemos todo desde el principio, incluso los decorados: hay un equipo que los hace a mano.

Zain: En 2014 notamos los primeros resultados cuando ISIS y esta mierda volvieron a aparecer, pero esta vez, en el ámbito social muchos grupos empezaban a trabajar juntos, recolectaban dinero y ropa para las personas desplazadas internas. Se trabajaba en equipo. Se percibía una especie de una luz.

Noof: Ahora hay festivales en Basora, Samawah, Diwaniyah y Bagdad. Y esperamos que se celebre también en Najaf y Sulaymaniyah. En los dos últimos años hemos trabajado para crear el primer centro de jóvenes en Bagdad, el IQ Peace Center, que alberga diferentes clubes: un club de jazz, un club de ajedrez, un club de mascotas, un club de escritura. Tenemos un club de mujeres y niñas para discutir sus problemas en de la ciudad.

Zain: Tuvimos muchos problemas para financiarnos porque somo un movimiento juvenil. No éramos una ONG registrada ni queríamos trabajar como una ONG normal.

Laura: ¿Hay otras actividades a favor de la paz en la ciudad?

Noof: En los últimos años hemos empezado a ver muchos movimientos diferentes en Bagdad. Después de muchos años de solo ver actores armados, guerras y soldados, las personas jóvenes querían crear otra imagen de la ciudad, de modo que ahora tenemos muchos movimientos en torno a la educación, a salud, los espectáculos, el deporte, maratones, clubes de lectura. Hay un movimiento llamado «Soy iraquí, sé leer». Es la mayor feria de libros. Se intercambian libros gratuitamente y traen a autores y escritores para firmar los libros.

Laura: Esta no es exactamente la imagen que sospecho que tienen muchas personas en Estados Unidos cuando piensan en Bagdad.

Noof: Un día Zain y yo estábamos aburridos en la oficina así que empezamos a buscar imágenes en Google y empezamos a buscar imágenes de Irak. Solo había fotos de la guerra. Buscamos imágenes de Bagdad y ocurrió lo mismo. Entonces buscamos la imagen del León de Babilonia, una estatua antigua famosa en todo el mundo, y lo que encontramos fue una imagen de un tanque ruso que se había fabricado en Irak en la época del régimen de Sadam Husséin y que se llamó el León de Babilonia.

Soy iraquí y mesopotámico, tenemos una larga historia. Hemos crecido viviendo en una ciudad que es muy antigua y en la que cada lugar, cada calle por la que pasas tiene una historia, pero los medios de comunicación internacionales no hablan de lo que pasa en esas calles. Se centran en lo que dicen los políticos y dejan fuera el resto. No muestran la verdadera imagen del país.

Laura: Quiero preguntaros por las tensiones cada vez mayores entre Estados Unidos e Irán, y cómo responde la gente en Irak. Sé que tenéis vuestros propios problemas internos, así que lo que Trump pueda tweetear un día determinado puede que no sea la noticia más importante para vosotros …

Noof: Por desgracia lo es.

Especialmente desde 2003 las y los iraquíes no han controlado nuestro país. Ni siquiera queremos el gobierno que tenemos ahora, pero nadie nos lo ha preguntado. Todavía estamos pagando con nuestra sangre mientras que (lo leí en un artículo hace unos meses) Paul Bremer ahora enseña a esquiar y vive una vida sencilla después de arruinar nuestro país [en 2003 el gobierno Bush nombró a Bremer jefe de la Autoridad Provisional de la Coalición, que gobernó el Iral ocupado después de la invasión estadounidense y fue responsable de la desastrosa decisión de disolver el ejército del autócrata iraquí Sadam Husséin].

Laura: ¿Qué opináis de la noticia de que Estados Unidos planea desplegar 1.500 soldados más en Oriente Próximo?

Zain: Si los acaban enviando a Irak, donde tenemos muchas milicias proiraníes, me temo que haya un enfrentamiento. No quiero un enfrentamiento. En una guerra entre Estados Unidos e Irán puede que mueran algunos soldados, pero también morirán muchos civiles iraquíes, directa e indirectamente. Sinceramente, me resulta extraño todo lo que ha sucedido desde 2003. ¿Por qué Estados Unidos invadió Irak? Luego dijeron que se querían marchar ¿y ahora quieren volver? No entiendo lo que hace Estados Unidos.

Noof: Trump es un hombre de negocios, así que le preocupa el dinero y cómo va a gastarlo. No va a hacer nada a menos que esté seguro de conseguir algo a cambio.

Laura: Esto me recuerda cómo utilizó Trump las tensiones cada vez mayores en la zona para saltar por encima del Congreso y presionar a favor de un contrato de venta de armas por valor de 8.000 millones de dólares a Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos.

Noof: Exacto. Quiero decir, ¡le estaba pidiendo a Irak que pagara a Estados Unidos los costos de la ocupación militar estadounidense en Irak! ¡Es increíble! Así que esa es su manera de pensar .

Laura: En medio de estas tensiones cada vez mayores, ¿qué querríais decir al gobierno Trump y al público estadounidense?

Zain: Al gobierno estadounidense le diría que en cada guerra, aunque se gane, se pierde algo: dinero, personas, civiles, historia…Nosotros tenemos que ver la otra cara de la guerra. Y estoy seguro de que podemos hacer lo que queramos sin guerra. Al público estadounidense le diría que tenemos que presionar contra la guerra, incluso contra la guerra económica .

Noof: Al gobiermo estadounidense le diría que se meta en sus asuntos. Que deje en paz al resto del mundo. Al pueblo estadounidense le diría que lo siento, se cómo se sienten en un país gobernado por Trump. Tengo una colega estadounidense y el día que Trump ganó las elecciones vino a la oficina llorando. Una compañera siria y yo le dijimos: «Ya hemos pasado por eso, sobrevivirás».

***

El 21 de septiembre Noof Assi, Zain Mohammed y otros miles de personas jóvenes iraquíes llenarán un parque junto al río Tigris para celebrar el octavo Festival Anual de la Ciudad de la Paz de Bagdad. Mientras tanto, en Estados Unidos casi con toda seguridad seguiremos viviendo bajo las amenazas casi diarias de guerra (si no bajo la propia guerra) del gobierno Trump contra Irán, Venezuela, Corea del Norte y Dios sabe dónde más. Una reciente encuesta de opinión pública de Reuters/Ipsos muestra que las y los estadounidenses consideran cada vez más inevitable otra guerra en Oriente Próximo y más de la mitad de las personas encuestadas afirman que es «muy probable» o «algo probable» que su país emprenda la guerra contra Irán «en los próximos años». Pero como muy bien saben Noof y Zain, siempre se puede encontrar otra opción…

Laura Gottesdiener, colaboradora regular de TomDispatch, es una periodista freelance y exproductora de Democracy Now! que vive actualmente en el norte de Líbano.

Copyright 2019 Laura Gottesdiener

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/176574/

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

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