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Reseña de Con los idus de marzo. Diario de una cuarentena, de Adrià Casinos, Málaga: Ediciones del Genal, 2020, 164 páginas

Durante el primer estado de alarma

Fuentes: El viejo topo

Catedrático de zoología de la Universidad de Barcelona, de la que actualmente es profesor emérito, Adrià Casinos [AC] ha publicado, además de numerosos artículos científicos en revistas especializadas y escritos de opinión en la prensa generalista, ensayos sobre temas de biología (Inermezzos. En torno a evolución y evolucionismo, 2017…) e historia de la ciencia (Mateu Orfila en el París del seu temps, 2019…). Con los idus de marzo. Diario de una cuarenta es su primera incursión en el ámbito literario.

Si es el caso, si es su primera incursión, que sean más. Le ha salido redonda. “Hoy es 15 de marzo”, escribe, “los idus correspondientes al tercer mes del calendario juliano, el mes dedicado al dios Marte (Martius). Los idus, no importa de qué mes, eran de buen augurio”. Lo han sido también para él, para un científico y humanista que considera que estamos viviendo “el primer fenómeno verdaderamente global, en el sentido de su simultaneidad, de la Humanidad”.

AC, su abuelo materno participó en la huelga histórica de La Canadiense, la de la conquista de las 8 horas, explica en el prólogo una de las razones que le impulsaron a comenzar el diario: “Quizá a alguien le pueda parecer exagerado comparar monotonía y muerte, pero al menos para mí, y no creo que fuera el único, ha sido una cuestión importante no poder sobrevivir, sino sentirme vivo”. Para ello, para sentirse vivo, “no ha habido otra que intentar matar las horas, y los días, con algo creativo, que al menos se asemejara a lo que habría hecho en condiciones normales en mi entorno universitario” (p. 11). El intento ha resultado exitoso. Las razones (una breve selección de ellas) en las que apoyo mi afirmación:

1. Explicaciones científicas. Parece lógico que este sea uno de los platos fuertes de este diario, tratándose como se trata del diario de un científico. Lo es, sin duda, pero debemos destacar no sólo el contenido de las explicaciones sino la forma, el estilo, con que AC habla de estos temas a lo largo del libro. No escribe para especialistas ni para muy puestos, sino para todos los lectores potenciales (que somos todos/as). Véase, por ejemplo, lo comentado en el decimosexto día (también en el siguiente), en el vigésimo quinto o sus observaciones a una entrevista al Dr. Richard Horton del cuadragésimo séptimo.

2. Historia de la ciencia. Las referencias -todas ellas, sin excepción- a asuntos relacionados con la historia de las ciencias son un regalo para el lector. Entre lo mejor del diario en mi opinión. Sería injusto destacar algún pasaje pero estoy tentado de hacer referencia a lo que cuenta el autor el trigésimo quinto día y el cuadragésimo noveno.

3. Política. AC, sigue afiliado a las CCOO de enseñanza (sus referencias al papel de Sacristán y Giulia Adinolfi en la formación de la federación del sindicato son muy de agradecer), no oculta sus posiciones políticas (“soy un republicano convencido, pero en mi fuero interno estoy bastante seguro de que, a mi edad, no voy a ver el cambio de régimen antes de embarcarme con Caronte, por años que viva”, un III-republicano muy crítico con Podemos y con la gestión del gobierno Sánchez) ni las formula de manera enrevesada para liar al lector (“Bocazas los hay en todas las latitudes. Por esos pagos el que ejerce de tal se llama Quim Torra i Pla”), siendo consciente, como él mismo señala, que algunos de sus comentarios y posiciones son altamente controvertidos. Por ejemplo, sus observaciones a las declaraciones sobre el 8M de la que llama “compañera del señor Iglesias” en el duodécimo día del diario.

Hay que sumar en este punto la ausencia de sectarismo: “Muy de mañana Mercedes B. me ha enviado un artículo de Pedro J. Ramírez, quien no es santo de mi devoción; ni yo de la suya, asumo. Sin embargo, debe admitirse que era interesante. Abogaba por una especie de tregua política dada la situación” (p. 17). También su pensamiento crítico, siempre afilado y dispuesto para la acción.

4. Cine. No son de relleno las referencias cinematográficas, los comentarios sobre las películas vistas (o revisadas) en su casa durante estos cincuenta días. La cultura poliédrica del autor, un científico nada unidimensional, se pone de manifiesto aquí en muchos de sus comentarios. Por ejemplo, en el de las pp. 25-26 dedicado a On the beach (La hora final). Además de los elogios a la serie de cine clásico emitido por la 2, no se pierdan tampoco sus comentarios sobre El hombre tranquilo y Dublineses del trigésimo noveno día.

5. Nostalgia. No es un sentimiento marginal o que aparezca muy de cuando en cuando en el diario. Un ejemplo: al explicar la película El amor menos pensado, escribe “He intentado reseguir los diferentes lugares de Buenos Aires que salían… La Biblioteca Nacional es el único emplazamiento concreto que he reconocido. Hace más de cinco años que dejé de ir a Argentina. Las imágenes comienzan a difuminarse. Siento nostalgia” (p. 16). Hay muchos más ejemplos, todos ellos sentidos y hermosamente expuestos.

6. Transición energética. Otro nudo de interés. No hay duda para AC que las posiciones radicalmente negacionistas del cambio climático (como las de VOX en España) están condenadas al fracaso. Sectores de la derecha moderada e incluso de la extrema derecha, señala, se están desplazando a la necesidad de un cambio radical en el modelo productivo. A lo que añade: “Sin que deje de bajar la guardia, a mi parecer a la izquierda se le abre otro frente que cae mucho más en lo que han sido sus reivindicaciones clásicas. Se podría resumir en la pregunta: ¿Quién pagará la fiesta? Me refiero a que la transición ecológica no será ni mucho menos a coste cero y, en ese marco, es donde las fuerzas de izquierda tendrían que ser muy vigilantes, para que ese coste no lo pagaran los de siempre” (p. 21).

7. .Cat. Ninguno de los comentarios y reflexiones del autor sobre la política e ideología del nacional-secesionismo catalán son desechables. Entre lo más brillante del diario. Un ejemplo entre cien posibles: “Estoy convencido que el mejor seguro contra siniestros que tienen nuestra monarquía es, por el momento, el procés” (p. 23). Los del trigésimo tercer día no tienen desperdicio. Tampoco esta puya, más justa que la justicia: “Durante el mandato de José Montilla las burlas a su catalán eran constantes, cuando lo hablaba de una forma correcta, con un cierto acento que traslucía que era castellanohablante. En comparación, no he oído nunca ni la más mínima crítica, por el mismo motivo, a Xavier Trías o a la jerga de la mencionada Núria de Gispert” (pp. 139-140).

8. Comentarios artístico-literarios-lingüísticos. Nada frecuentes en diarios o escritos de científicos, son muy de agradecer los comentarios literarios y artísticos del diario donde puede verse, de nuevo, una voz propia, documentada y crítica. Un ejemplo: “Debo añadir que siempre han parecido forzados los galicismos popularizados por la corriente literaria correspondiente a este período, en especial en las traducciones buenas pero que suenan muy anacrónicas”. Esos galicismos, prosigue, “parecen, más que otra, destinados a que el catalán suene diferente del castellano. Por lo que hace a las artes plásticas mi opinión es firme. Considero que la influencia del “noucentisme” fue desastrosa” (p. 32). Brillantes también sus comentarios al Decamerón en el undécimo día, sobre el incendio de Notre Dame en el trigésimo segundo o sobre la Virgen de Montserrat el cuadragésimo cuarto.

9. Notas, apuntes filosóficos. Son numerosos y siempre interesantes, nunca están de más. Otra prueba más de que estamos ante un científico sabio, o ante un sabio que sabe mucho de ciencia. Una ilustración, una toma de posición: “Aparte de la cuestión de la creencia en la predestinación, que no he acabado de entender nunca, en cuanto me parece un pretexto para descargarse de la responsabilidad individual, mi desconfianza hacia el calvinismo es una muestra de la que tengo hacia las confesiones religiosas no jerarquizadas” (p. 71).

10. Muertes. Son muchas las referencias a personas, mucha de ellas referentes del autor (y de muchos de nosotros), a lo largo de estas páginas. La que dedica a Luis Eduardo Aute por ejemplo. También la que escribe sobre José María Fernández Calleja el trigésimo noveno día.

¿Alguna crítica? Pregunta de difícil respuesta. ¿Faltan referencias complementarias a aspectos más lúdicos de nuestro vivir, incluso a aspectos íntimos de nuestro estar-en-el-mundo, a lo largo de estos cincuenta días? ¿Hay ausencia en algunos momentos de una mirada algo más crítica a las decisiones y acciones de la UE realmente existente?

No hay ausencia de reflexiones finales. Están en el quincuagésimo día, el día que cierra el diario: “En lo que respecta a España, la situación nos tendría que dar mucho que pensar, en el sentido que no podemos seguir siendo un país de “monocultivo” en lo concerniente al turismo”. No hay otro camino, señala el autor, “que la reindustrialización y, preferentemente, en productos de alto valor añadido. Eso supone, por supuesto, inversiones importantes en I + D, de las que no será fácil disponer en el próximo futuro”. Pero, añade, “es la única manera de combatir, de forma efectiva, el paro estructural que arrastramos desde el desmantelamiento industrial que supuso el ingreso en Europa. Y tampoco hay más camino para diversificar nuestra economía” (p. 161).

Adrià Casinos abre el prólogo de Con los idus de marzo. Diario de una cuarenta con estas palabras: “Tal y como digo en algún momento en el texto, entre mis virtudes, de haberlas, no está precisamente el ser una persona metódica”. Nadie lo diría después de leerle.

Fuente: El Viejo Topo, octubre de 2020.

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