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El concepto de bandolerismo social en Eric Hobsbawm

Fuentes: La Jornada

Mesa redonda sobre Eric Hobsbawm en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de México (UNAM). Una versión resumida se publicó en La Jornada el 12 de octubre de este año. El desarrollo de este texto se fundamenta en mi trabajo La guerra del 47 y la resistencia popular a la ocupación. México: Ocean Sur, cuarta edición 2009.

Eric Hobsbawm, el conocido historiador y pensador marxista muerto recientemente, deja en su prolifera producción bibliográfica una herencia intelectual trascendente para el pensamiento crítico contemporáneo. De este monumental legado sobresalen, desde el sesgo antropológico de quien esto escribe, dos libros en los que explora el concepto de bandolerismo social: Rebeldes primitivos, estudio sobre las formas arcaicas de los movimientos sociales en los siglos XIX y XX (1959), donde dedica un capitulo al tema, y Bandidos (1969), donde lo desarrolla plenamente. Estas son sus obras de historia social consideradas clásicas, fuera del ámbito de la historia económica en la que trabajó más asiduamente en su longeva y fecunda vida.

La interpretación de Hobsbawm sobre el bandolerismo social del tipo que encarna Robin Hood, el ladrón noble, rompe con la tradición historiográfica que considera como mero delincuente, un «fuera de la ley», a todo participante en las luchas armadas contra el poder establecido, situando en un primer plano, en el campo de la investigación histórica, a movimientos sociales que los prejuicios ideológicos y sociales habían relegado al anonimato de los archivos policiacos, las páginas sensacionalistas de los periódicos, leyendas, relatos y cantos populares. Es por eso que la critica de Hobsbawm de que «bandoleros y salteadores de caminos preocupan a la policía, pero también debieran preocupar al historiador», es completamente justa. Él hace un reconocimiento explicito a los antropólogos, quienes por la naturaleza de su trabajo están más cerca del mundo rural pre-capitalista o imperfectamente capitalista y de movimientos sociales que como los milenaristas, han sido estudiados por investigadores como Peter Worsley i y Norman Cohn ii .

Este autor conceptualiza el bandolerismo social como una de las formas más primitivas de protesta social organizada, quizás la más primitiva, y sitúa este fenómeno casi universalmente en condiciones rurales, cuando el oprimido no ha alcanzado conciencia política, ni adquirido métodos más eficaces de agitación social pero se enfrenta al Estado y a sus agentes, policías, soldados cobradores de impuestos, lo mismo que a terratenientes, mercaderes y sus afines, desde sociedades en los que los lazos de solidaridad basados en el parentesco y la territorialidad, no han dejado de existir.

Esta forma de protesta social surge especialmente, y se torna endémica y epidémica, durante periodos de tensión y desquiciamiento, en épocas de estrecheces anormales «como hambres y guerras, después de ellos, o en el momento en que los colmillos del dinámico mundo moderno se hincan en las comunidades estáticas para destruirlas y transformarlas».

El bandolerismo social se presenta como una forma pre-política de resistir a los ricos, a los opresores extranjeros, a las fuerzas que de una u otra forma, destruyen el orden considerado «tradicional», en condiciones extraordinariamente violentas, provocando cambios notables en un espacio de tiempo relativamente corto. El bandolero social representa un rechazo individual a nuevas fuerzas sociales que imponen un poder cuya autoridad no es del todo reconocida o sancionada por la comunidad, que ayuda y protege al bandolero. La existencia de esta cooperación por parte de una población oprimida es fundamental para diferenciarlo del simple delincuente. Y es que al enfrentarse contra los opresores, -aunque sea por medios delictivos-, el pueblo oprimido ve expresado sus anhelos íntimos de rebeldía. Por ello, toma el papel o es trasformado en el vengador o defensor del pueblo. Estos «símbolos» de la rebeldía popular son hombres que generalmente «se rehúsan a jugar el papel sumiso que la sociedad impone…, los orgullosos, los recalcitrantes, los rebeldes individuales…los que al enfrentarse a una injusticia o a una forma de persecución, rechazan ser sometidos dócilmente.» Se trata, por lo general, de hombres jóvenes, solteros y sin carga familiar, ligados a un territorio en el que han nacido y en el que mueren, casi siempre traicionados, y como afirma un refrán corso, señala Hobsbawn, «muerto después de muerto, como un bandolero por la policía». Son territorios montañosos, escarpados o boscosos, en donde el bandido busca protección y apoyo de la población que lo mantiene abastecido. Con frecuencia, son hombres que cometen un delito de honor o un enfrentamiento con la justicia, que lo hace un delincuente frente al Estado pero no ante su propia comunidad, que lo considera un perseguido injustamente.

Nuestro autor hace una clasificación de bandoleros. El arquetipo más recurrente es el noble ladrón que roba al rico para dar al pobre, que jamás mata a no ser que sea en condiciones de legítima defensa o justa venganza, es admirado, ayudado y apoyado por su gente, se le otorgan cualidades de invisibilidad e invulnerabilidad, no es enemigo del jefe del Estado, rey o príncipe, supuesta fuente de justicia, sino sólo de los opresores locales Si llega a sobrevivir, puede reintegrarse a su comunidad como un honorable miembro de la misma. Otros tipos de bandolero social es el vengador , que asume la tarea de hacer justicia por actos de violencia cometidos usualmente contra la familia cercana; o el expropiador , entre otros.

Sin embargo, como toda rebelión individual tiene sus limites. Es una protesta recatada y nada revolucionaria. Protesta contra los excesos de la opresión y la pobreza, no contra su existencia misma. El bandolero social no se plantea con sus acciones la trasformación del mundo, no es un revolucionario, sino que intenta en el mejor de los casos, poner un coto o revertir la violencia de los dominadores. Su papel no es acabar con el sistema que da origen a la opresión y explotación contra las que se enfrenta, sino más bien, hacer que queden limitadas dentro de los valores tradicionales que la población que lo protege considera «justos». Por lo tanto, por su acción e ideología, el bandolero social es un reformista: actúa dentro del marco institucional impuesto por un sistema cuya existencia no es puesta en tela de juicio. Por ello, afirma Hobsbawm, «para convertirse en defensores eficaces de su pueblo, los bandoleros tendrían que dejar de serlo».

Me correspondió aplicar el concepto de bandolerismo social al estudiar la resistencia de los mexicanos a la conquista estadounidense de los territorios arrebatados a México en 1848 y lo encontré de gran utilidad para explicar especialmente el periodo que en California da lugar a la creación literaria sobre bases reales del personaje conocido como Joaquín Murieta, que reúne todos los rasgos del arquetipo de bandolero social. El libro Vida y aventuras de Joaquín Murieta, el celebre bandido de California, fue publicado por primera vez en San Francisco en 1854, escrito por un indio Cherokee llamado Yellow Bird. Como miembro de un grupo indígena, se tiende a creer que su infancia y adolescencia -marcada por la persecución y violencia de los blancos contra su tribu-influyeron en la tónica de venganza que tendría más tarde su personaje literario. Al llegar a California en 1850, cuando las persecuciones de mexicanos eran cotidianas, no le fue difícil identificarse con un pueblo que como el suyo, sufría la opresión y la violencia del anglo.

Durante estos años el bandolerismo social se torna epidémico, registrándose innumerables robos de ganado y caballada, asaltos a tiendas y a viajeros, formándose numerosas bandas que preocupaban a las autoridades. Poco se conocía de los dirigentes de estos grupos armados, excepto que los más notables de ellos parecen haber tenido por nombre «Joaquín». Pronto la imaginación popular y los periódicos empiezan a referirse a «Joaquín» como si fuese un solo individuo. En 1853, se propone en la legislatura del estado de california ofrecer cinco mil dólares por Joaquín, vivo o muerto. Al protestar uno de los miembros de origen mexicano por la cacería de californianos que esta medida provocaría, se resolvió en cambio la formación de una compañía de Rangers, ofreciendo el gobernador una recompensa de mil dólares por cualquier Joaquín preso o muerto.

Durante dos meses los Rangers californianos buscan a la banda de Joaquín, sin resultados, hasta que el destacamento se acerca a un grupo reunido alrededor de un fuego, entablándose un combate en el que el líder del grupo mexicano, de nombre Joaquín Valenzuela, es asesinado y decapitado, llevando los Rangers su cabeza, como testimonio evidente de la «hazaña» de haber librado a California del celebre delincuente Joaquín. Estos son los elementos reales con los que Yellow Bird escribió su novela, apareciendo versiones apócrifas de la misma en España, Francia, Chile y México.

 

Tiburcio Vásquez, quien fue ajusticiado por los estadounidenses en 1875, vivió por más de 20 años robando al gringo y repartiendo una parte del producto de sus andanzas entre los californianos, contando con el apoyo y la admiración de esta población. Si Joaquín Murieta y Tiburcio Vásquez alcanzaron gran celebridad gracias a la literatura y hasta el cinematógrafo (trastocados en el diluido personaje de «El Zorro» que no lucha contra los yanquis), numerosos mexicanos siguieron anónimamente sus pasos durante el periodo que va de 1850 a 1880, aproximadamente.

En Nuevo México y Texas tenemos en esas mismas fechas bandoleros sociales del tipo de los vengadores, como Sóstenes L’Archevêque , de madre mexicana, quien ante la muerte de su padre en manos de los estadounidenses, inicia una sangrienta vendetta que según Carey McWilliams , lo llevo a contar veintitrés marcas de gringos en su escopeta: dos marcas más que las encontradas en la escopeta de Billy «The Kid».

En los territorios arrebatados a México en 1848 encontramos profundos cambios socioeconómicos después de la guerra, estrecheces anormales, la violencia con la irrumpe el pujante capitalismo estadounidense -ese dinámico mundo moderno al que se refiere Hobsbawn-el despojo de las propiedades de los mexicanos, su desplazamiento de la dirección de las principales actividades económicas, la proletarización forzada, el estatus social y político al que se vieron reducidos en escasos veinte años, crearon las condiciones propicias para la aparición del bandolerismo social, especialmente en California, donde el descubrimiento del oro trastoca en unos pocos años el mundo de los mexicanos que ahí habitaban.

El concepto de bandolerismo social, como todo modelo interpretativo que ofrece tendencias y contextos generales de clasificación para el análisis de casos históricos concretos, corre el riesgo de ser aplicados esquemáticamente, de tal manera que todo ejemplo de resistencia individual al poder establecido llegue a considerarse como parte de esta forma de rebelión social. Esto ocurre con los historiadores chicanos Pedro Castillo y Alberto Camarillo cuando consideran a otros personajes de los territorios arrebatados a México en 1848, como bandoleros sociales. Se trata de Elfego Baca, Juan Nepomuceno Cortina y Gregorio Cortez. Alfego Baca, a la edad de 19 años se da a conocer en todo Nuevo México cuando en su calidad de sheriff suplente, arresta en Frisco a un vaquero texano que escandalizaba en la vía pública y provocaba con este hecho -un tanto insólito para la época-un enfrentamiento con numerosos compañeros anglos del individuo arrestado, que no podían permitir que un greaser pusiera el peso de la ley en un anglo. Baca se atrinchera en un jacal y durante 36 horas resiste ileso el ataque a balazos de los estadounidenses, con varios muertos y heridos por parte de los sitiadores. Esta singular hazaña fue el inicio no de una rebelión o de una vida fuera de la ley, sino el principio de una carrera de «ley y orden», como titulara un biógrafo su libro para referirse a Baca, quien llego a ser Marshall, abogado, alcalde del pueblo de Socorro, procurador de distrito y representante de los intereses de Victoriano Huerta en Estados Unidos. El propio Baca, recordando sus tempranas ambiciones declaró que después del suceso de Frisco, su mayor deseo era ser el oficial de policía número uno de Nuevo México y que los fuera de la ley escucharan sus pasos a una cuadra de distancia. A todas luces, de acuerdo a Hobsbawn, Baca no fue para el Estado un criminal, por lo que el concepto de bandolero social no es adecuado para caracterizarlo. Lo mismo ocurre con Juan Nepomuceno Cortina, quien se levantó en armas contra las autoridades estadounidenses en septiembre de 1859, toma Brownsville, enarbola la bandera mexicana y se mantiene en rebeldía hasta diciembre de ese año, cuando es derrotado por tropas regulares y Rangers , cruza el Río Bravo, se une al ejército de Juárez, alcanza el grado de general y llega a ser gobernador de Tamaulipas. Estos casos demuestran la necesidad del rigor en la aplicación de categorías históricas como la de bandolerismo social.

Jon Lee Anderson, en un artículo que publica el suplemento cultural de La Jornada -Morelos, Correo del Sur , el 14 de octubre («Eric Hobsbawm y los bandidos»), afirma que: «En el México de hoy, el bandido psicópata Chapo Guzmán está en la cima, mientras que el revolucionario filosofo y de pipa en mano, el Subcomandante Marcos, ha quedado al margen junto con su mensaje de reforma social.» Ambas afirmaciones son falaces, pues nadie pretendería considerar al Chapo Guzmán como un bandolero social, si partimos del conjunto de consideraciones que hace Hobsbawm para proponer dicho concepto. Él no ataca a los opresores, los compra para recibir protección y conformar el cártel más poderoso del mundo, después de la DEA; tampoco proviene de un mundo rural. En este caso se trata de un delincuente común, que deviene en exitoso empresario, cuya fortuna le hace estar en la lista de Forbes. Asimismo, el Subcomandante Insurgente Marcos no ha quedado al margen de nada, la organización a la que pertenece inspira uno de los movimientos sociales más importantes del mundo contemporáneo, que parece ser subvaluado por el periodista, quien en el mismo artículo afirma: «en Colombia, donde una insurgencia de base campesina -con características tanto criminales como marxistas- había persistido por más de medio siglo». La idea expresada en torno al Chapo y el Sub Marcos, aun en el contexto en que está escrita, tratando de sostener que «en la mayoría de los casos que había conocido (Anderson), el bandido y no el revolucionario, había demostrado ser una especie más fuerte,» no hace honor a Hobsbawm (a quien considera un «romántico» en el fondo) ni a los mayas zapatistas ni menos al propio Anderson, que declara, por cierto: «que el rigor es todo» ( Milenio 14 de octubre de 2012).

Con sus estudios sobre el bandolerismo y otras formas de resistencia arcaica, Eric Hobsbawm ilumina la historia olvidada del mundo de los insumisos que «no porque su camino fuese un callejón sin salida hemos de negarle el anhelo de libertad y de justicia que les impulsaba». Pablo Neruda, quien seguramente no estaba al tanto de los libros de Hobsbawm, escribió una obra teatral con el nombre de Fulgor y muerte de Joaquín Murieta, en la que el poeta expresa de manera nítida en siete líneas la paradoja del bandolero social:

Adiós, compañero bandido. Se acerca la hora. Tu fin está claro y oscuro,

Se sabe que tú no conoces, como el meteoro, el camino seguro.

Se sabe que tú lo desviaste en la cólera como un vendaval solitario.

Pero aquí lo canto porque desgranaste el racimo de ira.

Y se acerca la aurora.

Se acerca la hora en que el iracundo no tenga ya sitio en el mundo.

Y una sombra secreta no habrá sido tu hazaña, Joaquín Murieta.

Gilberto López y Rivas es Doctor en Antropología por la Universidad de Utah (1976). Profesor-Investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia, delegación Morelos.


Notas:

i Peter Worsley. The Trumpet Shall Sound: A study of «cargo cults in Melanesia , London: MacGibbon & Kee. 1957 .

ii Norman Cohen. The Pursuit of the Millennium : Revolutionary Millenarians and Mystical Anarchists of the Middle Ages (1957). En pos del milenio . Revolucionarios milenaristas y anarquistas místicos de la Edad Media , Alianza, Madrid, 1997.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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