Recomiendo:
0

En Irak los «contractors» privados al servicio de los EEUU son más de 100.000. Y combaten

El ejército secreto de mercenarios privados

Fuentes: Sin Permiso

Son cerca de 100.000 (el cuádruple de lo que hasta ahora se había estimado) los contratistas del gobierno de EEUU que operan en Irak, a los que se agrega un número indeterminado de subcontratados: un total que se acerca al de la fuerza militar estadounidense en su conjunto en Irak. Este es el resultado de […]

Son cerca de 100.000 (el cuádruple de lo que hasta ahora se había estimado) los contratistas del gobierno de EEUU que operan en Irak, a los que se agrega un número indeterminado de subcontratados: un total que se acerca al de la fuerza militar estadounidense en su conjunto en Irak. Este es el resultado de un censo efectuado por el Comando central de EEUU, a pedido de las agencias gubernamentales que suministran los fondos (The Washington Post, 5 de diciembre). Los contratistas desempeñan toda una serie de tareas antes reservadas a los soldados: no sólo construcciones de bases militares y provisión de servicios logísticos al ejército, sino también «suministro de seguridad» e «interrogatorio de prisioneros». En países como Irak y Afganistán no sólo adiestran a las fuerzas armadas locales sino también, aunque no se diga, participan en acciones de combate. Los contratistas, estadounidenses y de otras nacionalidades, son reclutados por compañías «proveedoras de seguridad», cuyas casas matrices se hallan sobre todo en EEUU y Gran Bretaña. Muchos provienen de fuerzas especiales y servicios secretos, a los que dejan para ganar más: un comando de una compañía privada puede ganar más de 300.000 euros al año, cinco veces lo que gana un comando del Sas británico.

Entre las empresas «contratistas militares privadas» que operan en Irak y Afganistán, la mayor es la estadounidense Blackwater: fundada en 1997 por un ex comando de los Navy Seals, y compuesta por cinco compañías especializadas. Se autodefine «la más completa compañía militar profesional del mundo» y entre sus clientes cuentan, además de empresas multinacionales, el Pentágono y el Departamento de Estado. Se especializa en la «imposición de la ley, peacekeeping y operaciones de estabilidad». A tal fin, dispone en los Estados Unidos de un campo de adiestramiento de 25 kilómetros cuadrados, en el que formó a más de 50.000 especialistas de la guerra y de la represión. Ya sobre el teatro de operaciones, ellos tienen prácticamente licencia para matar: un documento del comando de EEUU, hecho público por el New York Times (abril de 2004), autoriza a las compañías militares privadas en Irak a usar «fuerza letal» no sólo para la autodefensa sino también para «defender la propiedad», y también para «detener y requisar civiles». El trabajo, obviamente, es riesgoso: según estadísticas del Departamento de trabajo de los EEUU, desde el 2003 han sido asesinados en Irak 650 contractors. Pero seguramente el número es más alto, dado que la mayor parte de las muertes no son registradas.

Otra importante compañía militar privada es la DynCorp International, que se autodefine como una «empresa global multiforme». Nadie lo duda. Con un personal de decenas de miles de especialistas, la DynCorp opera sobre todo en Medio Oriente, en los Balcanes y en América Latina, por cuenta del Pentágono, de la CIA, del FBI y del Departamento de Estado. En Omán, Bahrein y Qatar, por ejemplo, se ocupa de la «reserva bélica preposicionada» de la aeronáutica de los EEUU. También está especializada en tecnologías de la información, tanto que el Pentágono, la CIA y el FBI le han confiado la gestión de sus archivos informáticos.

La importancia de la empresa ha crecido desde cuando, en el 2003, fue adquirida por la californiana Computer Sciences Corporation, especializada en tecnologías de la información, muy bien posicionada frente al Pentágono. Así, la DynCorp desempeña su misión, que consiste en ayudar «al gobierno de EEUU a instaurar la estabilidad social a través de un estilo democrático de gobierno». Una foto emblemática, difundida el pasado agosto, muestra al líder afgano Hamid Karzai pronunciando el discurso del «día de la independencia afgana», circundado por guardaespaldas de la DynCorp, elegantes y armados con poderosas ametralladoras.

Pero hay otro sector, no muy reclamado, en el que la DynCorp sobresale: el de las operaciones secretas confiadas por la CIA y por otras agencias federales. En Colombia, Bolivia y Perú participa de las operaciones militares dirigidas formalmente contra los traficantes de droga. Un campo en el que esta sociedad anónima de la guerra ha acumulado una rica experiencia, desde cuando en los años 80 ayudó por encargo de la CIA a Oliver North a suministrar armas a los contras. En los años 90, siempre para la CIA, adiestró y armó al UCK en Kosovo.

Por supuesto que hoy la DynCorp, como la Blackwater y las otras, también llevan a cabo en Irak y Afganistán operaciones secretas. La guerra es, en efecto, desarrollada sobre dos planos: uno a la luz del día, con bombardeos y rastrillajes efectuados por las fuerzas estadounidenses y aliadas; otro secreto, con operaciones llevadas a cabo no sólo por las fuerzas especiales, también por el ejército de las sombras de los contratistas. Este último es sin duda usado en Irak desarrollar una «exit strategy» favorable a los intereses estadounidenses: la división del país en tres partes (chiíta, kurda y sunnita) o hasta en más partes todavía. Aun cuando la Casa Blanca oficialmente lo niegue, tal estrategia, ya efectuada en los Balcanes, es cada vez más vista por Washington como única alternativa para que los EEUU, mediante acuerdos con los jefes locales, puedan controlar el área y en particular sus recursos petrolíferos. El modo más eficaz para dividir Irak es alimentar el choque entre las facciones internas: cuando explota una bomba en un mercado, no está, por lo tanto, descartado que sea la mano de algún oscuro trabajador contratado.

* Manlio Dinucci es un periodista italiano que escribe regularmente en el cotidiano comunista Il Manifesto.

Traducción de Ricardo González-Bertomeu