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El emperador lo ha decretado: ¡habrá elecciones!

Fuentes: A l´encontre

Traducido para Rebelión por Alberto Nadal

Iyad Allaoui, el Primer Ministro provisional de Irak (cooptado el 28 de mayo de 2004 por el Consejo Provisional de gobierno, nombrado por los EE.UU), ha decidido ir adelante con las elecciones del 30 de enero de 2005. Y eso a pesar de los llamamientos de políticos sunnitas que planteaban retrasarlas seis meses y a pesar de la inseguridad que reina en todo el país. «El gobierno irakí ha decidido mantener las elecciones en la fecha prevista» ha declarado Thair al Naqueeb, portavoz de Allaoui. Ha añadido que el gobierno «llama a todos los irakís a participar en ellas y a contribuir a formar un gobierno democrático fuerte»

Algunas horas antes, los dirigentes de 17 partidos políticos, la mayoría de ellos pertenecientes a la comunidad musulmana sunnita, se habían reunido en la casa de Adnan Pachachi, un ex canciller irakí muy respetado e influyente. Casi todos eran de la opinión de que era demasiado peligroso para los irakís ir a votar, y presionaban a favor de un retraso de las elecciones. Como para subrayar la falta de seguridad, una batalla feroz estallaba a unas calles de la casa de Pachachi, en el distrito de Mansour. Los tiros han subrayado también que la captura de Faluya por el ejército americano -en una batalla en la que más de 2.000 civiles y 50 marines han perdido la vida- no ha transformado Irak en un país más seguro.

Es posible que Allaoui experimente un secreto deseo de prolongar su mandato de primer ministro, pero le va a ser difícil retrasar unas elecciones que el presidente Georges Bush ha prometido hacer celebrar el 30 de enero. Durante la campaña electoral estadounidense, esas elecciones han sido presentadas por la Casa Blanca como un símbolo del triunfo de la política norteamericana en Irak.

Una parte de los que han tomado la palabra en la residencia de Pachachi durante la noche del viernes 26 de noviembre 2004 ha subrayado que el gran ayatollah Ali al Sistani -el dirigente chiita más influyente- estaba resueltamente a favor de la celebración de las elecciones, pero otros han argumentado que el ayatolá podía ser flexible en lo que se refiere a la fecha de su celebración. El 60% de los irakís son chiítas.

Los dirigentes políticos sunnitas se encuentran en una situación imposible. Una gran parte de la población apoya a la insurrección. Todo político sospechoso de apoyar a los Estados Unidos o al gobierno provisional corre el riesgo de ser asesinado. En los barrios sunitas, los comerciantes están aterrorizados ante la perspectiva de tener que distribuir formularios de inscripción a los habitantes con las raciones alimenticias, como se les ha ordenado. Un argumento para retrasar las elecciones, es que la situación al nivel de la seguridad podría mejorar de aquí a mediados del año 2005. Pero Iyad Jamal al Din, un dignatario religioso, ha dicho que esta esperanza no era realista. «Los Estados Unidos van a quedarse, el gobierno va a quedarse, y quienes les combaten continuarán también combatiéndoles». Y ha pedido que las elecciones sean retrasadas dos años. El sentido de esta petición es muy claro: con elecciones libres y bajo el sistema de representación proporcional, los sunnitas
perderán el lugar dominante que tenían desde la época colonial en los puestos claves de la administración, pues lo más probable es que sean elegidos chiítas.

La única sugestión práctica sobre la forma en que se podría mejorar la seguridad ha venido de Ayham al Sammarai, el Ministro de electricidad. «Debemos llegar a un acuerdo con los baasistas», ha declarado, subrayando que no se refería al círculo íntimo de Saddam Hussein. Ha afirmado que el núcleo de la insurrección estaba constituido de miembros del Partido Baas, gente que ha perdido sus empleos y ha asistido a la disolución del ejército. Si se pudiera encontrar un acuerdo con ellos «sería fácil hacer que se plegaran los pocos miles de fanáticos religiosos».

Patrick Cockburn escribe, desde Bagdad, para el periódico inglés The Independent.