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El secretario de Defensa de EEUU visita Iraq para obtener un nuevo acuerdo de tropas

Fuentes: Uruknet

Traducción para Rebelión de Loles Oliván

El recientemente nombrado secretario de Defensa de la administración Obama, Leon Panetta, viajó sin previo aviso a Iraq el lunes para presionar al gobierno iraquí a fin de finalizar un tratado formal que sancione el mantenimiento de la ocupación del país por parte de las fuerzas estadounidenses.

Panetta, ex jefe de la CIA, se reunió con el primer Ministro Nuri al-Maliki, con el presidente Yalal Talabani y con el presidente de la región autónoma kurda, Masud Barzani. La cuestión clave sobre la que se discutió fue el vencimiento, el 31 de diciembre, del Acuerdo sobre el Estatuto de Fuerzas (SOFA, en sus siglas en inglés) firmado entre la administración Bush y el gobierno de al-Maliki a finales de 2008.

Apenas cinco meses antes de que caduque el SOFA, no se ha alcanzado un nuevo acuerdo que legitime la presencia militar de Estados Unidos en Iraq.

El pasado jueves, el jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, almirante Mike Mullen, había asegurado ante periodistas en Washington que se estaban llevando a cabo conversaciones para concluir un nuevo pacto. El sábado, tras una reunión de dirigentes parlamentarios iraquíes, Talabani había declarado que en dos semanas alcanzarían el consenso para extender la presencia estadounidense en 2012. No obstante, ello fue inmediatamente minimizado por el asesor de prensa de al-Maliki, quien se quejó de que la reunión había estado controlada por «posturas partidistas o religiosas» y que no era probable que se alcanzara una posición unificada a corto plazo.

Tras reunirse el lunes con líderes iraquíes, Panetta hizo pública la frustración que había expresado claramente a al-Maliki y a otros por el impasse. Ante una concentración de tropas estadounidenses en Bagdad declaró: «¿Quieren que nos quedemos? ¿No quieren que nos quedemos? Maldita sea, que tomen una decisión».

La administración Obama no tiene intención de retirar las tropas estadounidenses a finales de año. Después de más de ocho años de operaciones militares y hasta 3 billones de dólares en gastos derivados de la guerra, Washington está decidido a alcanzar los objetivos de la invasión ilegal en 2003 -dominar los vastos recursos energéticos del país y establecer un Estado títere y obediente en el corazón de Oriente Próximo.

Unos 46.000 miembros del personal militar de Estados Unidos siguen ocupando 53 bases militares por todo Iraq, incluyendo la estratégica base aérea de Balad, en el norte, y la base aérea de Ali o Tallil, en el sur. Aviones estadounidenses siguen asimismo utilizando la base aérea de el Al-Asad, en la provincia occidental de Anbar.

El objetivo inmediato de Estados Unidos es garantizar a largo plazo el acceso a estas bases y mantener una guarnición de entre 10.000 y 30.000 soldados. La fuerza militar complementaría las operaciones políticas de la embajada de Estados Unidos que domina la «Zona verde» en el centro de Bagdad. Más grande que la Ciudad del Vaticano, la embajada tiene su propia planta de energía y una plantilla de unos 5.500 funcionarios, marines, unidades de élite de fuerzas especiales y agentes de inteligencia. En el interior de sus muros fortificados hay 50 aviones y helicópteros.

El embajador estadounidense, James Jeffrey, ha solicitado a principios de este mes 6.2 mil millones de dólares para cubrir las operaciones de la embajada en 2012. En intervenciones posteriores, ha enfatizado la importancia de Iraq para Estados Unidos destacando sus reservas de energía. Ha asegurado a los periodistas que Iraq está «en la pista» para incrementar su producción de petróleo. Y ha señalado que «no hay en ninguna otra parte del mundo una fuente de millones de barriles nuevos [de petróleo] como allí».

Por otra parte, Jeffrey ha declarado que Iraq representa «la única fuente de gas suficiente para que Europa pueda diversificar sus necesidades energéticas», señalando que «el gas de Azerbaiyán no es suficiente y el gas turkmeno está desde hace muchos años fuera». Las declaraciones de Jeffrey subrayan las preocupaciones de Estados Unidos por la creciente dependencia de Europa occidental de los suministros de gas rusos. La guerra en Libia se ha impulsado por similares consideraciones geopolíticas.

Esta semana, la transnacional europea Royal Dutch Shell anunció una inversión de 12.5 mil millones de dólares en un proyecto de producción de gas de empresas conjuntas en el sur de Iraq.

Todos los miembros de la élite iraquí han demostrado estar dispuestos a servir a estos intereses depredadores. De diversas maneras, todos ellos se han acomodado a la invasión de Estados Unidos a cambio de una existencia parasitaria dependiente de la industria petrolera. Iraq se encuentra entre los cuatro países más corruptos del mundo, con miles de millones de ingresos de petróleo saqueados cada año, mientras que el desempleo y el subempleo alcanza el 50% y la pobreza es endémica.

El gobierno de al-Maliki -una inestable coalición de su partido Dawa, de los partidos nacionalistas kurdos y del movimiento fundamentalista chií Sadr dirigido por Muqtada al-Sadr- está, no obstante, nervioso, ante la firma de un nuevo acuerdo y la está retrasando tanto como puede.

Las elites iraquíes son muy conscientes de que la mayoría de los iraquíes se oponen frontalmente al mantenimiento de la presencia militar estadounidense. La ocupación de Estados Unidos ha destruido gran parte de la infraestructura del país y ha fomentado los conflictos étnicos y sectarios con el fin de dividir y gobernar a la población. Más de un millón de iraquíes han perdido la vida y millones más han sido heridos o traumatizados psicológicamente. La resistencia a gran escala que siguió a la invasión se ahogó literalmente en sangre.

También hay signos de creciente malestar por el nivel de vida y los derechos democráticos. Empiezan a emerger cuestiones de clase y tensiones sociales sin duda inspiradas en parte por las revueltas populares que tienen lugar en Túnez, Egipto, Yemen, Bahréin y Siria.

Las protestas en el norte kurdo en febrero exigiendo derechos democráticos fueron reprimidas por la autoridad kurda. Los trabajadores de los yacimientos petrolíferos del sur amenazaron con ir a la huelga en mayo hasta que se pagó un aumento sustancial del salario. Jóvenes desempleados se han manifestado en Basora y Bagdad.

En sus comentarios, tanto Panetta como Mullen utilizaron el recrudecimiento de los ataques a tropas de Estados Unidos para revivir las viejas acusaciones de que Irán está suministrando misiles y otras municiones a las milicias chiíes. Cuando Panetta llegó para mantener conversaciones con al-Maliki tres misiles fueron disparados contra la «Zona verde». Panetta declaró: «Nos preocupa mucho Irán y las armas que está proporcionando a los extremistas de Iraq. Simplemente, no podemos sentarnos y permitir que esto continúe… Es algo a lo que vamos a tener que hacer frente».

Las acusaciones contra Teherán, negadas otra vez categóricamente desde ese país, alimentan el argumento central en boga en Washington y entre el stablishment iraquí: el ejército estadounidense debe quedarse para servir como elemento de disuasión ante los presuntos intentos de Irán de dominar el país. Mullen declaró en una conferencia de prensa que las fuerzas de seguridad iraquíes se enfrentarían «a evidentes lagunas de capacidad» si Estados Unidos se retirase y que Bagdad «necesitaría ayuda» de su fuerza aérea y de su inteligencia durante años.

A las 24 horas de haber tenido lugar las conversaciones de Panetta con al-Maliki, el lunes The Wall Street Journal informaba de que el gobierno iraquí había revocado la decisión tomada a principios de año de no comprar aviones de combate estadounidenses F-16. El periódico indicó que en Iraq se están produciendo movimientos para comprar entre 18 y 36 aviones de combate mediante un acuerdo multimillonario para «contrarrestar la influencia iraní y cementar a largo plazo los vínculos con Bagdad una vez que las tropas estadounidenses se retiren». El acuerdo incluye «las armas, las piezas, los repuestos, la formación y todo lo relativo», lo que requiere una continua presencia militar de Estados Unidos.

The Wall Street Journal exigía el miércoles que la administración Obama y el gobierno de al-Maliki resolvieran rápidamente la cuestión de un nuevo acuerdo sobre el estatuto de las fuerzas a fin de bloquear «los planes de Irán en Iraq».

El editorial declaraba: «El mantenimiento de la presencia de tropas de Estados Unidos puede llenar los vacíos de seguridad y proporcionar una influencia estabilizadora en Iraq y en la región. Estados Unidos ha mantenido tropas en Corea del Sur y en Japón durante seis décadas una vez acabadas las guerras allí; una presencia similar en Iraq podría ser lo más saludable… Una relación de seguridad a largo plazo con Iraq sería la mejor manera de asegurarse de que los sacrificios realizados en la última década no se despilfarren».

El editorial de The Wall Street Journal resume los designios de la clase dirigente estadounidense: se propone que Iraq siga siendo de facto una colonia de Estados Unidos durante las próximas décadas.

Fuente: http://www.uruknet.de/?s1=1&p=79560&s2=15