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Iraq, Balance de la resistencia: Septiembre

Escenario de guerra generalizada

Fuentes: Rebelión

El balance de este mes de septiembre de actividad insurgente en Iraq ha de permitir reivindicar que el esfuerzo libertador en este país mártir, además de seguir siendo legítimo, se libra en otros campos de batalla bien distintos de los del secuestro y el asesinato ante una cámara de vídeo de trabajadores extranjeros, o de […]

El balance de este mes de septiembre de actividad insurgente en Iraq ha de permitir reivindicar que el esfuerzo libertador en este país mártir, además de seguir siendo legítimo, se libra en otros campos de batalla bien distintos de los del secuestro y el asesinato ante una cámara de vídeo de trabajadores extranjeros, o de los atentados sectarios o indiscriminados como los sufridos ayer día 30 en Bagdad. Es en esos otros campos de batalla eludidos mediáticamente en los que los ocupantes están siendo -han sido ya- derrotados. Los datos -no las imágenes generadas por tramas opacas asociadas o complementarias de los ocupantes y reproducidas en los medios de comunicación- y los propios análisis de los ocupantes así lo confirman. EEUU y Reino Unido, sus aliados exteriores y los colaboracionistas internos, están siendo batidos en un combate legítimo y heroico que ha de ser apoyado resueltamente, sin titubeo alguno: resistir es un derecho, resistir no es terrorismo.

Septiembre ha sido el cuarto mes más mortífero para las tropas estadounidenses desde que el 1 de mayo de 2003 el presidente George Bush diera por concluida formalmente la guerra en Iraq a borde del USS Lincoln. Este mes han muerto en combate 66 militares de EEUU según datos oficiales del Pentágono, tan solo siete el día 13 en tres ataques; otros 10 han muerto en incidentes denominados «no hostiles». Tras abril y mayo, agosto había sido el mes de 2004 con mayor número de bajas en combate de las tropas estadounidenses en Iraq, hasta un total de 55. Septiembre le ha superado. Desde el 1 de mayo han muerto en combate en Iraq 720 militares de EEUU. El cómputo total, incluyendo muertos por causas diversas no imputables a acciones de la resistencia, además de los caídos durante la invasión y hasta el 1 de mayo, ha superado también este mes de septiembre la simbólica cifra del millar, no alcanzada en Vietnam hasta después de varios años de implicación estadounidense en el conflicto.

Más de dos soldados muertos al día

La media de bajas mortales en combate estadounidenses de este mes es de 2,2 militares. Su distribución geográfica es amplia: varios distritos de la capital, Balad, ar-Rutbah, Tikrit, ar-Ramadi, Mosul, ash-Sharqat, Taji, Baqubah, Faluya, Doha, Qayyarah, Jaldiya, Hawijah… si bien buena parte de los militares estadounidenses han muerto en puntos indeterminados, en «operaciones de estabilización», en la gran provincia de al-Anbar, situada al oeste de la capital, que hace frontera con Siria y Jordania, donde está desplegada la Primera División del Cuerpo de Marines. No hay, claro está, cifras sobre las bajas iraquíes, pero el número de militares estadounidenses muertos, pese a la reducción de sus misiones y las medidas de autoprotección (el Pentágono afirma que el 40% de las bombas caseras explosionadas al paso de patrullas y convoyes son descubiertas y desactivadas), permite imaginar la intensidad de los combates. «Estamos perdiendo más vidas porque sencillamente la resistencia nos está disparando más», afirma palmariamente un analista militar de la institución Brookings de Washington (1).

También en septiembre el Pentágono reconocía que el número de heridos entre sus tropas está aumentando (2). Las cifras oficiales señalan que de los 7.400 militares de EEUU heridos en combate desde el inicio de la guerra, 4.000 lo han sido en los pasados cinco meses, tan solo en torno a 1.100 en agosto. Más de la mitad de estos heridos quedan impedidos para regresar al servicio.

Este mes han muerto además por acciones de la resistencia dos militares británicos, el día 28, en una emboscada al suroeste de Basora, y tres polacos en Hilla (Babilonia), el día 12. Pactado el fin de la segunda revuelta promovida por el clérigo as-Sader en agosto, en el centro-sur y sur del país parece estabilizarse sin embargo una actividad guerrillera regular, que comienza a recordar a la extendida ya al resto de Iraq, con la excepción del más limítrofe Kurdistán.

«No go-zones»

A finales de agosto, diversos medios de comunicación estadounidenses (entre otros, The New York Times del día 28 de agosto) daban cuenta de que las fuerzas de ocupación estadounidenses habían perdido el control de amplias zonas del país, incluidas varias ciudades, algunas de ellas de hasta medio millón de habitantes: Faluya, ar-Ramadi, Samarra, Baqubah, al-Qaim, Tall Afar (éstas dos últimas en la frontera con Siria, la segunda escenario de intensos combates en septiembre), además de distritos de la propia capital. Son las denominadas áreas «No go-zones«.

En los primeros días del mes, el propio secretario de Defensa Donald Rumsfeld admitía que los insurgentes controlan «territorios significativos» al oeste y norte de la capital (3), y que el proceso electoral de enero de 2005 puede verse comprometido en éstas áreas y en zonas del sur del país, adelantando la alternativa de celebración parcial de los comicios. A estas declaraciones siguieron las del Secretario de Estado, Colin Powell, en similares términos: «Ciertamente, la situación [en Iraq] está empeorando», recoge The Washington Post ya al concluir el mes, el pasado miércoles, 29.

Asimismo, en septiembre ha habido 15 acciones de sabotaje contra la industria petrolífera (tanto contra oleoductos y gaseoductos del norte y sur del país) y atentados contra responsables y personal de seguridad del sector, según el Institute for the Analysis of Global Security. El mes se inauguraba con un atentado contra el oleoducto Kirkuk-Ceyhan, el día 2, que paralizaba nuevamente y de manera total las exportaciones por el norte, según fuentes oficiales iraquíes citadas por la agencia AFP; el día 23 moría asesinado en Mosul el vicepresidente de la Compañía Petrolífera del Norte. Según el primer ministro interino Allawi, las pérdidas debidas a los sabotajes en el sector alcanzan los 2 mil millones de dólares (4). Un diplomático occidental destinado en Bagdad ha llegado a indicar que los empleados de las instalaciones petrolíferas o eléctricas podrían facilitar o perpetrar los sabotajes (5).

Pesimismo

El editorial del día 10 de septiembre de 2004 del diario Finantial Times llevaba por significativo título «El momento de considerar la retirada de Iraq». Tras un demoledor repaso a la situación en Iraq después de 18 meses de ocupación, el editorial considera que «[h]a llegado el momento de considerar si una retirada estructurada de EEUU y [de] las restantes tropas aliadas, junto con un factible traspaso de la seguridad a fuerzas iraquíes y un legítimo y completo proceso político pueda trazar una ruta para salir del actual caos».

Ciertamente, la actividad insurgente -la estrictamente militar- no diminuye, aumenta: tras la formación del nuevo gobierno interino de Iyad Allawi y la disolución de la Autoridad Provisional de la Coalición el pasado 28 de junio, el número de ataques contra las tropas de ocupación en el conjunto de Iraq se ha duplicado, pasado de entre 40 y 50 a entre 70 y casi 90 (6). Según un informe de la empresa de seguridad Kroll Security International elaborado para la USAID (la agencia estadounidense para el desarrollo) y dado a conocer por la prensa de EEUU a finales de este pasado mes, los ataques contra las fuerzas estadounidenses e iraquíes se han extendido a zonas del país que habían estado relativamente tranquilas, incluidas ciudades de mayoría shi’í del sur, en las que los ataques se están regularizando con una frecuencia casi ya diaria (7). Un segundo informe conocido este mes, también elaborado por una empresa de seguridad, ésta con sede en Londres, Control Risks Group, añade al pesimista panorama del anterior la aseveración de que amplias áreas de las dos principales ciudades del país, Bagdad y Basora, están ya fuera del control de las fuerzas estadounidenses y británicas, respectivamente (8).

El pesimismo es también el sentimiento predominante en la valoración de las agencias nacionales de seguridad de EEUU, cuyos miembros expresan verbalmente en privado o por escrito en informes confidenciales (el último, el de julio de la Agencia Nacional de Seguridad) valoraciones sobre la evolución de la situación secutiraria en Iraq que contradicen abiertamente las mantenidas públicamente por los responsables de la Administración Bush: nada apoya la previsión de una recuperación del control militar de Iraq en muchos meses (9).

Sin duda, el número creciente y la expansión de la actividad insurgente en Iraq contrastan llamativamente con las aseveraciones públicas de los miembros de los Administración Bush y del primer ministro interino iraquí de que la violencia está limitada a pequeñas áreas del país, como se ha reiterado este mes durante la visita de Allawi a EEUU con motivo de la celebración de la asamblea anual de Naciones Unidas. La caracterización que hace el primer ministro interino Allawi de la insurgencia en Iraq no es distinta de la de la Administración Bush y, como la de ésta, interesada, aunque insensata:

«Entre ellos -se refiere a los insurgentes- están aquellos que nutren fantasías sobre el retorno al poder del anterior régimen [de Sadam Husein]. Hay fanáticos que buscan imponer una pervertida visión del Islam en la cual el rostro de Allah no puede ser reconocido. Y están los terroristas, incluyendo muchos [venidos] de fuera de Iraq, que buscan hacer de nuestro país el principal campo de batalla contra la libertad, la democracia y la civilización. Porque la lucha hoy en Iraq no es solo por el futuro de Iraq. Es la lucha mundial entre aquellos que quieren vivir en paz y libertad, y el terrorismo.» (10)

Allawi ha llegado a afirmar en estos días en Washington que hasta un 30% de los insurgentes son extranjeros, una falsedad que el Jefe del Comando Central de EEUU, el general John P. Abizaid, desmentía el sábado 26 de septiembre, en el transcurso de un entrevista televisada en Bagdad, al estimar que menos de un millar de extranjeros combaten en Iraq a las fuerzas de ocupación (11). El general Abizaid añadía que «[…] el principal problema con el que nos enfrentamos es el de los elementos del anterior régimen del ex partido Baaz que están combatiendo contra el gobierno [interino iraquí] y tratando de hacer todo lo posible para bloquear el proceso electoral».

Ciertamente, la opinión mayoritaria de los mandos militares estadounidenses sobre el terreno y de los analistas es que la resistencia está integrada esencialmente por iraquíes -sean o no mayoritariamente baazistas- auxiliados por miembros del disuelto ejército iraquí, y que sus filas se engrosan de día en día debido al creciente descontento popular. La última estimación de insurgentes «con dedicación exclusiva» la daba un portavoz militar estadounidense a comienzos de septiembre: 12.000 combatientes, el doble de la cifra reconocida hasta ahora por el Pentágono y sin incluir a los 3.000 miembros de la denominada Brigada de Faluya (12), ya formalmente disuelta este mes por las autoridades iraquíes tras comprobarse su completo sometimiento a la resistencia local.

Sin duda, a la toma de conciencia del deterioro evidente de las condiciones de vida de la población está nutriendo y afianzando la insurgencia armada en el país, se debe la decisión tomada a mediados de septiembre por el Departamento de Estado de EEUU de destinar de manera inmediata 3,6 mil millones de dólares de los 18 mil millones aprobados para Iraq por el Congreso estadounidense en noviembre de 2003 para la reconstrucción del país, de los que apenas se han podido gastar mil millones debido a la paralización de la actividad de los contratistas por la actividad insurgente (13). Si bien se afirmó en un primer momento que la mayoría de ese dinero se destinaría a mejoras las prestaciones básicas de la población -esencialmente, los servicios de suministro de agua y electricidad-, la Administración Bush pedía finalmente al Congreso, el día 14, que toda la cantidad solicitada pueda ser gastada en seguridad (14), principalmente en entrenar y armar a otros 80.000 miembros de los cuatro cuerpos de seguridad iraquíes del país (policía, guardia fronteriza, guardia nacional y ejército), integrados en la actualidad por 50.000 efectivos y que habrán de llegar a ser 145.000 en enero de 2005 y un cuarto de millón al finalizar ese año, según las previsiones de Allawi indicadas ante el Congreso estadounidense.

Secuestros y resistencia

El mes se cierra con la buena noticia de la liberación de las dos integrantes de la organización italiana Un Ponte per Baghdad, Simona Pari y Simona Torretta, y de sus dos colaboradores iraquíes tras tres semanas de secuestro. Un Ponte per Baghdad es de las contadas organizaciones internacionales que se opusieron activamente al régimen de sanciones impuesto a Iraq desde 1990 por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y posteriormente a la invasión y la ocupación del país, incluida la implicación en ésta de tropas italianas (15). Ello legitima -y explica- la presencia en Iraq de Un Ponte per Bagdad, a diferencia de tantas ONG que, como las empresas privadas, pretendieron lucrarse rápidamente en Iraq a la sombra de la denominada reconstrucción, para abandonar luego el país inmediatamente cuando ello se demostró más complicado de lo que los militares garantizaron que iba a ser.

La lógica – no ya la organización- que se esconde tras este secuestro resulta difícil de desentrañar, a no ser que se vincule a los intereses de los propios ocupantes o a un fin meramente extorsionista. Recientemente, la prensa iraquí daba cuenta de disensiones graves entre formaciones nacionalistas y sectores islamistas de la resistencia por la proliferación de atentados indiscriminados y la práctica de la toma de rehenes (16) -que por lo demás se suelen resolver en la mayoría de los casos con la puesta en libertad de los retenidos, gracias a la mediación esencialmente de la Asociación de Ulemas Musulmanes, máxima instancia sunní iraquí, opuesta a la ocupación y que, quizás por todo ello, perdía a dos de sus miembros en sendos atentados el día 20 de este mes. Parece claro que en las filas de la resistencia se está ha tomando conciencia de la nula idoneidad de ciertas prácticas que permiten a los ocupantes y a las instancias iraquíes colaboracionistas -si no son por ellos mismos perpetradas- categorizar la insurgencia como terrorismo o llana delincuencia común, a fin de justificar con ello su permanencia en el país.

Mientras se distrae a la opinión pública internacional con figuras como la de al-Zarqawi, el Pentágono prepara para los próximos meses una ofensiva militar que le permita recuperar, antes de la fecha prevista de celebración de las elecciones generales a finales de enero de 2005, los territorios ya bajo control insurgente, inicialmente, tres capitales de provincia, además de Faluya, situada a poco más de 50 kilómetros de Bagdad (17). Mientras llega el momento, Faluya, fuera de los focos mediáticos, sufre cada día bombardeos indiscriminados que, según fuentes médicas y municipales recogidas por al-Jazeera, están causando decenas de víctimas civiles (tan solo 15 el día 25), reedición de la campaña aérea sobre Bagdad de marzo-abril de 2003, denominada Conmoción y Espanto, y quizás como aquélla destinada a rendir por el terror y el dolor a sus habitantes antes del asalto final.

Carlos Varea es miembro de la  Campaña Estatal contra la Ocupación y por la Soberanía de Iraq, [email protected]

Notas

1. Recogido por Patrick MacDonnell en «Sovereign Iraq Just as Deadly to US Forces», Los Angeles Times, 31 de agosto de 2004.

2. The Washington Post

3. Associated Press

4. Associated Press

5. Associated Press

6. Knickerbocker, B. «Classic guerrilla war forming in Iraq», The Christian Science Monitor, 20 de septiembre de 2004 (edición electrónica).

7. Recogido en Chandrasekaran, R. «Violence in Iraq Belies Claims of Calm, Data Show», The Washington Post, 26 de septiembre de 2004

8. Reuters

9. Priest, D. Y Ricks T.E., «Growing Pessimisn on Iraq», The Washington Post, 29 de septiembre de 2004.

10. Discurso ante el Congreso estadounidense, 23 de septiembre de 2004, trascripción de FDCH E-Media, The Washington Post, 23 de septiembre de 2004.

11. Los Angeles Times

12. Associated Press

13. BBC News Online

14. Landay JS y Strodel WP, «Resistance Stronger in Iraq, Analysts Say», Knight Ridder Newspapers, 15de septiembre de 2004.

15. Quien luego dimitiera de su cargo, Hans von Sponcek, coordinador del programa humanitrio de Naciones Unidas en Iraq, siempre elogió la seria labor de denuncia del impacto de las sanciones sobre la educación primaria iraquí realizada ante él mismo por Un Ponte, campo de actuación de la organización hasta hoy.

16. Al Fanar Revista de Prensa Árabe

17. The Washington Post, 26 de septiembre de 2004., 16 de septiembre de 2004, citando al diario iraquí Rifadayn., 14 de septiembre de 2004., 8 de septiembre de 2004., 28 de septiembre de 2004., 26 de septiembre de 2004., 10 de julio de 2004., 14 de septiembre de 2004., 8 de septiembre de 2004., 5 de septiembre de 2004, y Associated Press, 15 de septiembre de 2004.