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Ediciones Dyskolo recupera los relatos de siete autoras publicados en los años 60 por la revista Triunfo

Escritoras bajo la opresión franquista

Fuentes: Rebelión

«Era la época de lluvias en aquellas tierras. El agua caía implacable durante días y días». Así comienza el relato de la escritora y arabista María Jesús Rubiera Mata (1942-2009) titulado «La Muerte tarda en llegar», que la revista Triunfo publicó a doble página con ilustraciones de Zamorano el 16 de marzo de 1963. Cuenta […]

«Era la época de lluvias en aquellas tierras. El agua caía implacable durante días y días». Así comienza el relato de la escritora y arabista María Jesús Rubiera Mata (1942-2009) titulado «La Muerte tarda en llegar», que la revista Triunfo publicó a doble página con ilustraciones de Zamorano el 16 de marzo de 1963. Cuenta la historia de Juan, de su hijo Cholo, que se moría y a quien sólo un médico podía salvar, y de la madre india del pequeño. El semanario dirigido por el fallecido editor José Ángel Ezcurra salió ese día a la venta por 10 pesetas, con la portada dedicada a las fallas de Valencia, una colaboración del periodista Eduardo Haro Tecglen («Diez años después: La URSS sin Stalin) y dos reportajes, acerca del desafío a De Gaulle que representaban las huelgas de los mineros franceses, del periodista Eduardo G. Rico, y sobre los orígenes y desarrollo de la mafia, de Marco Cesarini, entre otros contenidos, como las secciones de cine y teatro, televisión y libros.

El texto de María Jesús Rubiera Mata se incluye entre los textos que aspiraban al Gran Premio «Triunfo» de Narraciones 1962-1963. El número 16 del semanario (septiembre de 1962), cuya portada ocupaba por entero la actriz Mónica Vitti, señalaba que el concurso -al que ya se habían presentado 349 originales- se ofrecía como plataforma para que los cuentistas españoles alcanzaran mayor difusión, ya que por lo general «han venido moviéndose en un ámbito minoritario». En mayo de 2018 Ediciones Dyskolo recupera, en el libro digital de 76 páginas «Siete relatos de autoras en tiempos muy grises», los relatos presentados por mujeres escritoras y que finalmente se publicaron en la revista (siete sobre un total de 40 publicados en un año). Además de «La muerte tarda en llegar», el texto de Dyskolo recoge las aportaciones de las escritoras Carmen Nonell i Masjuan, Concha Fernández-Luna, Karmele Saint Martín, Dolores Medio Estrada, Ana Isabel Álvarez Diosdado y Felicidad Orquín.

«Las historias contadas ya suponen un desafío al orden establecido (la dictadura franquista), primero porque hablamos de escritoras en femenino; además, porque la realidad que retratan refleja la decadencia de una sociedad que reclama transformación», explica en el prólogo la profesora de Filosofía Patricia Terino, también autora de la novela «Días de bruma». Estereotipos de género que empiezan a derrumbarse, personajes afectados por las desigualdades y estrecheces económicas, voces íntimas y expresadas desde la desesperación existencialista, lo sencillo y cotidiano o los miedos ocultos son motivos que figuran en los cuentos, destaca Terino. «Pese a ser escritoras bajo un régimen dictatorial, muchas fueron premiadas por su labor literaria, entre ellas había periodistas, dramaturgas, guionistas, pintoras, maestras, editoras y traductoras», añade en el prólogo. María Jesús Rubiera Mata fue profesora y científica especializada en Estudios Árabes e Islámicos, autora de libros como «Literatura hispanoárabe» (2004), «La literatura árabe clásica» (2005) y coordinadora de «Cervantes entre las dos orillas» (2006).

En septiembre de 1962 Triunfo publicó el relato «La prueba», de Carmen Nonell. Trata del conflicto interno que atraviesa una mujer al entablar una cita a modo de salvavidas, después que fracasara el negocio que compartía con una amiga. La escritora y periodista (colaboradora de ABC y corresponsal en Berlín del diario Pueblo) escribió libros de viajes y rutas turísticas, literatura infantil y novelas como «La vida empieza hoy» (1966) y «Los que se quedan» (1967). En 1955 recibió el Premio Fémina por una novela de 294 páginas publicada por la Editorial Colenda, «Zoco grande». El investigador y autor de «Historia de la novela colonial hispanoafricana» Antonio M. Carrasco explica que la autora «se atreve a plantear un tema aún tabú en la época, el posible matrimonio entre una mujer española y un hombre musulmán. No era algo infrecuente en el Protectorado (español de Marruecos) pero solía darse entre mujeres de clases bajas o trabajadoras, nunca en la burguesía».

Narizotas, berzotas, chinchorro, pellejo y robapanes son algunos de los improperios con los que doña Elvira se dirige a Julián «El Lailla», muchacho al que tutela. Su hermana, La Flor, ha emigrado a Barcelona para servir, pero él se queda soportando a la «Doña». Añora los tiempos de vagabundeo y libertad por la Cuesta de la Pesquera. «El Lailla» es el protagonista del cuento que Concha Fernández-Luna insertó en el número 36 de Triunfo. La autora ya había publicado su primera novela -«Martín Nadie» (1954)- en la colección La Novela del Sábado de la editorial Tecnos, que también dio a conocer a escritoras como Carmen Laforet, Ana María Matute, Josefina Carabias o Elena Quiroga. En «La novela del Sábado (1953-1955). Catálogo y contexto histórico literario» (CSIC, 2004), el profesor José María Fernández Gutiérrez subraya que «Martín Nadie» da cuenta de episodios de violencia y torturas sucedidos durante la guerra de 1936; «con un lenguaje bronco, no queda bien parada la sociedad de posguerra», añade.

Parte del compromiso político de Concha Fernández-Luna remite a las huelgas que en abril-mayo de 1962 se produjeron en las minas de Asturias, se extendieron a la industria de Gijón y en las que llegaron a participar 60.000 obreros asturianos. El historiador Rubén Vega («Intelectuales comprometidos», Fundación Juan Muñiz Zapico) menciona a la escritora entre las más de 50 detenidas en mayo, durante una movilización protagonizada por mujeres en la madrileña Puerta del Sol en solidaridad con los huelguistas. Algunas de ellas entraron en prisión al negarse a pagar las multas, que oscilaban entre 3.000 y 25.000 pesetas. Asimismo Concha Fernández-Luna escribió obras infantiles como «Aventuras de Pito y Pico» (1964) y «La rana que canta» (1965).

Rubén Vega García apunta los nombres de otras escritoras e intelectuales detenidas ese 15 de mayo de 1962 en Madrid: Concha Lagos, Josefina Aldecoa, Eva Forest, Amparo Gastón, Consuelo Claudín, Natalia Calamai o Dulcinea Bellido. También Dolores Medio Estrada, cuyo relato «¿Vamos Timoteo?» difundió Triunfo en agosto de 1963 y Dyskolo recoge en «Siete relatos de autoras en tiempos muy grises». Timoteo es un motorista de juguete que recorre un alambre tenso sobre un árbol; y Juan, el muchacho que representa la peripecia ante el público, cerca del Ministerio de Educación Nacional en la madrileña calle de Alcalá. Dolores Medio estudió Magisterio, ejerció de Maestra en Nava (Asturias) y de periodista. Con la obra «Nosotros, los Rivero» ganó el premio Nadal en 1952. En noviembre de 2017 la escritora Ángeles Caso ha reeditado la novela con los fragmentos que mutiló la censura franquista; en febrero de 1952, el censor señalaba la afinidad republicana de Dolores Medio Estrada y «su antipatía por las tropas españolas que pacificaron Asturias en 1934 (…); hay elogios de obras comunistas, de Stalin». La editorial Destino publicó en 1961 «Diario de una maestra»; según la profesora de Literatura Española Lucía Montejo (EPOS, revista de Filología de la UNED, 2000), «una novela social en el más sentido estricto del término». La censura exigió supresiones en varias páginas, entre otras razones porque al texto de Dolores Medio «le falta proyección hacia lo alto, sentido e intención de trascendencia, precisamente en la vida y en la obra de una Maestra, española y cristiana (…)».

En 1980 vio la luz «Atrapados en la ratonera: memorias de una novelista» (Alce); 262 páginas en las que la escritora evoca el cerco de Oviedo durante la guerra de 1936; «los habitantes se vieron ‘atrapados en la ratonera’ al no poder salir durante más de un año de la ciudad sitiada, obligados a vivir en condiciones angustiosas», escribió el crítico de ABC Manuel Cerezales. En la autobiografía, la narradora se refiere a su madre, hermana, tías y compañeras de carrera, «cuyos caracteres se revelan por su reacción ante las circunstancias del asedio», agrega Cerezales. También Dolores Medio se topó con la censura en el libro de cuentos «El urogallo», escrito entre 1936 y 1939 aunque no se pudo publicar hasta los años 80. Y en «Celda común», novela de 1963 que plasma su experiencia en la cárcel de mujeres de Ventas (Madrid), donde estuvo presa por el apoyo a los mineros. La escritora murió en 1996, a los 85 años, un día antes de la presentación del libro. Cuenta que, durante el mes de reclusión, «no lo pasé mal, qué va, fui muy feliz; estaba en una celda común, con prostitutas, ladronas, infanticidas… Nos llamaban las politiconas, pero nos querían mucho (…)». Completan el libro de Dyskilo los relatos «Mi santa madre», de Carmen V. Saint-Martin; «Como el agua y el humo», de Ana Álvarez Diosdado y «Como un rumor», de Felicidad Orquín.

Siete relatos

de autoras en tiempos muy grises

Carmen Nonell i Masjuan, Concha Fernández-Luna, María Jesús Rubiera Mata, Karmele Saint Martín, María Dolores Medio Estrada, Ana Isabel Álvarez Diosdado y Felicidad Orquín

 

Edición 1.0. Mayo 2018

Prólogo de Patricia Terino

epub: 358 Kb. / mobi: 403 Kb. / pdf: 76 pág.

Página del libro y descarga: http://www.dyskolo.cc/cat%C3%A1logo/lib043/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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