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Estados Unidos paga para que los iraquíes no ataquen a sus soldados

Fuentes: Rebelión

Las ‘oleadas’ del gobierno de G.W. Bush en Irak, es decir el despliegue adicional progresivo de miles de tropas estadounidenses son un señuelo. Uno de los puntos clave está en el ‘nuevo’ plan de contrainsurgencia 2007, que incorpora operaciones diseñadas por antropólogos y científicos de ciencias sociales (del cuál el manual de contrainsurgencia COIN FM […]

Las ‘oleadas’ del gobierno de G.W. Bush en Irak, es decir el despliegue adicional progresivo de miles de tropas estadounidenses son un señuelo. Uno de los puntos clave está en el ‘nuevo’ plan de contrainsurgencia 2007, que incorpora operaciones diseñadas por antropólogos y científicos de ciencias sociales (del cuál el manual de contrainsurgencia COIN FM 3-24 constituye solo una muestra).

Casi continuamente el relato de la Historia es consecuencia de manipulaciones, omisiones y falsas interpretaciones, lo cual no es casual. Lo que generalmente se trata de ocultar es su potencial. Una investigación y análisis histórico minucioso, extrapolado y adaptado a la actualidad, puede ser revelador del presente y dar pautas para el futuro. En el Decálogo secular que tenía el Imperio Británico para doblegar a sus enemigos, figuran algunos axiomas que aplicó en la conquista de la India en el siglo XVII y que tienen plena vigencia en el siglo XXI.

Uno de ellos trata sobre, crear y estimular entre los enemigos del Imperio la mayor cantidad posible de bandos en conflicto entre sí, e influenciar sobre ellos. Al Imperio colonialista no le interesa que gane uno u otro bando, le interesa que se maten entre ellos. Mientras tanto, alimenta las matanzas tratando de exponerse lo menos posible. Finalmente, cuando están divididos y debilitados no aplicará un golpe leve, buscará el momento oportuno para un golpe devastador, del cuál el enemigo no pueda recuperarse jamás.

Algunos análisis del conflicto de Irak daban como conclusión que, de mantenerse las ‘condiciones’ que había en ese país hacia principios de 2006 el plan de ‘oleadas’ del gobierno de G.W. Bush, no solo no frenaría la violencia sectaria y contra los invasores estadounidenses, sino que tampoco la disminuiría en forma relevante, y mucho menos definiría la guerra irregular a favor de EEUU.

Entonces ¿para que estaban destinadas las oleadas militares?. Se buscaba como meta ‘ganar tiempo’, hasta que de alguna manera cambien las condiciones que definen estructuralmente al país.

Washington intentó variar las condiciones desde el espacio político, presionando al gobierno de al Maliki para lograr acuerdos de intereses con los sectores sunnitas de la resistencia y tender a la reconciliación de las etnias, de forma tal que disminuya la hostilidad hacia los estadounidenses, e intentando encaminar al país hacia una ‘centralización’. Es decir, un gobierno central que sea acatado por la mayoría de la población. Con esta estrategia, aplicada historicamente por distintas potencias, se podría insertar a Irak en lo que EEUU llama ‘democracia’, es decir que funcione según la división internacional del trabajo dependiente de las potencias occidentales, asociada a un capitalismo de mercado basado en el orden internacional liberal, y que pueda asegurar como Estado-nación ‘honrar’ el endeudamiento externo, que terminaría de sellar su dependencia económica y pérdida de soberanía política. Pero estas metas no se han alcanzado, y por lo que se verá, mas lejos parecen estar con las oleadas de tropas para la ‘pacificación’ enviadas por el gobierno de Bush.
Fue la lucha intestina sectaria étnico-religiosa que al evolucionar, produjo un cambio en las condiciones estructurales del país respecto de 2006. La guerra civil (negada por Washington) produjo una redistribución significativa de la población. Desde la invasión de 2003 han muerto por violencia del orden del millón de iraquíes, otros millones han quedado mutilados, y más de dos millones han huído del país.

Pero además, otro par de millones se ha desplazado internamente y reubicado durante las matanzas de la limpieza sectaria interna, que ha tendido a separar las componentes de la mezcla étnico-religiosa en muchas barriadas importantes y algunas zonas críticas del país.

Por un lado la redistribución demográfica en sí, permite predecir que la violencia sectaria no puede continuar en un alto nivel por un período no definido, lo que significa deberá existir un valor ‘máximo’ estimable para la intensidad de la guerra social.

Por otro lado la culminación de la redistribución por sectarismos, es un evento clave que dá indicios que se ha sobrepasado el punto máximo, y que la violencia por esa causa deberá decrecer.

Habiendo entendido a priori esa parte del proceso, el gobierno de Bush necesitaba primero, soportar el ‘pico’ de máxima violencia sectaria, de ahí las oleadas de tropas, que son una parte complementaria del plan principal.
En segundo lugar, necesitaba que se alcance lo más rápido posible el tiempo de decrecimiento de la violencia sectaria. Justamente uno de los pocos parámetros del proceso de redistribución que EEUU podía alterar, era su velocidad.

Para ello, comenzó a aplicar intensivamente en el 2007 sus nuevos planes de contrainsurgencia, que constituyen en realidad su principal ‘arma secreta’. La anterior concepción puramente militar fué reemplazada por otra, que incorpora en su diseño a antropólogos y otros científicos mercenarios de ciencias sociales, (del cual el manual COIN FM 3-24 es una muestra). Se buscó acelerar la segregación y la matanza sectaria apoyando y alentando el conflicto entre grupos, de modo tal que se produzca en el menor tiempo posible la homogeneización étnico-religiosa por zonas, y así disminuir las fuentes de violencia .

La ‘resistencia’ iraquí no tiene líder único, sino que está constituído por un fibrado de cientos de grupos y organizaciones no unidas y entremezcladas, que operan con un accionar equivalente que entra en fase en algunos objetivos coincidentes, pero que actúa en contrafase y enfrentamiento en cuanto a disputas de espacios de poder y luchas sectarias étnico-religiosas.

En los primeros meses de 2007, el Pentágono ha cambiado su enfoque ‘macro’ del conflicto de Irak, intensificando significativamente las guerras políticas en la escala ‘micro’, esto es, utiliza tácticas para influenciar directamente a nivel local, barrio por barrio, zona por zona, tratando y captando a líderes del lugar y reclutando pobladores. De esta manera, Washington busca ganar control sobre la ‘masa base’ de cada organización, grupo o tribu por separado, que es el grueso de sus miembros constituídos por la componente popular, y que son un soporte principal de la resistencia a la invasión de EEUU.

El ejército estadounidense a cambio de cooperación y no hostilidad hacia sus miembros, ha dejado que dirigencias sectarias adquieran mayor poder sobre las poblaciones de su territorio, fortaleciéndose los ‘señores de la guerra’ locales, y ha acelerado los planes de ‘incentivos económicos’ a líderes tribales y locales. Incluso proveyó armas a grupos sunníes que hasta hace poco combatían contra la invasión, y estimuló la creación de numerosos nuevos grupos armados. Ha llegado a construir muros de 4 metros de altura que separan fisicamente las zonas de etnias rivales, y aprovechando la pobreza que ha producido la invasión hasta paga ‘sueldos’ de unos cientos de dólares a ‘ciudadanos reclutados’ para que no ataquen a los soldados estadounidenses.

Este concepto acorde a la mercantilización de toda actividad y necesidad humana, imbricado en la corrupción intrínseca del capitalismo, comenzó por la provincia de Anbar y fue extendido a varias otras. Por ejemplo para la provincia de Salahuddin, el gobierno de Bush destinó mas de 5 millones de dólares para que el ejército compre protección y ‘lealtad’ a los jefes tribales, es decir siembre la corrupción y estimule la discordia interna entre las organizaciones de resistencia. Sin embargo, las lealtades por soborno no tienen características de estabilidad duradera, como sucedió en Afganistán.

Pero la información es difundida por la Inteligencia estadounidense como propaganda de guerra psicológica (‘pagos por la paz’), amplificándola como de gran éxito y eficacia, para así captar milicianos víctimas de los excesos en la lucha sectaria (guardando cierta similitud con Chechenia), y elementos disconformes e inestables en lo que llama grupos del ‘despertar voluntario’.

De aquí que algunos renombrados analistas internacionales, concluyan que el decrecimiento actual de la violencia interna en Irak no es debido al ‘plan de oleadas’ de tropas estadounidenses, sino principalmente a que está finalizando el proceso de limpieza étnico-religiosa intrínseco a la propia población iraquí, y que se disparó con la invasión anglo-estadounidense.
Por el contrario, la propaganda mundial realizada por la colosal maquinaria de información masiva de EEUU, presenta como un avance exitoso del gobierno de Bush al plan de aumento del número de soldados en Irak, y que ‘las oleadas están funcionando’. Aunque lo hace en forma dosificada y con cierta cautela, debido a la impopularidad del tema, pero también evidencia la incerteza de los resultados obtenidos y que no se espera un cierre decisivo del conflicto en el mediano plazo.

Sin embargo, a pesar de que ha decrecido a la mitad, el número promedio de soldados estadounidenses muertos por la resistencia es aún de uno/día, y los ataques contra fuerzas estadounidenses o sus cipayos iraquíes es de unos 70/día. Pero la disminución de la violencia permitiría al gobierno de Bush ir reduciendo el número de tropas estadounidenses, lo cuál politicamente ayudará a mejorar la mala imagen pública de los republicanos en tiempo electoral, pero además porque el ejército estadounidense ya no puede seguir sosteniendo la alta velocidad de reclutamiento de soldados.

Pero las tropas invasoras no se retirarán del todo, así como permanecerán las bases militares, ya que Irak constituye un énclave geoestratégico para el Imperio.

Con las actuales condiciones catalizadas por EEUU no hay posibilidad de una reconciliación nacional, sino que se tiende hacia la descentralización, que produciría sobre el gobierno de al Maliki un efecto de contrapeso sunnita, funcional a Washington que actuaría a ‘dos puntas’. Aunque si llega a una fragmentación sin una reconciliación subyacente podría resultarle riesgosa, ya que no podría utilizar a Irak como bloque de oposición contra Irán. A escala local EEUU indujo la aparición de una multiplicidad de territorios con sus señores de la guerra, con cierta similitud con aquellos de Somalía (Mogadishu) en los 90’s, país que aún hoy carece de un gobierno nacional permanente.

Groseramente, según el Pentágono las componentes de la población son tres : una minoría insurgente que se opone a EEUU, y en el otro extremo una minoría militante que lo apoya. Al disiminuir la violencia sectaria y la complejidad estructural del sistema, tiene mayor acceso para accionar a nivel individual sobre los elementos suceptibles de la insurgencia, para desviar su atención hacia otros potenciales enemigos.

La tercera componente es una parte media mayoritaria y no deliberativa del pueblo, y para que la causa de EEUU comience a tener éxito requiere al menos tener el 51% a su favor.

Pero según distintas encuestas, una parte relevante del pueblo iraquí sigue apoyando los ataques de la resistencia a las tropas estadounidenses, y repudiando su presencia.

De todas fomas la guerra irregular urbana (y no urbana) en condiciones adecuadas, ha demostrado ser efectiva como resistencia asimétrica de los países frente al atropello brutal de las potencias imperialistas. En Colombia por ejemplo, desde el punto de vista militar las fuerzas irregulares (FARC) mantienen presencia permanente desde hace décadas hasta en un 30% de su territorio, a pesar de la injerencia de EEUU y su colosal apoyo técnico-militar detrás de la fachada y engaño del ‘plan Colombia’ .

La disminución de la violencia en Irak, no significa la resolución del conflicto a favor de EEUU, ni mucho menos una victoria.