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Ingenio Ledesma: A 50 años de La noche del apagón

Fuentes: Rebelión

A Luis Aredes
A Jorge Weist In memoriam

El caso del ingenio Ledesma constituye uno de los ejemplos más contundentes de articulación entre poder económico y aparato represivo durante la última dictadura argentina. El grupo, controlado históricamente por la familia de Carlos Pedro Blaquier, dominaba amplios aspectos de la vida económica, social y política de la región de Libertador General San Martín, en la provincia de Jujuy, a través de su complejo azucarero y agroindustrial. Durante décadas, el ingenio fue el principal empleador de la zona y estructuró una verdadera economía regional dependiente de la empresa, combinando ese peso económico con una fuerte influencia sobre autoridades locales, fuerzas de seguridad y distintos ámbitos de la vida social. En los años previos al golpe existía una intensa conflictividad laboral en el ingenio, donde trabajadores azucareros y sectores sindicales protagonizaron huelgas y movilizaciones que cuestionaban tanto las condiciones de trabajo como el control social ejercido por la empresa.
Tras la instauración de la dictadura cívico-militar-eclesiástica en 1976, esa conflictividad fue respondida con una represión sistemática contra trabajadores, delegados sindicales, estudiantes y militantes sociales vinculados al ingenio y a las localidades cercanas. El episodio más emblemático de este proceso fue la llamada “Noche del Apagón”, ocurrida entre el 20 y el 27 de julio de 1976 en Libertador General San Martín, Calilegua y otras localidades de la región. Durante esas noches se produjeron cortes deliberados del suministro eléctrico mientras fuerzas del Ejército, la Gendarmería y la policía provincial realizaban operativos coordinados de secuestro. Según reconstrucciones judiciales y testimonios de sobrevivientes, vehículos y recursos logísticos de la empresa —incluidas camionetas del ingenio— fueron utilizados para facilitar los operativos represivos y el traslado de detenidos hacia centros clandestinos. En esos días fueron secuestradas alrededor de 400 personas, muchas de ellas trabajadores del ingenio o activistas de la región.
La empresa no solo brindó apoyo logístico, sino que también aportó información sobre trabajadores y dirigentes sindicales considerados “conflictivos”. En este marco fueron imputados el entonces presidente del directorio, Carlos Pedro Blaquier, y el administrador del ingenio, Alberto Lemos, acusados de complicidad en secuestros ocurridos durante los operativos de 1976. Sin embargo, pese a la abundancia de testimonios, documentos y reconstrucciones históricas, las causas judiciales atravesaron durante décadas un recorrido marcado por dilaciones, apelaciones y resoluciones contradictorias que terminaron favoreciendo la impunidad de los principales responsables empresariales. Blaquier fue procesado en distintas instancias, pero sucesivos fallos impidieron que enfrentara un debate oral por delitos de lesa humanidad. Su muerte en 2023 sin condena fue ampliamente denunciada como un símbolo de la persistente impunidad de sectores del poder económico involucrados en el terrorismo de Estado.
Al mismo tiempo, el recorrido del caso también expresa una fuerte continuidad de la lucha por memoria y justicia. Desde el retorno democrático, organismos de Derechos Humanos, familiares de víctimas, trabajadores y organizaciones sociales de la región impulsaron denuncias, reconstruyeron los hechos y sostuvieron una movilización constante que logró mantener el tema en la agenda pública y judicial. Las marchas anuales por la Noche del Apagón se convirtieron en una referencia nacional, no sólo como instancia de conmemoración, sino como espacio de denuncia de la responsabilidad empresarial y de las maniobras que garantizaron su impunidad.

Detenidos Desaparecidos de Libertador General San Martín y Calilegua

Domingo Faustino Reales, estudiante de Ingeniería. Obrero. Empleado de Ledesma
Miguel Angel Garnica, portero de Atlético Ledesma
Domingo Horacio Garnica, mecánico empleado de LALO
Carlos Díaz, obrero talleres Calilegua
Guillermo Díaz, obrero talleres Calilegua
Ramón Riveros, 73/74 secretario general del sindicato Calilegua. 74/76 delegado carpintería
Salvador Cruz, delegado de Herrería Calilegua
Germán Córdoba´Leandro Córdoba, empleado de Ledesma
Osvaldo Guiribaldi, obrero, empleado de Ledesma
Alicia Ranzzoni, maestra de «El Alto», El Talar
Máximo Herrera, maestro escuela provincia de Tucumán, profesor Escuela Comercial
Máximo Rojas, estudiante escuela comercial. Kiosquero
Rubén Carrazana, estudiante de Agronomía
Johny Vargas, estudiante de Agronomía
Roberto Polanco, estudiante de Agronomía
JUan Jarma, estudiante de Medicina
José Cabrera, estudiante de Abogacía
Hugo Safarov, estudiante de Abogacía
Rubén Molina, estudiante de Abogacía
Hugo Narváez, estudiante de Abogacía
Juan Carlos Espinosa, estudiante
Ivar Flores, conscripto R.I.M. 20
Narciso Santiesteban, policía Seccional 11  
Mario Rojas, empleado de comercio
Luis Aredes, pediatra, ex intendente de Libertador, asesor médico de los sindicatos del papel y del azúcar del Ingenio Ledesma
Crescencio Vargas, tornero, empleado Ledesma
Carlos Patrignani, abogado asesor del sindicato del azúcar
Jorge Weist, ex delegado del azúcar, activista sindical y político
Miguel Arcángel Cortez

A 50 años del Apagón de Ledesma, no olvidamos, no perdonamos
Por Liliana O. Calo y Kevo W.

Entre el 20 y el 27 de julio de 1976, las localidades de Libertador General San Martín, El Talar y Calilegua, en Jujuy, fueron escenario del llamado “Apagón de Ledesma”: un operativo conjunto de las fuerzas represivas y la empresa para disciplinar a la vanguardia obrera. A partir de la lucha de familiares, organismos y la izquierda, el olvido no se impuso. Frente al negacionismo y la impunidad, el próximo 8 de agosto impulsamos “Jujuy No Se Apaga”, un festival y muestra artística y cultural en La Comuna de San Salvador de Jujuy. Participá y sumá tu firma.

El “enemigo interno”

La persecución y represión en la provincia no comenzó en julio de 1976, con el “Apagón”. Mucho antes del golpe, las Fuerzas Armadas ya habían catalogado a Jujuy, Salta y Tucumán como zonas calientes de la “subversión”, bajo la doctrina contrainsurgente en boga que abonaba la construcción ideológica del “enemigo interno” con la que identificaban a la insurgencia obrera y popular. En 1973, el médico Luis Aredez asumió como intendente de Libertador General San Martín confrontando con la empresa Ledesma. Acompañando un reclamo del sindicato y el pueblo trabajador exige el pago de los impuestos municipales que la empresa adeudaba desde 1908 y la construcción de viviendas. Para 1974, en Ledesma, ya habían detenido parte de la Comisión Directiva e intervenido el sindicato del azúcar. En 1975 se desató una masacre con el “Operativo Independencia” que atacó principalmente a los azucareros de Tucumán, pero fue un golpe para toda la organización obrera en el NOA.
Desde la dictadura de Onganía en 1966, los dueños de Ledesma Sociedad Anónima Agrícola Industrial (SAAI) utilizaron a la Gendarmería como “policia privada del Ingenio Ledesma”, financiando la logística de las fuerzas represivas a cambio de que el aparato estatal funcionara como fuerza privada, encargada de infiltrar y vigilar la combatividad sindical; un conflicto de clases que la patronal encaró desde la recuperación del sindicato azucarero en los setenta y tras el golpe de marzo de 1976 adquirió una escala abiertamente genocida. En la ciudad cabecera de Ledesma, Libertador General San Martín, se concentraba casi la mitad de la población del Departamento y el número de secuestros durante la dictadura, muchos de ellos ocurridos en la llamada semana del “Apagón”, nos recuerda el impacto buscado no solo material y físico sino simbólico del terror represivo.

La noche del “Apagón”

Lo que la memoria ha construido como “el Apagón de Ledesma” fue una operación de contrarrevolución social planificada en las oficinas de la propia empresa, una demostración explícita de hasta dónde está dispuesta a llegar la burguesía cuando siente que sus privilegios están en peligro.
La noche del 20 de julio se produjeron numerosas detenciones y secuestros organizados en Libertador San Martín, El Talar y Calilegua que se extendieron hasta el 27 de julio. A poco de iniciarse la noche se producen los primeros cortes de luz intencionales en Libertador y Calilegua. En la madrugada del 21 de julio, en medio de la oscuridad total, fuerzas conjuntas (Ejército, Gendarmería y Policía) inician los allanamientos. La patronal de los Blaquier no solo aportó las listas, sino también las camionetas para los secuestros y detenciones masivas. Los operativos se repitieron en las noches siguientes.
Durante una semana la región se transformó en un territorio de persecución. En total, se estima que hubo 400 personas detenidas durante aquella semana en Libertador General San Martín, Calilegua y El Talar, muchos eran jóvenes estudiantes que volvían a ver a sus familias en vacaciones de invierno. Otros empleados u obreros de la empresa, o con actividad sindical y como ha investigado Victoria Basualdo fueron secuestrados docentes, médicos, abogados y estudiantes debido al extendido control de la empresa no solo de la actividad fabril sino de gran parte de la infraestructura social (hospitales, escuelas, viviendas y servicios básicos), lo que distintos investigadores han descrito como un “sistema de fábrica con villa obrera”.
Muchas víctimas fueron llevadas inicialmente a las comisarías locales y de allí trasladadas a la base de Gendarmería situada dentro del predio del Ingenio Ledesma o a galpones de mantenimiento de la empresa, y trasladados al Centro Clandestino de Detención (CCD) “Guerrero”, uno de los primeros en la provincia, vendados y sometidos a torturas brutales. La institucionalización de este circuito represivo quedó registrada en los documentos de la época: el 22 de julio de 1976, el interventor militar de Jujuy argumentó “razones de servicio e interés público” para reconvertir lo que había sido un alojamiento en un centro clandestino. En ese predio se concentró a la mayoría de los secuestrados durante los apagones, junto con los estudiantes de Tucumán. La empresa Ledesma despidió a los trabajadores que habían sido secuestrados alegando “abandono de trabajo” o “causa justa”. De las centenares de personas detenidas durante esos días 33 trabajadores y militantes continúan desaparecidos.

Los Blaquier: impunidad con nombre propio

El laberinto judicial montado para proteger a los responsables económicos de la dictadura demuestra que la Justicia opera con una clara selectividad de clase. Junto a otras como Acindar, Ford, los Blaquier difícilmente puedan ser olvidados como uno de los grupos empresarios responsables del golpe de 1976.
Los procesamientos contra Carlos Pedro Tadeo Blaquier, y su gerente operativo, Alberto Lemos, en la Causa 296/09 en la que se imputa al Directorio completo y su dueña, Nelly Arrieta de Blaquier, se dictaron en 2012, cuyos nombres se conocen a partir de la causa Luis Aredez, desaparecido en el año 1977. Estuvo frenada por más de diez años. Un fallo de la Cámara Federal de Casación Penal, impidió que Blaquier vaya a juicio oral, en marzo del 2015. La persistencia del poder económico de la familia Blaquier y la subordinación política de los sucesivos gobiernos constitucionales funcionaron como un mecanismo de impunidad, que lo eximió de dar cuentas a la justicia hasta el último día de su vida.

Los Blaquier: los dueños de la provincia

Ledesma (SAAI) sigue siendo el “corazón” del poder político y económico, ejerciendo un control dominante en la provincia y más allá, con respaldo completo del régimen político de la UCR y el PJ provincial. Es una de las mayores empresas terratenientes del país, que supera las 150.000 hectáreas de tierras propias. Una muestra de su poder se mide en la geografía. Aunque su bastión sigue estando en Jujuy, el poder de la familia Blaquier no se detiene en el NOA; en Buenos Aires y Entre Ríos se consolidó como un gran terrateniente: controla más de 51.000 hectáreas destinadas a la producción intensiva de carne y granos. El mapa se cierra en San Luis, donde explotan una planta de molienda de maíz.
A comienzos de este año, la patronal de Ledesma se anticipó a la aplicación de la reaccionaria reforma laboral impulsada a nivel nacional, lanzó una ofensiva con cientos de despidos persecutorios, proscripción a dirigentes sindicales y represión contra los trabajadores que salieron a enfrentarlos. Este plan antiobrero cuenta con la complicidad del gobernador y todo el régimen político provincial, que como hace 50 años, ponen el aparato del Estado al servicio de quebrar la resistencia obrera que sigue de pie.

Festival y muestra cultural “Jujuy No Se Apaga”

Frente a los discursos negacionistas del gobierno y la “historia oficial” que sigue promoviendo la empresa, descalificando los testimonios de las víctimas, contra la parálisis que pretendía sembrar la práctica genocida, la lucha de los familiares, organismos, partidos de izquierda ha permitido reconstruir una memoria obrera en el propio corazón de Ledesma. El mejor modo de homenajear a los compañeros y compañeras desaparecidas por el golpe genocida es mantener viva la lucha contra la impunidad.
A 50 años del “Apagón” de Ledesma, la apuesta es levantar la memoria como una herramienta de combate contra la impunidad de ayer y de hoy. Frente al individualismo y la cooptación cultural, la agrupación 9 de Abril, Contraimagen y las bancas del PTS en el Frente de Izquierda Unidad en Jujuy convocan a artistas, trabajadores de la cultura, estudiantes, docentes, fotógrafos, realizadores audiovisuales a construir colectivamente una gran política de contracultura para enfrentar el silencio, denunciar el genocidio de clase de la última dictadura y la impunidad de ayer y de hoy.
Uno de los ejes centrales de la iniciativa es justamente enfrentar las formas actuales del silencio. Debido a que Ledesma continúa interviniendo sobre la vida provincial a través del financiamiento de instituciones, medios de comunicación, eventos culturales y espacios artísticos, promoviendo una memoria despolitizada, vaciada de conflicto social y desligada de las responsabilidades empresariales en el terrorismo de Estado.

Sumá tu firma en apoyo a “Jujuy No Se Apaga”

Convocamos a artistas, trabajadoras y trabajadores de la cultura, organismos de Derechos Humanos, trabajadoras y trabajadores de Ledesma, estudiantes, docentes, intelectuales, periodistas y a todas las personas comprometidas con esta causa a acompañar con su firma esta iniciativa.
Porque no olvidamos y no perdonamos.
Porque la historia del pueblo trabajador no la escriben Blaquier ni los poderosos.
Formulario: https://forms.gle/r8DSZZz3Cxehicr46
Este jueves 23 de julio a las 15 horas nos movilizamos. Se realizará la histórica “Marcha del Apagón”, compartimos las actividades que convocan los organismos de DDHH de Jujuy:

Ledesma

Ledesma es una Sociedad Anónima Agrícola  Industrial (SAAI) con características particulares dentro de la actividad azucarera. Posee el ingenio que mayor cantidad de caña muele en el país y es uno de los de mayor tamaño en el mundo. Muele un 90% de caña propia, con la casi total automatización de las etapas industriales. Cuenta con el mayor volumen de facturación del país en el área. Financieramente es una de las empresas con menor monto de endeudamiento en relación a su tamaño dentro de la actividad azucarera. Posee una diversificación casi óptima de sus actividades que le permite extraer de la materia prima cañera el máximo aprovechamiento económico que se puede obtener. Tiene rendimientos culturales (toneladas de caña por hectárea) y rendimientos industriales (azúcar por tonelada de caña) de los más altos del país. En otras empresas pueden encontrarse algunas de estas cualidades pero en ninguna todas ellas juntas.
La empresa posee 240.000 hectáreas de campos de su propiedad, de los cuales 40.000 son explotadas con caña, 1600 con frutales y el resto son bosques de madera o bien extensiones sin explotar. En la etapa de industrialización produce, a partir de la caña, azúcar blanco y crudo y alcohol, papel a partir de bagazo (desecho de la molienda de caña). También obtiene otros insumos que utiliza en la fabricación de papel. En la producción de azúcar se fracciona el producto en paquetes destinados al consumo directo individual.
Para la década del 80/90 en estas actividades participaban empresas formalmente distintas pero cuyos paquetes accionarios correspondían a Ledesma en su absoluta mayoría.  Tal era el caso de las fincas cañeras Calilegua S.A.A. Ind. y C., El Talar, El Piquete, Caimancito, y Famal S.A.C.Ind. Además es dueña de Glucovil S.A., Papelera Ledesma S.A. Productora de Alñcoholes de Melaza S.A., Compañía de Seguros América S.A., Compañía Agrícola Industrial Salteña S.A., Banco de la Provincia de JUjuy, Aircom S.A., Cooperativa Telefónica Libertador General San Martín Y Compañía Azucarera Mercedes S.A.
Se conocía en manos del mismo grupo la posesión de establecimientos de campo en la provincia de Buenos Aires y el Litoral. También la instalación de la fábrica y envasadora de jugos cítricos Calilegua S.A.
En la actualidad también producen 100.000 m3 anuales de bioetanol que se aplican al corte obligatorio del 12% de las naftas y envases biodegradables.

Composición del Consejo de Administración: LEDESMA S.A.
Administrador
Alejandro Blaquier
Presidente – –
Ignacio Blaquier
Director/Miembro de la Junta – –
Juan Ignacio Pereyra Iraola
Director/Miembro de la Junta – –
Mariano Ignacio Letemendia
Director/Miembro de la Junta – –
Matias Guillermo Sanchez Sorondo
Director/Miembro de la Junta – –
Blaquier Carlos Alberto
Accionistas: LEDESMA S.A.
Familia Blaquier
397.705.753 90,45 %

Ingenio Ledesma simbolizó la muerte de un obrero para “celebrar” el fin de la zafra

Terminó la Zafra 2025 en el Ingenio Ledesma. Y a la gerencia de la empresa se le ocurrió “celebrarlo” con el sacrificio de un trabajador que muere en una máquina.
Este es un ritual que todos los fines de zafra intenta justificar que ante la presencia del diablo («el familiar») para que no se cobre una vida obrera, se le ofrece la vida de un muñeco que representa a un trabajador. En esta oportunidad ocurrió en medio de despidos, exigencia de reforma laboral y resistencia obrera en las puertas del ingenio.
En el último año, el Ingenio Ledesma despidió a más de 220 trabajadores, en una serie de tandas que arrancó en febrero y continúa hasta hoy. Se trata de despidos arbitrarios, que afectaron tanto a obreros azucareros como citrícolas. En un claro acto de persecución antisindical, entre los despedidos hay activistas y ex delegados.
El “argumento” de la empresa para los despidos son supuestas “pérdidas” económicas que no pueden demostrar. De hecho, en el Balance 2024 declaró ganancias netas por $39.160 millones. Esto al mismo tiempo que viene realizando inversiones millonarias.
En los ingenios de la provincia de Jujuy, los trabajadores perdían sus vidas o desaparecían de manera inexplicable ; la causa de ello era El Familiar, un enorme can que arrastra cadenas por su pasar. Esta bestia, según la leyenda contada por los trabajadores de los ingenios de este lugar, aparecía para cobrarse el pacto que había realizado el patrón del ingenio con él para obtener más riqueza.
Los ingenios más famosos prosperaban con excelencia, demasiada producción, ventas de azúcar, en resumen un total éxito. Pero cada año desaparecían o fallecían algunos de los trabajadores. Los vecinos cercanos a los ingenios comentaban que esto ocurría porque el patrón o capataz del ingenio pactaba con El Familiar para tener fortuna a cambio de la vida de un peón, así la bestia cumplía con el trato y según cuenta la leyenda se llevaba un alma humana.
Las muertes sucedían usualmente cuando el patrón enviaba a algún trabajador a buscar herramientas en un cuarto oscuro, donde se cobraba el pago El Familiar. Otra posibilidad eran los accidentes inexplicables que terminaban con la vida de los hombres, ya sea en las calderas o en las cintas de trapiche. No había dudas de que tales muertes eran obra de El Familiar quien andaba con hambre merodeando.
Esta bestia, como la recuerdan algunos hombres que han trabajado en los ingenios jujeños, es recordada como un enorme perro negro como la oscuridad misma y se lo relacionaba con el perro del diablo e incluso con el mismo diablo. Otras veces era visto como una enorme serpiente o ¨viborón¨ como era llamado, que se tragaba a los peones. En ocasiones, también se lo ha visto adoptar formas de persona, burro o toro.
Los peones que trabajaban en aquellos ingenios tenían maneras de prevenir ser atacados por este ser maligno y así salvarse de una muerte asegurada. Llevaban consigo un rosario, una cruz en sus cuellos y un facón para darle pelea a la bestia, solo así podrían salir vivos con pequeñas heridas de por medio. Estos hombres sobrevivientes recibían fuertes sumas de dinero por parte del patrón para silenciar acerca de lo visto y marcharse lejos para no volver al ingenio.
Esta bestia no solo se servía de su pacto, sino que el patrón la enviaba a devorar a trabajadores que ocasionaban problemas. Si algún hombre no coincidía con las ideas de su jefe, tenía distintas ideologías políticas o simplemente no cumplía con sus labores, era inminente que sería devorado por El Familiar. Esto ocasionaba temor en los vecinos, por ello quienes eran empleados en los ingenios debían recibir órdenes sin manifestar queja alguna.

El historiador tucumano Eduardo Rosenzvaig explicó que El Familiar es una leyenda urbana, un mito, las muertes ocurrían porque los peones estaban capturados de por vida debido a sus deudas y, al intentar fugarse, eran aprehendidos por los hombres armados del patrón quienes ejecutaban a los fugitivos de noche. Por ello, esta leyenda comenzaba a pulular por las cercanías relacionando las curiosas muertes con algún ser increíble para que existiese así alguna explicación. Otra hipótesis es que el mismo patrón mandaba a sus guardias a cometer los crímenes para así infligir terror en los demás peones acreditando dichos asesinatos a El Familiar y que estos cumplan con sus trabajos a la perfección sin descuidos ni levantamientos.
Además, cuando el patrón del ingenio fallece sin pasar el secreto a otro, El Familiar desaparece y no es visto nunca más por el lugar, pues nadie puede alimentarlo ya. Tanto el lugar que ha prosperado con excelencia como la fortuna recaudada se evaporaban sin explicación alguna, símbolo del fin del pacto.
El Familiar es una de las historias más contadas por los abuelos jujeños a sus nietos. Hasta el día de hoy, esta leyenda jujeña persiste de generación en generación.

Fuentes: La Izquierda Diario, Resumen Latinoamericano, La injusticia cojuda: Ricardo Nelli, Puntosur, 1988

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.