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Documental

La CIA y El Mercurio, una historia de amor

Fuentes: Rebelión

«Para la CIA, Agustín Edwards era el mejor de sus hombres».   Ignacio Agüero   El azar me jugó una mala pasada, un intento fallido de entrevista con el cineasta chileno Ignacio Agüero quedó trunco tras su paso por Madrid, quien vino a estrenar su documental: El diario de Agustín (2008). Desde aquel entonces me […]

«Para la CIA, Agustín Edwards era el mejor de sus hombres».

 

Ignacio Agüero

 

El azar me jugó una mala pasada, un intento fallido de entrevista con el cineasta chileno Ignacio Agüero quedó trunco tras su paso por Madrid, quien vino a estrenar su documental: El diario de Agustín (2008). Desde aquel entonces me sentía en el deber de escribir sobre su trabajo marcado por una filmografía que traza ángulos, perfiles y argumentos, que nacen desde las entrañas de su tierra: «un país de documentalistas que son historia y referencia en Latinoamérica». Con este filme Ignacio Agüero legitima su enraizado oficio de contar historias, desde los postulados de la rigurosidad investigativa y periodística.

La parábola está servida, un grupo de estudiantes universitarios disecciona en las breñas del periódico El Mercurio, -decano de la prensa chilena-, alineado al servicio del dictador Augusto Pinochet, al gobierno de los Estados Unidos y su terrorífico brazo: la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

El autor cinematográfico, hace participes de esta aventura fílmica a estudiantes de la Universidad de Chile como fórmula narrativa de eficaz contrapunteo, que encierra valores simbólicos en dos vertientes. La primera, el hecho de contraponer a una generación distante de los años iniciales del golpe de estado de 1973. Desde otra dimensión, el rol que estos encaran desde su práctica periodística, hurgando en un medio de comunicación que pulula con acciones que nada tienen que ver con el arte de la verdad y la ética de la justicia.

El realizador se posesiona en una puesta observacional y en ese transcurrir documental, vamos asistiendo a pasajes de la historia de Chile en denotada relación con la publicación. Sucesos como la «Operación Colombo», orquestada por la DINA (Servicio de Inteligencia del gobierno de Pinochet) donde asesinaron a 119 personas, fue «traducida» por el diario, como supuestas pugnas internas entre los militantes del MIR (Movimiento de Izquierdas Revolucionarias). El Mercurio, junto a otras publicaciones aliadas de Pinochet tejió en torno a este suceso un velo de desinformación, un montaje plagado de mentiras y burdas manipulaciones. La artesanía fílmica del documental, recompone cada uno de los hilos que forman parte de este hecho junto a otras de obligada presencia en el filme de similar naturaleza, que son abordadas de manera escalonadas jerarquizando los hechos, ubicando testimonios, contextualizando documentos, revelando pruebas que son pilotes argumentales de sólidas estructuras ancladas como cimientos de la verdad.

Desde los marcos de la ironía, -eficaz herramienta del arte cinematográfico-, el realizador apela a la bondad de los archivos fílmicos. Tras desplazar un singular abanico secuencial, transitan por «nuestra pantalla» autoridades políticas y religiosas, presidentes de gobierno, empresarios y periodistas de otras publicaciones, que asisten ante El Mercurio y ante su propietario: Agustín Edwards Eastman, en un acto de reconocimiento por el 180 aniversario de la publicación. La paradoja simbólica se vierte en secuencias alternas. Una cadena de intentos por parte del equipo de realización de abordar los entresijos del propietario del diario -actor de excepción-, es permanentemente vetada. Esta marca del filme deja en evidencia una actitud corrosiva de este personaje, quien obstaculiza la práctica de su propio oficio.

Esta obra construida en seis capítulos y un epílogo, pone en primer plano las reuniones de Agustín Edwards con Henry Kissinger, quien por aquel entonces era el asesor de Seguridad Nacional o Richard Helms, (Director de la CIA) para impedir la ascensión del presidente Salvador Allende. Como página de portada el filme pone ante el espectador-lector, los entresijos del propietario de El Mercurio y la aceptación de financiamiento que le proporcionó la CIA -información desclasificada- cuya suma superó el millón de dólares. No estamos ante un diario que emite información objetiva y verás, participamos como espectadores cautivos, del sucio juego de una publicación que rompe con los orígenes fundacionales de su existencia.

El encuadre, constituye un espacio esencial de toda obra audiovisual. Los ingredientes textuales, testimoniales y fotográficos, junto a la banda sonora de acentuado registro indagatorio que persevera en tomar los sonidos de la autenticidad y su entorno, son piezas que el autor y el grupo de realización va poniendo en una pantalla de abiertas proporciones donde está vetado el velo tergiversador, donde la sensibilidad está secundada por la lucidez. Un trabajo de mesa fue componiendo esta obra, -desde los trazos del papel-, en partes o fragmentos que evolucionaron hasta quedar como una pieza mayor, que son las artes y el oficio que deben de secundar la labor de los que construyen la información.

El diario de Agustín , integra esa suma de testimonios y documentos que contribuye a recomponer la historia y el tiempo, como texto de denuncia audiovisual ante el ejercicio de la manipulación y la tergiversación de la verdad. Tras su visionado descubrimos ese otro calado que forma parte de la metáfora documental, de ese reto en tiempos donde la objetividad la quieren ubicar en zonas imprecisas, estamos ante un filme de obligada lectura.

El académico norteamericano Robert Rosenstone en torno a la relación del cine con la historia puntualizaba: «La larga tradición oral nos ha proporcionado una relación poética con el mundo y con el pasado, mientras que la historia escrita, especialmente la de los dos últimos siglos, ha creado un mundo lineal, científico, utilizando la letra impresa. El cine cambia las reglas del juego histórico al señalar sus propias certezas y verdades; verdades que nacen de una realidad visual y auditiva que es imposible capturar mediante palabras. Esta nueva historia en imágenes es, potencialmente, mucho más compleja que cualquier texto escrito, ya que en la pantalla pueden aparecer diversos elementos, incluso, textos. Elementos que se apoyan o se oponen entre ellos para conseguir una sensación y un alcance tan diferente al de la historia escrita como lo fue el de ésta respecto a la historia oral»

Esta idea forma parte de las claves con las que el realizador construye esta pieza cinematográfica, ante el reto de montar una historia acontecida en tiempos pretéritos. El pasado no se puede edificar al margen de los hechos o sostenido desde los recuerdos. Los procesos de rememoración, son parte esencial de nuestra evolución pues desde el conocimiento el ser humano crece. Desde el arte y la ética el realizador de El diario de Agustín cumple ese cometido.

Ignacio Agüero nació en el año 1952, es graduado de Arquitectura y de Artes de la Comunicación en la Universidad Católica de Chile. Con más de veinticinco años componiendo arte y transpirando oficio, ha realizado spots publicitarios, ha sido camarógrafo, guionista, productor y profesor de cine en la Universidad de Chile. Su labor más descollante es la dirección y producción de films documentales. Su filmografía, trasciende desde la agudeza y el compromiso con la verdad, asomando su mirada hacia la periferia geográfica de su país, hacia el punto más tenebroso de ese Chile, sesgado por una de las dictaduras más feroces de este último siglo. Sus filmes documentales No olvidar (1982), Como me da la gana (1985), Cien niños esperando un tren (1988), Aquí se construye (2000), son parte sustancial de una obra que el realizador ha dejado como huellas imborrables, que entrañan retratos y planos de ese Chile oculto.

Para la presentación del filme contaremos con la presencia de Ángeles Diez Rodríguez, Doctora en CC. Políticas y Sociología, Profesora del departamento de Cambio Social de la Facultad de CC. Políticas de la UCM. Realizó su doctorado en el programa de América Latina contemporánea del Instituto Ortega y Gasset de la UCM. Sus áreas de investigación han sido la acción colectiva, los movimientos sociales y ONG, las nuevas tecnologías de la comunicación y la información en sus repercusiones sociales y los medios de comunicación.

Actualmente trabaja sobre violencia colectiva, conflicto político, y modelos democráticos. Imparte docencia en las siguientes asignaturas: Sociología Política, Bases sociales de los regímenes políticos, Análisis comparado de las democracias, y cine social y político.

Entre los años 2001 y 2004 codirigió el curso «Medios de comunicación y manipulación» de la Universidad Española de Educación a Distancia. En la actualidad, además de la docencia en la UCM, Coordina un seminario sobre Historia y teoría del poder, y dirige un proyecto de Innovación educativa Complutense sobre la utilización del cine, la literatura y la música en la formación universitaria en ciencias sociales.

Algunas de sus publicaciones más relevantes son Manipulación y medios en la sociedad de la información (2007) El modelo de participación de las ONG. La construcción social del voluntariado y el papel de los Estados» en Cooperación para el desarrollo y ONG una visión crítica (2001) Las ONG como campo de relaciones sociales» en Las ONG y la política (2002) «Nuevas tecnologías, educación y sociedad. Perspectivas críticas (2003), Ciudadanía cibernética, la nueva utopía tecnológica de la democracia en Aprendiendo a ser ciudadanos (2003), y numerosos artículos como «La última carga… y las guerras de aniquilación» «Medios de Comunicación y el espectáculo de la miseria», etc.

Asimismo, ha sido miembro del consejo editorial de la revista Pueblos, actualmente es colaboradora de la revista digital www.rebelion.org y desde el 2000 es miembro de la Asociación de educomunicadores Aire.

Sinopsis

¿Quién es realmente Agustín Edwards? ¿Y cómo el diario que dirige se transformó en un agente político que estuvo detrás del derrocamiento del gobierno de Salvador Allende y posteriormente, del ascenso de la dictadura militar de Augusto Pinochet? Ignacio Agüero se hace la pregunta y sigue a un grupo de estudiantes e investigadores de la Universidad de Chile para desentrañar el misterio. El resultado es revelador y no ajeno a resistencias. El diario El Mercurio, por cinco generaciones ha sido el más influyente y poderoso en toda la historia de Chile. Y su rol durante la dictadura de Augusto Pinochet bien puede ser el tema más tabú de nuestra historia reciente. Por cierto, los medios de comunicación tradicionales han guardado silencio ante el tema y -quizás por ello- este documental se dedica a relatar casi cuarenta años de acción política desde las oficinas de redacción del llamado «decano» del periodismo chileno. «El diario de Agustín» revela cómo desde sus páginas se desinformó, ocultó información y promovió la violación a los derechos humanos, en una especie de juicio pendiente al que comparecen agentes de la dictadura, directores y periodistas del diario, víctimas de la represión, sus familiares y abogados. Y eso la transforma en una película urgente.

Ficha técnica

Dirección: Ignacio Agüero

Guión: Ignacio Agüero, Fernando Villagrán

Fotografía: Gabriel Díaz, Ricardo Lorca.

Montaje: Sophie Franca

Producción: Ignacio Agüero, Fernando Villagrán

Año: 2008

Duración: 80 minutos

País: Chile

Formato Original: Digital-35mm

www.eldiariodeagustin.cl

 

La cita el próximo miércoles 6 de abril a las 8:15 de la tarde (HORA DE ESPAÑA) en TeleK de Madrid. Para los madrileños, se emite por el canal 30 de la TDT, sintonizándolo por la frecuencia de 546000 khz. También se puede ver la transmisión por www.vallecas.org , en el apartado EMISIÓN EN VIVO DE TELEK.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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