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Previsión de escalada de enfrentamientos entre la resistencia iraquí y al-Qaeda

La negociación entre EEUU y la resistencia iraquí

Fuentes: IraqSolidaridad

El pasado 12 de enero la web al-Moharer.net (junto con al-Basrah [1] , el sitio de Internet reconocido como vehículo de expresión de los sectores nacionalistas de la resistencia iraquí) recogía las declaraciones oficiales de un portavoz de uno de los principales grupos armados de Iraq, Jaysh Mohammed, El Ejército de Mohamad [2] , formación […]

El pasado 12 de enero la web al-Moharer.net (junto con al-Basrah [1] , el sitio de Internet reconocido como vehículo de expresión de los sectores nacionalistas de la resistencia iraquí) recogía las declaraciones oficiales de un portavoz de uno de los principales grupos armados de Iraq, Jaysh Mohammed, El Ejército de Mohamad [2] , formación que pese a su denominación (como ocurre con la de otras organizaciones de la resistencia) está integrada esencialmente por ex militares y baazistas.
 
En sus declaraciones a al-Moharer, el portavoz de Jaysh Mohammed negaba cualquier implicación de su organización y del mando de coordinación militar en las supuestas negociaciones entre la resistencia iraquí y los ocupantes a las que cada vez hacen mención más explícita algunos medios de comunicación internacionales, occidentales y árabes [3] . Al tiempo, el portavoz de Jaysh Mohammed rechazaba iniciativas de paz recientemente propuestas fuera de Iraq desde el campo árabe, en concreto la de Jair al-Din Hasib, fundador y ex secretario general del Congreso Nacional Árabe, y en la actualidad director del Centro de Estudios para la Unidad Árabe, ambas instancias con sede en Beirut [4] . «Declaramos y advertimos nuevamente que nadie está autorizado a negociar con la ocupación excepto la resistencia y sus dirigentes», señaló el portavoz de esta organización [5] , al tiempo que negaba que la detención reciente de algunos de sus mandos hubiera debilitado a Jaysh Mohammed:

«Quien tiene el control [militar] sobre el terreno es quien decide la marcha de la revolución armada y es la actuación [de la resistencia] la que habrá de liberar Iraq, no los flacos servicios derivados de declaraciones o de reuniones celebradas fuera del país. Nuestras acciones son las que realmente han llevado a la ocupación a su actual y estrepitoso fracaso. Es por ello por lo que hacemos un llamamiento a todas las fuerzas patrióticas para que sean cuidadosas y responsables con sus declaraciones y eviten mezclar problemas, lo cual objetivamente servirá a la ocupación estadounidense.»

El portavoz de Jaysh Mohammed finalizó su declaración diciendo:

«Los crecientes rumores sobre contactos entre las fuerzas de ocupación estadounidenses y algunas facciones de la resistencia, y la interferencia de algunos servicios de inteligencia árabes en este juego debido a las presiones de EEUU, así como las mentiras y la campaña de intoxicación de canales de televisión y de algunos sospechosos sitios de Internet (particularmente el periódico [saudí] editado en Londres al-Hayat) en tal sentido, no tienen otra finalidad que deformar los hechos: se trata de una táctica para ejercer presión sobre nosotros y sobre el liderazgo de la resistencia, a fin de que se acepte negociar al margen de las resoluciones de sus dirigentes y de la conocida estrategia de liberación.

«Reiteramos por este medio que hasta el momento presente la cúpula de la resistencia no ha autorizado a nadie para que tome contacto o negocie con la ocupación. Cualquier partido que negocie con la ocupación sin la autorización de la conocida cúpula de la resistencia será situado en el campo enemigo. Anularemos con determinación y sin vacilación cualquier iniciativa o plan que margine a las fuerzas políticas y militares principales del escenario iraquí.»

Negociar, pero ¿el qué?
Estas -como enfatizaba el medio que las difundió- inéditas declaraciones de Jaysh Mohammed deben ser consideradas como un claro desmentido del Partido Baaz sobre su implicación en negociaciones con los ocupantes, al que se une los incluidos en los comunicados que emite regularmente su buró político. Los baazistas iraquíes ponen de manifiesto así que al menos un sector de la resistencia iraquí, aquél que se articula, con la participación de las corrientes nacionalistas y comunistas disidentes del anterior régimen (la Alianza Patriótica Iraquí dirigida por al-Kubaysi, la Unión del Pueblo, etc.), en torno al Partido Baaz y su propuesta de Frente de Liberación Nacional e Islámico [6] , no quiere verse implicado por el momento en la cada vez más explícita pretensión de EEUU de abrir un proceso de negociación con la resistencia. Sin embargo, a finales de diciembre, Salah al-Mujtar, un ex diplomático iraquí que fue embajador de su país en Vietnam, India y Naciones Unidas, ahora exilado en Yemen y que si bien no es formalmente portavoz del Partido sí sintoniza necesariamente con su línea oficial, afirmaba la disposición del Partido Baaz y de la resistencia «[] a negociar [con EEUU] una solución pacífica para la guerra de Iraq» [7] . No hay contradicción en ello: la cuestión es qué negociar, no que haya que negociar.
 
Mientras la resistencia exige la retirada incondicional de los ocupantes de Iraq, EEUU, en un quiebro llamativo, está intentado abrir un proceso de diálogo con los combatientes iraquíes que incluya la incorporación de éstos al proceso político impuesto por Bremer en el otoño de 2003, cuando ya entonces, a escasos seis meses de culminada la invasión, la Administración Bush pareció darse cuenta de que su proyecto inicial de control cómodo y hegemónico de Iraq había fracasado debido, precisamente, a la actividad armada. En tal lógica, con motivo de las elecciones de diciembre pasado, se habrían involucrado inicialmente grupos armados de las corrientes islamistas sunníes que orbitan en torno al Partido Islámico [8] , organización de nuevo plenamente implicada -lo estuvo al inicio de la ocupación- en el proceso político auspiciado por EEUU, incluso participando en las pasadas semanas en las negociaciones para la formación del nuevo gobierno y, cabe imaginar, pactando cerrar la polémica sobre la amplitud del fraude de las elecciones, como así ha sido.
El señuelo que agita la Administración Bush para llamar la atención de la resistencia civil, política y militar incluye las dos principales consecuencias derivadas de la propia ocupación: la penetración en Iraq de la corrientes taqfiristas (o anatemizadoras) de Al Qaeda y la hegemonía de las formaciones chiíes confesionales, directamente vinculadas a Irán [9] . De ser cierto lo publicado por al-Watan al-Arabi el 17 de diciembre pasado sobre el contenido de la negociación entre interlocutores de la Administración estadounidense y la resistencia iraquí [10] , incluidos, según este medio árabe, también los baazistas, EEUU estaría ofreciendo la reinserción de ex mandos militares del depuesto régimen en las nuevas fuerzas de seguridad iraquíes, así como el intento de suprimir o moderar la ley de desbaazificación, que finalmente sí quedó incorporada al articulado del borrador de nueva Constitución aprobado en octubre de 2005. Incluso se ha llegado a afirmar que EEUU habría llegado a negociar en estos últimos meses la cesión de áreas centrales del país a la resistencia, tras acuerdos con representantes civiles y religiosos locales [11] .
 
En esta línea de actuación, EEUU se ha encontrado con la oposición frontal de las formaciones ahora hegemónicas en las instituciones auspiciadas por los ocupantes, las confesionales chiíes, que incluso convocaban el 6 de enero una manifestación en Bagdad para rechazar todo diálogo con «los terroristas».
 
Cambio de ‘retórica’
 
Los datos confirman que las primeras escaramuzas habidas en noviembre en la provincia de al-Anbar (en su propia capital, Ramadi) entre organizaciones de la resistencia iraquí y la red de Al Qaeda en Iraq de al-Zarqaui [12] se están extendiendo a otras provincias del país, por lo pronto Diyala y Saladino, al norte de la de Bagdad, enfrentamientos de los que daba cuente el propio portavoz del Pentágono en Iraq, el general Rick Lynch, recientemente [13] . El anuncio en enero en Internet por parte de Al Qaeda de la creación de un «Consejo de Combatientes» de coordinación de grupos armados marginales, que no incluye a Ansar al-Sunna y otros grupos islamistas sunníes, se ha evaluado como preludio de una escalada del enfrentamientos entre la red de al-Zarqaui y la resistencia iraquí [14] .
 
Ciertamente la retórica de los ocupantes, como señala el corresponsal de Christian Science Monitor en Bagdad Charles Levinson, ha cambiado en las últimos semanas [15] , al distinguir, mandos militares y políticos estadounidenses, entre una resistencia que ya se llega a considerar patriótica y oriunda y los terroristas de Al Qaeda venidos del exterior. Lo realmente relevante y novedoso es que los portavoces de la Administración Bush empiezan por primera vez a incluir explícitamente entre los primeros a los baazistas, a quienes, por lo demás, los mandos militares estadounidenses han adjudicado desde el inicio de la ocupación el peso esencial de la actividad armada y de su reconocida progresión logística, financiera, técnica y de información en estos dos años y medio. Porter, el autor del artículo «Bush busca la ayuda de sus enemigos en Iraq» traducido en IraqSolidaridad, sitúa el punto de inflexión de la posición pública estadounidense en la comparecencia ante los medios de comunicación del día 8 de diciembre en Bagdad del general Lynch, cuando éste eludió categorizar a la resistencia iraquí como baazista o fundamentalista como le pedía un periodista, respondiendo que las operaciones militares de EEUU en Iraq «[] se centran en al-Zarqaui y su red» [16] . Sin embargo, los operativos militares que EEUU sigue desarrollado en varias zonas del país (el último, en enero, contra Baji) y su cada vez mayor carácter masivo [17] , así como iniciativas como el asalto en enero a la sede de la Asociación de Ulemas Musulmanes en Bagdad [18] , permite aventurar que la negociación ha entrado en punto muerto.
El cambio no es baladí: se está avanzando sutilmente lo que ya desde hace muchos meses es un secreto a voces: que EEUU quiere y está intentado negociar con los baazistas, dentro y fuera de Iraq [19] . Por lo demás, el matiz mantenido hasta ahora de distinguir entre baazistas y sadanistas es, eso, solo un matiz, dado que sobre el terreno, dentro de Iraq, no ha habido ruptura del Partido después de iniciada la ocupación y los disidentes baazistas y de otras corrientes nacionalistas y de izquierda del exilio aceptan su preeminencia interna.
 
Sin calendario de salida
 
EEUU no ha aceptado fijar un calendario de salida de sus tropas, una negativa que habría enajenado del proceso de negociación igualmente a grupos armados islamistas [20] , aun cuando sus formaciones políticas sigan involucrándose en el proceso político. EEUU alienta un enfrentamiento directo de la resistencia con Al Qaeda y la contención de la hegemonía confesional chií proiraní, pero manteniendo su lógica de dominación estratégica de Iraq. Por el contrario, la preocupación en Iraq sobre la deriva social, económica y política que supone el afianzamiento de las corrientes fundamentalistas y del sectarismo es, por el contrario, genuina y extrema [21] , y mientras que los ocupantes lo consideran un «efecto no deseado» de su invasión de Iraq, la resistencia civil, política y militar iraquí lo asocia, como no puede ser de otra manera, a la lógica de la propia ocupación y solo contempla su contención y erradicación junto con la salida de los ocupantes.
 
La cuestión no es, ciertamente, si EEUU y la resistencia militar iraquí habrán de negociar algún día, como probablemente lo han hecho ya en un primer tanteo. La cuestión es si se ha de negociar sobre la supervivencia del proceso político y económico auspiciado por EEUU, o sobre las condiciones en las que los ocupantes han de retirarse incondicional y totalmente de Iraq. Sin duda, el primer intento puede darse por cerrado, al menos con una parte sustancial de la resistencia, habida cuenta que los términos del proceso han sido sobre lo primero, no sobre lo segundo. A EEUU solo le resta asumir que lo que ha de negociar con la resistencia no es su continuidad en Iraq, estabilizar la ocupación con otra faz (algo que aún intenta lograr con los colaboracionistas sectarios kurdo-iraquíes y confesionales chiíes), sino su salida del país. Mientras tanto, la guerra prosigue.
Notas:
3. Probablemente por primera vez por parte de la revista Time en su número de 12 de diciembre, 2005: «The New Rules of Engagement», de Michel Ware.
4. Conocida como Propuesta de Principios para el Diálogo y el Acuerdo.
5. Las citas corresponden a la traducción del árabe realizada para IraqSolidaridad por Houmad El Khadiri.
7. Entrevistado por Robert Dreyfuss y publicada en Uruknet: robertdreyfuss.com/blog
10. Al Fanar, Revista de Prensa Árabe, 17 de diciembre, 2005.
11. Paul Martin, «Washington seeks partial truce with Iraqi insurgents», The Washington Times, 21 de diciembre, 2005.
13. Al-Jazeera, 19 de enero, 2006. Además, The New York Times, 12 de enero, 2006, que incluye entrevistas a mandos de la resistencia.
14. Al Fanar, Revista de Prensa Árabe, 16 de enero, 2006, y al-Jazeera, 15 de enero, 2006.
15. «US tries to loosen Shiite grip in Iraq», 17 de enero, 2006.
16. Asia Times, 17 de diciembre, 2006.
IraqSolidaridad (www.iraqsolidaridad.org).