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La Radiación en Iraq es Igual a 250 mil Bombas de Nagasaki

Fuentes: Ecoportal

Esta historia es acerca del armamento norteamericano construido con componentes de uranio empobrecido a objeto de ponerle punto final a las cosas. Casi todas las balas norteamericanas, balas de tanques, misiles, bombas tontas, bombas inteligentes, bombas de 500 y 2 mil libras, misiles de crucero y cualquier cosa diseñada para ayudar al lado nuestro en […]

Esta historia es acerca del armamento norteamericano construido con componentes de uranio empobrecido a objeto de ponerle punto final a las cosas. Casi todas las balas norteamericanas, balas de tanques, misiles, bombas tontas, bombas inteligentes, bombas de 500 y 2 mil libras, misiles de crucero y cualquier cosa diseñada para ayudar al lado nuestro en nuestra guerra contra ellos, contiene uranio empobrecido. Mucho uranio empobrecido.

En el caso de un misil de crucero, podría ser tanto como 800 libras de uranio. Este artículo se trata de cuánto uranio empobrecido radioactivo nuestros muchachos, en representación de los ciudadanos de los Estados Unidos, han dejado volar en Iraq. Resulta que han utilizado, más o menos y de acuerdo con el Pentágono, alrededor de 4 millones de libras de uranio. Eso es una barbaridad.

Hoy día la gente no tiene idea acerca de cuánto de cualquier cosa son 4 millones de libras, mucho menos de polvo de oxido de uranio empobrecido (UOD), que es en lo que el uranio se convierte cuando es disparado o explotado. Es suficiente decir que es igual a l.333 carros que pesen 3 mil libras cada uno. Lo que significa muchos carros; pero podemos imaginar lo que parecería un estacionamiento con 1.333 carros. El punto de esto era y aún es que se trata de una operación con fuerza industrial. Y que, además, aún continúa.

No señor, colocar cuarenta millones de libras de polvo de uranio radioactivo (RUD) en el suelo de Iraq fue una cosa definitivamente hecha ?a propósito?. No fue ?sólo un accidente?. Nosotros, los ciudadanos de los Estados Unidos, por medio de nuestros hijos en el ejército, lo hicimos adrede.

Cuando las balas, misiles o bombas de uranio empobrecido impactan algo o explotan, la mayor parte del uranio inmediatamente se convierte en pequeñísimas partículas, demasiado finas para verlas a simple vista (esto se llama oxido de uranio y es la parte peor del asunto). Cuando las tropas norteamericanas o iraquíes respiran aunque sea sólo una ínfima cantidad, tan poco como un gramo, es lo mismo que hacerte una radiografía cada hora por el resto de tu acortada vida.

El uranio empobrecido no puede ser eliminado, no hay tratamiento ni cura. Permanecerá y sobrevivirá a la vida de los cuerpos de los veteranos y de los iraquíes, porque como pueden ver, dura virtualmente para siempre.

Pero es peor aún. Parece ser que un almirante, antiguo jefe de la armada de India, quiso saber cuánta radiación representaba esto. Quería también expresar la cantidad en una cifra que el mundo, especialmente los no-norteamericanos pudieran entender con facilidad.

El almirante decidió averiguar cuántas bombas de plutonio de Nagasaki se necesitarían para incluir el equivalente a los cuatro millones de uranio empobrecido volatilizado en Iraq en el año 2003. También quería saber cuánta radiación fue volatilizada durante los últimos cinco años de guerras norteamericanas, las llamadas Cinco Guerras Radioactivas Nucleares.

Esto fue algo sencillo para alguien como el jefe naval del estado mayor de un país miembro del Club Nuclear. El uso de la bomba de Nagasaki como medida es un modo particularmente horrible. Para los norteamericanos que no lo saben, las fuerzas militares de los Estados Unidos lanzaron dos bombas nucleares en Japón al final de la II Guerra Mundial. El resto del mundo lo recuerda.

Una bomba atómica fue lanzada sobre la ciudad de Hiroshima y la otra en Nagasaki, tres días después. Alrededor de 170 mil a 250 mil personas fueron vaporizadas o incineradas de inmediato. El Departamento de Energía aún califica las detonaciones en Hiroshima y Nagasaki como ?experimentos?.

Hace un mes el Almirante dio la información en una conferencia científica en la India. Este artículo es el primer reporte de esos datos en los Estados Unidos. Serán pasados por internet en primer lugar.

En la India el Almirante calculó la cantidad de radiación de la bomba de Nagasaki y la comparó con la cifra de 4 millones de libras de uranio empobrecido regado en Iraq durante la guerra en el 2003. Ahora, créanme, las cosas se han complicado mucho más, pero eso fue lo que los expertos hicieron en la India.

¿Cuántas bombas de Nagasaki se requieren para igualar la radiación del 2003 en Iraq? Respuesta: alrededor de 250 mil. ¿Cuántas bombas de Nagasaki se requieren para igualar la radiación de las últimas Cinco Guerras Radiactivas Nucleares Norteamericanas? Respuesta: alrededor de 400 mil.

¿Quién podría hacer algo semejante?

Nosotros. El único pueblo en la historia comprometido en guerras nucleares es el norteamericano, los ciudadanos de los Estados Unidos. Supuestamente los alemanes y los japoneses también querían iniciarse en guerras nucleares, excepto que los militares norteamericanos les ganaron la delantera, por decir algo.

Académicos respetables podrían debatir toda la vida acerca de si Herr Hitler, Fuehrer de Alemania, hubiera utilizado municiones de uranio empobrecido en su guerra, en el caso de que el armamento hubiese estado disponible. Ciertamente, los alemanes en esa época sabían lo mismo que nosotros sobre guerras con uranio. Pareciera dudoso que Adolfo Hitler hubiese ordenado el uso de municiones de uranio allí porque el teatro de guerra estaba muy cerca de la madre patria, la Alemania Nazi.

En 1943 un general norteamericano de nombre Leslie Groves estuvo a cargo de la operación de fabricación de la bomba, llamado el Proyecto Manhattan. El Departamento de Guerra sabía exactamente para los que servían las balas y bombas de uranio.

Si no hubiesen detonado el armamento nuclear en Japón, la utilización de balas y bombas de uranio hubiese sido el plan alternativo. Fue sólo durante la presidencia de Ronald Reagan en 1981, cuando el nuevo Departamento de Estado (antiguo Departamento de Guerra) revivió las mortales balas, bombas y misiles de uranio radioactivo. No es extraño el sobrenombre popular de Ronnie-Ray-Gun.

En 1943 los militares norteamericanos también conocían los síntomas del envenenamiento por radiación que comienzan con irritación de garganta hasta llegar a la agónica muerte de ser cocinado de adentro hacia fuera.

En su discurso del 2003 en el portaviones State of the Union, el Presidente Bush prometió invadir y atacar muchos países. Por alguna razón algunos norteamericanos confundidos no le creyeron, o pensaron que estaba ?exagerando?. El resto del mundo tenía poderosas razones para creerle y temerle.

Para no preocupar a los norteamericanos, el Presidente Bush aún tiene mucha materia prima para fabricar municiones de uranio. 77 mil toneladas están almacenadas en las 103 plantas nucleares, y un asombroso millón y medio en numerosos laboratorios de armamento nuclear e instalaciones conexas en los Estados Unidos.

Cada planta nuclear que genere desechos constituye otras 250 libras diarias de material radioactivo para fabricar balas, bombas y misiles. Sin querer ahondar más en el asunto, pero ello es suficiente para llevar a cabo 288 gloriosas campañas como las de la Guerra Nuclear en Iraq del 2003.

¿Quién es el próximo?

Cada año por esta época los vientos del sur dejan una fina capa de arena del desierto en los parabrisas de los carros estacionados a la intemperie en Africa, luego en Europa Continental y Gran Bretaña. Pronto, este polvo de arena producirá una sorpresa. Gracias a los norteamericanos. Gracias a nosotros. Le hicimos esto al mundo. Y ahora nos extrañamos de que nos odien y desprecien tanto.

Los indiscriminados efectos mortales dan un nuevo sentido al viejo dicho: carne de cañón. En Iraq lo que da vueltas vuelve. De no ser las municiones de uranio empobrecido, el mismo polvo de uranio empobrecido invadirá como bombas de tiempo los cuerpos de nuestros soldados que vuelven a casa, quitándole lentamente la vidas de los ingenuos que ignoran su propia fuente personal interna de radiación: carne de cañón de las Guerras Radiactivas Nucleares Norteamericanas del Siglo 21.

Mucha gente ha hecho todo lo imaginable para parar estas guerras nucleares. Aún más específicamente, para frenar el uso de uranio empobrecido en las municiones, cerrando las plantas de energía nuclear. Por años lo hemos intentado y fracasado.

¿Por qué no tratan ustedes? ¡No le harán daño a nadie! Escriban qué medidas tomarían para remediar esta situación. Comuníquense conmigo en [email protected].

Traduccion para Ecoportal Margott Allais

* Bob Nichols escribe en la Ciudad de Oklahoma y contribuye con Liberal Slant, Online Journal, America Held Hostage y otras publicaciones en la red. Nichols también escribe para el Observador de Oklahoma y otros medios impresos. Es miembro de CASE (en inglés, Acción Ciudadana para la Energía Limpia), y presidente de la Fundación Carrie Dickerson. CASE acabó con dos serios y bien financiados intentos de construcción de plantas de energía nuclear en Oklahoma y muchos otros intentos para ubicar lo que se conoce ahora como ?Vertedero del Reactor de la Montaña de Yucca? en Oklahoma. Todos estos esfuerzos para construir instalaciones nucleares han fracasado. CASE ganó en cada oportunidad. Este articulo fue publicado en International Clearing House y traducido para Ecoportal por Margott Allais, Cumaná, Sucre, Venezuela