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La sangría que no cesa

Fuentes: IPS

Tres años después de la invasión a Iraq, sus habitantes parecen cada vez más dispuestos a abandonar el país, como queda en evidencia con los informes sobre flujo de refugiados a Siria, Jordania y otras naciones cercanas. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) informó el mes pasado que desde febrero 150.000 iraquíes debieron abandonar […]

Tres años después de la invasión a Iraq, sus habitantes parecen cada vez más dispuestos a abandonar el país, como queda en evidencia con los informes sobre flujo de refugiados a Siria, Jordania y otras naciones cercanas.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) informó el mes pasado que desde febrero 150.000 iraquíes debieron abandonar sus hogares.

Aquellos que carecen de documentos para salir del país deben dirigirse a la Oficina de Pasaportes Mansur, en Bagdad. La mayoría pasan la noche en sus puertas para tener una oportunidad.

«He pasado la noche aquí para asegurarme de figurar en la lista de los primeros 50», dijo a IPS Um Alí, de 40 años, madre de cuatro hijos. «Si no estoy en la lista, perderé la posibilidad de obtener el pasaporte, y me veré obligada a esperar una segunda oportunidad.»

Um Alí explicó el sistema, pero no todos en la fila lo conocían.

«Cada barrio de Bagdad tiene una fecha para venir aquí. Mansur, por ejemplo, tiene el 10 y Al-Khadra el 9, y se renueva cada seis meses. Pero si alguien pierde su turno, se verá obligado a esperar otros seis meses», indicó.

Pero nadie cree que el sistema funcione a la perfección. Varios de los ciudadanos iraquíes que aguardaban en la cola dijeron creer que el gobierno entrega un centenar de pasaportes diarios, cincuenta por la vía legal y el resto en una especie de mercado negro.

Sataar Jubouri y su esposa, Najla, tuvieron suerte. Figuraron entre los primeros 50. Habían dormido por la noche en su automóvil, en la esquina de la oficina de pasaportes.

«Dormimos cerca de la basura. Olía mal y habían moscas por todas partes», dijo Najla. Pero eso era mejor que la violencia que se veía todos los días, acotó.

Ésa, la violencia, parece ser la principal razón por la cual los iraquíes quieren irse de su país.

«A mis dos hermanos los asesinaron después del atentado contra la mezquita de Samarra en febrero, y a dos de mis mejores amigos los mataron delante de mis ojos. Creo que es razón suficiente para querer irme del país», dijo Um Alí.

Sataar y Najla decidieron irse porque a la hermana de él la secuestró una pandilla de delincuentes.

«Me pidieron una enorme suma de dinero por su rescate y no pudimos obtenerla», recordó. «Como no llegamos a conseguirla a tiempo, la violaron en grupo y después la mataron. No quiero que le suceda lo mismo a mi esposa. Ni siquiera puedo imaginar que algo así le ocurra.»

Najla estaba sacudida por el asesinato de mi cuñada. «Fue un gran golpe para todos nosotros. No lo pudimos soportar. Fue un crimen espantoso y espero que Dios castigue a quienes lo cometieron.»

No todos en la fila tuvieron suficiente suerte como para estar entre los primeros 50. Un hombre terminó riñendo con la policía porque a las familias les daban prioridad ante los solicitantes individuales.

«Él no quiere poner mi nombre en la lista, y si no me anotan me veré obligado a esperar otros cinco meses», dijo el hombre, que dijo llamarse Mazen.

«No creo que sea justo. Él dice que las familias van primero, lo que significa que tendré que esperar hasta que todas las familias en Iraq saquen su pasaporte hasta que yo pueda tramitar el mío. Que yo no tenga familia no quiere decir que no tenga derecho a un pasaporte», se lamentó.

Sataar y su esposa tienen un poco más de esperanzas, aunque no saben qué harán una vez que se vayan de Iraq. «Si muero de hambre fuera de mi país, me sentiré mucho mejor que con miedo noche y día, de miedo a ser asesinado por algún desconocido.»