Recomiendo:
0

Amr Moussa, líder de la Liga Arabe:

«Las puertas del infierno se abren en Irak»

Fuentes: Socialist Worker

«Las puertas del infierno están abiertas en Irak, donde la situación está volviéndose más complicada y problemática». Estas fueron las palabras de Amr Moussa, cabeza de la Liga Árabe, en la cumbre de esta organización en El Cairo la semana pasada. Hace dos años, cuando Moussa predijo que una invasión en Irak «abriría las puertas […]

«Las puertas del infierno están abiertas en Irak, donde la situación está volviéndose más complicada y problemática». Estas fueron las palabras de Amr Moussa, cabeza de la Liga Árabe, en la cumbre de esta organización en El Cairo la semana pasada.

Hace dos años, cuando Moussa predijo que una invasión en Irak «abriría las puertas del infierno,» los funcionarios militares y los analistas norteamericanos sonrieron con desprecio. Los soldados de EE.UU. recibirían la bienvenida como «libertadores» por un pueblo iraquí agradecido, insistía la administración Bush.

Ahora, sin embargo, la opinión de Moussa representa la visión oficial. «La idea de que esto va a ir por los carriles que planearon estos tipos es absurda,» dijo el General retirado Joseph Hoare, ex-comandante de la Marina y jefe del Comando Central de EE.UU., al periodista de Salon Sidney Blumenthal.

«No hay ninguna opción buena. Estamos dirigiendo una campaña como si estuviéramos en Iowa –no hay sentido de las realidades en el terreno. Es tan poco realista para cualquiera que conozca esa parte del mundo. Todas las prioridades están mal.»

El 16 de septiembre, los cazas norteamericanos ametrallaron un pueblo al sur de Falluja, la ciudad que es el centro de la insurgencia de Irak. Durante tres horas, los cazas bombardearon el área sin piedad, destruyendo al menos doce casas y enterrando números incalculables de personas bajo los escombros.

Los médicos en el hospital principal de Falluja informaron 56 muertos y 44 heridos. Por lo menos 17 de los heridos eran niños y ocho eran mujeres. Los funcionarios norteamericanos defendieron el ataque, diciendo que habían matado a varios luchadores de la resistencia. Pero esas «victorias» sólo están atizando la furia de los iraquíes.

«Esta es la contradicción clásica de la contrainsurgencia,» dijo Steven Metz, especialista en estrategia del Colegio de Guerra del Ejército norteamericano. «A largo plazo, ganar a la gente importa más. Pero puede ser que en el corto plazo, tengas que abandonar eso para aplastar a los insurgentes. Ahora mismo, estamos intentando decidir si hemos alcanzado ese punto.»

Como durante la Guerra de Vietnam, EE.UU. tiene un poderío militar aplastante para usarlo contra toda señal de resistencia. Pero aun cuando EE.UU. gane cada batalla, la carnicería y la devastación resultantes invariablemente llevará a más personas a aborrecer la presencia norteamericana –descartando toda esperanza de victoria política.

¿El resultado? «Tenemos un grupo insurgente en crecimiento y madurando,» le dijo a Blumenthal W. Andrew Terrill, profesor del Colegio de Guerra del Ejército. «Vemos ataques militares más grandes y más coordinados. Se están recuperando y pueden auto-regenerarse.

«La idea de que hay un número X de insurgentes, y que cuando mueran todos, podemos irnos es equivocada. La insurgencia ha mostrado capacidad de regenerarse porque hay personas que quieren ocupar los puestos de quienes mueren. La cultura política es más hostil a la presencia norteamericana. Mientras más nos quedemos, más se atalonarán en esa opinión.»

Una de las principales razones para el suministro ilimitado de luchadores de la resistencia es la desesperación causada por el desempleo en Irak –que oficialmente llega al 50 por ciento, pero es muy mayor en algunas regiones. Como EE.UU. ha sido incapaz de asegurar la estabilidad necesaria para la reconstrucción, parece haber pocas perspectivas de creación de nuevos empleos –o de solucionar las causas de las miserables condiciones de vida en Irak, que también alimentan la resistencia.

De los $18,4 mil millones que el Congreso norteamericano asignó para la reconstrucción de la ruinosa infraestructura de Irak hace un año, sólo se utilizaron $1,1 mil millones. Más temprano durante este año, el Banco Mundial y la Autoridad Provisional de la Coalición estimó que sólo se necesitaban $17,5 mil millones para que los servicios públicos y la infraestructura volvieran a los niveles anteriores a la invasión de EE.UU.

Muchas zonas de Bagdad sólo reciben electricidad durante 14 horas por día. En Basora, sólo 18 por ciento del suministro de agua es potable. Y ahora, para solucionar la situación de la deteriorada seguridad, el Departamento de Estado está reasignando $3,4 mil millones de los fondos de la reconstrucción para contratar más policías y para aumentar la producción petrolera. «Mi presupuesto para los proyectos de suministro de agua fresca e irrigación de tierras fueron recortados por la mitad de $800 millones a $400 millones,» dijo el Ministro de Recursos de Agua Latif Rashid. «La gente se va a sentir muy defraudada.»

Es completamente incierto si la inversión para entrenar más policías iraquíes para encargarse de la seguridad producirá los resultados que quiere Washington. EE.UU. espera conseguir que la policía se identifique con la ocupación, pero muchos simplemente se suman a ella porque no existe ningún otro empleo.

Cuando la resistencia iraquí detonó una bomba al lado de una fila de reclutas de policía la semana pasada, matando a 47 e hiriendo a docenas más, muchos continuaron identificándose con la resistencia de todos modos. «Cuando hablé con los sobrevivientes mutilados en el hospital,» escribió el periodista del diario británico The Independent, Patrick Cockburn, «ellos creían que habían sido alcanzados por un misil disparado por un avión norteamericano, o se preguntaban por qué los insurgentes estaban matando a iraquíes cuando deberían estar matando norteamericanos.»

Todos los días que continúe la ocupación, más iraquíes y más soldados norteamericanos morirán –por los combates, o simplemente por la falta de agua limpia y otros servicios básicos. Tenemos que mantener la exigencia de acabar con la ocupación ¡ahora!

¡Traigan las tropas a casa!

El resentimiento y la resistencia están creciendo entre las tropas norteamericanas. Los soldados en Fort Dix, N.J., pasaron dos semanas antes de su despliegue en Irak a mediados de septiembre bajo un encierro disciplinario.

Los oficiales impusieron las medidas extraordinarias a las tropas porque 13 miembros del batallón de la Guardia Nacional de Carolina del Sur se ausentaron sin licencia para ver a sus familias antes de embarcarse. Luego, un altercado entre más de 30 soldados de unidades diferentes terminó casi en una reyerta, que sólo se disolvió cuando intervino la policía de la base.

Mientras crece el número de bajas de soldados norteamericanos en Irak, crecen las tensiones y los espíritus se sumergen. «Nuestra moral no es lo bastante alta como para alejarnos durante 18 meses,» dijo el soldado raso Joshua Garman. «Creo que muchos chicos estallarán en Irak.»

«Hay una prisión federal en Fort Dix, y muchos de nosotros sentimos que las personas que están allí tienen más derechos que nosotros,» dijo el especialista Michael Chapman.

Para los soldados que ya están en Irak que les dijeron que estaban jugando el papel de «libertadores», la bronca al rojo vivo de los iraquíes y la creciente efectividad de la resistencia ha provocado abargura entre los soldados, preparando las condiciones para que se cometan atrocidades. Como dijo crudamente el Cabo David Goward, «No tenemos alternativas: Dispare primero y haga las preguntas después.»

Traducción de Guillermo Crux, especial para Panorama Internacional