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Adiós a la fundadora de la Editorial Hiru

Las tres muertes de Eva Forest

Fuentes: Diagonal

Este texto llama la atención sobre cómo la autora y editora Eva Forest desapareció primero en la cárcel, después en el cerco de la cultura y de la política establecidas -de donde, sin embargo, consiguió salir y finalmente, de la vida el pasado 19 de mayo.

Eva Forest nunca escribió con la intención de hacerse una carrera literaria o política. Tampoco habló en congresos y asambleas para conseguirse un prestigio público que poder usar para su beneficio privado. Ni observó en sus viajes por buena parte del mundo (y en tiempos trágicos) los sucesos que ocurrían con la idea de convertirse en testigo privilegiado de la historia.

Nada de eso necesitaba. Nada de eso quería. Al contrario: escribir, hablar y observar la mantenían viva. Eran las fuerzas que sostenían su lucha. Era lo que le ligaba a las cosas importantes, una forma de relación con ellas. Y esto, sobre todo, después de haber muerto tres veces.

La primera, en 1974: detenida bajo la acusación de colaborar con ETA, pasó tres años en prisión preventiva sin que al final se celebrara juicio alguno. Desde los años ’60 Eva Forest formaba parte de los intelectuales que interpretaron las luchas de liberación nacional como una forma legítima y necesaria para acabar con el capitalismo y la opresión. La palabra que vertebró este proyecto fue solidaridad y, por ella, creó comités de apoyo a Vietnam, a Cuba, a Euskadi. Por ella misma, editó boletines informativos y materiales documentales diversos. Salió de esa muerte relatando su infierno carcelario: su Diario y cartas desde la cárcel se publicó en París en 1975 y tuvo una importante repercusión internacional.

Lo principal fue, sin embargo, que escribió también para ayudar a otros a salir, y así publicó Diez años de tortura y democracia (1987), Información nº 179. Testimonios de lucha y resistencia (1979) y Manual de solidarios (1999). La segunda muerte se produjo a mediados de los ’80: un pesado silencio cayó sobre ella, una negación civil, impuesto por la intelectualidad española que cercaba su obra y su actividad política.

Escribir, hablar, observar

Eva Forest se encontraba, entonces y ahora, entre quienes creían que el derecho está indisolublemente ligado a la idea de legitimidad. También de esta muerte consiguió salir fundando e impulsando la que, sin duda, es la editorial independiente más importante en estos momentos en España: Hiru. La palabra que organizó todo este proyecto fue sedición.

Por ella se editaron materiales básicos para intentar arrancar de nuestro tiempo la sumisión y la explotación. También, y como en la anterior ocasión, no sólo salió ella, sino que también ayudó a salir a muchos otros. Ahora, en vez de boletines editaba pequeños volúmenes de intervención en la colección Sediciones; libros documentales en Informes; narrativas de la revolución en Las Otras Voces, la imposible de encontrar obra de Alfonso Sastre en cuatro colecciones diferentes; y mucho más.

Escribir, hablar y observar le permitieron encontrar textos, autores, libros, ideas, fuerzas, allí donde otros sólo ven monedas con que comprar, o mercancías para vender. Le facilitaron estar, como quería, en el tiempo de la historia, vivido desde dentro de ésta, desde el lugar en el que ésta se hace: en el ojo del huracán, el único lugar desde el que es posible modificar algo, transformar la historia.

Ese lugar en el que estaba antes de su tercera muerte, en 2007, es el lugar en el que estamos, probablemente - según decía- en una vía muerta para cualquier tren, una estación termini.

En todo caso para ella no era ningún problema ensuciarse las manos en la famosa charca de la historia: en el barro de la duda, en la tierra de la confianza. No le preocupaba equivocarse, o no, comprometiéndose con una opción intelectual (tanto política como ideológica) cuando era urgente hacerlo, incluso antes de que todos los análisis hubieran sido realizados, y cuando procedía de los oprimidos. Por encima de los detalles -parecía decir esta actitud- está la estructura general que mueve las cosas y contra la que hay que luchar: el imperialismo.

Ocupó un lugar donde la esperanza camina en distintas direcciones. Ahora Eva Forest no puede salir de ésta, su tercera muerte. Necesita de la ayuda de muchos. De la fuerza de nosotros. Pues sólo continuando esa propuesta suya que consiste en escribir, hablar y observar para poder «vivir con dignidad», y para que los demás también puedan hacerlo, será posible, para ella (y para nosotros), liberarse de esta muerte en el alma que nos describió Sartre. Se lo debemos.

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