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¿Verdad que son títeres?

Los nuevos gobernantes iraquíes

Fuentes: CounterPunch

Traducido para Rebelión por Germán Leyens «No son títeres de EE.UU. Se trata de una tremenda lista y un gobierno verdaderamente bueno y estamos muy contentos con los nombres que aparecieron» Condoleeza Rice, Consejera Nacional de Seguridad La selección de Ghazi al-Yawer como presidente de Irak «soberano» ha sido inflada por los medios dominantes como […]

Traducido para Rebelión por Germán Leyens


«No son títeres de EE.UU. Se trata de una tremenda lista y un gobierno verdaderamente bueno y estamos muy contentos con los nombres que aparecieron»

Condoleeza Rice, Consejera Nacional de Seguridad


La selección de Ghazi al-Yawer como presidente de Irak «soberano» ha sido inflada por los medios dominantes como una victoria de los miembros más independientes del Consejo Gobernante Iraquí [IGC por sus siglas en inglés] nombrado por EE.UU. sobre la Autoridad Provisional de la Coalición (es decir el régimen de ocupación de EE.UU.) dirigido por Paul Bremer III, así como sobre Lakhdar Brahimi, asesor especial del Secretario General de la ONU, Kofi Annan. Dicen que estos dos hubieran preferido de lejos al octogenario Adnan Pachachi (cuyo padre, tío y suegro, fueron todos primeros ministros iraquíes) para esa posición que es sobre todo ceremonial. El nacionalista sunní, antiguo ministro de exteriores (en los años 60), que residió durante mucho tiempo en los Emiratos Árabes Unidos y en Londres, consejero del rey jordano Abdullah, líder del Movimiento de Demócratas Independientes de Irak, fluido en inglés, frecuente viajero a EE.UU. y fiable como individuo favorable a EE.UU. Parecía que Pachachi gozaba de más popularidad que al-Yawer y que por ese motivo podría otorgar más legitimidad al nuevo gobierno (títere).


Dicen que Bremer dio lecciones al IGC sobre la superioridad de su candidato, que también era preferido por Brahimi (cuya hija, a propósito está comprometida con un hijo del rey Abdullah), y que postergó un día la votación para salirse con la suya. Sin embargo, se rumorea que el IGC mostró una sorprendente independencia (durante negociaciones descritas como «amargas», «frenéticas», y «extenuantes»), e insistió en al-Yawer, aceptado sólo de malas ganas por los estadounidenses para el puesto, después de que Pachachi, al que se le ofreció, renunció diciendo que «elementos de la clase política iraquí están en mi contra». (Posteriormente, Pachachi acusó a su rival y viejo agente de la CIA, Ahmad Chalabi – que ahora ha sido desechado por la administración Bush y es acusado de haber sido espía iraní – de haber saboteado su candidatura a través de una «alevosa conspiración» para presentarlo como «títere de EE.UU.»


El presidente Bush declara simplemente que Brahimi, como le correspondía, hizo la elección. «Yo no tuve nada que ver con su selección, nada», dijo el 1 de junio. «Fue la selección del señor Brahimi. Pero Brahimi, por su parte afirma: «Bremer es el dictador de Irak. Tiene el dinero. Tiene la firma. Nada ocurre sin su acuerdo en este país.» CNN, por otra parte, cita a un empresario iraquí-estadounidense, que dice que ya que el Consejo Gobernante seleccionó a al-Yawer en lugar de Pachachi: «No creo que sea realmente un gobierno títere». Esto saca del atolladero a EE.UU. y permite que CNN declare con confianza: «En pocas palabras: los políticos iraquíes tomaron control de este proceso».


Y luego viene el puesto (más importante) de primer ministro. Brahimi quiso inicialmente a Hassain al-Shahristani, devoto chií cercano al imán Ali al-Sistani

cuyo apoyo podría ser crucial para los planes de EE.UU.) y científico nuclear encarcelado bajo Sadam Husein. Correspondía a la especificación de Washington: «un musulmán chií que no haya estado demasiado cerca de ninguna facción o partido, pero que tampoco sea tan tecnócrata que no tenga una reputación política». Pero los informes iniciales en Washington de que había sido seleccionado para el puesto fueron contradichos por Brahimi después que supuestamente al-Shahristani hubo rechazado la oferta. Según se informa su apellido persa constituyó un problema. Pero (otra vez), el Consejo Gobernante se salió con la suya y escogió, con entusiasmo, al Dr. Ayad Allawi, un neurocirujano educado en Gran Bretaña, chií laico, y líder del Acuerdo Nacional Iraquí, mostrando nuevamente su independencia de EE.UU. (Pero al preguntársele sobre la selección, Brahimi declara diplomáticamente: «Los estadounidenses estaban gobernando este país, así que ciertamente se tomó en cuenta su punto de vista. Mejor les pregunta a ellos si el Dr. Allawi fue su preferido, si maniobraron para ponerlo, ya sabe, en la posición.») The Guardian informa que «lo sorprendieron desprevenido» por la selección que Bush, como mencionáramos, le atribuye.


Bueno, en todo caso, ¿quiénes son estos timoneles independientes de Irak soberano escogidos por iraquíes? Ghazi al-Yawer, ingeniero civil, sobrino del cacique de la poderosa tribu Shammar y descendiente de parlamentarios iraquíes, estudió en la Universidad Georgetown en EE.UU. y luego en Arabia Saudí, donde vivió en exilio durante dos decenios. Fue (¿es?) vicepresidente de Hicap Technology, una compañía de telecomunicaciones y de sistemas de seguridad de perímetros en Riyad. Con su camisón largo y suelto y su tocado árabe, podría tocar una fibra más favorable entre los nacionalistas iraquíes que Allawi, que prefiere trajes occidentales. Ha sido presentado repetidamente como «crítico de la ocupación» y, por cierto, criticó el primer borrador de la resolución anglo-estadounidense ante la ONU que apoyaba el establecimiento de un régimen interino en Irak. El plan, declaró, «es insuficiente» porque no restaura la plena soberanía a Irak, y porque permite sólo un control limitado sobre las tropas de EE.UU. en el país. Ha condenado las tácticas de EE.UU. en Faluya y declaró que EE.UU. es responsable por la deplorable situación de la seguridad en el país. «Culpamos totalmente a EE.UU. por la seguridad en Irak: Ocupó el país, disolvió las agencias de seguridad y dejó durante 10 meses las fronteras abiertas para todo el que quisiera entrar sin visa o incluso sin pasaporte». Pero también ha declarado: «Deberíamos recordar a nuestros amigos que cayeron en la batalla por liberar Irak» y expresó su oposición a los ataques contra las tropas estadounidenses y extranjeras. Ya que su posición es sobre todo ceremonial, su crítica de la ocupación podría servir en realidad los intereses de esta última, al presentar un show de disenso inofensivo que secunda la proyección global de un Irak Libre.


Al-Yawer participa en la reunión del Grupo de Ocho en Georgia. Egipto, Marruecos y Arabia Saudí también fueron invitados pero declinaron las invitaciones, considerando que eran degradantes. Esto último, porque llegaron en conexión con la «Iniciativa de un Amplio Medio Oriente» (supuestamente por la «democracia») que Bush ha estado predicando desde el otoño de 2002 y que representa directamente la interferencia en los asuntos internos de los estados. La presencia de Al-Yawer muestra su disposición a unirse con países fiables como Jordania, Túnez y Bahrein para contribuir legitimidad a la tan pregonada Iniciativa «democrática», que es en realidad, por cierto, un proyecto de «cambio de régimen» iniciado por los neoconservadores. «Apostamos por él», dijo Bush en Georgia. «Voy a agradecerle por haber tenido el coraje de ponerse de pie y dirigir y voy a decirle que vamos a ayudarle». Por su parte, al-Yawer dice: «Estamos trabajando juntos. Esta gente está en nuestro país para ayudarnos». Casi suena como si estuviéramos ante una relación íntima.


¿Y en cuanto a Ayad Allawi, la persona más importante? Es aún más un títere de Washington, y según la información comúnmente conocida, un antiguo agente del MI-6 y de la CIA. Miembro del Partido Baas desde su juventud, estudió en Gran Bretaña en los años 60, donde, según un compañero de estudios citado por al Yazira, «pasó su tiempo tratando con asesinos, haciendo el trabajo sucio del gobierno iraquí, hasta que se acabó su tiempo y se convirtió en su asesino». Se convirtió en un «cercano asesor» de Sadam Husein, pero se disputó con el líder iraquí en los años 70 y se fue al exilio en Gran Bretaña donde se puso al servicio del MI-6. Allí, en 1978, escapó de cerca a la muerte en un intento de asesinato. Forjó una relación con la CIA; según Samuel R. Berger, consejero nacional de seguridad en la administración Clinton: «a diferencia de [Ahmad] Chalabi, era alguien en el que los gobiernos regionales tenían confianza. Era menos extravagante, menos publicitario».


La CIA y el MI-6 patrocinaron la organización de Allawi, el Acuerdo Nacional Iraquí.


El Washington Post (8 de junio) cita a «varios antiguos oficiales de inteligencia» que declaran que esa organización «decidida a derrocar a Sadam Husein, envió agentes a Bagdad a comienzos de los años 90 para colocar bombas y sabotear instalaciones gubernamentales bajo la dirección de la CIA».


El ex oficial de la CIA Robert Baer recuerda que un atentado durante ese período «hizo estallar un autobús escolar; hubo escolares muertos». A mediados de los años 90, Bagdad afirmó que terroristas habían hecho estallar una bomba en un cine, produciendo numerosas víctimas civiles; funcionarios de la CIA señalan que el grupo de Allawi fue la única organización semejante que realizó atentados con bombas y sabotajes en esa época. Casi suena como si el nuevo Primer Ministro tuviera antecedentes de terrorista.


En 2002, el Acuerdo Nacional Iraquí de Allawi atrajo atención cuando presentó al gobierno británico un informe diciendo que el régimen de Sadam podía lanzar misiles de guerra bacteriológica hasta Chipre dentro de 45 minutos después de dar la orden. Publicado en un documento en septiembre de 2002, el informe ayudó a preparar la opinión pública británica para la guerra de Irak. En enero de 2004 un portavoz de Allawi en Nueva York reconoció que esto fue en realidad «un pedazo de mierda».


Casi suena como si el nuevo Primer Ministro fuera un mentiroso descarado. Y luego tenemos la historia sobre ese supuesto memorando ultra secreto, manuscrito, de Tahir Jalil Habbush al-Tikriti, el antiguo jefe del Servicio de Inteligencia de Irak, revelado al mundo en diciembre pasado. Me he referido al documento como «el memorando que es como un sueño de los neoconservadores» ya que describe de manera inverosímil un «programa de trabajo» de tres días emprendido por ningún otro que el secuestrador Nº 1 del 11-S, Mohammed Atta en una base en Bagdad del terrorista palestino Abu Nidal en 1991, y que se refiere a un «embarque de Níger» de algún material no especificado que llegaría a Irak vía Libia y Siria.


¿Quién confirmó la autenticidad del memorando, publicado a través del Consejo Gobernante Iraquí? ¡Claro, tenía que ser el Dr. Allawi! Y ya que cada elemento del putativo memorando al-Tikriti ya había sido demolido por la inteligencia de EE.UU., y sólo había sido mantenido a flote por los más arteros de los neoconservadores, casi suena como si el Primer Ministro fuera un mentiroso especialmente descarado y un títere abyecto de sus patrocinadores imperialistas. (También es interesante que fuera publicado primero por The Daily Telegraph, de propiedad de Conrad Black, y por parte del Grupo Hollinger en cuyo consejo de directores está Richard Perle, compinche de Black e importante belicista neoconservador.)


En su discurso a la nación después de su nombramiento, Allawi agradeció a la ocupación «dirigida por los estadounidenses que han sacrificado tanto para liberarnos». (Otros nuevos funcionarios del gobierno han evitado un lenguaje tan efusivo, sabiendo cómo crispa la sensibilidad de los iraquíes comunes.) Declaró que la nación necesitará más ayuda «para derrotar a los enemigos de Irak». No puedo menos que dudar que este señor sea menos útil de alguna manera para el actual proyecto imperialista en Irak que lo que podría haber sido Mr. al-Shahristani si hubiera sido nombrado para ese puesto, o que al-Yawer sea notablemente menos útil de lo que hubiese sido Pachachi. Mientras hacen desfilar desnudos, cubiertos de excrementos a sus compatriotas y los amontonan en pirámides desnudas, los violan y los asesinan, estos caballeros reciben generosamente un revestimiento de dignidad. Esa dignidad es necesaria para conferir cierta credibilidad, y compensar así el margen de credibilidad producido inesperadamente por la desafortunada revelación de la verdadera cara del ocupante. Así que Allawi y al-Yawer, la cara de la soberanía iraquí, no títeres, ¡cuidado!, sino hombres (según Bush) «con coraje para ponerse de pie y dirigir» con la valerosa ayuda de EE.UU.


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Gary Leupp es profesor de Historia en la Universidad Tufts y Profesor Adjunto de Religión Comparada. Es autor de «Servants, Shophands and Laborers in the Cities of Tokugawa Japan»; «Male Colors: The Construction of Homosexuality in Tokugawa Japan»; y «Interracial Intimacy in Japan: Western Men and Japanese Women, 1543-1900».


He can be reached at: [email protected]