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El masivo peregrinaje chií a Kerbala

Maliki asediado

Fuentes: CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

El gobierno iraquí se esfuerza por vencer a la oposición dentro del país y en el extranjero mientras más de un millón de peregrinos chiíes desafía el fuego de francotiradores para converger en la ciudad santa de Kerbala para un festival religioso.

El inmenso peregrinaje es, en efecto, una demostración de fuerza de los 16 millones de chiíes, aproximadamente un 60% de la población de Iraq, que pueden resultar más importantes a la larga que las maniobras de los partidos políticos en Bagdad.

El gobierno del primer ministro Nuri al-Maliki está bajo intensa presión de partidos suníes y chiíes así como de EE.UU. Tarde el domingo cinco destacados políticos anunciaron un acuerdo sobre la liberación de detenidos, la distribución de los ingresos del petróleo y medidas para permitir que antiguos miembros del partido Baaz trabajen para el gobierno.

EE.UU. ha estado exigiendo que el gobierno iraquí cumpla con una serie de parámetros que indicarían un progreso hacia la reconciliación entre las comunidades suní, chií y kurda. Pero es poco probable que los nuevos acuerdos sean aprobados por el parlamento o, incluso si lo fueran, que puedan ser implementados algún día. Un antiguo baazista que vuelva a un ministerio dirigido por chiíes corre peligro de ser muerto a tiros inmediatamente.

El gobierno ha desplegado considerables fuerzas de seguridad e introducido un toque de queda parcial en Bagdad para impedir ataques con bombas contra peregrinos. En el pasado, extremistas suníes, sobre todo al Qaeda en Iraq, han lanzado mortíferos ataques contra peregrinos chiíes en camino hacia sus lugares sagrados, causando grandes cantidades de víctimas.

A pesar de las medidas de seguridad, un francotirador mató a un peregrino en el puente Jadriyah sobre el Tigris en el centro de Bagdad y pistoleros ocultos en un huerto al sur de la capital abrieron fuego contra otro grupo, matando a uno e hiriendo a tres otros.

Los peregrinos son fáciles de identificar. Llevan banderas verdes, rojas, amarillas y rosadas y repiten al unísono consignas como: «Somos los chiíes» y «Somos los hijos del Imán Husein, y el nombre de Ali estará siempre en nuestros labios.»

El actual festival Shabaniyah, que llegó a su clímax ayer en Kerbala, marca el nacimiento de Mohammed al-Mahdi, el 12 y último imán chií que desapareció en el Siglo IX y del que se espera que vuelva como el redentor.

Estos gigantescos peregrinajes forman parte de la tradición religiosa chií, pero son también una demostración de su poder político. Desde que los chiíes triunfaron en las dos elecciones parlamentarias de 2005 han estado nerviosos por la posibilidad de que EE.UU. les quite el poder ya que EE.UU. está atemorizado por el creciente poder de Irán, la gran potencia chií.

El gobierno iraquí del señor Maliki es una alianza entre partidos políticos chiíes y partidos nacionalistas kurdos. No quiere otorgar poder real a los suníes que dominaron Iraq durante siglos hasta la caída de Sadam Husein en 2003.

El señor Maliki ha respondido enérgicamente a críticas de la senadora Hillary Clinton quien exigió que sea reemplazado porque no puede forjar la unidad nacional. Dijo que ella y otros demócratas debieran «entrar en razón» y dejar de tratar a Iraq como si fuera «una de sus aldeas.» También obtuvo una disculpa del ministro de exteriores francés, Bernard Kouchner, quien había sido citado diciendo que el señor Maliki tiene que ser reemplazado.

Es poco probable que algún reemplazo del señor Maliki lo haga mucho mejor. La autoridad del gobierno está limitada en el terreno y el control de la seguridad está en gran parte en manos de los militares de EE.UU. El gobierno también es visto, con razón, como corrupto, incompetente y fuera de contacto. Cualquier nuevo primer ministro tendría que reflejar las exigencias de sus electorados chií y kurdo.

El uso por EE.UU. de un masivo poder de fuego en áreas civiles sigue enfureciendo a los iraquíes. Según los militares de EE.UU., lograron una pequeña victoria cuando 30 insurgentes atacaron el domingo un puesto avanzado estadounidense cerca de Samarra lo que llevó a tiroteos y a la destrucción de una casa por un avión de EE.UU. Una declaración estadounidense dijo que 12 insurgentes habían sido muertos y 14 capturados. Pero la policía iraquí y funcionarios hospitalarios dijeron que los muertos fueron ocho, a los que identificaron como Mohammed Abdul-Wahab, su madre, su esposa y cinco de sus pequeños hijos.

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Patrick Cockburn es autor de ‘The Occupation: War, resistance and daily life in Iraq’, finalista para el Premio del National Book Critics’ Circle para el mejor libro de no ficción de 2006.

http://www.counterpunch.org/patrick08292007.html