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Reseña de "Un año con Queipo de Llano" de Antonio Bahamonde

No a la tradición franquista

Fuentes: Rebelión

Los comienzos del fascismo en España son terriblemente duros, muchas experiencias, muchos datos han sido recogidos. Voluntarios, cronistas, escritores, historiadores, han dado el ejemplo ético que se merecen los defensores de la República desentrañando el hilo de la Historia, sacándole del olvido impuesto por el fascismo. Aún falta mucho para reconstruir lo sucedido y hacer […]

Los comienzos del fascismo en España son terriblemente duros, muchas experiencias, muchos datos han sido recogidos. Voluntarios, cronistas, escritores, historiadores, han dado el ejemplo ético que se merecen los defensores de la República desentrañando el hilo de la Historia, sacándole del olvido impuesto por el fascismo. Aún falta mucho para reconstruir lo sucedido y hacer que sus enseñanzas lleguen a quienes no lo vivieron. Habrá que seguir haciendo memoria, descubriendo nuestra identidad, denunciando a quienes tratan de ocultarla, y exigiendo que se haga justicia y se anulen los juicios fascistas a los defensores de la legitimidad democrática, republicana, que se indemnice a los presos y familiares de desaparecidos, que el Estado se implique en la localización de fosas e identificación de los cuerpos, y que se eliminen los símbolos fascistas. La sociedad que defienden quienes legislan es, por sus propuestas, una sociedad que está en contra de todo principio moral y de justicia. La sociedad que quieren no es una sociedad respetable, y los ciudadanos tenemos que ser exigentes con el derecho a la justicia, es un principio, porque un gobierno que difunde y defiende el incumplimiento de la justicia promueve, edifica, extiende, un sistema de abuso social, una sociedad sin moral de justicia, que en su desenvolvimiento, favoreciendo a los poderosos enemigos de la democracia, acabará ahogando todos nuestros derechos, será una sociedad corrupta en sus pilares, y ya tenemos mucha corrupción entre nosotros por lo mismo. Ustedes acostumbran a prometer y luego a falsear lo prometido, ha traicionar a las gentes del pueblo que les han dado su esperanza. No podemos buscar acogida en sus palabras porque sus palabras traicionan. Ustedes hacen dejación de lo humano porque niegan el uso de la razón a quienes defendieron la justicia social. Ustedes, voluntariamente, conscientemente, se postulan como gentes sin ética ni moral, defienden la ley del más fuerte, la del que se justifica para saltarse los derechos sociales y marginar la ética y la justicia, corrompen y enseñan a corromper conciencias.

Si el fascismo era condenable ¿no lo son quienes, con poder de legislar, tratan de hacer pasar por inamovible lo que los fascistas hicieron para imponerse?.

 

Hay un libro, que en realidad son tres, tres escritos de autores distintos en un solo tomo, que recogen lo ocurrido en Andalucía, lleva por título: «Un año con Queipo de Llano. Memorias de un nacionalista», uno de los tres es el que da nombre al único tomo, su autor es Antonio Bahamonde. Hay que señalar que los otros dos, «Noches de Sevilla», de Jean Alloucherie, y «El infierno azul» de Edmundo Barbero», no aparecen anunciados en la portada, ¿por qué?, tendría que responder la editorial.

Antonio Bahamonde era un alto funcionario de los golpistas que accedió a diversos puestos por su pertenencia a la clase alta de la sociedad sevillana y por sus amistades. Fue su sensibilidad humana la que le creo problemas en su conciencia. Hombre profundamente religioso que tenía asumido el respeto para con los demás, al margen de las diferencias, lo que le llevó a abandonar el campo fascista y denunciar las atrocidades que cometían con las clases trabajadoras en general y los republicanos y gentes de izquierda en particular.

Hago aquí una parada porque hablando de sensibilidad humana, para llegar a lo expuesto por Antonio Bahamonde debemos cruzar primero el prólogo, y resulta bochornoso que quien lo ha escrito se apoye en autores que tienden un tupido velo sobre lo sucedido para equiparar al asesino y al asesinado, pero no sólo eso sino que sabiendo que el lector se va a encontrar con lo expuesto por los autores, se permite la desfachatez de falsear lo escrito por ellos, por ejemplo lo que se refiere a la marcha de Antonio Bahamonde de la zona republicana al exilio. No digamos cuando hace valoraciones ambiguas sobre la composición de Falange, no le interesan las causas ni lo que es determinante en la organización política, cuáles son sus objetivos y cuál es su dinámica diaria. El prologuista hace un esfuerzo continuo de inducción a través de ambigüedades, para el lector, quiere que vaya a pensar en «algo» que en ninguno de los tres libros se dice, el prologuista no habla claro porque tendría que ahondar, mucho más de lo que hace, en la falsedad, y sabe que cuando el lector pase las páginas se va a encontrar con lo que los autores muestran como vivencias no como elaboraciones. En el prólogo nos encontramos con frases sacadas de contexto, asuntos personales, tratamientos de «buenos y malos»…, lo que habla más del prologuista que de lo contado por los autores en los tres libros. Por ejemplo Antonio Bahamonde se refiere a la pérdida de dirección de Falange en los siguientes términos: «Hoy la Falange no es nada ni cuenta para nada. Ya ha cumplido su misión de asesinar a los españoles. Los déspotas le han dado el puntapié, que ha recibido con mansedumbre». Y el prologuista ha dicho: «La misión de asesinar a los españoles la cumplió FE de las JONS junto a todos los otros grupos de uno y otro bando». Equiparar el atacante al atacado, el asesino al asesinado, es culpabilizar al demócrata por defender la democracia, es culpabilizar a los republicanos que defendieron la legalidad frente a los fascistas, que dieron un golpe de Estado.

Aun así no importa cuando tenemos el libro, los tres libros, delante, pues con su lectura conoceremos de primera mano y en detalle lo ocurrido, y comprenderemos que el prologuista miente con toda la desvergüenza del mundo, tal y como hacen los falsificadores de la Historia.

Después de esa lectura, llama la atención lo escrito por los editores que en su día publicaron el libro de Antonio Bahamonde: «Las Ediciones Nuestro Tiempo saben que realizan una labor de aclaración acerca de la realidad de la España invadida».

Antonio Bahamonde fue Delegado de Propaganda de Queipo de Llano tras el golpe militar, permaneció en el cargo durante un año. No pudiendo soportar el horror que le causaban los asesinatos continuos, decidió escaparse, a través de Portugal, a Francia, y de ahí a Sudamérica: «El salir… se debe a mis constantes visitas a los pueblos. En ellos es tan grande la tragedia, son tantas y tan horribles las cosas que he presenciado, es tal la angustia que se apoderó de mi alma al ver continuamente tantísimos niños, solos, desamparados, hambrientos; he visto escenas de una crueldad tan infinita, que al contemplar tanto luto, tantos hogares deshechos, un solo pensamiento me dominaba hasta constituir mi continua obsesión: HUIR, huir lejos; que mi voz clamando justicia para tanto crimen, se alzara en los países libres; que el mundo civilizado se enterase de los procedimientos inauditos, nuevos en los anales del crimen, que se emplean en el territorio mal llamado «nacionalista».

Él, católico que declara: «Mi fe, como tal, es ciega; creo en todo cuanto manda la Santa Madre Iglesia, y lo creo más que si lo viera,… Que unos hombres indignos hayan mistificado la religión, en la zona «nacionalista», poniéndola al servicio del crimen, no afecta para nada, en lo más mínimo, a la doctrina de Cristo,…». Antonio Bahamonde es un hombre sensible, en el que ocupa un lugar principal el respeto a la vida, algo que aun hoy no ha sido alcanzado por los tergiversadores de la Historia. El prologuista en su afán de mentir subrayaba que Bahamonde «escapa a América porque tampoco se sentiría a gusto en la zona republicana». Qué forma más descarada de ocultar lo que el autor dice al respecto: «Al salir de la zona «nacionalista» no he pensado nunca entrar en la zona gubernamental. Salí convencido de que, sin duda de ninguna clase, la guerra sería ganada por los «nacionales». Sus triunfos continuados, la propaganda realizada, la gran cantidad de material de guerra, alemán e italiano, que yo he visto y los contingentes de tropas que constantemente envían estas naciones, hace que esta convicción mía la tengan todos los que allí habitan».

Por la cantidad de información a la que ha tenido acceso Antonio Bahamonde y por su conocimiento directo de lo acontecido, viniendo además como viene de la cúpula fascista, su aportación resulta sobrecogedora: las matanzas por barrios, el terror que implantaban desde lo más alto, los fusilamientos de los militares y policías que se negaron a secundar el golpe, hasta las rifas y loterías de obligada compra para sacar dinero, la entrega de aportaciones personales o por ayuntamientos para la causa fascista bajo la amenaza de muerte o expropiación, todo lo expone con claridad meridiana. Él, que es católico practicante, dedica un capítulo a la labor del clero; comienza diciendo: «El clero en España raras veces ha estado al lado del pueblo… Siguiendo esa trayectoria,…, desde el principio del movimiento, se puso al lado de los «nacionales». Una de las primeras visitas que recibió Queipo fue la del cardenal Ilundain.»

A la multitud de los próximos fusilados les discurseaba una catequista con el exhorto de que confesasen «los crímenes cometidos (el noventa por ciento -estas son palabras de Bahamonde- no sabían ni por qué se les había detenido)». «Uno de los motivos para ser detenido era salir a la calle sin medallas, detentes, escapularios y crucifijos, que llevaban militares, falangistas, requetés. Espantado vi cómo los moros llevaban todos su detente bala, su Cristo, su medalla de la Virgen, su escapulario. Aquello no tenía explicación. Los verdaderos católicos veíamos angustiados tanta farsa.»

Antonio Bahamonde reproduce los sermones de las autoridades eclesiásticas de los que se puede extraer conclusiones claras, algunas de sus frases pueden dar idea de las características de los colaboradores y defensores de los golpistas. Resumen de un sermón en Rota: «¿Qué os creíais, que siempre iba a ser lo mismo?… Ahora todos sois muy religiosos, todos sois muy humildes. Los más culpables e impíos, ya han dado cuenta a Dios. Pero aún quedan algunos que pretenden engañarnos. A todos los descubriremos; todos llevarán su merecido; no se escapará nadie; entendedlo bien, ¡NADIE!… El domingo, todos a misa; que no tenga que volverlo a repetir. El que no venga sufrirá las consecuencias,…»

El que se resistía «sufría las consecuencias», como el sacerdote de Carmona que ante los asesinatos llamó criminales a los de Falange, «Días después de esta escena, que me refirió el propio jefe de Falange, el sacerdote apareció muerto en la carretera». Como el fruto de su experiencia concluye: «A los informes facilitados por los sacerdotes se deben muchos fusilamientos. Sobrecoge el ánimo pensar qué pasará el día en que, triunfante el poder legal, demuestre al mundo, con pruebas irrefutables, los cientos de miles de víctimas INOCENTES -¡INOCENTES, señores prelados!- que ha causado la rebelión. Los autores de estos asesinatos eran bendecidos y alentados por el clero nacionalista. ¿Cómo los justificarán?»

Antonio Bahamonde dedica otro capítulo a las incautaciones y requisas que mataron a los trabajadores de hambre, o los empobreció hasta el último de los extremos. Así es como los bienes cambiaron de manos y unos pocos acumularon una ingente cantidad de bienes y dinero robado. Se adentra en el carácter de la represión, en su intencionalidad y llega a declarar que «El móvil es uno sólo: el terror. El terror como única arma para lograr el triunfo» ¿Bastaría para resumirlos las amenazas de Queipo por la radio prometiendo arrasar pueblos enteros? Bahamonde recoge las palabras del dirigente fascista: «Habría que poner un cartel con la inscripción: «Aquí existió Mérida» o el pueblo que fuere». «No voy a dejar con vida un solo habitante.»

Expone tres periodos en la represión, sus características, los medios empleados, los nombres y apellidos de los responsables por capitales y provincias (que aún dan nombre a calles y plazas), la frecuencia temporal de los fusilamientos, las cantidades de fusilados en cada vez, en lo que comprende la Segunda División, Andalucía, y habla del año que ocupó su cargo junto a Queipo de Llano, declara que «los fusilados pasan de CIENTO CINCUENTA MIL. Sólo en Sevilla capital, la cifra sobrepasa VEINTE MIL. Éste número no lo hago sobre cálculos hipotéticos, sino basándome en mis conversaciones con los autores directos de la represión y en los datos por mí obtenidos en los Ayuntamientos y centros oficiales». Concluye diciendo que el gobierno tiene la responsabilidad de defender la vida de los españoles, como objeto de resistencia al fascismo aun en el caso de no tener otra razón, «y el pueblo debe resistir, resistir hasta el último momento, antes de caer en poder de Franco, es decir, de LA MUERTE».

¿Se puede decir más claro? Expone casos de Zafra, Badajoz, Almendralejo, Granja de Torre-Hermosa, Penacho, Llerena, Azuaya, San Vicente de Alcántara,…, «fusilamientos en la plaza, a medio día, a los acordes de la Marcha Real y el himno de Falange».

Antonio Bahamonde termina con dos ideas claras, quizás por calidad humana, calidad humana que aun hoy algunos no han alcanzado, dos ideas claras: La primera: «Franco y su cuadrilla serán maldecidos por los españoles de todos los colores y de todas las clases, cuando vean que de un país libre han hecho un país subyugado». La segunda, que se desprende de su creencia católica: «El perjuicio irreparable, el gran mal lo ha hecho el Santo Padre a los católicos que viven en la España invadida. Estos que VEN y SABEN de manera exacta las atrocidades y crímenes que todos los días se cometen, habrán contemplado con escalofríos que el Santo Padre augura la protección divina y bendice a los autores de tanta atrocidad. ¿Qué pensarán los miles de familias de católicos que han sido asesinados por los nacionales al ver que el Papa bendice a sus autores? Sus conciencias contemplarán estupefactas la santificación del crimen».

No se puede decir más claro.

Antonio Bahamonde detalla lo ocurrido a las mujeres, a los niños, a los jornaleros, campesinos, trabajadores, a los comerciantes e industriales, al conjunto social. El valor para escapar y contar lo que conoció, con el deseo de buscar justicia y humanidad, le engrandecen, le hacen respetable. Un católico de pensamiento libre que enjuiciaba lo que sucedía a su alrededor sin admitir imposiciones ni obediencias debidas, sabiéndose desligar de sus intereses de clase, era un comerciante de clase alta, se posicionó y nos hizo entrega de éste testimonio que debería ser leído, como otros textos, por todos nosotros.

Hay que decir NO a los gobernantes que, siguiendo la tradición franquista, se proponen, haciendo dejación de sus promesas, corrompiendo la justicia, la ética y la moral social, hacernos creer que lo hecho por el fascismo no se puede tocar, convencernos así para defenestrar nuestros referentes de honestidad y justicia, para enterrar de nuevo la Memoria Histórica.

 

Título: Un año con Queipo de Llano.

Autor: Antonio Bahamonde.

Editorial: Espuela de plata.