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Entrevista a Badie Aref Izzat, abogado de Tareq Aziz

«No llevarán a juicio a Tareq Aziz: lo dejarán morir bajo arresto»

Fuentes: Uruknet/IraqSolidaridad

Badie Aref Izzat es el abogado del ex-viceprimer ministro y ex ministro de Asuntos Exteriores iraquí, Tareq Aziz, y actualmente es el coordinador del equipo de abogados de la defensa en el juicio de al-Anfal, [relativo al] empleo de armas químicas [por parte del gobierno iraquí] contra los kurdos en Halabja en 1988. Hace poco, […]

Badie Aref Izzat es el abogado del ex-viceprimer ministro y ex ministro de Asuntos Exteriores iraquí, Tareq Aziz, y actualmente es el coordinador del equipo de abogados de la defensa en el juicio de al-Anfal, [relativo al] empleo de armas químicas [por parte del gobierno iraquí] contra los kurdos en Halabja en 1988. Hace poco, el ejército estadounidense lo sacó precipitadamente de Iraq después de que hubiera sido amenazado por el juez iraquí en el juicio por acusar a los iraníes, en vez de al régimen de Sadam Husein, de haber gaseado a los kurdos [1].

Izzat se licenció en la Universidad de Bagdad en 1963 y fue viceministro de Información de Iraq. Posteriormente, tras mantener desavenencias con el régimen de Iraq, abandonó el país en 1972 para dedicarse al ejercicio privado de su profesión. «[…] Consideraba que el ministerio de Información manifestaba los puntos de vista del Partido Baaz en vez de los del pueblo iraquí y por eso me fui. Debo decir que yo era miembro del Partido Baaz y abandoné el partido en 1969 porque no compartía los mismos puntos de vista sobre las principales cuestiones respecto a Iraq».

Dahr Jamail [P.]: ¿Por qué se encargó de defender a personas pertenecientes al régimen anterior? Badie Aref Izzat [R.]: ¿Por qué me encargué de defender a personas pertenecientes al régimen anterior? Si hubiera sido por un golpe de Estado o un cambio de régimen interno, probablemente no hubiera aceptado el trabajo. Seguramente no hubiera defendido los símbolos del régimen anterior. Sin embargo, este país fue invadido por una fuerza de ocupación, por un poder extranjero que no tenía derecho a hacerlo y creo que es mi deber defender a las personas que representan al régimen anterior.

De hecho, lo creo tan firmemente que actúo en nombre de 15 de los detenidos -probablemente yo tenga el mayor numero de representados-, y no voy a cobrar nada por mis servicios.

P.: ¿Qué le ha parecido trabajar en este juicio? R.: Para mí ha sido inquietante desde el principio. Cuando asistía a las sesiones preliminares me di cuenta de que el juez instructor empleaba más tiempo en las cuestiones políticas que en las legales y ello explica por qué yo empleé el mismo tiempo en las cuestiones políticas que en las cuestiones legales.

El problema empezó cuando inicié la defensa de Tareq Aziz, ex viceprimer ministro, ex ministro de Asuntos Exteriores y el cristiano de mayor rango en el [depuesto] gobierno y que, como es sabido, era partícipe de muchos secretos del régimen anterior. El hecho de que yo defienda a Tareq Aziz, así como a los demás, causó gran inquietud al actual gobierno. Por esta razón han tratado de callarme y de echarme.

Me encontraba en una situación doblemente peligrosa [2]. Mi vida estaba amenazada por las milicias, por los fanáticos religiosos en Iraq, y por quienes se oponían al régimen anterior. Y, al mismo tiempo, el tribunal intentaba librarse de mí puesto que yo era una de las personas que estaba exponiendo la falta de garantías del juicio ante el público en general, dentro y fuera de Iraq.

Las milicias atentaron tres veces contra mi vida. Quemaron mi despacho, secuestraron a algunos de mis hijos, asesinaron a uno de mis ayudantes. Creo que estas milicias están respaldadas por Irán. Tuve mucha ayuda para liberar a mis hijos secuestrados y conseguí ponerlos a salvo. Éste fue el peligro más directo e importante que padecí, el que amenazaran a mi familia, así que los saqué del país.

Desde un principio me di cuenta de que el tribunal intentaba destacar mis actividades, lo que hago y lo que no hago. Intentaba encasillarme para poder deshacerse de mí en el juicio; querían librarse de mí como miembro del equipo de la defensa.

P.: ¿Cuándo empezó a darse cuenta de que este tribunal era injusto? R.: El primer incidente tuvo lugar hace unos cinco o seis meses. Durante las sesiones me refería al fiscal como «mi docto hermano». Esto provocó las iras del tribunal. El juez dijo que no debía llamarle «hermano», sino «señor fiscal». Por este hecho el juez ordenó mi detención durante 24 horas.

Obviamente, esto causó mucha preocupación a los estadounidenses. Era bastante embarazoso para ellos, así que tras unas pocas horas en la cárcel me sacaron y me llevaron desde allí a una de las casas seguras en la Zona Verde. Los estadounidenses convencieron a los jueces de que debían liberarme porque sería una vergüenza, así que me pusieron en libertad.

Detención

P.: ¿Puede describir lo ocurrido recientemente y qué ha motivado que usted se encuentre hoy en Siria? R.: El otro suceso ocurrió hace unos quince días. Entré en la sala del tribunal y alcé la mano para pedir el turno de palabra. Varios abogados habían levantado la mano antes que yo, por lo que tenían prioridad, pero el juez me dio inmediatamente la palabra; creo que tenía razones concretas [para hacerlo]. Cuando un juez empieza a mirar hacia las galerías superiores -aisladas con cristales ahumados, de forma que no puede ver qué hay detrás- normalmente significa que hay altos cargos como [el primer ministro iraquí] al-Maliki u otros. Así que en cuanto levanté la mano, el juez miró hacia arriba. Me pareció que quería darme prioridad para poder mostrarles cómo me iba tratar o a penalizar. Desde donde está situado el juez instructor sí se puede ver a través de los cristales, pero desde donde estamos nosotros, los letrados, no.

Manifesté que este tribunal y el gobierno iraquí habían aceptado el argumento de que fue Iraq quien empleó armas químicas contra los kurdos durante la campaña de al-Anfal. Les dije que tenía pruebas en documentos y en CD que demostraban que fueron los iraníes, y no los iraquíes, quienes habían utilizado el cianuro, y que esta documentación procedía de los propios estadounidenses. En ese momento el juez perdió la calma y empezó a gritarme que a mi no me correspondía involucrar a Irán, y que Irán nunca había utilizado armas químicas. Señaló a la defensa y dijo: «[…] Son ellos quienes usaron las armas químicas contra los kurdos en Halabja». Estaba tan furioso y tan trastornado que me recordó lo que alguien me dijo el 1 de marzo, y supe que en aquel momento el juez estaba en Irán. Deduje que esto era lo que había provocado la enorme ira del juez.

Según el procedimiento judicial, un juez no puede tener contacto con una de las partes acusadas de crímenes. [El juez] viajó a Irán cuando, al menos para nosotros, este país está acusado de estos crímenes; el juez instructor fue el invitado de los iraníes. Conozco a las personas que lo vieron viajar de Iraq a Irán el 1 de marzo [de 2007].

Tras el incidente, el juez miró hacia arriba, hacia donde están los altos cargos y dijo: «[…] Recuerdo que hace unos meses usted acusó a este tribunal de ser un tribunal de asesinatos y no de justicia. Esto es un insulto al tribunal y según el artículo 232 del código penal, eso implica una pena de siete años de cárcel. Por lo tanto, en primer lugar, le voy a detener, después le voy a acusar y a encarcelar durante cuatro días».

Entonces los hujieres y la policía me sacaron de la sala tribunal. Me esposaron y me privaron de ejercer como abogado de mi cliente, Farhan al-Jubouri, el ex-jefe de los Servicios de Inteligencia de la región oriental de Iraq.

Ésta medida tomada por el tribunal es extremadamente alarmante y peligrosa. El juez me acusó de algo que se supone que hice hace tres o cuatro meses fuera de la sala del tribunal. Abusa de su poder como juez al sacar a relucir este asunto y acusarme de ello en este momento, privándome del derecho a ejercer la defensa de mi cliente. Esto viola claramente todas las normas de los procedimientos en los juicios, es una violación de la legislación iraquí, una violación de todas las convenciones sobre procesos judiciales, de la justicia y de la imparcialidad. Estoy preocupado y sorprendido de que ninguno de los equipos de letrados, de derechos humanos o ningún gobierno hayan movido un dedo para refutarlo y dejarme solo.

P.: ¿Qué ocurrió después? R.: De inmediato, en ese mismo momento, aparecieron los soldados estadounidenses y me rodearon; los estadounidenses parecían extremadamente enfadados y preocupados por la actitud del juez, ya que todo eso estaba ocurriendo delante las cámaras, lo que indicaría que EEUU supervisa la justicia [iraquí]. Obviamente esto supone una bofetada para los estadounidenses, que constituyeron este tribunal y que dijeron a los iraquíes que gobernaría el imperio de la ley y la transparencia. Acabé el día como un abogado detenido, y esto es algo que nunca ocurrió con Sadam Husein.

Se produjo algún forcejeo y algunos empujones entre los iraquíes y los estadounidenses, quienes me detuvieron. A pesar de que estoy total y absolutamente en contra de la ocupación y continuaré estándolo, personalmente estoy muy agradecido al personal estadounidense que me salvó de ser asesinado por los iraquíes si me hubieran dejado en sus manos.

Ashton y el comandante Thompson supervisaron mi detención. Ambos fueron quienes iniciaron las negociaciones entre los soldados estadounidenses y las fuerzas iraquíes, y entiendo que esta negociación se produjo a un nivel mucho más alto, a nivel intergubernamental, incluso escuché que incluso al-Maliki estaba implicado en porque quería evitar un conflicto entre las fuerzas estadounidenses y el gobierno de Iraq.

Puede que yo tenga que comparecer ante el tribunal especial que se encarga del terrorismo en Iraq. De ocurrir esto, sé que me detendrán en Iraq junto con terroristas y, lo hemos visto antes, puede que uno de los presos me apuñale. Entonces dirán que existen diferencias políticas entre nosotros y encontrarán la excusa para encubrirlo. Alguien que pertenece al personal estadounidense, con quien tengo una relaciona cordial, me advirtió de ello. Dijeron que esto podría ocurrir si las cosas continuaban como hasta entonces.

Puede que fuera más realista suponer que las opiniones expresadas por los estadounidenses respecto a esta amenaza indicaban un punto de vista más personal que oficial. Pero de lo que estoy seguro es que ha habido muchas diferencias entre los gobiernos de Iraq y de EEUU respecto a mi detención. Considero que fueron el gobierno y el ejército estadounidense en Iraq quienes discutieron con gobierno iraquí.

P.: ¿Cómo lo trató el ejército estadounidense? R.: El comandante Thompson es el enlace entre la embajada de EEUU en Iraq y este tribunal. Ashton es miembro del mando [político] estadounidense en Iraq. Fueron extremadamente cordiales, respetuosos y amables, y trataron de hacer lo todo lo posible para que no me entregaran a los iraquíes. El compromiso al que llegaron en la sala del tribunal fue que me llevarían a una casa segura en la Zona Verde, una de las más seguras que utilizan los estadounidenses. Estaba al cargo de soldados ucranianos y de cuatro soldados iraquíes, en cuya custodia estaba de hecho, aunque realmente estaba bajo arresto estadounidense.

Pensaba que tenía que estar en esa casa durante los cuatro días. No era una cárcel y de momento era la mejor solución. Me cuidarían, la casa era cómoda y disponía de comodidades y buenas instalaciones. Durante los días que estuve allí, los iraquíes empezaron a hablarme en términos religiosos y fundamentalistas acerca de as-Sistani [ayatolá shií] y de los diferentes dirigentes religiosos, y discutimos un poco sobre eso. Después, cuando dije que quería ver las noticias en la televisión, pero ellos querían ver películas pornográficas, así que les espeté: «[…] ¿Qué fanatismo religioso profesan ustedes que al mismo tiempo están viendo esas películas?» Esto creó fricciones entre los guardias y yo. «[…] De hecho», continué, «está bien, cada uno puede tener su religión, pero necesitamos un sistema laico para dirigir este país, no uno religioso». Esto les disgustó mucho.

El segundo día estuve muy enfadado preguntándome por qué me habían detenido Estoy en mi propio país, haciendo mi trabajo, soy una persona respetuosa. Llegué a la conclusión de que me habían detenido sin razón alguna, así que me enojé mucho empecé y decidí empezar una huelga de hambre. Esta idea les preocupó mucho a los estadounidenses y tres veces al día me venía a ver un médico para vigilar mi salud; de hecho, tenía la mi presión sanguínea muy alta.

El segundo día también se produjo otro hecho. Los policías iraquíes recibieron algunas visitas y los estadounidenses se enfadaron mucho, muchísimo. Trajeron refuerzos, pusieron francotiradores en los tejados y después a los policías iraquíes les quitaron todos los teléfonos móviles diciendo que estaban llamando por teléfono a gente para que los vinieran a visitar. Yo les dije: «[…] No pasa nada, no se preocupen por eso». Los estadounidenses me contestaron: «[…] No, están trayendo a personas que le van a matar».

Después, los estadounidenses me dieron un poco más de libertad de manera que pude hacer un poco de ejercicio en el jardín de al lado de la casa.

El tercer día vino el comandante [Thompson] acompañado de fuerzas especiales estadounidenses y se quedaron en la casa durante toda la noche. Me dijeron que me preparara porque al día siguiente iba a ocurrir algo: «[…] Le vamos a proteger porque tenemos instrucciones de las autoridades superiores de protegerle ya que mañana ocurrirá algo».

Salida para Siria

P.: Por favor, describa cómo le sacaron de Iraq R.: El cuarto día todos los soldados iraquíes estaban dormidos, algo bastante extraño. Los estadounidenses me despertaron y me sacaron de la casa, Me llevaron en un convoy de vehículos armados y de otro tipo hasta la zona en la que se suelen reunir los abogados de la defensa para entrar en la sala del tribunal. Me resultó extraño dejar dormidos en la casa a todos los soldados iraquíes que se suponía que me habían arrestado y que me estaban cuidando. No sé si los habrían drogado o algo así.

Me devolvieron los enseres personales que me habían quitado y me indicaron que no utilizara el móvil para llamar a nadie de fuera [de la Zona Verde]. Los estadounidenses dijeron que querían calmar la situación porque no querían que fuera a más.

Tampoco me permitieron ver a mis clientes que estaban detenidos en otro centro, el Campo Cropper [en el Aeropuerto Internacional de Bagdad]. Me sentía ofendido porque no podía verlos, así que decidí continuar la huelga de hambre. Mi salud empezaba a deteriorarse y los estadounidenses me controlaban de manera regular. Me dieron un informe médico sobre mi situación cardiaca en el que explícitamente me decían que fuera a Alemania a tratarme y que si no lo hacía de inmediato mi vida podía correr peligro.

Uno de los estadounidenses me preguntó si quería que me llevaran ante el juez para pedirle disculpas. Les pregunté: «[…] ¿Por qué? Son ellos quienes deben pedirme disculpas, no he hecho nada. No pediré disculpas a nadie por esto».

Hace nueve días los estadounidenses me dijeron que habían hablado con el alto juez del tribunal que supuestamente iba a juzgarme por el acto terrorista. Los estadounidenses preguntaron que si me llevaban ante el tribunal para la investigación el juez les garantizaría que no me detendría, ni me juzgaría. Dijo que sí. Le pidieron que lo manifestara por escrito pero él se negó a hacerlo. Regresaron muy irritados porque no habían podido tener una confirmación por escrito. Después me dijeron que estuviera preparado y en estado de alerta porque me iban a sacar de Iraq en cualquier momento. Me negué y les dije que sacarme no era la solución. Ellos me contestaron: «[…] No, le vamos a sacar para tener tiempo de encontrar una solución mientras usted está fuera».

A las ocho de la mañana un largo convoy de vehículos blindados y de coches estadounidenses con los cristales ahumados me llevó, junto con mi equipaje, al aeropuerto. Me dijeron que por razones de seguridad embarcaría el primero o el último, dependiendo de las circunstancias.

Embarqué el primero y estuve solo en el avión durante aproximadamente una hora hasta que entraron los demás pasajeros y despegamos con al menos dos horas de retraso. Era una línea aérea comercial.

Me di cuenta de que los soldados iraquíes estaban bastante molestos de que yo estuviera escoltado por ese gran contingente estadounidense. Estaban irritados porque me sacaban del país en vez de entregarme a ellos. Estaban enfadados porque los estadounidenses habían tomado el control de la situación.

Personalmente estoy agradecido a Ashton y a Thompson por la forma en que me trataron. Pero esto no cambia el hecho de que estoy en contra de la ocupación y seguiré estándolo.

P.: ¿Cuál es su mensaje a la comunidad internacional en relación con estos hechos? R.: Me gustaría hacer un llamamiento al presidente Bush y a Tony Blair para que garanticen mi regreso para defender a mis clientes en Iraq, de otro modo todas las declaraciones que han hecho acerca de la libertad y la democracia, de la transparencia y del imperio de la ley serán una vergüenza no sólo para ellos sino también para el pueblo estadounidense.

Ahora estoy a la espera de que se tomen las medidas pertinentes que me permitan volver a Iraq para trabajar. Pero, obviamente, me gustaría que el gobierno iraquí garantizara mi seguridad.

Hay una clara escisión entre los estadounidenses y los iraquíes, a pesar del hecho de que los iraquíes son los títeres de los estadounidenses -estos los colocaron en el poder, los nombraron y les dieron el poder-. Para mí esto es un hecho que se hace palpable cuando al-Uraiby, el juez que presidía [el tribunal] manifestó públicamente en televisión: «[…] ¿Dónde está este acusado Badie Aref? ¿A dónde va a huir? Los estadounidenses no podrán protegerlo ni salvarlo».

Es increíble que aquellos a quienes los estadounidenses hicieron regresar a Iraq están empezando a comportarse de una forma que hace que los estadounidenses parezcan más civilizados y mejores que ellos. Estas personas son una verdadera desgracia para el país.

El juez Uraiby me dijo públicamente que yo era amigo de los estadounidenses. Lo dijo a pesar de que él fue uno de los que regresaron [a Iraq] junto con los invasores. Los estadounidenses estaban furiosos por lo que dijo y también porque hablaba como un iraní. Es increíble lo que explícitamente declaró el juez: «[…] Sus amigos los estadounidenses no lo van a salvar».

Hago un llamamiento todo al mundo, a todas las naciones, para que me permitan volver a Iraq a salvo para continuar mi trabajo con el interés de proteger a mis clientes. No es justo que a los acusados se les prive de una defensa legal.

Ahora soy, técnicamente, un fugitivo. El día 16 de este mes [de abril] se reanuda el juicio y no puedo defender a mis clientes, no puedo verlos y tampoco puedo volver porque soy un fugitivo. Hago un llamamiento a las personas decentes del mundo para que, al menos, se den cuenta de que me impiden hacer mi trabajo para defender a aquellas personas que tienen derecho a una defensa.

P.: ¿Por qué cree que se ordenó al ejército estadounidenses que le salvara vida? R.: Me parece que una de las principales razones es que el tribunal se inmiscuyó en la integridad de EEUU. Esto molestó a los estadounidenses lo bastante como para que ahora estén tratando de arreglar la situación. Tengo la impresión de que los estadounidenses les obligarán a solucionarlo porque mantenerme fuera del país y mantener a los acusados sin defensa sería incómodo para los estadounidenses y para sus aliados, que no pueden permitir que esta situación continúe. Creo que en este momento están trabajando en ello. A los estadounidenses les incomodo consentir que se produzca este fiasco.

Una cosa le puedo asegurar: muchos de los miembros del tribunal son miembros de milicias muy cercanas a Irán y están extremadamente bien conectados con ese país. [Los miembros del tribunal] actualmente están pronunciando sentencias muy duras, de manera que las personas se sentirán amenazadas y pedirán asilo político. Conozco jueces que ya lo han solicitado en otros países: están tratando de ahuyentarnos.

La situación de Tareq Aziz

P.: ¿Actualmente, cuál es el estatus [legal] de Tareq Aziz?

R.: Él me anima a que me mantenga firme en mi postura de desenmascarar el tribunal y de hacerlo con determinación para conseguir que se imponga el imperio de la ley. Creo que a Tareq Aziz no le llevarán a juicio. Tareq Aziz tiene demasiada información y poder para hablar. De hecho quizá recuerde usted que durante el juicio de Sadam Husein dio algo de información; el juez estaba muy molesto y le dijo que podía expulsarlo de la sala. Por consiguiente no creo que lo lleven a juicio; en cambio lo dejarán morir bajo arresto o encontrarán una excusa para matarlo [3].

Su salud se está deteriorando y está muy mal debido a su edad y a su estado general. Tiene todo tipo de problemas: cardíacos, hemofilia, presión sanguínea, problemas en los conductos nasales, etc. [Igualmente] uno de mis clientes, Fadhil Abbas al-Hamary, que trabajaba en la industria militar, se está muriendo de cáncer; es un enfermo terminal. Va a morir en cualquier momento y ni a los iraquíes ni a los estadounidenses les importa. No se le permite recibir tratamiento y creo que morirá dentro de muy poco sin que a nadie le importe nada en absoluto. Creo que es absolutamente inhumano. Unas ocho personas ya han muerto en prisión debido al cáncer.

Notas de IraqSolidaridad:

1. Véase más adelante. Tareq Aziz no está procesado por esta causa ni por ninguna otra. 2. Véase en IraqSolidaridad: Carlos Varea: Paramilitares de as-Sáder asesinaron al abogado al-Obeidi. Cuatro abogados defensores de dirigentes del depuesto gobierno han sido asesinados 3. Véase en IraqSolidaridad: Ahmed Yanabi: Entrevista con Badie Issat, abogado de Tareq Aziz ‘Ha estado detenido durante tres años sin acusación concreta contra él’ y Lokman Iskender: «Estoy convencido de que los estadounidenses se van a retirar de Iraq». Entrevista a Tareq Aziz

Uruknet (www.uruknet.info)
IraqSolidaridad (www.iraqsolidaridad.org)
Traducido para IraqSolidaridad por Beatriz Morales Bastos