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Reseña de A la mierda la autoestima, dadme lucha de clases (bauplan, 2025), de Jean-Philippe Kindler

Para repolitizar la sociedad

Fuentes: Rebelión / Mundo Obrero [Imagen: Escena del podcast en directo de "Nymphe & Söhne", grupo del que forma parte Jean-Philippe Kindler, en el que se centran en el libro 'a la mierda la autoestima, dadme lucha de clases'. Créditos: Kampf der Künste]

En el otoño de 2002 Margaret Thatcher, quien había sido la primera ministra del gobierno del Reino Unido entre los años 1979 y 1990 y fuera artífice -junto con Ronald Reagan- del giro neoliberal en los países de la tríade occidental y sus ‘dominios’ periféricos, preguntada en el transcurso de una cena en Hampshire sobre cuál había sido su mayor logro, respondió: “Tony Blair y el nuevo laborismo […], obligamos a nuestros oponentes a cambiar de opinión”. Efectivamente, Thatcher y Reagan -en representación de las elites capitalistas, no lo olvidemos nunca-, usaron todos los resortes del poder político a su alcance para desmantelar todas las conquistas sociales, económicas y políticas que se habían conquistado en los años precedentes (1945-1975). Un objetivo en el que obtuvieron un notable éxito, no solo en el ámbito económico (mercantilización de todas las actividades humanas, reducción y/o eliminación de los derechos laborales, concentración de la riqueza cada vez en menos manos e incremento de la pobreza y las desigualdades sociales, desmantelamiento de los mecanismos de diálogo social y reducción de la capacidad negociadora de los sindicatos…), lo que dio lugar al surgimiento de una poderosa economía improductiva, especulativa e financiarizada causante, en última instancia, de una triple crisis: social, política y ecológica. En este sentido, el mayor logro de esas políticas económicas fue (es) la atomización absoluta de la sociedad: el sentimiento de que somos individuos autónomos o, como decía la ya mencionada Margaret Thatcher: ‘solo hay individuos, hombres y mujeres’.

Ahora bien, más allá de lo que puede ser un individualismo cómodo para algunas personas que se sienten maravillosamente solas o que lograron un éxito personal que les permite desinteresarse por el resto de las personas que tienen en su entorno, la atomización absoluta de la sociedad implica la desintegración social y, a pesar del discurso ideológico dominante, el fin de las relaciones sociales supondrá el fin de la humanidad. No olvidemos que, por nuestra naturaleza biológica, los seres humanos somos seres sociales. No obstante, si el individualismo triunfa en nuestras sociedades no es por casualidad, es el resultado de una estrategia de las clases dominantes que buscan responsabilizarnos de nuestra situación social o, por decirlo de nuevo empleando las palabras de Margaret Thatcher, recogidas en el año 1978 por el Catholic Herald: «Puede haber pobreza porque la gente no sabe cómo presupuestar o cómo gastar sus ingresos… pero ahora te encuentras con el carácter duro y fundamental: el defecto de personalidad«. Ese es el secreto de la ideología dominante, que no es otro que el enunciado por Spencer en el siglo XIX, cuando echando mano de una lectura falaz de la obra de Darwin montó el discurso ideológico socialdarwinista, tan del agrado de ricos empresarios de éxito como Rockefeller, Carnegie, Ford…: atribuir al determinismo biológico (antes caracteres heredados o comportamientos innatos, hoy genes o neuronas…) las desigualdades sociales -que no es lo mismo que las diferencias biológicas-.

Ante este panorama, marcado por la ruptura de los lazos solidarios y de fraternidad que nos hacen humanos, es necesario ‘resocializar la sociedad’. Esa tarea es la que asume Jean-Philippe Kindler, un autor alemán desconocido hasta ahora en España, pero que tiene una larga trayectoria como artista de la palabra. El autor, a quien el tabloide conservador Bild calificó como un agitador, que combina magistralmente su militancia política -trabaja en la oficina de la diputada de Die Linke Heidi Reichinnek y colabora con la Fundación Rosa Luxemburg y Attac-, con su capacidad satírica -reconocida en sus monólogos y performances poéticas-, para denunciar la situación actual en obras como Utopía (2019), un podcast producido junto con Christine Westermann, o el monólogo político Klassentreffen (Encuentro de clases), estrenado en 2022, nos ofrece una joya, a medio camino entre el panfleto para el combate político y la prosa satírica, que lleva por título A la mierda la autoestima, dadme lucha de clases (bauplan, 2025), un título, por cierto, que lo dice todo.

Efectivamente, a lo largo de 100 páginas de prosa para el combate político, ofrece ‘una nueva crítica del capitalismo’, que es el subtítulo de este libro de Kindler traducido por Borja Villa Pacheco, entendida como ‘una llamada a la acción política’ que organiza en cinco acciones inmediatas, que pasa por repolitizar los ámbitos fundamentales de la vida: la pobreza, la felicidad, la crisis climática, la izquierda y la buena vida, como condición necesaria para evitar la destrucción de nuestro mundo como consecuencia de las sucesivas crisis provocadas por el capitalismo.

Kindler se dirige directamente a todos nosotros, nos increpa apara que nos quitemos las mascarillas de pepino que nos ‘hacen sentir bien’ y que nos rebelemos contra nuestros opresores. En este sentido, la crítica que realiza en este libro no es tanto contra los miembros de la clase dominante como contra una izquierda autocomplaciente con un discurso cómodo, que no hace ningún daño al capitalismo. Su crítica mordaz está dirigida contra la sociedad meritocrática y contra quienes no la combaten con firmeza, contra quienes se escudan en el refugio del propio hogar para luchar contra la contaminación, contra la desigualdad… La crisis ecológica y social no se va a resolver cómodamente desde casa…, ¡hay que salir a luchar! Pero Kindler no se contenta con criticar el individualismo complaciente ‘a lo yogui’, Kindler va directamente contra la izquierda identitaria… y su crítica mordaz es muy sencilla: la política identitaria fragmenta cada vez más a la izquierda e impide la formación de grupos fuertes y políticamente eficaces; hablar correctamente, comer correctamente, comportarse correctamente…, parece ser más importante que la lucha de clases. De hecho, en varias ocasiones Kindler ironiza con la idea de que ser explotados por una mujer afrodescendiente posiblemente nos haga más felices porque eso nos puede hacer pensar que la igualdad avanza…, pero el problema principal: la explotación, sigue intacta.

Kindler dedica el libro, en sus palabras finales, a quienes no tienen acceso a la buena vida y se les hace responsables de ese mismo hecho y nos anima a poner el mundo ‘patas arriba’. En definitiva, estamos ante una crítica del capitalismo actual que goza de una gran virtud: explica procesos complejos, relacionados con la pobreza y la desigualdad social, la crisis ecológica…, de forma absolutamente accesible para un público mínimamente preparado, a quien entrega argumentos sencillos para la defensa de valores e ideas de izquierda. Algo fundamental, si tenemos en cuenta que la derecha convence a quienes más necesitados están de una revolución con chivos expiatorios (inmigrantes…) y argumentos falaces e irracionales.

En definitiva, estamos ante un muy buen libro: bien escrito, sencillo, radical, racional y combativo. ¡Léanlo!

Esta reseña se publicó en Mundo Obrero (marzo, 2026).

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.