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¿Por qué hay de nuevo ataques con suicidas-bomba en Iraq?

Fuentes: Asia Times Online

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Los suicidas-bomba vuelven a poblar el paisaje iraquí indicando que la guerra está lejos de acabar. Después de un importante descenso, con sólo seis ataques suicidas entre diciembre de 2008 y marzo de 2009, en los últimos dos meses se han producido 25 ataques suicidas bomba en Iraq, conformando la peor racha de violencia en el país en casi un año. Los atacantes han evidenciado una nueva audacia y sofisticación, atacando por todos los rincones del país y contra muchos objetivos en teoría dotados de altas medidas de seguridad.

La nueva oleada de suicidas-bomba culminó el 23 de marzo en una serie coordinada de cuatro explosiones por todo Iraq, tres de ellas con suicidas-bomba. Las explosiones aumentaron repentinamente en abril, con ataques contra las comisarías y las bases del ejército iraquí en los enclaves y lugares sagrados. Los ataques se dirigieron también contra los dirigentes de las milicias sunníes apoyadas por EEUU y contra las mismas fuerzas estadounidenses, incluido un camión suicida-bomba en Mosul que mató a cinco soldados estadounidenses, el ataque más letal contra las tropas de EEUU en un año. Los casi 20 ataques suicidas-bomba de abril han convertido este mes en el más mortífero de 2009 para los civiles iraquíes, con casi 300 muertos, según funcionarios del Ministerio del Interior iraquí, comparado con los 51 muertos de febrero y 70 de enero.

Con la aparentemente olvidada guerra de Iraq situándose ahora de nuevo bajo los focos de los medios, los funcionarios EEUU han tratado de minimizar el sangriento incremento de los ataques suicidas-bomba como una respuesta desesperada al hecho de que EEUU está poniendo fin a la guerra y retirando sus tropas de forma satisfactoria, como anunció el Presidente Barack Obama el 27 de febrero en un discurso político sobre Iraq. En un episodio especialmente embarazoso, el Secretario de Defensa Robert Gates repitió la infame proclama lanzada en 2005 por el Vicepresidente Dick Cheney de que la resistencia en Iraq estaba «en las últimas» afirmando que el caos del país no era más que la «última boqueada» de al-Qaeda para «revertir los logros conseguidos». Durante su inesperada visita a Iraq de finales de abril, la Secretaria de Estado Hillary Clinton se apresuró a interpretar la violencia como «señal de que los negativistas temen que Iraq esté yendo en la dirección adecuada».

Sin embargo, la realidad nos está indicando que el incremento más reciente de la violencia en Iraq no se debe a que EEUU se esté marchando sino a que el calendario y los términos de la retirada son confusos. La historia real detrás de la nueva ola de suicidas-bomba es que los insurgentes iraquíes están en conflicto con el estado iraquí que EEUU apoya y que los esfuerzos de éste para perpetuar un orden favorable a la continuada influencia e intereses estadounidenses en Iraq, incluso con la retirada de sus fuerzas, no es más que esa vieja y conocida política denominada colonialismo en la región desde hace mucho tiempo.

Bombas porque EEUU no se va

A pesar de sus rectas proclamas acerca de «terminar la guerra», el anunciado plan de retirada de Obama no pone fin de forma clara a la ocupación de Iraq sino que más bien la continúa con nuevas modalidades. El plan sólo pide la retirada de «las tropas de combate» para agosto de 2010, mientras deja detrás entre 35.000-50.000 tropas ocupantes hasta finales de 2011, muchas de las cuales serán tropas de combate rebautizadas como «brigadas de asistencia y asesoramiento».

El plan no dice nada sobre el ejército paralelo de unos 100.000 mercenarios y contratistas privados que pululan actualmente por Iraq, ni se refiere al destino de las 283 bases militares e instalaciones en Iraq, incluidas las 58 bases permanentes donde las tropas estadounidenses seguirán acuarteladas. Además, la retirada estadounidense está sometida a la supervisión del Pentágono con una serie de posibilidades relativas a muchos de los años venideros.

Como representante demócrata, Dennis Kucinich de Ohio, comentó inmediatamente después del discurso de Obama sobre la retirada: «No puedes abandonar tropas de combate en un país extranjero para que lleven a cabo operaciones de combate y decir que eso es el fin de la guerra. No puedes estar dentro y fuera al mismo tiempo».

Además, EEUU ha levantado un estado de dominio chií a través de su fallida política de «incremento» de la contrainsurgencia, con Maliki como primer ministro, respaldado por un ejército y aparato de seguridad reconstruidos que es predominantemente chií y hostil a la población sunní. Aunque EEUU ha financiado y armado también a los líderes tribales sunníes que se oponen a al-Qaida, esos dirigentes se oponen también al gobierno chií, dejando atrás un nuevo y balcanizado orden iraquí que apenas se sostiene en pie unido tan sólo por la fuerza de las armas.

Por consiguiente, la misión fundamental de las tropas estadounidenses en Iraq tanto ahora como después de la reducción inicial de agosto de 2010, será preservar y extender este régimen, incorporando a antiguos insurgentes chiíes y sunníes que estén dispuestos a trabajar con el sistema patrocinado por EEUU y eliminando a todos aquellos que se opongan, encarcelando al resto tras enclaves amurallados patrullados por aviones de combate teledirigidos. Estableciendo un régimen clientelista para proteger los intereses del imperio, a la vez que deja atrás toda una serie de guarniciones de tropas y bases, todo lo cual ha recibido siempre el nombre de neo-colonialismo.

Los atavíos neo-coloniales de la estrategia de salida de Obama no han sido bien acogidos por los insurgentes. El calendario, objetivos y afirmaciones de responsabilidades por la reciente ola de suicidios-bomba indican que los miembros clave de la insurgencia iraquí han llegado a la conclusión de que el plan de Obama sólo sirve para extender la ocupación estadounidense y han decidido desencadenar una nueva ola de violencia para impedir que ese nuevo orden pueda echar raíces.

La lógica del martirio

No deberíamos sorprendernos. En su trabajo seminal «Dying to Win: The Strategic Logic of Suicide Terrorism», Robert Pape, científico político de la Universidad de Chicago observó que la raíz principal de los suicidios-bomba es la ocupación militar extranjera, no el fanatismo islámico ni el «culto al martirio». La mayoría de los ataques suicidas por todo el mundo incluyen a muchos grupos laicos y no musulmanes, como es el caso de los Tigres Tamiles, y se lanzan como parte de campañas organizadas para conseguir un objetivo político, el más importante de los cuales es la expulsión de los ejércitos ocupantes extranjeros.

Como era de esperar, los ataques suicidas-bomba en Iraq sólo empezaron tras la invasión dirigida por EEUU de marzo de 2003 y, por consiguiente, han adquirido una frecuencia y letalidad sin precedentes en otras campañas similares. Pero los ataques-suicidas en Iraq han alcanzado un punto culminante en respuesta a dos series de circunstancias: como respuesta a las ofensivas militares y como respuesta a importantes iniciativas políticas que intentan poner de relieve que Iraq camina por la senda hacia la estabilidad.

El pico más reciente de esos ataques revela esa lógica estratégica; la campaña empezó a la semana siguiente del discurso de Obama y alcanzó en abril su punto culminante, coincidiendo con el sexto aniversario de la caída de Bagdad ante las fuerzas de EEUU en 2003. Los ataques suicidas han ido dirigidos contra todos los elementos importantes del régimen iraquí post-«incremento», incluidas las fuerzas políticas y de seguridad iraquíes, civiles chiíes y partidos políticos y contra todos aquellos a quienes se percibe como partidarios de la ocupación estadounidense y del nuevo régimen iraquí, como las milicias sunníes que EEUU apoya.

Parece que los insurgentes están intentando crear una atmósfera de inseguridad dentro de Iraq para destruir los esfuerzos de las fuerzas estadounidenses y el gobierno iraquí para imponer ley y orden, y crear las condiciones que obliguen a EEUU, distraídos ya con el aumento de la violencia en Afganistán, a retirarse cuanto antes.

La naturaleza estratégica y de amplia base de esta reciente campaña de suicidios-bomba queda más ilustrado aún por las afirmaciones hechas por varias organizaciones de la resistencia responsabilizándose de los ataques. Peligrosamente, hay signos de renovada coordinación baazista e islámica. El «Estado Islámico de Iraq», un grupo-paraguas para los islamistas sunníes, incluida al-Qaida en Iraq, reivindicaron la responsabilidad de los ataques que mataron a cinco soldados estadounidenses en Mosul, así como de varios otros, afirmando que los recientes ataques formaban parte del «Plan para la Buena Cosecha», una nueva campaña contra las fuerzas estadounidenses y sus partidarios en Iraq.

Izzat Ibrahim Al-Douri, el fugitivo ex vicepresidente de Saddam Hussein y líder destacado tras los insurgentes del Baaz y sunníes en Iraq, subrayó la dirección estratégica de la campaña en una grabación emitida en Al-Yasira el 7 de abril, tachando de ilegítimas tanto las elecciones iraquíes como el gobierno actual porque no han sido más que el resultado de la ocupación militar estadounidense. Instó a los insurgentes a mantener su lucha contra las fuerzas estadounidenses y el gobierno de Iraq porque «el proceso político es el principal objetivo de la ocupación, por eso es preciso atacarlo por todos los medios de que se disponga».

Quizá el desarrollo de peor agüero para los planes iraquíes y estadounidenses de un nuevo orden es que cada vez más los miembros de la milicia sunní Hijos de Iraq que EEUU apoya se están reincorporando a la insurgencia y cada vez «están más dispuestos a pasar al ataque».

Poner fin a la ocupación es la forma de poner fin a los ataques de suicidas-bomba

El regreso de la violencia y de los suicidios-bomba a Iraq ilustra la duradera realidad de que las fuerzas ocupantes estadounidenses y la ilegitimidad del nuevo régimen iraquí son la causa, no la solución. El plan de Obama, que supone la continuación de la ocupación estadounidense con nuevas formas, es lo que ha motivado virtualmente el retorno de los suicidios-bomba.

Aunque es improbable que Iraq presencie otro descenso de la violencia como en 2006 o en 2007, esta nueva violencia representa una nueva fase de la resistencia. Como observa el siempre intuitivo Anthony Shadid del Washington Post: «De alguna forma, los ataques son una reminiscencia de una fase anterior de la insurgencia, antes de que prendiera la guerra sectaria en 2006, cuando los agresores colocaban bombas como si de un espectáculo se tratara con objeto de magnificar el sentido del fracaso estadounidense. Entonces, como ahora, la carnicería enviaba el mensaje de que ningún esfuerzo, ya fuera estadounidense o iraquí, podría tener éxito en el sentido de conseguir la normalidad».

Los suicidas-bomba no pueden ganar las guerras ni tampoco que las fuerzas estadounidenses saquen los bombarderos de Iraq. Pero lo que pueden conseguir es que haya un sentimiento omnipresente de pánico, incertidumbre y temor entre la población que hacen que la batalla de las autoridades estatales iraquíes y de las fuerzas extranjeras para conseguir atraerles a su causa sea eternamente inútil. Los suicidios-bomba crean anarquía política y ese tipo de guerra puede durar mientras los insurgentes no se queden sin suicidas-bomba, un hecho que no se vislumbra muy cercano en el horizonte».

Por tanto, cualquier solución real a la duradera Guerra de Iraq debe abordar y tomar en consideración las raíces esenciales de los suicidios-bomba, como Pape señala: la ocupación extranjera en cualquiera de sus modalidades. La historia de Iraq muestra que incluso una más discreta presencia extranjera, tal como fue la utilizada por los británicos después de 1930, sólo consigue comprometer más aún a las autoridades locales. Mientras EEUU siga intentando salvar sus intereses estratégicos en la región de su embrollo en Iraq, serán poco honrados todos los esfuerzos por desarrollar una fuerza de seguridad iraquí realmente independiente, muchos iraquíes rechazarán la legitimidad de su gobierno por no ser más que un títere del poder imperial indirecto, y proseguirán con su resistencia.

Para no seguir provocando a la insurgencia, la administración Obama debe dejar manifiestamente claro que su plan para terminar la Guerra en Iraq pondrá también fin a la ocupación. Para hacerlo así, será necesario planificar una retirada completa de todas las tropas estadounidenses siguiendo un calendario acelerado, y hacerlo de forma que se prepare así a Iraq para un futuro que sea completamente, sin reserva alguna, iraquí y no conformado por los designios e intereses estadounidenses.

Por consiguiente, debe movilizarse la presión popular en EEUU y en muchos más lugares para obligar a Obama a que regrese al espíritu de su anterior posición antibelicista y retire todas las tropas, mercenarios y personal de las bases militares estadounidenses para agosto de 2010. Además, la administración Obama debe dar una serie de pasos para iniciar un nuevo proceso político, preferiblemente bajo auspicios internacionales o de Naciones Unidas, que permitan que Iraq formule un nuevo estado en términos iraquíes, eliminando del gobierno cualquier ley, procedimiento y partidos clientelistas patrocinados por los estadounidenses. Como el analista Joost Hilterman del International Crisis Group señaló: «Sólo un nuevo conglomerado nacional podrá poner fin de forma decisiva a la violencia, a la vez que se margina a quienes se han beneficiado de la ocupación».

Una continuada presencia estadounidense, no importa cuán indirecta pueda ser, sólo favorece nuevas oleadas de suicidas-bomba. En una entrevista celebrada el 17 de abril, el portavoz del Ministerio de Defensa de Iraq, Mohammed al-Askari, advirtió que una prolongada presencia militar estadounidense en el país favorecería paradójicamente a Al-Qaida dando suficientes excusas a los insurgentes para justificar sus actos terroristas:

«Beneficiaría a al-Qaida que las fuerzas estadounidenses se quedaran en Iraq, porque podrían justificar sus secuestros, colocación de bombas y asesinatos», indicó. Muchos iraquíes coinciden con esa lógica. «La situación en Iraq mejorará sólo si los políticos iraquíes y los estadounidenses se van de Iraq», manifestó un ciudadano en Bagdad.

Por desgracia, muchos oficiales estadounidenses, incluido el comandante en jefe en Iraq, el General Ray Odierno, han indicado que la violencia puede obligarles a prolongar más la ocupación dejando tropas estadounidenses en las ciudades importantes iraquíes, incluso después de la fecha fijada del 30 de junio de 2009 para la retirada de todas las tropas de combate estadounidenses.

Pero precisamente que los insurgentes de Iraq estén considerando una larga guerra contra la ocupación estadounidense y su estado clientelista, no significa que EEUU necesite quedarse en Iraq. La historia de los ataques suicidas-bomba del reciente período ha mostrado que cuando se pone fin a las causas principales que motivan esos ataques y la ocupación termina, las bombas desaparecen. Los ejemplos en la región abundan: Hezbollah acabó con los suicidios-bomba cuando Israel se retiró finalmente del territorio libanés, y Hamas puso fin en gran medida a su uso de suicidas-bomba cuando Israel retiró a sus colonos y soldados de la Franja de Gaza en 2005, aunque continuó utilizando otras tácticas violentas cuando Israel no puso fin a su asedio militar sobre Gaza.

Si EEUU se retira completamente de Iraq, es muy probable que contemplemos como los iraquíes se comprometen haciendo esfuerzos importantes para acabar con el caos del que Washington afirma que está protegiéndoles.

Steve Niva es profesor de Estudios sobre Oriente Medio y Política Internacional en el Evergreen State Collage y frecuente colaborador de Foreign Policy in Focus. Actualmente está escribiendo un libro sobre la relación entre la violencia militar israelí y los suicidas-bomba palestinos.


Enlace con texto original:

http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/KE07Ak01.html

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