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Actividades primera semana marzo de la librería asociativa "Traficantes de Sueños"

Presentación de los libros «Cabotaje» y «No haber nacido» de la editorial El Delirio

Fuentes: Rebelión

Tendrá lugar el jueves 5 de marzo a las 19h y contaremos con la participación de Gonzalo Escarpa, Ben Clark, Julieta Valero y Fabio de la Flor, autores y editores de los libros. CabotajeExtracto del prólogo de Gonzalo Escarpa: Ben es un anfitrión perfecto, y su poesía también: ofrece un buen refugio y además, como […]

Tendrá lugar el jueves 5 de marzo a las 19h y contaremos con la participación de Gonzalo Escarpa, Ben Clark, Julieta Valero y Fabio de la Flor, autores y editores de los libros.

Cabotaje
Extracto del prólogo de Gonzalo Escarpa:

Ben es un anfitrión perfecto, y su poesía también: ofrece un buen refugio y además, como los grandes amigos, se asemeja a la sangre: acude en el momento exacto de la herida.
Habrá quien diga que su trabajo se aproxima a los planteamientos de la nueva sentimentalidad, eso que llaman sin reparar en el pleonasmo «poesía de la experiencia». En su momento también se llegó a asegurar que Aníbal Núñez pertenecía, sin duda, al surrealismo. Ben vive su presente poético, y por eso acumula expresiones y giros que nos inundan de referencias. Hablamos de un poeta transparente y maleable, un poeta que, como quiere Riechmann, utiliza la escritura para transformarse además de para transformar, para convertirse en un licántropo textual, para decir y hacer lo que no se atreve a hacer o decir bajo su apariencia de galés isleño y deshauciado.

Notas de Fabio de la Flor, el editor:

Ben Clark era un muchachito risueño y optimista cuando abandonó Ibiza. Lo demuestra la foto que sacaron el otro día en el Diario de Ibiza, en la que aparece un Ben sonriente y con acné. La única cosa que ha cambiado es que tiene menos granos y un poco más de tripa, una sublime gordura llevada con la misma entereza que un traje de Armani. Su poesía sigue desguazando las maquinarias de la realidad más cercana. Su poesía inflige heridas irreparables en nuestra forma de mirar las cosas. Sigue siendo un nieto de la ira, un familiar de la cólera, un manifestante del inconformismo, pero de una manera hedonista, calmada, concisa. Sus versos son hipodérmicos, inoculantes, transformadores, como el líquido verde que se inyecta en la película Re-animator para revivir a los muertos, pero sobre una sociedad letalmente adormilada. Cabotaje fue un principio y ahora es también un final. No vamos a decir un Alfa y una Omega, porque no tiene nada de liturgia, nada de proselitismo. Ben no juega a aleccionar, no diserta con el propósito de instruir. Cada verso sirve para construir el barco, nada más. Y, al final del libro, si ya estás despierto, puedes empezar a navegar. Hay pocas cosas, cada vez menos, que a uno le hagan sentir satisfecho. Ben sabe que son pocas, pero no por ello va a dejar de buscar.

No haber nacido.
Extracto del prólogo de Ben Clark:

Una criatura, una criatura de creación, testigo imposible de la impasibilidad y de un delito impune llamado Madrid, ciudad que no lo es y que ya no pasea a su millón de cadáveres ni atiende al teléfono. Una criatura de creación, Gonzalo Escarpa.
Dice Riechmann que no puede hablar de la poesía sin hablar del mundo. Ni hablar del mundo sin hablar de poesía. Se me antoja que a Gonzalo le ocurre algo muy parecido sin que, al tratarse de quien se trata, se pueda decir que ocurra lo mismo. No haber nacido es, con toda seguridad, el poema más comprometido que el autor nos ha ofrecido hasta la fecha. Y cuando digo compromiso -saco roto de denuestos- pienso en César Vallejo o en Juan Larrea y no en Gabriel Celaya ni en Ángel González. El compromiso escarpiano es, aunque a muchos les -y nos- duela, con la verdad. Las cosas son así. No es que sean así y que así se las hayamos contado. Es que son así. Y no haber nacido aquí es la única solución y no haber nacido es la solución definitiva.

Notas de Fabio de la Flor, el editor:

Su poesía es un martilleo constante. Un ruido de motores pasados de revoluciones. Su poesía no te despierta porque principalmente no te ha dejado dormir. Al llegar a casa te descalzas, te pones cómodo y empiezas a hacer una tortilla, ves un poco la tele, respondes tres e-mails, y lees un poco al Cioran que tienes en la mesilla de noche. Cuando vas a apagar la luz, justo antes de soñar, descubres unos ojos penetrantes al otro lado de la ventana. Te sientes como una de esas veinteañeras americanas de las películas de terror, cuando descubre al maníaco tras la cortina.
Entonces Gonzalo parpadea al otro lado del cristal, levanta un bolígrafo, y con una rapidez criminal, empieza a anotar versos en su libreta. El tipo ha versificado todos los pasos, ha cuadrado el ritmo y la rima del patetismo existencial. La tortilla ahora se esponja en tu estómago, tu corazón se ha hecho un nudo de horca, la realidad se angula y se vuelve filamentosa.
Gonzalo ha sido el censor de Lavapiés durante más de un año. «No haber nacido» es como entrar en un cuadro de Antonio López sobre Madrid, es auscultar los fantasmas que viven en la ciudad, tomarle el pulso a un sistema urbano delirante, señalizar los cruces de diecisiete carriles y veinticuatro etnias, saber que las calles del barrio son como arterias, y que cada casa, cada persona y cada voz, son manchas sobre tu piel, y que benignas o no benignas, necesitan de una biopsia.

Luis Felipe Comendador:

«Es Gonzalo un clavicordio de proyectos y un imán para raros [en sus acepciones de atracción y liderazgo religioso], un tipo que destella y jamás deja frío al personal, además de poseedor de un atractivo natural que ya le presenta con medio camino andado.»

Vicente Valero:

«Tal vez uno de los rasgos más visibles de la joven poesía española consista en su retorno a la oralidad. A los jóvenes poetas de hoy les gusta el público. No son tímidos, tienen más posibilidades que hace algunas décadas para poder leer sus versos aquí o allá y disfrutan celebrando recitales, ya sea en bares o en teatros, en los garitos más turbios o en las plazas más claras de los pueblos. La juglaría no había desaparecido, pero son ahora los más jóvenes poetas españoles quienes la defienden con mejor estilo y con mayor entusiasmo.
Como resultado de todo esto, observamos que muchos de sus poemas tienen la marca del recital, con sus resortes rítmicos. Es el caso, por ejemplo, de ‘No haber nacido’, del poeta Gonzalo Escarpa (Madrid, 1977). Se trata de un largo poema concebido para ser leído en público en el que encontramos todo el imaginario urbano y realista de la poesía española de las últimas décadas, con todos su tópicos, ciertamente, pero con una nueva frescura también. Los juegos de palabras, el ritmo, las citas constantes, el humor, las aliteraciones y las repeticiones conforman este poema, desenfadado y en ocasiones brillante, que celebra de una manera muy peculiar la vida en el barrio madrileño de Lavapiés, al menos como argumento inicial, pero que sobre todo parece querer celebrar la tradición poética en la que se mueve su autor, «y por eso alabado sea riechmann carlos edmundo de ory aníbal núñez / pessoa paco pino costafreda», así como la cotidianidad enmarcada en un discurso que busca, para convocar efectos, un vocabulario en el que no faltan las últimas novedades: desde las zapatillas nike hasta el mac o el blog.»

Editorial el Delirio

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