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¿Qué ha logrado el aumento de tropas estadounidenses en Iraq?

Fuentes: www.wsws.org

Traducido para Rebelión por Beatriz Morales

El descenso del número de víctimas de militares estadounidenses y de civiles en los últimos seis meses ha llevado a quienes apoyan la ocupación de Iraq a afirmar que el aumento del número de soldados hasta más de 160.000 este año – lo que se ha llamado «oleada», – ha sido un éxito total.

Por ejemplo, el senador McCain, ha hecho de la estridente defensa del envío de más tropas a Iraq el centro de su intento para convertirse en candidato presidencial republicano en 2008. En un nuevo anuncio publicitario para promover su campaña se afirma: «Un hombre [McCain] nos advirtió de que estábamos fracasando en Iraq y nos dijo que podíamos dar un nuevo rumbo a las cosas: más tropas y una estrategia diferente. Fue muy vehemente, pero se atuvo a lo que él sabía que era lo correcto. Hoy esta estrategia está funcionando». El 17 de diciembre su campaña fue refrendada por el demócrata Joe Lieberman, que permaneció junto a él en New Hampshire y entusiásticamente afirmó que debido al aumento de tropas, al fin Estados Unidos estaba ganando la guerra en Iraq.

Los medios de comunicación estadounidenses han hecho una valoración similar citando diferentes estadísticas como prueba. Las 38 víctimas mortales estadounidenses de octubre y las 37 muertes de noviembre son las cifras mensuales más bajas desde la invasión de marzo de 2003. La cifra de ataques mensuales de la resistencia contra fuerzas estadounidenses o iraquíes ha bajado de 5.000 a principios de año a 2.000.

Se han calmado las luchas sectarias chiíes-sunníes y las matanzas que se encarnizaron tras la destrucción de la mezquita chií de Al-Askariya de Samarra en febrero de 2006, con unos 560 civiles muertos documentados por las agencias de noticias en noviembre frente a la cifra de entre 1.500 y 3.000 al mes en los años 2006 y 2007. En el frente económico, la producción de petróleo y de electricidad han aumentado moderadamente.

Basándose en estas cifras el Pentágono ha estipulado que estaba programado reducir para mediados de 2008 el número de soldados estadounidenses en Iraq al nivel anterior a la «oleada», de 130.000 soldados. El acuerdo firmado el mes pasado ente Estados Unidos y el primer ministro iraquí Nouri al-Maliki prevé que para finales de 2009 la presencia estadounidense se reducirá a una fuerzas de aproximadamente 50.000 soldados que no realizarán un papel mantenimiento del orden cotidiano o de combate.

En la satisfacción de Washington está ausente todo tipo de preocupación por lo que ha supuesto para el pueblo iraquí la invasión y ocupación estadounidense de su país en los últimos cuatro años y medio. El país ha quedado convertido en una tierra baldía de ciudades devastadas e infraestructuras destrozadas. Ha muerto más de un millón de personas y otros millones más de ellas están mutiladas o traumatizadas. Más de dos millones de iraquíes han huido completamente del país, mientras que otros dos millones se ha convertido en refugiados desplazados internos. La economía se ha venido abajo con un paro superior al 40%. La enfermedad y la desnutrición están generalizadas.

A pesar de todo el optimismo en Washington en relación a las últimas cifras, un análisis más considerado revela que la «oleada», lejos de acabar con el atolladero que Iraq supone para el imperialismo estadounidense, ha empeorado cualitativamente la crisis. La administración Bush ha fracasado en lograr su objetivo declarado de crear un gobierno iraquí pro-estadounidenses que sea aceptado como legítimo por la mayoría de la población iraquí. En vez de ello, la política estadounidense a lo largo de este año ha minado al ya disfuncional gobierno títere de Bagdad y ha exacerbado dramáticamente las divisiones étnicas y sectarias dentro del país.

El despliegue de 30.000 soldados adicionales en Bagdad y en la provincia occidental de Anbar iba dirigido a crear un respiro para los intentos políticos de acabar con los constantes ataques de guerrilla contra las fuerzas estadounidenses y la asesina guerra civil entre las milicias vinculadas a los partidos chiíes que dominan el gobierno iraquí respaldado por Estados Unidos y las organizaciones de resistencia contra la ocupación mayoritariamente sunníes.

La administración Bush exigió que el gobierno del primer ministro Nouri al-Maliki ofreciera una serie de incentivos al estrato dirigente predominantemente sunní que bajo el regimen baathista anterior ejercía el poder para que se uniera a un gobierno de «unidad nacional» y utilizara su influencia para que cesara la resistencia.

Las principales exigencias o «parámetros» estadounidenses eran acabar con la política de des-baathificación que impedía al los ex-altos cargos baathistas ejercer cargos políticos o militares; una ley sobre el petróleo que especificara el reparto de los ingresos del petróleo entre las provincias iraquíes y garantizara el flujo de riqueza hacia las zonas de mayoría sunní pobres en recursos; y elecciones provinciales para finales de año que permitieran a los partidos sunníes, que habían boicoteado las primeras elecciones, tomar el control de las provincias sunníes.

No se ha logrado ninguno de estos parámetros. Maliki no fue capaz de superar la oposición dentro de los partidos chiíes a las medidas dictadas por Estados Unidos para aumentar las concesiones a sus enemigos baathistas. De hecho, los intentos de hacerlo causaron una ruptura en la coalición chií con la salida del gobierno de la facción leal al clérigo Moqtada al-Sadr.

Lejos de la «unidad nacional», el año 2007 ha sido testigo de la intensificación de la carnicería sectaria por parte de los elementos más extremos de los chiíes y los sunníes y de cómo se completaba holgadamente su agenda de forjar bases homogéneas de poder en diferentes partes del país. Analistas serios han llegado a la conclusión de que la principal razón del descenso en la violencia interna iraquí es la finalización de esta limpieza sectaria y no es despliegue de miles de tropas estadounidenses más.

El 17 de diciembre el comentarista de la Institución Brookings Ivo Daalder escribió: «La violencia sectaria ha conseguido holgadamente obligar a los sunníes a salir de las zonas chiíes y a estos de las sunníes. Una mirada a un mapa étnico de Bagada lo refleja: lo que antes eran barrios mixtos ahora son mayoritariamente sunníes o chiíes. La violencia ha causado un movimiento de personas a gran escala. Uno de cada seis iraquíes o bien ha abandonado por completo el país o bien es desplazado interno. Gran parte de este movimiento ha hecho secciones del país más homogéneas étnicamente y, por consiguiente, ha contenido una fuente principal de violencia».

El ejército estadounidense no hizo ningún intento de impedir que se produjera la limpieza étnica. En vez de ello, ha ayudado a la segregación levantando muros de hormigón de 12 pies de altura alrededor de los barrios sunníes de Bagdad que han transformado la ciudad en una serie de ghettos cerrados. A principios de diciembre un residente en uno de ellos, el distrito de Ghazaliya, dijo a Christian Science Monitor: «Iraq es un prisión y yo ahora vivo en mi propia pequeña prisión».

Por todas partes en la capital así como por todo el país el ejército estadounidense abandonó cualquier pretensión de tratar de desarrollar la autoridad del gobierno iraquí. En vez de ello, siguió una política de tratos asombrosos con barrios o distritos dominados por cualquier fuerza de milicia o formación política.

En el barrio de Sadr City densamente poblado por trabajadores chiíes han llegado a acuerdos con representantes de la milicia Ejército Mahdi de Moqtada al-Sadr, a la que se culpa de la mayor parte de la violencia contra los sunníes. A cambio de la promesa de entregar a elementos recalcitrantes que atacan al ejército estadounidense se ha permitido a la milicia de Sadr gobernar abiertamente gran parte de la capital, incluidas las zonas que ellos ha purgado de sus habitantes sunníes.

En los enclaves sunníes encerrados dentro de un muro el ejército estadounidense ha ido más lejos y de hecho ha reclutado a resistentes y milicias sunníes dentro de «grupos de ciudadanos locales». Se paga a sus miembros 300 dólares al mes por no atacar a los soldados estadounidenses, mientras que se permite a sus dirigentes gobernar como modernos vasallos feudales.

El pago por parte del ejército estadounidense a las milicias está extendido por todo el denominado Triángulo Sunní en todo Iraq central. Se calcula que a lo largo del año pasado tribus sunníes y «grupos de ciudadanos locales» han formado 192 grupos armados diferentes con más de 77.000 combatientes. Las milicias sunníes también han ayudado al ejército estadounidense a dar caza a las organizaciones fundamentalistas islámicas como «Al Qaeda en Iraq» que continúan con la resistencia. Para los dirigentes sunníes esto es una oportunidad para asegurar una mayor influencia política bajo la ocupación estadounidense.

Estados Unidos tiene varios motivos para reclutar su ayuda. Esta política empezó en la provincia de Anbar como un intento pragmático y un tanto desesperado de contener el número de víctimas estadounidenses y permitir a la administración Bush afirmar que estaba habiendo progresos. A medida que avanzaba, Washington ha reconocido que las milicias sunníes son un útil contrapeso al gobierno de Maliki en un momento en que Estados Unidos está preparando el ataque militar al vecino Irán chií. En caso de guerra, las milicias sunnís anti-chiís y anti-Irán pueden ser utilizadas para contrarrestar la oposición de los chiíes iraquíes.

El resultado general de todo ello ha sido una continua marginación del gobierno central de Iraq. En vez de crear un régimen de «unidad nacional», Estados Unidos ha patrocinado la creación de una miríada de feudos sectarios en los que los señores de la guerra de las milicias se imponen por medio de una combinación de terror, de criminalidad y de la oferta de alguna protección a una población golpeada por la pobreza y desesperada. En la mayoría de las zonas la policía generalmente está controlada por la milicia local dominante, como lo está el gobierno en la medida en que existe.

La fragmentación se extiende desde Bagdad hasta el último rincón del país. Aunque la táctica de divide y vencerá puede haber ocasionado un descenso en el número de ataques a las fuerzas estadounidenses, dificulta cada aspecto de la actividad social y económica. Los servicios básicos no están a disposición de todo el mundo simplemente porque están localizados en una zona sectaria rival o suministrados por ésta. La ocupación estadounidense no sólo ha destruido la economía sino que ha creado unos enormes obstáculos políticos para cualquier reconstrucción coherente.

Iraq es actualmente el tercer país más corrupto del mundo. Por ejemplo, se calcula que desde 2004 se ha robado 18.000 millones de dólares de fondos del gobierno iraquí. Más de una tercera parte de todos los fondos estadounidenses para la «reconstrucción» iraquí simplemente ha sido robada y ha acabado en los bolsillos de los diferentes agentes en el poder.

La abrumadora mayoría de la población iraquí se opone firmemente a cualquier tipo de presencia estadounidense en su país. Según una reciente encuesta de ABC/BBC, el 98% de los sunníes y el 84% de los chiíes quiere que el ejército estadounidense se vaya de su país. Los ataques a los soldados estadounidenses han descendido de forma notoria pero todavía continúan a un ritmo de más de 60 al día y, según la encuesta, los apoya el 93% de los sunníes y el 50% de los chiíes.

Lejos de «estabilizar» Iraq, el ejército estadounidense se enfrenta ahora a una situación extremadamente inestable con tropas estacionadas en expuestas bases de vanguardia que mantienen los barrios étnicamente limpios y los distritos separados. Aunque la multitud de diferentes milicias son hostiles entre sí, siguen oponiéndose implacablemente a la ocupación estadounidense. En las tácticas estadounidenses no hay nada nuevo o innovador ya que suponen una vuelta a la política colonial clásica del «divide y vencerás». Cualquiera de los factores puede llevar rápidamente a que este precario castillo de naipes se derrumbe.

Toda noción de que en unos pocos años Iraq se convertirá en un acomodaticio Estado cliente de Estados Unidos es una quimera. Sólo por medio de la permanente ocupación de país, de la represión de la oposición iraquí y de un constante flujo de soldados muertos y heridos que vuelven a Estados Unidos se puede seguir adelante con la ambición imperialista de dominar los recursos petrolíferos de Iraq y de utilizarlo como una plaza fuerte en Oriente Próximo.

Enlace con el original: http://www.wsws.org/articles/2007/dec2007/iraq-d24.shtml