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Réquiem por Tom Sharpe

Fuentes: Rebelión

Todos aquellos que esperábamos como maná del cielo la próxima novela de Tom Sharpe, hemos sido burlados por una jugada maestra del gran escritor, que intempestivamente, con la excusa de una diabetes, ha decidido marcharse a la ultratumba. Si tú, lector, eres un habitué de la obra de Sharpe, entenderás lo que digo, pero si […]

Todos aquellos que esperábamos como maná del cielo la próxima novela de Tom Sharpe, hemos sido burlados por una jugada maestra del gran escritor, que intempestivamente, con la excusa de una diabetes, ha decidido marcharse a la ultratumba. Si tú, lector, eres un habitué de la obra de Sharpe, entenderás lo que digo, pero si eres de aquellos para los cuales su nombre no encuentra eco en tu alma, te sugeriría que abandones lo que estás haciendo, incluida esta lectura, y vayas corriendo a comprar un libro de nuestro homenajeado. Me lo vas a agradecer, pues conocerás una de las mentes más libres de nuestro tiempo.

Normalmente imaginamos la vida de un artista como si desde la infancia su destino se disparara como una flecha. Mas no siempre es así, o en todo caso, a menudo el destino elige un camino largo y sinuoso por el cual el artista debe pasar las de Caín. Thomas Sharpe nació en la severa Inglaterra de los años 20, hijo de una madre enferma que no podía atenderlo, y de un ministro de la iglesia anglicana tan amigo de la biblia como del látigo, quien fue deslizándose desde un piadoso socialismo hacia un virulento nazismo. Tom estudió historia y letras en Cambridge, sufriendo como sufre cualquier muchacho pobre arrojado entre aristócratas. De aquel aceite hirviendo saltó para caer en las brasas de la Marina Real Británica. Hacia el año 1951, vaya a saber uno por qué, prueba suerte en Johannesburgo como profesor de niños de la elite. En su tiempo libre da rienda suelta a su vocación de fotógrafo y a su rara visión de la belleza, captando la vida en los arrabales de Johannesburgo. En tanto colabora en Natal como asistente social escribe nueve obras dramáticas contra el apartheid, las cuales permiten que compruebe el inmenso poder de la literatura, manifestado a través de una reclusión forzosa en la cárcel de Pietermaritzburg acusado de político subversivo y comunista peligroso. La policía antiterrorista tomó a bien incendiar 36.000 negativos que demostraban fehacientemente la tendencia comunistapeligrososubversiva del autor. Posteriormente fue arrancado de la cárcel para ser expulsado del país, recalando en la vieja Inglaterra, donde lo esperaría un nuevo martirio bajo la forma de un profesorado de historia en el Colegio de Cambridge de las artes y la tecnología, de donde extraería abundante materia para su célebre personaje: Wilt. Once años hubo de esforzarse, intentado transmitir el amor por una disciplina a una manada de bestias que la odiaban con toda su alma, hasta que cierto día, a los 43 años, desconsolado, se largó a escribir una novela. El diablillo sentado en su hombro derecho le exigía que elaborara un alegato serio, pero el diablillo recostado displicentemente en su hombro izquierdo le insinuaba que adoptara un tono de farsa. El resultado fue una obra desternillantemente ácida traducida a nuestro idioma como Reunión tumultuosa . Si es acertada una creencia del psicoanálisis por la cual uno puede transformar los acontecimientos traumáticos de la vida al sublimarlos en una obra de arte, con esta novela Tom Sharpe fue curado con creces, y por añadidura, vengándose salvajemente de aquel régimen inhumano. En esta obra delirante, nada de la vida que debió soportar en Sudáfrica quedaría en pie: ni la blanca clase alta, ni la policía, ni su metodología. Los réditos económicos de esta obra permitieron que en 1971 abandonara aliviado su carrera docente. Dos años más tarde se supera a sí mismo reviviendo a los mismos protagonistas en Exhibición impúdica . Aquí, el segundo a cargo de la policía quiere destituir a su jefe, sospechoso de traficar con la raza negra, en el específico sentido del tráfico sexual, para lo cual organiza todo un enredo que va creciendo en proporción geométrica. La policía, que precisa demostrar la existencia de terroristas, no encuentra mejor camino que suplantarlos, para lo cual carga con dinamita a una serie de avestruces, que liberadas por la ciudad, se inmolarán a la buena de dios llevándose a unos cuantos peregrinos por el camino. Con estas dos novelas Tom Sharpe liquida su pasado en el sur, quedando latente su venganza hacia el infierno universitario y la vida en general. En el 73 publica Zafarrancho en Cambridge , en el 74 El temible Bloot , y en el 75 alcanzará la gloria definitiva al crear a uno de los mayores antihéroes de la literatura, el profesor Wilt , quien debe lidiar con sus compañeros de trabajo, sus estudiantes, el jefe de policía, su esposa (progresivamente dominada por un enajenado feminismo) y sus cuatrillizas, una especie de superdotadas maquiavélicas.

Hasta el año 84 nuestro artista escribe once novelas, una serie que se ve interrumpida por el mayor enemigo de un escritor: el pánico ante la hoja en blanco. Acaso nunca hubiera salido de su impotencia creativa si el director de Anagrama, la editorial que publicara a Sharpe en castellano, no le ofreciera a su distribuidor en Uruguay, Gustavo Fuentes, la posibilidad de llevar a cualquier escritor de un sello que incluía estrellas como Paul Auster, Roberto Bolaño y William Burroughs. Sin dudarlo, Fuentes eligió a Tom Sharpe, y Tom Sharpe sería enviado entonces por Anagrama a Uruguay, para que participara en una Feria del Libro que se llevaría a cabo en el Palacio Peñarol. Sharpe, que vivía en Cataluña, se había empecinado en no aprender nuestro idioma. Fuentes, enterado de esto, y de su violenta aversión hacia la prepotencia norteamericana, se había cuidado de conseguir una traductora de origen inglés. Pero las cosas transcurrieron como en la vida de los personajes inventados por Sharpe. Uno se ríe al imaginar el creciente estupor con que Fuentes y Sharpe escucharon las primeras notas nasales emanadas por una traductora texana. Sea como fuere, Sharpe capeó el temporal, luego de lo cual pidió que le alquilaran un auto para recorrer la campiña uruguaya. Allá se fue el genial humorista, surcando a toda velocidad de sur a norte y de este a oeste nuestro latifundio. Aquellas soledades, salpicadas aquí y allá por alguna isla de eucaliptus a cuya sombra rumiaban las bestias bovinas, le inspiraron una nueva obra. En el 95 Tom volvería al ruedo con Becas Flacas, y al año siguiente con Lo peor de cada casa. De aquí en más su ritmo de publicación decrece. El 2004 nos regala Wilt no se aclara, inolvidable novela que comienza con una necesaria vacación de nuestro frustrado profesor, que a la primera de cambio aparece surcando su Inglaterra natal a 300 km/h, montado desnudo en una Harley Davidson, en tanto una considerable dosis de LSD montaba desnuda a 666 km/h en la mente de nuestro héroe. En el 2009 aparecerá Los grope y al año siguiente su última novela La herencia de Wilt.

Absolutamente nada, ni la derecha ni la izquierda, los ricos o los pobres, los editores, los escritores, los lectores, el ejército, la policía, los políticos, los sacerdotes, las feministas, los docentes, los terroristas, las mujeres infartantes, los viejos y los jóvenes, escapan a la mirada de águila de Sharpe, quien le confesara a un periodista: «Quizá le extrañe, pero todavía pienso que mis libros tienen algo de basura» y evitando compararse con los grandes escritores del pasado, agregara «Yo no soy un gran escritor, por el amor de Dios. Sólo soy un loco». Con esta confesión confirmamos que es tributaria del artista auténtico cierta insatisfacción con su propia obra. Una sonrisa inteligente, o una carcajada conmovedora, acompañarán al lector a lo largo de una literatura subversiva. Sólo los bufones se animaban a escupir las verdades del pueblo en el rostro de los reyes, y la risa, por peligrosa, ya había sido desterrada por Platón de su horrible República » Porque cuando alguien se entrega a una risa violenta, casi seguro que sufre después una alteración violenta». ¿Sharpe cargaba un delirante mundo en su cabeza, o a través de la sátira nos desnuda el mecanismo delirante de nuestras sociedades? Siguiendo el camino de Jonathan Swift, Lewis Carroll y otros eximios escritores ingleses, Thomas Ridley Sharpe utilizó el humor como quien usa de un cuchillo afilado, pues de su mano se pueden decir las mayores verdades impunemente, aplicando sobre todos nosotros la mejor de las terapéuticas. Según una leyenda, la muerte revolotea sobre las casas, pero huye espantada cuando escucha carcajadas. «De risas y no de lágrimas quise escribir, ya que reír siempre es lo más humano» había dicho Rabelais, en tanto inauguraba un mundo.

Esperamos que allí donde estés, querido Tom, hagas estremecer la barba del otro a carcajadas.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.