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Reseña de «Breve historia del neoliberalismo» de David Harvey

Fuentes: Rebelión

La edición original de Breve historia del neoliberalismo del geógrafo y antropólogo norteamericano David Harvey vio la luz en 2005, y su versión en castellano (Akal, trad. de Ana Varela Mateos) en 2007, con varias reimpresiones desde entonces. El libro sintetiza, de forma clara y rigurosa, los hitos esenciales y los escenarios del sistema económico […]

La edición original de Breve historia del neoliberalismo del geógrafo y antropólogo norteamericano David Harvey vio la luz en 2005, y su versión en castellano (Akal, trad. de Ana Varela Mateos) en 2007, con varias reimpresiones desde entonces. El libro sintetiza, de forma clara y rigurosa, los hitos esenciales y los escenarios del sistema económico que ha configurado el mundo en los últimos decenios, pone de manifiesto sus inconsistencias y mentiras, y tantea las vías para superarlo. Resulta por ello imprescindible para cualquiera interesado en comprender y exorcizar los mecanismos del «pensamiento único».

Harvey nos introduce sin prolegómenos en la tesis fundamental de la obra. Cuando la crisis económica de los 70 redujo drásticamente las tasas de acumulación de un capitalismo que en la postguerra había funcionado con modelos keynesianos en los países desarrollados, el neoliberalismo se instaura como la solución óptima para que las clases dirigentes puedan seguir enriqueciéndose. De esta forma, queda clara la idea central de que este, más allá de su significado económico, es un mecanismo político para la restauración del poder de clase en las sociedades capitalistas. El marco teórico del neoliberalismo había sido ya elaborado desde 1947 por la Mont Pelerin Society, reunida en torno al filósofo y sociólogo austriaco Friedrich von Hayek y el economista norteamericano Milton Friedman, invocando el sagrado nombre de la libertad, que según ellos, aplicada estrictamente a los mercados (desregulación, privatizaciones y ninguna intervención estatal) sería la panacea del progreso económico. Las gráficas presentadas muestran con claridad cómo el acceso al poder de Margaret Thatcher (1979) y Ronald Reagan (1980) y su asalto al FMI y el Banco Mundial, que comienzan a imponer políticas de ajuste estructural por todo el globo (la primera víctima fue México), son el detonante de un enriquecimiento de las élites de los países industrializados, cada vez más concentradas en actividades especulativas que en la economía productiva. Al final el «triunfo de la libertad» parece haber sido exclusivamente el de la libertad de unos pocos para enriquecerse sin ninguna cortapisa ética.

El estado neoliberal garantiza sobre todo la libertad de las empresas y el comercio, y se resiste a un control democrático para corregir, por ejemplo, atentados contra los derechos humanos o el medio ambiente. Esto favorece una tendencia hacia regímenes autoritarios, mientras la frontera entre el estado y el poder corporativo se hace cada vez más porosa. El resultado más notable del proceso es la acumulación de riqueza en los peldaños más altos del capitalismo, pero lo más sorprendente es que esto se trata de presentar como una consecuencia secundaria e indeseada. La genialidad de la teoría neoliberal reside en camuflar con deleitosas palabras lo que no es más que la reconstrucción del poder de las clases dominantes en el capitalismo global. Por otra parte, en los Estados Unidos la convergencia con la agenda neoconservadora es evidente en los últimos tiempos, con énfasis en el orden, supremacismo cultural y militarización contra los «enemigos de la libertad».

Aunque los primeros experimentos neoliberales se impusieron ya en los 70 en países como Chile y Argentina por medio de golpes de estado acompañados de una salvaje represión, el gran salto hubo de hacerse con «formas democráticas» y para ello era necesario inducir en las masas un cambio de mentalidad. Los intelectuales y los medios de comunicación fueron los instrumentos idóneos para conseguir éste, y su arma, como veíamos, un uso sesgado y malicioso de la palabra «libertad». No obstante, el desarrollo del proceso no fue idéntico en todas partes. En los Estados Unidos, las organizaciones empresariales, fuertemente concienciadas tras las protestas de los 60, robustecieron su fuerza en los 70 y tomaron al asalto los departamentos de Economía de las universidades. Al mismo tiempo, se provocó la quiebra de los gobiernos municipales en Nueva York y luego en otras ciudades, obligándolas a privatizar los servicios. Auge de religión y nacionalismo, con generosas subvenciones a los políticos, hicieron el resto. En Gran Bretaña mientras tanto, la crisis económica y las huelgas mineras de los 70 fueron un elemento decisivo. Thatcher supo ganarse a las clases medias ofreciéndoles ser propietarias de las viviendas estatales que habitaban e impuso con brutal energía su agenda de privatizaciones, estableciendo una libre competencia que provocó la desindustrialización del país. No se cita en el libro y es poco conocido que los ingresos de la explotación del petróleo del mar del Norte fueron decisivos para poder presentar la evolución económica de estos años como un éxito. Por otra parte, en el desmantelamiento del Estado del bienestar los progresos de Thatcher no fueron tan rotundos.

Es importante señalar que no fue en estos países que asumieron el programa neoliberal en los años 80 donde la economía creció más espectacularmente en esta época, sino en Japón, los tigres asiáticos y Alemania, que no lo hicieron. No es hasta los 90 cuando, con Japón y Alemania en crisis, la desregulación de los mercados financieros, las nuevas tecnologías y la imposición a muchos países del tercer mundo de ajustes estructurales llevaron a los EEUU a un rápido crecimiento. Este fue utilizado para definir el «consenso de Washington» que proponía implementar la agenda neoliberal a escala global. A partir de ese momento, las crisis económicas y sociales se suceden por todo el mundo. Harvey nos presenta ejemplos de la evolución en diferentes regiones:

– La crisis de la economías del este de Asia a fínales de los 90 puede discutirse si fue provocada o no por las propias instituciones financieras occidentales, pero en todo caso queda palmariamente claro que estas fueron las grandes beneficiarias de ella, y que afectó con más fuerza a los países más involucrados en la deriva neoliberal.

– La quiebra de México en agosto de 1982 fue tratada con medidas neoliberales que originaron un desplome de la economía y las condiciones de vida de los ciudadanos. La privatización de tierras comunales provocó en 1994 la revuelta zapatista de Chiapas. Del país devastado y la miseria rampante emergieron algunas de las mayores fortunas del mundo, como la de Carlos Slim.

– En 1992, Carlos Menem llega a la presidencia en Argentina y pone en marcha reformas neoliberales. No hubo que esperar mucho para que el país se hundiera en una espiral de deuda galopante y fuga de capitales que sólo terminó cuando Néstor Kirchner decidió dar la espalda a las instituciones internacionales.

– La rápida industrialización de Corea del Sur en los años 60 y 70 estuvo ligada a un modelo económico de planificación estatal. El país se vio fuertemente afectado por la crisis de finales de los 90, y el rescate impuesto significó su entrega a las corporaciones internacionales y un desplome de las condiciones de vida de los ciudadanos.

– En Suecia, los años 60 fueron enormemente creativos a la hora de diseñar estrategias para reconducir el capitalismo hacia una vía de democracia obrera y autogestión, pero la reacción del capital no se hizo esperar y logró fabricar un consenso académico y social en torno a que todos los males económicos se debían al Estado del bienestar. La subsiguiente adopción de medidas neoliberales tuvo efectos desastrosos, pero la inexistencia de un pensamiento de izquierdas a la altura del momento impidió abandonar esa vía. Hay que señalar que aquí no se alcanzaron los niveles de desigualdad de otros lugares.

– En China, las reformas de Deng Xiaoping, implementadas a partir de 1978, crearon una economía capitalista con un control autoritario y centralizado. El resultado fue un espectacular crecimiento y una mejora notable de las condiciones medias de vida de los ciudadanos, pero también aumento de las desigualdades y degradación medioambiental. Los detalles que Harvey proporciona muestran los desequilibrios entre campo y ciudades, y el éxodo originado, así como la evolución trepidante de la economía, con un auge progresivo de un sector privado que coexiste con ambiciosas políticas keynesianas de financiación de obra pública. China, con su inmenso mercado, es un actor decisivo de la economía mundial, y con su mano de obra barata y altamente cualificada, se ha convertido en el destino ideal para las empresas que desean deslocalizar su producción. Hay una crónica también de las protestas que la sobreexplotación de la fuerza del trabajo y la corrupción galopante están provocando.

Una síntesis sobre lo que ha significado la irrupción del neoliberalismo debe considerar en primer lugar la paradoja de que los dos motores de la economía mundial en el nuevo milenio, EEUU y China, han trabajado en gran parte con modelos keynesianos, financiando con déficit presupuestario su militarismo y consumismo en el primer caso, y grandes infraestructuras con créditos de arriesgado cobro en el segundo. Asumido esto, los gráficos aportados muestran que el neoliberalismo ha traído un descenso continuado del PIB global per cápita, con caídas catastróficas en algunos lugares. ¿Por qué entonces la persistente idea de que esta es la única vía? Sin duda una razón importante es la enorme mejora en las condiciones de vida de las clases altas, que son las que poseen y controlan los medios de comunicación y propaganda. El empobrecimiento de los más puede fácilmente ser achacado a su pereza e incapacidad en una «tierra de oportunidades».

Harvey define lo ocurrido en estos años como un proceso de «acumulación por desposesión», que se manifiesta en prácticas como la privatización de la tierra y expulsión de campesinos o las liberalizaciones de industrias y servicios, que traen paro, precarización y perdidas de derechos para los trabajadores. El proceso va acompañado de una financiarización especulativa y depredadora y de crisis de endeudamiento. Las protestas que surgen por doquier generan un aumento de la represión y control social.

La mercantilización de todo es uno de los rostros más abyectos del neoliberalismo. Las condiciones de trabajo derivan implacablemente hacia una semiesclavitud y la degradación del medio ambiente progresa imparable, mientras los recursos naturales son esquilmados. La defensa de los derechos conculcados queda en manos de ONG que carecen de una perspectiva global para atajar los problemas.

El final del libro se dedica a explorar las formas que puede tomar la inevitable crisis sistémica que ha de dar al traste con la enloquecida dinámica del neoliberalismo y también a repasar los grupos de oposición que proliferan actualmente, desde partidos obreros a movimientos sociales o experiencias de nuevas formas de producción y consumo. El reto que se plantea es desnudar las contradicciones de un sistema económico que apela a la libertad para enmascarar el robo de lo de todos por parte de una minoría, y saber articular la lucha contra esa locura, porque sin lugar a dudas otro mundo es posible.

Blog del autor: http://www.jesusaller.com/

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