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Segunda réplica a Alex Callinicos

Fuentes: ZNet / Iraq

Traducido para Rebelión por Felisa Sastre

Segunda réplica a Alex Callinicos

http://www.zmag.org/content/print_article.cfm?itemID=7120&sectionID=15

 

 

23 de enero de 2005

 

Querido Alex:

 

Gracias por tu respuesta ( Respuesta a Alex Callinicos ) a mi réplica ( Respuesta a Gilbert Achcar ). Estamos discutiendo asuntos importantes aquí pero, lamentablemente, creo que has recurrido a trucos dialécticos rechazables, por lo que permíteme que de forma breve me refiera a ellos antes de entrar en el fondo del asunto.

 

Empiezas por intentar ridiculizarme al distorsionar lo que he escrito. Si de verdad hubiera dicho que quería «educar» a ciertos sectores del movimiento antiimperialista occidental, etc., tu sarcasmo sobre mis «propósitos pedagógicos» hubiera estado justificado pero lo que realmente decía es que quería «advertir» a esos sectores- como compañeros y compañeras en la lucha, en ningún caso como si se tratara de niños o alumnos- contra lo que consideraba era un grave error de juicio sobre la situación en Irak. ¿Acaso no es una obligación de toda persona que se dedica a la construcción del movimiento prevenirle contra las trampas que uno ve tendidas delante, especialmente en asuntos y materias de las que uno puede sentirse legítimamente poseedor de unos conocimientos específicos privilegiados?

 

El principal argumento de tu réplica, en relación con las elecciones, es el de afirmar que no has dicho que vayan a ser ilegítimas, sino que no producirán «un régimen democrático legítimo», poniendo un nuevo énfasis en «régimen». A continuación expones ( dejo de lado el estilo) que sólo quieres decir que «Bush y su procónsul John Negroponte (no) van a entregar el control del país a una Asamblea popular tras las elecciones».

 

Si eso es lo que, de verdad, querías decir, no tendría objeción alguna, ya que en mi artículo original- al que reaccionaste – ya afirmaba: «¿Qué hará Washington después de las elecciones del 30 de enero? Es difícil predecirlo. La administración Bush tiene un objetivo estratégico claro: asegurarse el control de Irak durante mucho tiempo».Y añadía que, si se tuvieran que enfrentar con una Asamblea que quisiera echarles, podrían recurrir, a dividir el país de acuerdo con los diferentes grupos religiosos y étnicos según la infalible receta imperial de «divide y vencerás».

 

Sin embargo, la verdad es que sólo citas una pequeña parte de la frase que escribiste en tu carta anterior, mientras que yo la comento en su totalidad. Tu decías: «Pero, ¿promoverán las elecciones un régimen democrático legítimo? No, no en mayor medida que en Afganistán. La ocupación seguirá y el gobierno títere continuará en el poder» (el subrayado es mío).

 

No se necesita ser un experto en filología para entender que lo que quieres decir es que no sólo continuará el control estadounidenses del país sino que el «gobierno títere» seguirá en su puesto. El equivalente iraquí de lo que existe en Afganistán es el Gobierno de Allawi, pero si la candidatura de Allawi «ganara» las elecciones como lo hizo Karzai en Afganistán, nadie dudaría de que esas elecciones serían ilegítimas (amañadas o como quieras llamarlas) a la vista de lo que se sabe sobre el estado de ánimo del pueblo iraquí. Inmediatamente a continuación de esa afirmación tajante, escribes:

«Todo ello quiere decir que si se produjera un relativamente auténtico voto popular en enero, el movimiento contra la guerra debería exigir que los estadounidenses y sus aliados se retiraran inmediatamente y se permitiera a la nueva Asamblea elegir un Gobierno que respondiera a la auténtica voluntad del pueblo iraquí». (subrayado mío)

¿En qué quedamos? La segura continuidad del gobierno títere o un gobierno que responda a la auténtica voluntad del pueblo iraquí? ¿Te das cuenta de la incoherencia que hay ahí?

 

Tomo nota, con alegría, de lo que escribes sobre la postura que has tomado en Gran Bretaña en relación con algunas formas de violencia que se han producido en Iraq y que son rechazables. Cualquier matiz sobre este asunto sería una equivocación por mi parte ya que me siento totalmente solidario con vuestra lucha antiimperialista contra el Gobierno de Blair. Lo que es esencial, a mi juicio, es que vuestra postura sobre la resistencia en Irak, bien sea reciente o mantenida desde el principio, coincide con la que yo he expresado. De ahí que a la vista de lo que dices sobre las elecciones en tu última carta- donde reconoces que la «participación (como oposición a la ocupación) es, como la resistencia armada, una respuesta política legítima»- la «consternación» que sentiste al leer mi artículo original y el impulso que te llevó a escribir una carta reprobatoria parece ahora superada con creces. Si he contribuido a ello es bastante secundario.

 

Pero déjame que vaya más allá. Tú crees que las acciones armadas en Irak son más efectivas que los movimientos de masas de los chi’íes. Siento tener que disentir, como se dice en el inglés aristocrático. Si Washington sólo se enfrentara a una insurgencia armada sunní (que constituye el 20 % de la población) y tuviera el apoyo de los chi’íes (el 60 %) y el de los kurdos ( otro 20 %), ¿crees de verdad que no hubieran podido aplastar a los insurgentes, incluso si ello hubiera supuesto varias Faluyas o algo peor? Por otra parte, si no hubiera resistencia armada alguna en Irak, ¿no es evidente que Washington y Londres hubieran tenido problemas ante el mundo para mantener sus tropas ante unas manifestaciones masivas de la población exigiendo que se fueran? Imagina sólo lo mucho más sencilla que resultaría vuestra tarea en Gran Bretaña, y para todo el movimiento pacifista en Estados Unidos y en el resto del mundo- y lo mucho más eficaz que podría ser el movimiento- si Irak hubiera tenido manifestaciones de masas para echar a las tropas, como las que derrocaron al Shah de Irán o, una vez más, las que Sistani convocó en enero de 2004, en lugar de los asesinatos y decapitaciones indiscriminados.

 

Desde luego que esas son mis preferencias pero tu afirmas que «es importante distinguir entre las propias preferencias y la realidad» (aunque la estrategia de movilizaciones masivas ya se ha utilizado en Irak). En cualquier caso, la expresión de las preferencias estratégicas es un componente legítimo y necesario de lo que se supone debemos hacer como luchadores por la justicia social, especialmente para aprender de las experiencias históricas y promover las mejores formas de lucha ( aquellas que impliquen el menor coste de vidas humanas y destrucción, habida cuenta de que son efectivas para alcanzar nuestros legítimos objetivos) en los lugares apropiados.

 

Para terminar, déjame que conteste a tu pregunta sobre la actitud de Sistani. Lo que decía sobre él en mi primer artículo debería ser suficientemente claro. Sistani es socialmente un líder islámico retrógrado- una categoría hacia la que tus colegas ideológicos son en general mucho más comprensivos que yo. Es obvio que no puedo compartir sus objetivos estratégicos: quiere elecciones y quiere establecer un calendario para la retirada de las fuerzas de ocupación porque se ha comprometido a tener un gobierno mayoritario chi’í bajo su tutela. Yo soy totalmente partidario de un gobierno mayoritario- como gobierno permanente, en absoluto como medio para acabar con la democracia- pero con un programa social y político radicalmente distinto. Más aún, Sistani no es, con toda seguridad, un «antiimperialista leal» y la actitud que vaya a tomar hacia estados Unidos no está clara, ciertamente. Por eso escribía en mi anterior réplica el siguiente párrafo que parece haberte desconcertado, aunque es perfectamente comprensible:

 

«Por favor, toma nota de que no estoy diciendo que el movimiento contra la guerra o la izquierda anti-imperialista debiera apoyar las elecciones- mientras Washington no intente de nuevo impedirlas- y mucho menos el que debiéramos aceptar los resultados con independencia de las circunstancias que las rodeen. Lo que afirmo es que para el movimiento y para la izquierda es un error total condenar las elecciones antes de su celebración, lo que nos situaría, probablemente, en contra de la mayoría del pueblo iraquí».

 

Parece que ahora estamos de acuerdo, de lo que me alegro como he dicho antes. La postura a adoptar sobre los resultados de las elecciones deberemos definirla en su momento y de acuerdo con las circunstancias concretas, no partiendo de la base de inútiles conjeturas por adelantado. Y vamos con tu pregunta sobre Sistani: «Se valió de la crisis de Nayaf en agosto para apartar a Sadr, su rival más importante entre los chi’íes. Y no se movió mientras Faluya era arrasada. Me pregunto por qué no respondes a lo que digo sobre esto en mi primera carta». Está bien, ya había escrito lo siguiente en mi artículo inicial:

 

«El intento de aplastar el movimiento de Moqtada al-Sadr culminó en la ciudad chi’í de Nayaf. Sistani, tras haber dejado al joven al-Sadr que llegara a una situación en la que se encontraba al borde de una derrota sangrienta y aplastante- obviamente para amansarlo-, intervino para detener el ataque estadounidense y, a partir de ahí, consolidar su incuestionable liderazgo de la comunidad chi’í».

 

En cuanto a Faluya, condeno absolutamente que Sistani reprobara tardía y a medias el ataque estadounidense, si eso es lo que quieres saber ( ¿puedes tener alguna duda sobre el asunto?). Sin embargo, hay que tener en cuenta la situación en su totalidad. Es bien conocido que los chi’íes, en particular, han estado oprimidos durante décadas además de sufrir la terrible opresión que soportó la totalidad del pueblo iraquí bajo el régimen de Saddam Hussein. Poco después de la caída del régimen baazista, se les convirtió indiscriminadamente en objetivo de los atentados mortales reivindicados por grupos sunníes, que usaban un vocabulario sectario, casi racista, para referirse a ellos. Pero se tiene que reconocer al menos una cosa: que la fuerzas chi’íes han tenido, hasta ahora, el gran mérito de no entrar al trapo y tomar represalias con la misma violencia y el mismo lenguaje, optando, en su lugar, por establecer una clara distinción entre los grupos fanáticos y la mayoría de los sunníes iraquíes. Habida cuenta de lo que Sistani sabía- o se le había dicho-sobre la naturaleza de las fuerzas dominantes en Faluya antes del último ataque estadounidense (formadas por una mezcla de baazistas y fanáticos sunníes según la mayoría de los informes), no resulta muy sorprendente que no se movilizara contra él. Ten en cuenta que el mismo Moqtada al Sadr, aunque expresó su desaprobación con mayor contundencia, tampoco se movilizó.

 

Me interpelas una vez más: «También me pregunto lo que piensas sobre la evidente marcha atrás en la lista electoral que respalda Sistani sobre la exigencia de la retirada de los estadounidenses tras las elecciones». Esta es mi respuesta: No pienso nada sobre algo que no ha sucedido. Muwaffak al Rubbaie, a quien se cita en el artículo del Financial Times al que te refieres, no es una figura relevante de la «Coalición Iraquí Unificada» (cuyos líderes son al-Hakim y el mismo Sistani tras las bambalinas) y no se representa más que a sí mismo y a algunas grupos familiares (aunque las fuerzas reales pudieran utilizarlo en algún momento, por esa razón precisamente, como una solución de compromiso). No obstante, resulta evidente y seguro que un gobierno dominado por los chi’íes no exigiría la inmediata retirada de las tropas estadounidenses, ya sus principales fuerzas nunca han dicho que lo harían. Quieren negociar un calendario para la retirada que les permita poner en marcha unas fuerzas armadas controladas por ellos capaces de contrarrestar a los baazistas y sunníes fanáticos que nunca aceptarán su gobierno mayoritario, y que sin duda continuarán e intensificarán sus atentados sectarios en el momento que un gobierno de mayoría chi’í llegue al poder.

 

De todos modos, hay que tener siempre presentes las cuestiones en juego. Con independencia de lo que puedan decir uno u otro personaje chi’í, es indiscutible- y así lo reflejan todas las informaciones de forma unánime- que la abrumadora mayoría chi’í, si no su totalidad ( que constituyen dos tercios de la población iraquí y que son los más pobres de los pobres) quiere desesperadamente tres cosas: elecciones, mayoría para gobernar y que se vayan las tropas ocupantes. Ningún anti-imperialista debería olvidar este hecho decisivo al definir su postura ante la situación en Irak.

 

Para terminar, permíteme que enmiende tu última frase. En lugar de «Cualesquiera que sean nuestras diferencias, estamos juntos contra este monstruoso Imperio estadounidense», yo finalizaría con: Cualesquiera que sean nuestras diferencias, estamos juntos contra este monstruoso Imperio estadounidense y contra todos sus lacayos y aliados, entre los que se encuentran los gobiernos de nuestros propios países«. Estoy seguro de que aprobarás en su totalidad mi enmienda.

 

Con los mejores deseos,

 

Gilbert.