
El dolor y el sufrimiento son siempre inevitables para una gran inteligencia y un corazón profundos. Las personas realmente grandes, creo, tienen una gran tristeza en la tierra. FIÓDOR M. DOSTOIEVSKI
El mal que hacen los hombres vive después de ellos; el bien suele ser enterrado con sus huesos. WILLIAM SHAKESPEARE
Donde hay sufrimiento, hay suelo sagrado. OSCAR WILDE (De Profundis). Hacer de una mujer tu amante no es más que un primer paso; el segundo, hacer de ella tu amiga, es el que importa. J. M. COETZEE (a Paul Auster, en Aquí y ahora)
Yo puse en Toro salvaje todo lo que sabía, todo lo que sentía, y pensé que eso sería el final de mi carrera. Es lo que se llama un filme kamikaze: se pone todo dentro, se olvida todo y después se intenta encontrar otra manera de vivir. MARTIN SCORSESE
El Ciclo sobre vida y obra de Martin Scorsese (MS), desde la bóveda interdisciplinaria de La Fábrica de Sueños, vía Cine-Club Al Filo del Tiempo, sigue con Raging Bull (1980) o Toro salvaje, con base en el libro Jake LaMotta: My Story o las memorias del Toro del Bronx, como se le llamó a este peso medio, que se debate entre el nihilismo, los celos salvajes y la autodestrucción. Claro, no sin contar con su inseguridad, rabia sadomasoquista, gula ansiosa. Una vez se entra en este filme kamikaze, con la cámara lenta, la ópera Cavalleria Rusticana, de Pietro Mascagni, y un soberbio/conmovedor b/n, el espectador tendrá que irse adaptando a que no está tanto ante la violencia del boxeo como ante la de índole familiar: la que llevará a la derrota del propio Jake con la destrucción del nexo con su familia. Contra su deseo de ser mejor, pronto sabrá, sin que se entere, que pese a su tristeza y a su sufrimiento sin par, jamás será grande e inteligente porque a su vez no es capaz de hallar un más eficaz modo de vida…
Con la certeza de ser un santo/pecador, tal como le llamó Gore Vidal (1), MS deja al inicio su impronta bíblica al citar a Juan 9:24-26: “Así que, por segunda vez, los fariseos llamaron al hombre que había sido ciego y le dijeron: ‘Di la verdad ante Dios. Sabemos que este hombre es un pecador’”. Si soy pecador o no, lo ignoro. Sólo sé esto: una vez fui ciego y ahora puedo ver, contestó él. El fanatismo religioso se corresponde, a lo largo del filme, con la ira patriarcal/machista de la que es víctima el hombre Jake antes que el pegador LaMotta. Uno y otro, se irán perdiendo en la prejuiciosa caverna familiar, social y política y ambos habrán de comprobar que el mal que producen los sobrevivirá, mientras el poco bien que generan los llevará a la tumba. Así, de nada sirve que con el sufrimiento cohabite el suelo sagrado, mientras ignoren que al cómico o al boxeador los deben preceder las figuras de la buena persona, el sujeto racional, en fin, el ser humano grato con su familia y, claro, con su entorno.
LaMotta es un luchador ítalo/gringo que se encamina a ser el número uno de los pesos medios, ayudado por su hermano Joey, a la postre otra víctima de la inseguridad (eso son los celos) de aquél: lo que se hará realidad mucho tiempo después, en tanto la situación empeora cada vez más debido a la pernicia derivada de la búsqueda insaciable de la fama y el éxito. Tal vez él piense que para llegar al éxito no basta una buseta, sino una limusina. Su matrimonio se desmorona dentro del ácido que cae de la pipeta de sus otros nexos clandestinos, de los celos sexuales con su hermano Joey, de la inconsciente infidelidad de Vicky por venganza. Incluso del escapismo que representa su figura de comediante barato o la del boxeador ya retirado que deviene glotón corrupto e incorruptible a la vez. Conocedor de la mafia del boxeo, por vía de Don King o Angelo Dundee, MS muestra como Jake recibe la presión de aquella y sus combates son arreglados previamente, a fin de luego ganar más…
El boxeador mañoso, que se desprecia, autodestruye y no se arrepiente de nada es, además, un perseguidor ciego de la redención, redención que nunca logra: se desvía por el camino en el desencuentro con sus vecinos, en la bronca con su primera esposa por un bife, en los celos enfermizos por su brother y, luego, por Vicky. Aunque parte de los críticos busque equiparar el misterio de Toro salvaje con la gracia de Dios de los creyentes, los filmes de boxeo traten sobre el extravío, el anhelo de redención y el retorno del desvalido a casa, y sus figuras se despeñen por la vereda de los bajos fondos, aun así, los resultados acusan el ataque de las flechas mafiosas, el declive marcado por la deslealtad, la ingratitud y el abuso, en fin, la debacle del monstruo que golpea con desesperación los muros de su celda. Todo ello debido a que jamás se reconcilia con nadie ni con nada, no evoluciona sino involuciona, jamás podrá tener las siete vidas del gato, se golpea con Joey, casi mata a Vicky y su machismo lo noquea.
Toro salvaje es uno de las mejores obras de la historia del cine gringo: fue declarado el Mejor Filme de la década de 1980; en 1998, una encuesta del British Film Institute lo escogió, entre 1.500 cineastas, como uno de los 100 Mejores Filmes y ocupó el puesto #24; el # 4 en la actualización una década después (2007) y el primer lugar entre los de deportes. Por último, en 1990, la Biblioteca del Congreso de EE.UU lo consideró ‘cultural, histórica y estéticamente significativo’ y fue seleccionado para su publicación en el National Film Registry. Distinciones que desde luego apuntan a su calidad fílmica, no a los líos que entraña su puesta en escena, enfoque y tratamiento de los temas clave que aborda: la angustia existencial, la furia incontenida, el narcisismo (vía Schrader, en el guion), la intolerancia de Jack con la familia y el mundo, el desgano gradual de Vicky en su nexo con Jake, el deterioro del fraternal con Joey, todo ello en paralelo a la hemorragia interna que MS sufrió en sept.78.
Y es que aquí es imposible obviar los vínculos estrechos entre De Niro, Schrader y MS con el material fictivo: el actor fue quien en últimas convenció al director de hacer el filme; a inicios de los 70 MS había leído el libro de LaMotta y hacía finales del 78 Schrader cerraba el guion, mientras se debatía con su adicción a la cocaína, a causa de la cofradía con R. Robertson, líder junto a Levon Holm del grupo The Band (2), y otras más superfluas sumidas en el caos del alcohol y la droga. Cabe agregar que una cosa es la identificación del cineasta con LaMotta y otra, bien distinta, la del observador con dicho sujeto irascible, misógino, celoso por inseguro y cuya ansiedad opípara lo lleva subir 27 kg de su peso habitual. En el caso de MS la ansiedad es por el perico, lo que ya supone una identificación con Jake atravesada por el artificio de la droga aunque, eso sí, mediada por la ayuda que le prestó De Niro a MS en la corrección del guion hecha por ambos en la isla St. Martin, esta vez a base de café, no de p…
Tras diez semanas de rodaje para los combates y otras diez para aspectos relacionados con la vida de LaMotta, concluye el rodaje de Toro salvaje y algunos meses después se da inicio a la etapa de posproducción, luego de que, por encargo del cineasta, De Niro viaja a Italia y Francia por 90 días para darle a su cuerpo la dosis necesaria de pasta para subir de peso como lo requería la coda entre cómica venida a menos y dramática hasta el techo: es decir, hasta que se topa con la paredes del sitio de reclusión y LaMotta verifica que su único cambio ha sido corporal y nada metafísico. En otras palabras, que no sería el fin de la carrera de MS sino de él mismo, que igual por el camino se extravió, perdió el foco, se olvidó de todo y, lo más grave, jamás halló otro modo de vivir, antes que nada por un detalle: apenas dio un paso, el primero, para hacer de una mujer de 16 su amante cuando ya él tenía 24, pero fue incapaz de dar el otro, clave, el de hacerla su amiga, obvio equivalente a lealtad, confianza, cooperación.
Toro salvaje es la búsqueda, infructuosa, de intentar resolver la vida a través de la culpa y su efecto el castigo que, por error, acaba en un autocastigo sin redención; del afán por hacer un sacrificio en nombre del amor para terminar en un no tan simple, por complejo, descenso a los infiernos. Por lo que quizás resulte asequible la inclinación de MS, gracias al oficio de M. Chapman, a hacer el filme, por única vez en b/n, no en color, para traer de paso la memoria fílmica de los 40 a los 60 del XX con filmes como Out of the Past (1947), de J. Tourneur, Campeón (1949), de M. Robson, Nido de ratas (1954), de Elia Kazan, o El mayor de los Ferchaux (1963), o El guardaespaldas, de Melville, con Belmondo como el exboxeador, secretario y chofer del banquero Dieudonné Ferchaux, quien para evitar un escándalo financiero huye a los EE.UU. Pero, la caída de Jake muestra, por un lado, maldad, excitación y violencia y, por otro, el daño humano por sufrimiento, dolor, desgarro interno, sin paralelos.
Aunque a ambos lados de la caída persista el aspecto humano de Jake LaMotta, con sus evidentes fallas y escasas virtudes, resulta en todo caso muy difícil aceptar la visión/versión de MS sobre el fondo de la historia, la supuesta redención espiritual del protagonista, sobre cómo opera a un nivel primario, casi animal, en tanto resulta siendo más bien una proyección de sí mismo frente al espejo donde se funde con Jake. MS: “Es realmente la historia directa, simple, casi lineal de un tipo que llega a algo, que lo pierde todo y que luego se recupera, se redime. Pero se recupera espiritualmente. No lo logra físicamente, materialmente, sino a través de algo que alcanza en su interior. Lo que me fascina a este respecto es ver cómo un boxeador se sitúa, en cierta forma, a un superior nivel espiritual. Él funciona a un nivel primitivo. Y es quizá porque se sitúa a este nivel […] que está más próximo del propio espíritu. [Así, tal vez], los animales están más cerca de Dios de lo que estamos nosotros”… (3)
Sobre lo dicho, bastaría citar cinco secuencias memorables aunque de ingrata recordación que de inicio a fin recogen la esencia de un filme marcado por la soledad (una vez más, como en Taxi Driver y Goodfellas), el extravío existencial, la autodestrucción: 1. Jake discute con sus vecinos y su esposa sobre el bife para luego tirar la mesa. 2. Vicky, su amante joven, reacciona a sus celos y recibe de Jake una muenda que no merece ni la más putañera mujer. 3. Tras idas y venidas, Jake no puede con el espectro de la traición sexual por cuenta, según él, de Joey. 4. El prurito de Jake por agradar al público con su humor de dudosa valía, por parecer de carisma, lo lleva a hablar con el espejo y a reflejar su gorda decadencia. 5. En la plenitud de su estado boxístico, Jake pierde la pelea que lo hubiera llevado a ser campeón del mundo: la mafia se le atraviesa. Otro motivo más para dudar de su redención o del reconciliarse consigo mismo: ello a su vez impide hablar del héroe: es más bien un antihéroe.
Con Toro salvaje no es Jake LaMotta quien a la larga sale fortalecido sino MS, a la postre avante de la terrible crisis por la que pasó antes de asumir rodar el filme que fue nominado a ocho premios Oscar y sólo recibió dos, menos mal, se diría sin margen de error: a Mejor Actor, R. De Niro, y a Mejor Montaje, Th. Schoonmaker. Con una vergüenza no propia e involuntaria, la de perder el de Mejor Película, frente a un filme menor, Ordinary People (4), de R. Redford, que a su turno pasó por encima de dos obras mayores: El hombre elefante, de D. Lynch, y Tess, de R. Polanski. No obstante, en últimas poco importa que haya sido así, en tanto la calidad visual, narrativa y sonora (gracias, P. Mascagni), además del entrañable uso del b/n, hacen de Toro salvaje una obra de arte por excelencia y no un producto más del interés material Made in Hollywood, esto es, la negación en sí misma de lo que es la dignidad creativa, la hechura de filmes trascendentes, la búsqueda sin fin de un orbe más grato y mejor.
Mientras tanto, el mundo personal de J. LaMotta se derrumba a partir de un incidente nimio, en apariencia, por tratarse de un tipo ansioso e insatisfecho, y víctima de los celos sexuales que lo paralizan: así, luego de que Vicky, imprudente, para él, claro, tilde a uno de sus rivales como guapo, lo golpea hasta hacerlo papilla. En la audiencia, un capo mafioso le cuenta a su escolta que ya no es guapo. Tras el castigo proferido, Jake ya no mira a su colega sino directo a los ojos de quien, por el golpe, captó el mensaje: Vicky. Con ella surge en Jake el que Freud llamó el complejo de Madonna-Prostituta, fenómeno psíquico en el que un hombre separa el amor del deseo sexual y divide a las mujeres entre las puras, amadas, no deseadas (madonnas) y las degradadas/deseadas (putas). Quiere decir, una forma de impotencia psíquica en la que tales hombres que aman no tiene deseo, y donde desean no pueden amar. Se relaciona con el complejo de Edipo: él, no puede separar a su pareja de la figura materna…
La descrita es otra de las secuencias capitales de Toro salvaje y una de las que lo ungirán en el panteón de los filmes sobre deportes: ocupa el #1 en la lista del American Film Institute, entre los 10 mejores filmes del género deportes (5); en el puesto #6 figura The Hustler (1961), de R. Rossen, El buscavidas o El audaz, filme sobre el cual MS hizo el remake al que tituló El color del dinero (1986): uno y otro con P. Newman. En ambos, éste es Eddie Fast Felson: en el original, el arrogante billarista busca vencer al legendario Minnesota Fats (Jackie Gleason); en la réplica, ya retirado/oxidado, vuelve a desenfundar su balabushka (6) y va al camino, a la usanza de los buenos viejos tiempos, junto al joven y sobrador aprendiz de buscavidas V. Lauria (T. Cruise). Pero, lo del deporte, el boxeo, en Toro salvaje es un pretexto para no darle valor a la figura que lo encarna: Vicky, quien acaba por dar el KO postrero del filme cuando despide a aquél fulano que no sabe buscarse la vida por ser un esclavo de la ira.
Antes del fin, Toro salvaje es un filme sobre el patriarcado y el machismo antes que sobre el boxeo o, si se prefiere, un filme que tras el pretexto del boxeo pretende ocultar el valor y el papel inusitados de una mujer dentro de la estructura familiar, asunto crucial (no sólo) en la italiana y en la ítalogringa a la que pertenece MS: el valor y el papel, se reitera, de Vicky Thailer, ya no LaMotta, pues se ha divorciado del macho alfa y de sus prejuicios y manías. Nadie debe extrañar, por ello, que la actriz Cathy Moriarty (n. en NY, 1960) haya aparecido muy poco dentro del mapa fílmico de su país luego de actuar en Toro salvaje: sólo 43 obras dan cuenta de su trabajo con directores de poco renombre (si se exceptúa a Sidney Lumet, el olvidadizo a la hora de contar la historia real de J. Johnson) (7): son ellos, Ivan Reitman, Harold Ramis, James Mangold, Richard Ayoade. También ha hecho parte de series de TV, casi todas de índole criminal, muy a tono con el espacio y el país en los que vive y se mueve.
En conclusión, como en otras piezas de MS, las palabras clave son culpa, violencia, redención (8) y pecado, aquí cruzadas por términos como celos infundados, bronca irracional, inseguridad sexual, y desde luego vanidad, misoginia, machismo, patriarcado, que arrastran con las pocas virtudes de que hace gala LaMotta en tanto humano. A toda hora es presa de una idea/fantasía: Vicky se la juega con Joey, pero ambos son inocentes pues no hay indicio alguno en contra: todo ocurre en su cabeza desviada por el prejuicio personal y social, por su furia in crescendo a la par de su paranoia, por su acusación a Joey de traicionarlo con Vicky, a quien le dice: ‘Quizás no sabes lo que quieres decir’, luego de que su juicio se disuelve en el ácido de la locura cuando le dice a Joey: ‘Si pierdes, ganas; si ganas, ganas; de cualquier forma, ganas’. Como si le hablara a Trump y a sus EE.UU de bolsillo, al imperio sionazista y sobre la bellaca/desmedida invasión a Irán, y la secuela asquerosa de 168 niñas asesinadas (9).
De ahí el contundente e irrefutable discurso del representante de Irán ante la ONU, Amir Saeid Iravani, y sus advertencias a Hitler Trump sobre los efectos inmediatos si no para su agresión sobre la República Islámica de Irán (10) o las declaraciones del embajador de Irán en Colombia, Ahmad Reza Kheirmand, con las que sentencia: ‘No tenemos ninguna esperanza, ya murió el [DIH]’ (11). Luego del necesario paréntesis, resta decir que, pese a la apariencia, no es Jake quien lleva la batuta en Toro salvaje sino MS, quien desde niño siempre vio todo desde arriba en Little Italy para con ello, y por eso, limitarse a describir los hechos sin juzgar a nadie, a mostrar las personas tal como son, sin el prurito del engañoso carisma, y las situaciones sin intervención manipuladora alguna, así todo resulta como ocurre y no como se quisiera ver: entonces, la culpa de Jake frente a Vicky se refleja en sus inesperadas sospechas. En sus reacciones de irritabilidad que por desencajadas acaban por fastidiar a todo el mundo.
Ahora bien, la culpa frente a Joey inicia con su pecado al dudar del propio código de lealtad filial italiano, tan rotundo de suyo desde la órbita mafiosa siciliana, tal como le dice Joey cuando lo acosa para que confiese: y no lo que pasa, sino lo que él, en su extravío mental, quiere como respuesta. Dichos diálogos fraternos espejean la niñez de MS en Corona, Queens, como cuando Jake le señala a su mujer que asar mucho el bife frustra su propio propósito: equivalente justo a lo que para E. Zuleta es la contrafinalidad: el proponerse una cosa y acabar haciendo otra, con sus efectos inherentes: negativos, claro. Así, sólo en una inteligencia y un corazón profundos resultan inevitables el dolor y el sufrimiento, aunque creo, a diferencia de Dostoievski, que los seres grandes no tienen por qué cargar con tristeza alguna, así de hecho sea para que puedan crecer: o que sufrir no cuenta tanto como ser sujeto de grandeza/sensibilidad e inteligencia, además de tener un resuelto espíritu de cooperación…
La bestialidad de los eventos pugilísticos hacen que ante el búfalo del Bronx, Jake La Motta, resulte un buey manso el arrogante Rocky. Los impactos sordos de la b.s.o. dan relevancia a los golpes de los púgiles. MS y su equipo de utileros usan esponjas dentro de los guantes y tubos en su cabello para que broten chorros y salpicaduras de sudor y sangre. Si bien es uno de los filmes más lúbricos sobre boxeo, jamás lo sería desde la óptica de los nexos sexuales entre Jake y Vicky. Rodar Toro salvaje en b/n obedece a la resistencia de MS para hacer una exhibición nada ética y harto impúdica al mostrar tanta sangre por vía del color: de ahí que opte por una inconfesa cuña. La de recurrir al chocolate Hershey’s para que fuera usado como sangre a fin de que se viera menos fea, si no mejor, en un filme hecho en b/n. Ya mayor, calvo y pasado de peso, Jake da lecturas por unos verdes, gerencia un Night Club, presenta en un burdel de Streaptease en Manhattan. De Niro interrumpe el rodaje y se va a Francia e Italia…
En efecto, a comer spaghetti hasta que la panza le rebase el cinturón (12), lo que no es sólo una descripción sino un estado anímico, preñado de anomalías. Como la final, una que produce más que tristeza, una depresión sin fondo, cuando Jake ve a Joey en un parqueadero y lo persigue, abraza, besa en la frente, o así parece, pero ya no son hermanos: son ahora dos desconocidos que han conculcado la empatía, la sinergia, el más estrecho vínculo fraternal. Jake, como M. Ali, se deja pegar para que el dolor no pare, y no propiamente en un gesto masoquista, sino como señal de que, pese a toda huella de sadismo que lleve, aún sigue vivo: vivo y coleando (jamás con u). Pero, a diferencia de Jake, M. Ali se deja pegar, primero, para después del séptimo u octavo round renacer y aniquilar a su rival, sin sadomasoquismo de por medio (13): lo que al filo del tiempo, por contraste, redunda en el Parkinson que lo sacó del mapa de la existencia. Así, ser grande/sensible e inteligente es lo que cuenta: no tanto, sufrir…
La violencia intrafamiliar, antes que la del boxeo, marca la autodestrucción de Jake LaMotta. Su fe religiosa va de la mano con su ira machista y sus celos sexuales. La búsqueda sin sentido de fama y éxito llevan al boxeador al fracaso, evento parecido al que experimenta Pupkin respecto a Langford en El rey de la comedia: a la postre, no hay redención para ellos, salvo culpa y violencia. La puesta en escena y algunos de los temas que explora Toro salvaje: angustia, ansiedad, furia infinita, narcisismo, intolerancia, desamor, son comunes al guionista, al director, al protagonista y corren en paralelo con las cuitas de MS por su adicción a las drogas y al alcohol. Así como el boxeo cede a la violencia doméstica, la figura suprema no es Jake sino Vicky: en un filme machista una mujer se alza para desoír al patriarca y ser ella misma. Acto que se sella con su radical postura ulterior: parar de sufrir junto a un sujeto intolerante. El que en la vida real le costó a Cathy Moriarty su salida del Nuevo Hollywood…
Dedicado a quien jamás he visto dándose golpes con nadie, sino luchando con sus virtudes, para hacerse cada día mejor y más grande, como Ali: a nuestro adorado hijo Santiago.
Notas, enlaces y bibliografía:
(1) Apple TV, T1 E3 de la serie de Rebecca Miller sobre Martin Scorsese (serie de 5 episodios).
(2) https://rebelion.org/the-last-waltz-1978-un-filme-para-ver-a-todo-volumen-a-fin-de-no-escuchar/
(3) https://www.espinof.com/criticas/martin-scorsese-toro-salvaje-luchando-contra-uno-mismo
(4) https://rebelion.org/el-intento-por-seguir-luego-de-perder-un-hijo/
(5) https://es.wikipedia.org/wiki/AFI%27s_10_Top_10
(6) George Balabushka (1912-1975) fue un tallista y empresario n. en Rusia, quizás el fabricante de tacos de billar más prominente de la historia y a quien se apodó el Stradivarius de los fabricantes de tacos.
(7) https://rebelion.org/la-ley-del-talion-y-la-ambiguedad-artistica/
(8) https://rebelion.org/culpa-violencia-y-redencion-en-tres-de-sus-filmes/
(9) https://www.youtube.com/watch?v=9hgwwyK35CQ
(10) https://www.youtube.com/watch?v=7fAV1d88pWU
(11) https://www.youtube.com/watch?v=ZjX6CoDZcPE
(12) https://www.espinof.com/criticas/martin-scorsese-toro-salvaje-luchando-contra-uno-mismo
(13) Ver pelea con Foreman en Zaire, 1974. https://www.youtube.com/watch?v=3l7MsNGuolY
FICHA TÉCNICA: Título original: Raging Bull. En castellano: Toro salvaje. País: EE.UU. Año: 1980. Gén.: Drama / Comedia negra / Biográfico / Nuevo Hollywood / Deportes. For: 35 mm; b/n; 129 min. Dir.: Martin Scorsese. Guion: Paul Schrader / Mardik Martin / MS (sin crédito) / R. de Niro (sin crédito), basados en Jake LaMotta: My Story. Prod.: Irwin Winkler / Robert Chartoff. Mús.: Pietro Mascagni. Fot.: Michael Chapman. Mon.: Thelma Schoonmaker. Int.: Jake LaMotta (R. de Niro); Cathy Moriarty (Vicky Thailer LaMotta); Joey LaMotta (Joe Pesci); Tommy Como (Nicholas Colasanto); Lenora LaMotta, esposa de Joe (Theresa Saldana); Billy Salvy Batts (Frank Vincent); Mario (Mario Gallo); Patsy (Frank Adonis); Charlie (Charles Scorsese); Vendedor de sodas (Michael Badalucco). Prod. y dist.: United Artists. Premios: Oscar y Globo de Oro para R. de Niro y Th. Schoonmaker. Estreno: 19.dic.1980.
Luis Carlos Muñoz Sarmiento (Bogotá, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crítico literario, de cine y jazz, catedrático, corrector de estilo, traductor y, sobre todo, lector. Fundador y director del Cine-Club Andrés Caicedo, desde 1984. Colaborador de El Magazín EE, 2012; columnista, 2018. Su libro Ocho minutos y otros cuentos, Colección 50 libros de Cuento Colombiano Contemporáneo, se lanzó en la XXX FILBO (Pijao, 2017). Mención de Honor por MLK: Todo cambio personal/interior hace progresar al mundo, XV Premio Int. de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (2018). Siete ensayos sobre los imperialismos – Literatura y biopolítica, coautoría con Luís E. Soares, publicado por UFES, Vitória (Edufes, 2020). El libro El estatuto (contra)colonial de la Humanidad, producto del III Congreso Int. Literatura y Revolución, con su ensayo sobre MZO y su novela Changó, el gran putas, lo lanzó UFES, 20.feb.21. Invitado por Pijao Eds. al Encuentro Nal. de Narrativa vista desde las Regiones (Ibagué, 1º a 4 nov.23) Invitado por la UFES al Congreso Literatura, Soberanía Nacional y Multipolaridad (Vitória, 25.nov.23). El 10.abr.2025 salió en Brasil La Fábrica de Sueños – Ensayos sobre Cine, primero de ocho libros por publicarse. Autor en ARC, Rebelión, Magazín de EE, Las2Orillas y traductor/coautor, con Luis E. Soares, en dichos medios. Director del Cine-Club Al Filo del Tiempo, que se emite desde la bóveda interdisciplinaria de La Fábrica de Sueños. E-mail: [email protected]
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