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The Last Waltz (1978), un filme para ver a todo volumen, a fin de no escuchar…

Fuentes: Rebelión

El sabio querrá estar siempre con quien sea mejor que él. PLATÓN

Deja de buscar desesperadamente la aprobación y el reconocimiento externo: sé tu propio espectador, busca tu propio aplauso. SÉNECA

La competencia es la ley de la selva, pero la cooperación es la ley de la civilización. PIOTR KROPOTKIN

El Ciclo El Documental: Padre del Cine, que se emite desde la bóveda interdisciplinaria de La Fábrica de Sueños, por vía del Cine-Club Al Filo del Tiempo, termina con El último vals (1978), de Martin Scorsese. Obra que muestra el último concierto del grupo The Band en el Winterland Ballroom, de San Francisco, celebrado el Día de Acción de Gracias de 1976 (el cuarto jueves de noviembre, mientras en Canadá se festeja el segundo lunes de octubre), con la dirección musical de John Simon, la producción de Robbie Robertson y una larga lista de invitados a partir de los dos primeros, Ronnie Hawkins y Bob Dylan: Eric Clapton, Neil Young, Neil Diamond, Dr. John, Joni Mitchell, Van Morrison, Emmylou Harris, Muddy Waters, Ringo Starr, Ron Wood, Paul Butterfield y Bobby Charles. El filme que se inicia con el intertítulo ‘Este filme debe verse a todo volumen’ tiene su contraparte en el debate oculto entre el baterista y cantante Levon Helm y el cantante que no canta, ya citado, R. Robertson.

Un filme para ver a todo volumen, como se dice al inicio del documental, a fin de no escuchar la procesión que viene por dentro: como la que trae Levon Helm a causa de Bobbie Robertson por haberse autodesignado productor del filme de Scorsese y tácito líder del grupo, siendo que el líder natural de The Band, por su talento y su talante, por su simpatía y carisma, por su carácter de multiinstrumentista, vocalista y baterista es, sin duda alguna, Levon Helm. No obstante, su calidad humana no le dio nunca para reclamar títulos o perjuicio material alguno, sino para debatir con altura su natural ascendencia dentro del grupo. Así, tras la muerte de Rick Danko, en 1999, R. Robertson fue reemplazado en la guitarra, ya que en la voz no hubo necesidad porque siempre cantaba con el micrófono cerrado, por Jim Weider, a quien se ve en diversos conciertos con su discreta presencia, una especie de antítesis del afán protagonista de Robertson, quien a toda hora cita los 16 años del grupo en carretera y ojalá nunca 20. (1)

Don’t Do It o No lo hagas: ‘Sabes que he tratado de dar lo mejor de mí / No lo hagas, no rompas mi corazón / Por favor, no lo hagas, no rompas mi corazón’, dice el primer tema que suena en el documental. Como ya se verá, los temas de las canciones demarcan una época y oscilan entre el dolor, la búsqueda del amor, el viaje, la carretera, la pérdida, el fracaso, los logros, la enfermedad, la violencia, la muerte e incluso el suicidio. El segundo, es Them from The Last Waltz y el tercero Up on Cripple Creek: ‘Y esto de vivir en la carretera se está volviendo bastante viejo / Así que supongo que llamaré a mi abuela y le diré que estaré rodando / Pero tú sabes que muy en el fondo estoy tentado a ir a ver a mi Bessie otra vez’. Hasta que llega el cuarto y uno de los grandes temas de The Band: se habla de Shape I’m In: ‘Acabo de estar 60 días en la cárcel / por el delito de no tener dinero / Ahora estoy aquí de vuelta en la calle / por el delito de no tener adónde ir / Oh, no sabes la forma en que estoy’…

En la medida en que transcurre el concierto de despedida de The Band van apareciendo sus integrantes, sobre todo Robertson, para dar sus impresiones tanto vitales como artísticas, las motivaciones del grupo, su incesante deambular entre Canadá y EE.UU, en particular por NY, adonde ‘llegas por primera vez’, dice Levon Helm ‘y te dan una patada en el culo’ pero luego al volver por segunda o tercera vez ‘te enamoras’. The Band tuvo dos períodos de actividad: entre 1968 y 76 y entre 1983 y 99, cuando muere Rick Danko. En 1986, se había ahorcado Richard Manuel. En su honor, Eric Clapton grabó su álbum Holy Mother ese año. El quinto tema que suena en Winterland es Who do You Love o ¿A quién amas?, con Ronnie Hawkins: ‘Desde el inicio del tiempo / el hombre ama a una mujer / la mujer ama a un hombre / esa es la forma en que debía ser / a través de las páginas / a través de los libros / de nuestra historia’. Como puede verse, son letras muy simples, directas y una buena dosis de vitalismo.

El sexto tema es It Makes No Difference o Eso no hace la diferencia, creación de Robbie Robertson: ‘No importa adónde voy / No puedo superarte y la llama sigue ardiendo / No hace la diferencia de noche o de día / […] Sin tu amor no soy nada en absoluto / como una sala vacía es una caída solitaria / desde que te fuiste es una batalla perdida / una estampida de ganado / ellos sacuden las paredes’. En el séptimo el poeta M. McClure introduce Los cuentos de Canterbury, de Geoffrey Chaucer. El octavo tema es Such a Night o Qué gran noche: ‘Me dejas saber que esta era mi ocasión / Pero viniste con mi mejor amigo Jim / Y aquí estoy tratando de robarte lejos de él / Oh, pero si no lo hago sabrás que alguien más lo hará’. El noveno, Helpless o Indefensos, de y con Neil Young: ‘Hay una ciudad en el norte de Ontario / sueño comodidad memoria desesperación / y en mi mente todavía necesito un lugar para esconderme / Todos mis cambios estaban allí’. Neil Young canta también Four Strong Winds.

El décimo es Stage Fright o Pánico escénico, del álbum homónimo (1970), tema compuesto por Robertson y cantado por Danko: ‘Ahora en lo profundo del corazón de un niño solitario / que sufrió tanto por lo que hizo / ellos le dieron a este arado su fortuna y fama / desde ese día no ha sido el mismo / al ver al hombre con el pánico escénico / solo, parado allí para dar todo su poder’. El # 11, The Weight o El peso, con The Band y The Staple Singers: ‘Arrastrado a Nazaret me sentía medio muerto / sólo necesitaba un lugar dónde recostar mi cabeza / oiga, señor, ¿puede decirme dónde puede un hombre hallar una cama? / él sólo sonrió con la mano, no, fue todo lo que dijo / quítate de encima a Fanny / llévate una carga gratis’. El # 12 es The Night They Drove Old Dixie Down o La noche que derrotaron al viejo Dixie, un tema de Robbie que apareció en el segundo álbum homónimo, de estudio, del grupo en el año 1969. Dixie es una derivación de los billetes de USD $10, por el francés Dix impreso en ellos. (2)

La canción relata los días postreros de la Guerra Civil y sus efectos. Virgil Caine, soldado confederado, ‘sirve en el tren de Danville’, principal línea de suministro de Richmond, Virginia, capital de los sureños Estados Confederados de América. La Armada de North Virginia, al mando del Gral. Robert E. Lee, se mantenía firme en torno al ‘asedio de Petersburg’ a fin de mantener intacta la línea de suministros de la capital confederada. Una ofensiva militar del Gral. unionista George Stoneman ‘rompió la línea de nuevo’ (lo relata el verso Tore Up the Track Again), lo que hace que las tropas de Lee mueran de hambre al final de la batalla. Además, Virgil relata la muerte de su hermano por los yanquis: ‘Orgulloso y valiente, tan sólo tenía 18 años / pero un yanqui lo puso en su tumba’. Aunque el crítico Ralph Gleason lo alabe, el tema no acierta en el enfoque dado por su autor Robertson, como quiera que el propio Levon Helm le dice que no puede citar a Lincoln: ‘No puedes hacer eso’.

Robertson dice que, desde la óptica sureña, era como: ‘¡Hey!, este es el tipo que intentaba decirnos que no podíamos tener esclavos’. El error radica en que Lincoln tenía su séquito de esclavos, no era antiesclavista y firmó la Emancipación bajo una ‘necesidad militar’ y otra económica basadas en la presión nordista y eso se sostiene en La revolución negra en los EE.UU: 1. El decreto firmado por el Gral. abolicionista John C. Fremont que concedía la liberación a esclavos del Missouri, lo revocó Lincoln por miedo a ‘alarmar a los amigos que tenemos en el Sur’. 2. Un dirigente abolicionista, Wendell Phillips, definió a Lincoln como ‘el perro de esclavos llegado de Illinois’: el perro para la caza de esclavos. 3. Lincoln no se limitó a los racistas enunciados sobre ‘la irreparable inferioridad de los negros’ pues casi toda su política se vio condicionada por la exigencia de restablecer la Unión. ‘El resultado final fue que no se propinó al racismo un golpe mortal, puesto que dura hasta nuestros días’. (3)

El # 13 de El último vals es Dry Your Eyes o Seca tus ojos, de Neil Diamond: ‘Ven y seca tus ojos / nos enseñaste más acerca de vivir de lo que nunca nos preocupó saber / y vinimos a aprender un secreto y nunca lo dejamos ir / y era más que ser santo y era menos que ser libre / y si no puedes recordar la razón, ¿puedes oír a la gente ver / justo a través del rayo y el trueno, al lado oscuro de la luna?’ Tema pop que no le gustaba a Helm porque quien lo cantaba no tenía conexión alguna con The Band ‘salvo la existente’ vía ‘Robertson, quien produjo su álbum Beautiful Noise (1976). El # 14, Coyote, con Joni Mitchell: ‘Ese coyote está en mi puerta / me acosa en un rincón y no acepta, ¡no! / me arrastra a la pista de baile / y bailamos cerca y lento / ahora tiene una mujer en casa / otra al final del pasillo / parece, me quiere de todos modos / ¿por qué tienes que emborracharte tanto?’ También, Shadows and Light: ‘Cada imagen tiene sus sombras / y alguna fuente de luz / Ceguera, ceguera y vista’.

Furry Sings the Blues o Peludo canta el blues, también con Joni. El # 15 es Mistery Train o El tren del misterio, de/con Paul Butterfield y su armónica: ‘El tren llega, son 16 vagones de largo / el tren llega, son 16 vagones de largo / bien, ese largo tren negro tomó a mi nena y se fue’. El # 16 es I Am a Man (Mannish Boy) con Muddy Waters, una de las glorias del blues y de quien por uno de sus temas se presume The Rolling Stones se llaman así: la otra versión, la verdadera al parecer, es que proviene del dicho celta: ‘A las piedras rodantes no se les pega el musgo’ y de eso dan fe los viejitos Mick Jagger, Keith Richards, Ron Wood y la dio hasta su muerte Ch. Watts (1941-2021). Aunque, el que es un hombre no necesita decirlo y ese es el caso de otro tema machista: ‘Soy un hombre / soy un amante nato / ¡soy un hombre / soy una piedra rodante / […] A todas las chicas / sentadas en esa línea / puedo hacerles el amor, dulzura / en sólo cinco minutos’. La exaltación del grupo en este tema no tendría discusión…

El # 17 es para All Our Past Times: ‘Todos nuestros tiempos pasados deben ser olvidados / todos nuestros tiempos pasados deben ser borrados / no me importa cuánto cueste / porque no cuento la pérdida / mientras pueda ver tu cara otra vez’; y Further On Up the Road, otro tema de revancha: ‘Más adelante, alguien te va a lastimar como tú a mí / más adelante, alguien te va a lastimar como tú a mí / más adelante, en el camino, nena, espera y verás’, con Eric Clapton. El # 18 es Evangeline, con The Band y Emmylou Harris: ‘Ella se encuentra en las orillas del poderoso Misisipi / sola en la pálida luz de la luna / esperando a un hombre, jugador de barco fluvial / dijo que volvería esta noche’. El # 19 es el citado The Weight y Chest Fever y The Last Waltz Suite, con The Band. El # 20 es Ofelia la de Hamlet que, en época de Shakespeare y su Otelo, culmen de los celos, se escribía con ph: ‘Tableros en la ventana, correos por la puerta / […] Ophelia, ¿adónde te has ido? / El viejo vecindario no es lo mismo’.

El # 21 es Tura Lura Lural (That’s an Irish Lullaby) y Caravan (no confundir con el jazz de Juan Tizol atribuido a Duke E.): ‘Y la caravana está en camino / puedo escuchar a los alegres gitanos jugar / mamá, mamá, mira a Emma Rose / ella está jugando con la radio / la la la la’. El # 22 es Loud Prayer u Oración en voz alta, un padrenuestro más creíble que el inventado para atemorizar: ‘Nuestro padre cuyo arte está en el cielo / hueco sea tu nombre a menos que las cosas cambien / tu peluca viene y se va / tu voluntad será deshecha / en la Tierra como no es en el cielo’. El # 23 es Forever Young o Joven por siempre, con Bob Dylan, quien a fines del verano del 65 buscó una banda telonera para su primera gira ‘eléctrica’ por EE.UU, luego de dejar el Folk y publicar sus trabajos pioneros de Rock. El cantante John P. Hammond le recomendó a The Hawks, uno de los tantos nombres antes de The Band, ya que él había trabajado con L. Helm, G. Hudson y Robertson a inicios de año en su álbum So Many Roads.

Mary Martin, a su vez, secretaria del productor y agente Albert Grossman y amiga del grupo, sugirió a Dylan ver a The Hawks en el club Le Coq d’Or Tavern; no obstante, según Robbie R., Dylan los vio inicialmente en Friar’s Tavern. Luego de escucharlos, Dylan invitó a Helm y a Robertson a sumarse al grupo. Tras dos conciertos, recomendaron a Dylan contratar al resto de halcones en razón de la cooperación grupal, cosa tan inusual cuando de por medio hay afán de lucro. Dylan tranzó y el grupo fue receptivo pues sabía que su respaldo les mostraba una luz, así a la vez se preocuparan por la diferencia de estilos: mientras The Hawks era un equipo de R&B y R&R, reconocían a Dylan como exponente del Folk acústico y de la canción protesta, v. gr. Masters of War, A Hard Rain’s a-Gonna Fall, Hurricane y fuera de eso desconocían los alcances del reconocimiento internacional obtenido ya por Dylan: lo que, eso sí, todo hay que decirlo, con el tiempo derivó en un inmerecido Nobel de Literatura.

Al fin y al cabo, los sonidos son una cosa que llega ya, por la emoción, y las letras otra puesto que requieren pasar por el cerebro y ser decodificadas por la coherencia. Volvamos a Forever Young: ‘Ojalá que todos tus deseos se hagan realidad / Ojalá siempre ayudes a los demás / Y dejes que otros te ayuden a ti / Ojalá construyas una escalera hasta las estrellas / Y subas todos los peldaños / Ojalá permanezcas siempre joven / Siempre joven, para siempre joven / Ojalá permanezcas siempre joven / […] Ojalá crezcas para ser justo / Ojalá crezcas para ser sincero / Ojalá siempre conozcas la verdad / Y veas las luces que te rodean / Ojalá siempre seas valiente / Te pongas derecho y seas fuerte / Ojalá permanezcas siempre joven’. El # 24 es Baby Let Me Follow You Down o Cariño, déjame seguirte hacia abajo, con Bob Dylan: ‘¿Puedo ir a casa contigo? / Cariño, ¿puedo ir a casa contigo? / Sí, haría cualquier cosa en este mundo todopoderoso / Si me dejas volver a casa contigo / Cariño, déjame seguirte’. […]

El # 25 y final, con el que cierra The Band su despedida parcial en el Winterland Arena es I Shall Be Released o Voy a ser liberado, con grupo e invitados juntos celebrando la comunión profana de la música, el único lenguaje universal y el más rápido que existe para invadir sin resistencia a los sentimientos, esos poderosos proletarios que tanto ennoblecen sin necesidad de títulos o cargos o pedigrí y que tanto posibilitan viajar sin salir de casa o a quedarse en ella viajando sin pagar tiquete alguno: ‘Dicen que cualquier cosa puede ser reemplazada / Sin embargo, cada distancia no está cerca / Así que recuerdo todos los rostros / De todos los hombres que me pusieron aquí / Veo que mi luz viene brillando / Desde el Oeste hasta el Este / Cualquier día ahora, cualquier día ahora / Me liberarán […] De pie a mi lado en esta multitud solitaria / Es un hombre que jura que no tiene la culpa / Todo el día lo oigo gritar tan fuerte / […] que lo incriminaron / Veo que mi luz viene brillando / Cualquier día ahora, me liberarán’.

Al margen de ciertas inconsistencias argumentales, de la precariedad en la mayoría de letras, del prurito protagónico de Robertson, saldado por contraste con la sabiduría (salvo al hablar de Lincoln) y la buena onda de Levon Helm, los conflictos al cabo insalvables entre uno y otro aun con el postrero perdón mutuo, el documental The Last Waltz es una oferta imborrable de memoria histórica y musical pero con poca, eso sí, conciencia política sobre una época tan dura como la que vivió el grupo The Band. El mismo que, de acuerdo con Richard Manuel tuvo antes nombres como el citado The Hawks, luego The Honkies, en fin, The Crackers antes de pasar a ser The Band por su contacto con Bob Dylan durante los años que pasaron con él en Woodstock y los seis años que vivieron allí como grupo estable. El documental alterna los temas de concierto con escenas de estudio y entrevistas que Scorsese y Robertson acordaron para recuperar historias del grupo, aficiones musicales y vitales: igual, anécdotas.

Como la llegada de ellos a NY, su gusto por las chicas, el miedo a salir de noche, la entrada de Garth Hudson al grupo a cambio de que por no perder el respeto familiar sus integrantes le pagaran USD $10 cada uno y fuera así su ‘profesor’. También, la de haber tocado en un club que se quemó y que fue propiedad de Jack Ruby, el asesino del falso asesino de JFK; o la de hacerse dueños de unos estudios de grabación con nombre chino, Shangri-La, que antes fue un burdel; en el documental, Rick Danko se los muestra a Scorsese y pone una cinta grabada con Sip the Wine, que el propio bajista publicó dos años después de su primer álbum de estudio en solitario (4): ‘Quiero acostarme a tu lado / Quiero tener tu cuerpo cerca del mío / Como una uva que crece madura bajo el sol / Llega un momento en que debemos sorber el vino / […] Cierra los ojos y no pienses en nada / Deja que tus pensamientos sigan dentro de esta habitación / Pon tu cabeza junto a mí en la almohada / y compartiré esta noche contigo’.

En su biografía This Wheel’s on Fire, Levon Helm elevó sin tapujos sus quejas en torno a la forma en que Scorsese enfocó The Last Waltz, quizás por la presión tácita que sobre él pudo ejercer quien lo contrató para dirigir el documental: el propio Robbie Robertson. Por ello, Helm escribió que ambos ‘conspiraron para crear una imagen falsa de The Band como un grupo liderado por Robertson, cuando en realidad el grupo no tuvo un líder consolidado’. Con respecto a la crítica, subrayó que Robbie, parte de los coros en el documental, actuó frente a un micrófono apagado en la mayoría del concierto como era habitual durante las giras del grupo puesto que sólo él, Helm, R. Danko y R. Manuel cantaban. Helm critica de modo áspero a su excompañero por tomar el liderazgo sin consenso y aprovecharse de peleas internas y males psicológicos de Manuel, quien en 1986 se suicidó: su último interlocutor, antes de libar una botella de Grand Marnier e ingerir cocaína hasta sangrar, fue justo Helm…

Por último, Helm también criticó el documental por la casi nula aparición, preciso, de Richard Manuel y Garth Hudson, el ‘profesor’ del grupo, como ocurre en el último tema, con la participación de todos los invitados, I Shall Be Released, en el que Manuel pasa a segundo plano. También, se quejó porque Manuel, Danko, Hudson ni él, Helm, jamás recibieron regalía alguna por la comercialización del documental ni de la b. s. o.; como si ello fuera poco, el productor musical John Simon coincidió con las críticas de Helm y agregó que, con excepción de la batería y la voz de Helm, la mayoría de la partitura original fue sobregrabada con nuevas pistas en el estudio. Así, no sobra recordar que Levon Helm acabó por definir el documental The Last Waltz con una franqueza que permite hasta la grosería manifiesta, como ‘la mayor puta estafa que sufrió The Band’, lo que de suyo parece mostrar que hubo otras más. Pese a todo, Robertson retomó su amistad con Levon hasta muy poco antes de su muerte.

Muerte, la de Helm, ocurrida el 19.abr.2012 luego de una lucha que venía dándole al cáncer de hígado desde 1996, para sucumbir 16 años después al de garganta. (5) En esa lucha capitalista por quién se hace más rápido a los bienes del Otro, de los otros en el caso de The Band, sin duda Robbie Robertson encarna la ley de la selva, mientras Levon Helm simboliza la ley de la civilización: la de la cooperación, es decir, la que en EE.UU han representado históricamente los negros. Quizás por ello, no es gratuita la afinidad de Levon Helm con el blues, el bluegrass y el R&B, todas expresiones de los más puros músicos afroamericanos. Lo que sintetiza el Jazz como muestra de que la excelencia, según decía Aristóteles, nunca es un accidente, sino el resultado natural del alto compromiso, el sincero esfuerzo y una inteligente ejecución, en este caso, mejor, de una sabia interpretación. Lo que de paso certifica la sentencia de Camus: ‘Los pensamientos nunca son honestos. Las emociones, sí’.

Mientras Robbie buscó con desespero ser aprobado y reconocido, Levon H. fue fiel a buscar su propio aplauso y a ser su propio espectador, quizás como quien recuerda a Hesse: ‘No hay nada que buscar por fuera’. O sólo hay que buscar por fuera cuando se admira a alguien, como hace Eric Clapton, uno de los invitados a The Last Waltz, cuando declara que su favorito # 1 es B. B. King, guitarrista y cantante de blues. Asunto recurrente, en conclusión, de Robbie Robertson frente a Martin Scorsese es que el concierto de despedida, pasajera, de The Band señala el fin de un periodo de 16 años en la carretera, con referencia a los años en activo del grupo: ‘Eso es The Last Waltz. Dieciséis años en la carretera. El número comienza a asustarte. Quiero decir, no podría vivir veinte años en la carretera. No creo ni que pudiera discutirlo’. De lo poco discutible en este magno documental sería el lastimoso choque entre Levon Helm y Robbie Robertson a causa del liderazgo asumido por éste sin consenso previo.

Y es que jamás estuvo a la altura del sabio, sino más bien cerca del necio, el que olvida que la jornada más lucrativa de un ser humano comenzó el día en que naufragó y perdió toda su fortuna, como decía Zenón de Cítio. El necio Robbie no quiso estar siempre con el sabio Levon, quizás porque su vanidad le impidió convencerse de que era mejor que él, tenía una mayor conciencia de grupo, un altísimo nivel musical y, por encima de todo, un carácter y un carisma que tal vez por tener a toda hora apagado el micrófono le hizo imposible expresar sus más recónditos sentires. Los que por contraste el terco Helm siempre estuvo dispuesto a brindar a su familia, a sus allegados y a sus fanáticos en la certeza de que quien oye a todo volumen su propia película de la vida, a fin de no escuchar la procesión que viene por dentro, se pierde los sonidos de la armonía, la hermandad, la verdadera compañía: el que debería saber que todo aquello a lo que cierra los ojos sólo sirve para que sea/mos derrotados al final.

A Santiago, hijo adorado, mi partenaire vital, literario, cinematográfico y musical. So What?

Notas, enlaces y bibliografía:

(1) Como se ve al inicio y al final del documental The Last Waltz.

(2) CLAYTON, Peter / GAMMOND, Peter. JAZZ A-Z, Taurus, Madrid, 1990, 317 pp.: 103 a 105.

(3) CALDERAZZI, Antonio Massimo. La revolución negra en los EE.UU. Bruguera, Barcelona, 1970, 331 pp.: 40 a 54.

(4) https://www.letras.com/rick-danko/1527495/

(5) https://www.rollingstone.com/music/music-news/levon-helm-drummer-and-singer-of-the-band-dead-at-71-202155/

FICHA TÉCNICA: Título original: The Last Waltz. En español: El último vals. País: EE.UU. Año: 1978. Formato: 35 mm; color; 117 min. Gén: Documental / Musical. Dir.: Martin Scorsese. Guion: Mardik Martin. Prod.: Robbie Robertson. Mús.: The Band. Fot.: Michael Chapman. Mon.: Jan Roblee / Yeu-Bun Yee. Escenografía: Anthony Mondell. Int.: Robbie Robertson; Rick Danko; Levon Helm; Garth Hudson; Richard Manuel; Eric Clapton; Dr. John; Joni Mitchell; Paul Butterfield; Bobby Charles; Neil Diamond; Ronnie Hawkins; Bob Dylan; Van Morrison; Emmylou Harris; Neil Young; Ringo Starr; Ron Wood. Prod.: United Artists. Dist.: 20th Century-Fox. Premios: Premios del Círculo de Críticos Cinematográficos de Kansas: Mejor Documental (1979); Premio a Mejores Comentarios para Martin Scorsese y Robbie Robertson.

Luis Carlos Muñoz Sarmiento. (Bogotá, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crítico literario, de cine, de jazz, catedrático, conferencista, corrector de estilo, traductor y, por encima de todo, lector. Colaborador de El Magazín Cultural de EE, 5.jun. 2012; columnista, 23.mar.2018. Su libro Ocho minutos y otros cuentos, Colección 50 libros de Cuento Colombiano Contemporáneo, fue lanzado en la XXX FILBO (Pijao, 2017). Mención de Honor por Martin Luther King: Todo cambio personal/interior hace progresar al mundo, en el XV Premio Int. de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (2018). Siete ensayos sobre los imperialismos – Literatura y biopolítica, en coautoría con Luís E. Soares, fue publicado por la UFES, Vitória (Edufes, 2020). El libro El estatuto (contra)colonial de la Humanidad, producto del III Congreso Int. Literatura y Revolución, con su ensayo sobre Manuel Zapata Olivella y su novela Changó, el gran putas, fue lanzado por UFES, el 20/feb/2021. Autor, traductor y coautor, con Luis E. Soares, en el portal Rebelión, Magazín EE y Las2Orillas. E-mail: [email protected]

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.