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La Fábrica de Sueños. "Shutter Island" (2010), de Martin Scorsese

Para qué vivir como un Trump/Netanyahu o Uribe…

Fuentes: Rebelión

La historia oficial es una cuestión de creer a los asesinos por su propia palabra. SIMONE WEIL

Cuando la verdad incomoda, la llaman conspiración. HANNA ARENDT

La política es la única profesión en la que se puede mentir, engañar y robar, y aun así ser respetado. MARK TWAIN

El capital es trabajo muerto que, como un vampiro, sólo vive chupando trabajo vivo y vive más cuanto más trabajo chupa. KARL MARX

Alguien dijo que el primer adivino, el primer profeta, fue el primer bribón que encontró a un imbécil. VOLTAIRE

Aquella persona que siempre desea ser un buen hombre, entre tantas  personas no buenas, sin duda sufrirá la ruina. NICOLÁS MAQUIAVELO.  

Desde la bóveda interdisciplinaria de La Fábrica de Sueños, vía Cineclub Al Filo del Tiempo, el Ciclo sobre vida y obra de Martin Scorsese (MS) continúa con La isla siniestra (2010), filme que se promociona como de suspenso pero que va más allá y entra en la zona del terror psicológico, del thriller psicológico o del suspenso o misterio, con la forma convencional de una cárcel mental. Basado en la novela Shutter Island, de Dennis Lehane, con un guion que es un mazazo en el cráneo y, a la vez, posee una ambigüedad que acojona desde su óptica descriptiva y narratológica para, al final, mostrar que lo que se cree normal no lo es tanto, y lo que se considera fantástico tiene un doloroso asidero en la realidad: en los últimos 45’, el puzzle toma forma racional e inteligible, mientras el resto del tiempo presenta una lectura que oscila entre dos polos: vivir como alguien indeseable o morir como un sujeto bueno. Islas de la Bahía de Boston (1954). El barco avanza por el mar, mientras Teddy vomita en el baño… 

Habla con el alguacil Ch. Aule, cuatro años en el oficio. Flashback a Teddy y su mujer, Rachel, ésta, víctima de un incendio en su edificio. Cuatro muertos: el humo y no el incendio la mató. Ahora están en un hospital mental para criminales locos. Viene una tormenta y Daniel y Aule apenas desembarcan. El oficial McPherson los acoge en Shutter Island, conduce a Ashecliffe y les presentará al Dr. Cawley. La tensión sube al saber que hay una prisionera expósita, para Cawley paciente: es un hospital para pacientes intratables, y él mismo ha sido asesor de gente de Scotland Yard, MI5, OSS (1). E. Teddy Daniels no se explica por qué un psiquiatra tiene que consultar a agentes de espionaje. Cawley les dice a los alguaciles que McPherson es buen tipo y que laboran juntos desde hace mucho tiempo. Al preguntar Daniels qué hacen con exactitud, Cawley responde: una fusión moral entre la ley y el cuidado clínico. La prisionera o paciente, una tal Rachel Solando (RS), escapó en las últimas 24 horas: mató a sus tres hijos, detrás de su casa y para ello los sumergió en el agua… 

De entrada, Shutter Island es un viaje a la locura, una crítica al sistema penal y de sanidad y control mental de los EE.UU, una denuncia de la morbilidad y corrupción que carcome al país: hasta la actualidad, la del loco Donald Trump. El marido de Rachel es una víctima de la II GM: murió en las playas de Normandía, el supuesto Día D en el que EE.UU, como tantas otras veces, salvó al mundo del comunismo: aunque fuera la URSS la que salvó a Europa y al mundo de las garras del águila yanqui. Aún hoy, Rachel cree que sus hijos están vivos en los montes Berkshires. En la letra de Rachel Solando (RS) se ve: La Ley de 4. ¿Quién es el 67…? Entre siete carceleros que jugaban cartas, Rachel se evaporó: claro, a conveniencia del Estado. Por eso es que la historia oficial registra a los asesinos por su propia voz, pero nunca la divulga, para protegerse de quienes dicen la verdad, es decir, a quienes termina por acorralar. Hasta aquí el plot o arco dramático del filme no tiene fisuras ni le falta o sobra algo. 

Todos los cabos sueltos hasta ahora pueden, de repente, armarse como un puzzle mental y todo casa. Dr. Sheehan, psiquiatra, fue el médico de atención primaria de Rachel, supervisó su cuidado y la acompañó en terapia de grupo. Ella se preocupaba por la lluvia y odiaba la comida, de la que se quejaba mucho: una rebelde sin remedio, a la que había que callar. Sheehan no está: se fue en el transbordador esta mañana. El alguacil Aule le pregunta a Cawley por qué deja que, ante semejante crisis, aquél se vaya de vacaciones. Aparece el nazi J. Naehring y disiente de los alguaciles sobre los hombres de violencia, no hombres violentos

Eso es otra cosa, dice Naehring y trae a colación la IIGM, Dios, la legalidad o ilegalidad del inmigrante, etc. Teddy vuelve a la Ley de 4, Leitmotiv del filme, y quién es el 67, que luego se aclara. Él y Chuck piensan en abandonar la misión: buscar a la prisionera o paciente, RS. De pronto, Aule cree que no sabe: nunca había dejado algo a la mitad. Ahora lo va a hacer, sin… 

Todo, claro, debido al negacionismo oficial de Cawley y Naehring sobre dar la información requerida para seguir la investigación: No hemos oído la verdad ni una sola vez, recuerda T. Daniels. Rachel no se escapó de su celda, descalza, sin apoyo; él cree que tuvo mucha ayuda. Flashback al tornamesa, otro Leitmotiv: con él, Teddy va a la guerra, a su esposa que le reclama por estar ebrio a toda hora, y sobrio muy pocas, mientras la culpa lo azota por tantos que desvivió. Su esposa le dice que ella no es real y que Rachel aún sigue por ahí. Nunca se fue. De cara a la ventana su espalda se ve calcinada por el fuego. Sólo soy unos huesos en una caja, dice. Pese a la prueba verbal, se impone el efecto dramático del guion, a esta altura cadáver no tan exquisito. Las cenizas pueblan el espacio, visto en picado: No me voy a ir y tú estás aquí, dice Teddy en su delirio, pero ella lo aterriza: No lo estoy. Tienes que aceptarlo. Entra Bridget Kearns, quien según Teddy parece bastante normal entre los demás pacientes… 

Pero, ella dice tener sus días oscuros, como todos, supone. Pero, asegura, pocas matan a sus maridos a hachazos. Evoca a Rachel como alguien normal que mató a sus tres hijos, creía vivir aún en las Berkshires y éramos sus vecinos. Los lecheros y carteros. Mensajeros, añade Teddy, quien se pregunta si esa noche estuvo el Dr. Sheehan. , dice Mrs. Kearns, habló del enojo, y cuenta que es buena persona, amable, medio guapo, diría su madre. Nunca intentó seducirla: en fin, un buen doctor. Teddy le pregunta por el paciente A. Laeddis. Y luego le dice a Aule que AL era un mozo del edificio donde vivía con su esposa. Le puso un fósforo, era un pirómano: en fin, causó el incendio que la mató. Luego, Teddy recuerda que cuando cruzaron las puertas de Dachau, los guardias nazis se rindieron. Él ayudó a liquidarlos contra los alambres: cosa que sólo está bien, se añade, cuando se trata de gringos o yanquis, asesinos y genocidas. El Cdte. nazi intentó suicidarse, pero cometió un error: tardó una hora en morir… 

Y vuelve el tornamesa, la foto de Hitler y el crimen de los guardias: lo que no fue una batalla, sino una masacre: como las de hoy en Gaza o Irán: o las de siempre. Y siempre con el guiño grotesco de llevar libertad a los pueblos. Va la ironía de Michele Serra: Los [gringos] son muy afortunados, porque allá donde van a llevar la libertad… encuentran petróleo. T. Daniels confiesa a Ch. Aule que está harto de matar, y no vine por eso ahora. Y relata que una vez Laeddis desapareció, investigó sobre Ashecliffe. Muchos saben del Centro, pero nadie habla: como por miedo. El lugar lo financia una dádiva especial del Comité de Actividades Antipatrióticas de la Cámara (CAAC o HUAC, en inglés), cuyo liderazgo se atribuyó durante décadas a J. McCarthy, quien cobró las divisas políticas de una cruzada que comandó Martin Dies Jr., demócrata, el primero y más relevante en darle forma, y el republicano J. Parnell Thomas, quien lideró su etapa más (tristemente) célebre en Hollywood: la que más se vendió. 

Aule, a nombre del CAAC: ¿Cómo combatimos al comunismo desde esta islita? Teddy: Realizando experimentos sobre la mente. Agrega, nadie hablaba, hasta que encontró a un ex paciente del lugar: un universitario, socialista: George Noyce. Él participa en un estudio psiquiátrico: le dan un dentífrico y ve dragones: por poco mata a su profesor en Ashecliffe, Pabellón C, el de pacientes peligrosos. Al año lo sueltan y a los 15 días entra a un bar y mata a tres hombres a puñal. Su abogado alega locura; Noyce se para en la Corte y ruega que lo maten: todo, menos en un hospital mental. Lo condenan a cadena perpetua en Dedham (como ojalá a Varito en Argentina). Por todo lo que contó, queda claro que experimentan con gente, ahí donde Aule y Daniels (en teoría) investigan la desaparición de la presa RS. Aule: ¿Cómo vas a creerle a un loco, jefe?. Teddy: Es lo bello del caso. Son los sujetos perfectos. Hablan, y nadie les hace caso. Yo estuve en Dachau. Vimos de lo que son capaces los seres humanos

Daniels arguye que pelearon una maldita guerra (argumento falaz) y ¿ahora la hacemos [tesis cierta] en nuestra propia patria? Aule averigua qué vino a hacer Ted: A conseguir las pruebas, a volver y a revelar lo que pasa en el Centro de Control Mental, eso es todo. No sobra decir que Daniels es un imbécil encontrado por el primer bribón, Cawley, el primer profeta que pontifica sobre lo divino y nada humano de control mental y lobotomía; después vendrá un segundo profeta/bribón, por ahora incógnito. Aule le recuerda que allí tienen una instalación séptica con barda eléctrica, y pregunta: ¿El Pabellón C está dentro de un fuerte, un jefe de Estado Mayor de la OSS, fondos del CAAC? ¡Este lugar apesta a operaciones del Gobierno! Luego le revela a Daniels algo que podría pararle los pelos a cualquiera: Sólo tuvieron que fingir un escape [el de RS] para traerte. Mientras tanto, el Dr. Naehring en reunión con el equipo médico, dice: Necesitamos encadenar a los pacientes del Pabellón C… 

Cawley: Si las instalaciones se inundan, se van a ahogar. ¡Estás en una isla! Dichas inundaciones enormes pueden ocurrir. Si se va la luz, hay un generador. Si se descompone, las celdas se abren. ¿Adónde irán? Cuando la verdad incomoda a élites, grupos de poder, en fin, al Sistema, sólo eso es conspiración; a los que no conspiran les dicen conspiretas y a los que sí, nadie los conoce: por eso, no les dicen c… He ahí por qué la política es el único oficio en el que se puede mentir, engañar y robar, y aun así no ser condenado sino llamado a asociarse para delinquir, para placer de periodistas, abogados, jueces y empresarios que, gracias al vil metal, jamás son despreciados: y nadie entiende, pero así es la Ley, la que vive en un piso al que no llega la Justicia. De ahí puede inferirse que el capital es trabajo muerto que, cual vampiro, vive sólo de chupar trabajo vivo y su existencia está atada al mayor trabajo que pueda chupar: así que de los trabajadores depende quitar rápido el cuello o la teta.

Cawley: No pueden tomar un ferry y armar líos. Naehring: Tienes razón; es más probable que armen líos acá mismo. Cree que si están encadenados al piso, morirán 24 personas, y le pregunta al Dr. si puede vivir con los efectos. Si dependiera de mí, también encadenaría a los de los pabellones A y B. Aquí se suelta el nudo gordiano del filme: Ted le dice a Cawley que cuando hablaron de RS y la nota sobre La Ley de 4, dijo no saber de qué iba ¿Quién es el 67? Cawley teme no saber aún, ni nadie más. Nada se le ocurre. Teddy simplemente suma: si hay 24 pacientes en el Pabellón C y 42 en los pabellones A y B, o sea, 66 en el Centro… Creo que [RS] insinuaba tener un 67° paciente, Dr. Cawley, reclama. Pero no lo tenemos, expresa éste con sarcasmo, como lo muestran su burlita y su corbatín (a lo Turbay). Naehring y los demás lo apoyan, al preguntar qué hacen ahí Teddy y Aule: Nuestro trabajo, responden al tiempo. Cawley: ¿No les dio McPherson la buena noticia? RS está aquí, sana y salva. Picado.

RS: ¿Qué hacen ellos? ¿Por qué están en mi casa? Cawley le informa que son policías y tienen preguntas. Han visto a un comunista subversivo, pasando folletos. ¿Aquí en este barrio?, pregunta RS con desubicación psicológica, al menos. Cuenta que el día anterior le preparó desayuno a Jim y a sus hijos, le empacó el almuerzo a su esposo y se fue. Después, envió a los niños a la escuela, y nadó un rato en el lago. Luego pensé en ti, en Teddy, quien se disculpa por no saber de qué habla. Le explica lo sola que se ha sentido, y añade: Ya no estás. Estás muerto. Llora cada noche, se pregunta si sobrevivirá y para descontento de Teddy, lo abraza: éste mira para todo lado, como si no fuera con él. Reacciona, le pasa la mano por la cabeza a RS, y le dice: Todo va a salir bien. Yo te enterré; en un ataúd vacío. ¡Tu cuerpo cayó al mar y se lo comieron los tiburones! Mi Jim está muerto. ¿Quién putas eres…? Hasta aquí en el guion viven realidad e imaginación, fantasía y esquizofrenia, en modo proverbial… 

Así, la tensión narrativa no decrece un ápice y deviene un dispositivo muy eficaz para producir gramática dramática: utilizar la técnica de modo óptimo, para describir lo visible y representable. Teddy dice sentirse bien, sólo que la luz brilla mucho, lo cual lleva a Cawley: si es fotosensibilidad, dolores de cabeza continuos, en fin, ¿o se trata de una migraña? Teddy cree no es nada grave, pero se escurre en el acto. Toma pastillas, lo acuestan, ve al alcaide McPherson y le parece un ex militar hijodeputa. No puedo negarlo, dice el enfermero. Y viene la pesadilla y con ello la culpa, porque su hija le reclama que debió salvarla, salvarlos a todos. Luego, en la misma pesadilla, el encuentro con A. Laeddis (2) y su cara cruzada por una cicatriz/cremallera: le pide que no le guarde rencor. Aule lo despierta del trance, le dice que el tiempo corre y se les acaba: cosa que se esfuma tras el grito de RS, quien ensangrentada les pide echarle una mano: la cámara baja y ahí están ya los tres hijos muertos. 

Luego, va al lago con su hija, y vuelve a salir de la pesadilla. Saca del bolsillo La ley del 4. ¿Quién es el 67? Al cuarto temporal de Teddy entra su mujer, ahora empapada, y le cuenta que Laeddis no murió, no se ha ido. Aún sigue aquí, necesita que Teddy lo halle y lo mate. Éste asiente, antes de despertar de nuevo, entre el murmullo de los otros y de Aule que pregunta por él. Pero, la maldita migraña no lo deja. Aule le cuenta que el generador falló y todos enloquecieron. Ambos, van por primera vez al Pabellón C y allí un oficial les dice: No han oído un carajo, eufemismo por Omertà o Ley del Silencio siciliana, mafiosa: No vi nada, no oí nada, no digo nada. El suspenso avanza y Teddy siente/huele a Laeddis: significa que la palabra crea sentido y es acción, y creadora de drama como la imagen: la de quien lo coge por el cuello en la escalera aterra tanto como su propio mundo o el exterior, por el que se resiste a irse, por qué hacerlo si oímos cosas del mundo de afuera sobre atolones y bombas H. 

Aule quiere saber dónde está Teddy: éste le da cabida al chiste flojo sobre cómo funciona la bomba de h… El loco le explica que ellas explotan, pero la de H, no: peor, implota y crea una explosión a la millonésima potencia. Un oficial cuenta que Teddy y Aule cogieron a Billings, pero no se trata de matarlos, como le hizo saber Aule a su colega. Para el oficial Cawley va a crucificarlo por ello. Teddy cree hallar a Laeddis, pero es Noyce y piensa que no está e ignora cómo lo sacaron de Dedham. Noyce cree que nunca se irá de ahí. No estás investigando nada. Eres una maldita rata en un laberinto, le suelta a Daniels pues los manejadores del Centro ya sabían lo que éste tramaba, todo su plan. Así que si confía en Aule, con quien hasta ahora no trabajó, no entiende de traidores ni de traición alguna, y ellos (los amos) ya ganaron, mientras los esclavos (como Teddy) perdieron, le dice entre líneas Noyce, quien ahora cree que lo van a llevar al faro y le van a rebanar el cerebro, por su traición al Centro en relación con Teddy… 

Los índices del guion tienden a que ello pase: por eso Noyce llora y señala que ¡sólo estoy aquí debido a ti! De lo que a su vez se infiere que un guion proyecta con precisión lo que va a ocurrir y por eso hay que estar atento a todo acierto, o error, con cada hilo que se suelta, para luego poder atarlos con mayor certeza. Mientras hablan, aparece Dolores y desaparece como si nada. Noyce: Laeddis no está allí, lo trasladaron. Teddy cree que si no está en el Pabellón A sólo queda en el faro. Aule le dice que tienen líos pues McPerson y Cawley están por ahí. Oyeron que un ordenanza se alocó con un loquito, y van hacia el techo. El frenesí no para. Teddy decide ir solo al faro: de pronto, grita ¡Aule!. Ve un cigarro en el piso, voltea en busca de sentido, mira abajo y ve un cuerpo sobre las rocas: al cabo, una ilusión. No hay nadie y las ratas pululan por doquier. Ve una luz arriba y se topa con una mujer, RS (la de verdad), quien rápido lo desmiente sobre si mató a sus hijos o no: Yo nunca tuve hijos. Nunca estuve casada. 

Con ello, de paso, la historia oficial sobre ella resulta una farsa y recobra sentido aquello de Teddy como una rata en un laberinto. RS: Antes de ser paciente en Ashecliffe era Dra., alguacil. No enfermera, como dice él. Si RS dice que no está loca, no sirve de nada, porque el Estado decide quién lo está en una sociedad que padece intolerancia y corrupción. Esa es la genialidad kafkiana. La gente le dice al mundo que estás loco y todas tus protestas y negaciones sólo lo confirman. Ya que te declaran loco, todo lo que dices es parte de esa locura. En el área de la salud mental hay una guerra. La vieja escuela de operaciones, psicocirugía, lobotomía transorbital. Para unos, los pacientes devienen razonables; para otros, zombies. La nueva escuela, psicofarmacología, aprobó la Torazina (3). Relaja a los psicóticos, los doma. Cawley es de ella, con una idea radical: si los respetas, escuchas e intentas entenderlos, puedes cambiarlos. ¿A estos pacientes?, suelta Teddy irónico, y una mujer grita.

Hasta a éstos. Hoy, lo primero es darles una pastilla y todo desaparece. RS combinaba drogas contra la violencia. Sólo eran efectivas de modo intermitente. Lo que evitaba su recuperación era no aceptar lo que hizo. Evitaba, le suelta Teddy: ¿por qué lo refiere en pasado? ¿Por qué cree usted? Asómese, alguacil. Pete B. atacó a una enfermera con un vidrio [afuera un huracán, lo que para Cawley significa ¡Asómese!] y la desfiguró para siempre. Interrogatorio a Breene, quien la desvirtúa como a una degenerada: él, machista en su peor potencia. Cuando la corté, gritó. Pero, me espantó. RS: Protestas razonables, son negación. Miedos válidos, paranoia, les dice a Teddy y Chuck. Los instintos de supervivencia son mecanismos de defensa, añade Ted. Así, a RS éste le resulta más listo de lo que parece, algo que quizás no sea nada bueno. ¿Qué le pasó a RS? Que cuestionó los grandes cargamentos de amital sódico y alucinógenos a base de opio: o sea, drogas psicotrópicas; y que preguntó sobre las cirugías.

Amital sódico: barbitúrico de acción corta e intermedia que opera como depresor del sistema nervioso central, y produce sedación, hipnosis y, en dosis mayores, anestesia. RS: ¿Ha oído de la lobotomía transorbital? Un electrochoque al paciente, atraviesan el ojo con picahielos y sacan fibras nerviosas. Así se le vuelve mucho más obediente y maleable. ¿Sabe cómo entra el dolor al cuerpo?, dice RS. Teddy: ¿eso depende de dónde hieren a alguien? Para RS, nada que ver con la carne: El cerebro controla el dolor, el miedo, la empatía, la ira, ¡todo! ¿Qué si uno pudiera controlarlo? Ted: ¿el cerebro? RS: Alterar a un hombre para que no sienta dolor ni amor ni compasión. Que no pueda ser interrogado porque no tiene recuerdos. Teddy, ingenuo, cree que a uno no le pueden quitar los recuerdos. RS lo refuta y cuenta el caso de los norcoreanos que usaron cautivos gringos para lavarles el cerebro y convertir así a soldados en traidores. Están creando fantasmas para hacer cosas que hombres cuerdos jamás harían… (4)

RS no cuenta el atropello de EE. UU, vía Orden Ejecutiva 9066, a los Nisei japoneses: tras el ataque a Pearl Harbour, burdo truco para entrar a la II GM, el Gobierno encarceló a 125.000 personas de origen japonés (dos tercios eran ciudadanos gringos) en campos de reubicación, por campos de concentración (5). Teddy opina que tener ese tipo de capacidad y conocimiento para hacer perder la memoria, llevaría años. RS, agrega: Años de investigación. Cientos de pacientes para experimentar. Y cree que en 50 años la gente se acordará y dirá: Aquí en este lugar fue donde empezó. Los nazis usaron a los judíos, los rusos a disidentes y nosotros hicimos pruebas en pacientes en Shutter Island. Ted: No las van a hacer, cree Teddy, con una candidez que ya quisiera Varito, por no lograr advertir lo que RS le señala: Usted no entiende que no pueden dejar que se vaya. Pero él cree que por ser un alguacil federal, no lo pueden parar. Ella recuerda que era una psiquiatra valiosa de una familia respetable, pero no importó. 

RS le pregunta a Teddy por si tiene traumas: sí, pero, ¿qué importa eso? Pues que van a alegar que algo de su pasado causó que perdiera la cordura y que cuando lo internen sus colegas y amigos dirán: Claro que enloqueció, después de ese trauma. Ted cree que pueden decir eso de cualquiera. Sí, pero para RS lo van a decir de él. Le pregunta si ha tenido sueños raros, problemas para dormir, dolores de cabeza. Me dan migrañas. No ha tomado pastillas, ni una aspirina, ¿verdad? Añade que si comió y tomó el café que le dieron, pero ha fumado sus propios cigarros. Y salta la imagen del enfermero negro que les da a Ted y a Chuck dos paquetes de cigarros, al cambiar la ropa debido al huracán. Ted mira como perdido y dice: No. Ahora se confirma que cayó en la fosa cavada por las directivas del Centro y policiales: No eran míos. Todo por efecto de los narcóticos neurolépticos que tardan de 36 a 48 horas en alcanzar niveles efectivos: dan tembladeras, primero en los dedos y luego en toda la mano. (6)

¿Ha visto pesadillas ambulantes recientemente? Ted le pide a RS decirle lo que pasa en el faro. Cirugías cerebrales, hay que abrir el cráneo y jalar esto. Lo aprendieron de los nazis: Ahí es donde crean a los fantasmas. ¿Sabe alguien de eso en la isla? Todos. Enfermeras, ordenanzas, no pueden… RS: Todos. Así, no puede quedarse aquí, le dice cuando se tira al piso. Ellos la creen muerta; así, si lo buscan, pueden hallarla a ella: entonces, Teddy se tiene que ir: él dice que volverá por ella. No estaré aquí, cambio de lugar a diario. Lo dice como si fuera una perseguida política: que lo es. Teddy insiste con que la puede sacar de la isla, pero, en su fuero íntimo, sabe que ni siquiera él puede salir ahora de allí. RS lo reafirma: Oyó algo de lo que dije? Sólo se puede salir por ferry y ellos lo controlan. Jamás saldrá de aquí. El sujeto que decida ser por siempre bueno, entre la escoria y Trump, Netanyahu y Uribe, verá caer la ruina sobre sí. O quizá por contraste acabe encarnando a un héroe de nuestro tiempo… 

Como es Petro respecto al loco naranja genocida y a los otros dos. Teddy cae en la nostalgia del busca/redención: Yo tenía un amigo. Ayer, nos separamos. RS lo hace estrellar, sin querer, contra la realidad, la misma de EE.UU: Alguacil, usted no tiene amigos. Teddy se va. McPherson lo hace subir al jeep: ¿Estábamos dando un paseíto?, pregunta con puerilidad desde la soberbia del que se cree superior por el atuendo castrense. Teddy: Echaba un vistazo. McPherson le pregunta si disfrutó del último regalo de Dios. Teddy habla con él sobre Dios, la violencia, la carne: el arranque para destruir al alguacil. En conclusión, Shutter Island tiene forma de cárcel mental, terror psicológico de alto vuelo, velada denuncia, tras el suspenso, del sistema de control mental de EE.UU. Ted vuelve al faro y entra, seguro de que Aule fue raptado para usarlo como conejillo de indias. Cawley, en el ático: AL es un anagrama de TD, sujeto muy peligroso que mató a su maníaca/depresiva esposa, una vez ella ahogó a sus hijos. 

De paso, le cuenta que RS es su mujer occisa: RS es un anagrama de Dolores Chanal: de ahí, La Ley de los 4. Y AL es el paciente 67° de Ashecliffe, así como la niña de sus pesadillas usuales es su hija Rachel. Para Cawley los sucesos recientes se diseñaron para romper el complot/descoque de AL, así que puede jugar a ser el oficial TD. Ahora se sabe que Sheehan pasa por Ch. y una enfermera por RS. Las migrañas de Teddy no eran más que el síntoma de abstinencia efecto del Amital Sódico, así como las alucinaciones de RS, la de verdad. Al volver en sí Teddy y notar que era apenas un timo, se retuerce y desmaya. Mismo timo que encarna Aule como Sheehan, el otro profeta/bribón engaña/imbéciles. Cuando lo interrogan, AL, alias TD, por decir la verdad con coherencia, los médicos creen que progresa, no que involuciona, como lo es. Cawley señala que esta será el último chance de redención para Teddy, quien nueve meses atrás tuvo el mismo estado pero reculó, sí, a causa de la Torazina…

Teddy está con Sheehan en los prados del Centro, pero le dice Chuck y que hay que salir de la isla. Éste hace un guiño a Cawley, quien ordena llevarse a Teddy. Cuando vienen por él, le suelta a Sheehan la frase/dinamita: ¿Qué sería peor? ¿Vivir como un monstruo, o morir como un hombre bueno? O sea que su involución es efecto colateral de una intención oficial deliberada. Y que se resiste a vivir como un monstruo, así su potencial hombre bueno tenga que morir. Detrás de la ida con los oficiales, con TD/AL se tramó un descenso a los infiernos, y su ingreso a cirugía para una lobotomía transorbital. Así se esculpió en el tiempo, una aterradora experiencia de control mental creada por cineasta alguno, MS, y su editora, Th.S, gracias al guion escrito a cuatro manos. Práctica que, por último, enseña una cruel/tétrica lección: ¿para qué vivir como un Trump, un Netanyahu, un Uribe (7), esto es, como monstruos íntimos de tánatos, no como plenos amigos de eros, en tanto jamás podrían serlo? 

A Santiago, admirador de este filme que, contra lo que muestra, está a favor de los cuerdos, no de los orates.   

Notas, enlaces y bibliografía:

(1) Scotland Yard es la sede central y nombre coloquial de la Policía Metropolitana de Londres, famosa a nivel internacional por su Dpto. de Investigación Criminal. MI5 (Military Intelligence, Section 5) es el servicio de Seguridad Interno del UK, encargado de contrainteligencia, antiterrorismo y seguridad nacional; se conoce también como Servicio de Seguridad o inteligencia interna británica. SOS históricamente fue la Oficina de Servicios Estratégicos, predecesora de la (nefasta) CIA.  

(2) Encarnado por Elias Koteas, el mismo actor que protagonizó Crash, de David Cronenberg.

(3) Torazina: primer fármaco antipsicótico descubierto: marcó una cuarta revolución en psiquiatría en 1950, por su capacidad para tratar síntomas graves de dolencias mentales. Nombre comercial, Clorpromazina, con secuelas graves: rigidez muscular, temblores, aumento de peso y somnolencia.

(4) Esos fantasmas son reales y hoy deambulan por Gaza, Irán y Cuba, sin autoridad internacional que los reprima, mientras a los hombres cuerdos que jamás harían tales cosas los manipulan vía medios…

(5) https://es.wikipedia.org/wiki/Orden_Ejecutiva_9066 

(6) https://es.wikipedia.org/wiki/Neurol%C3%A9ptico 

(7) La pesadilla de Uribe. https://www.youtube.com/shorts/CdLblIvTh4I 

FICHA TÉCNICA: Título original: Shutter Island. En castellano: La isla siniestra. País: EE.UU. Año: 2010. Gén.: Drama /Terror psicológico / Suspenso / Misterio / Thriller / Crimen. For.: 35 mm; color; 138 min. Dir.: Martin Scorsese. Guion: Laeta Kalogridis / Steven Knight, basados en Shutter Island, de Dennis Lehane. Prod.: MS / Mike Medavoy. Mús.: Robbie Robertson. Fot.: Robert Richardson. Mon.: Thelma Schoonmaker. Int.: Edward Teddy Daniels / Andrew Laeddis (Leonardo di Caprio); Chuck Aule / Dr. Sheehan (Mark Ruffalo); Dr. John Cawley (Ben Kingsley); Dolores Chanal (Michelle Williams); Dr. Jeremiah Naehring (Max von Sydow); Rachel Solando #1 (Emily Mortimer); Rachel Solando #2 (Patricia Clarkson); George Noyce (Jackie Earle Haley); Alcaide (Ted Levine); McPherson (John Carroll Lynch); Andrew Laeddis (Elias Koteas); Bridget Kearns (Robin Bartlett); Peter Breene (Christopher Denham). Prod.: Paramount Pictures / Colombia Pictures / Phoenix Pictures. Dist.: UIP Duna / Netflix. Estreno: Festival Int. de Cine de Berlín, 13.feb.2010. Premios: Oso de Oro, Berlín, a Mejor Película, 2010. Asociación de Críticos de Chicago, 2010, a Mejor Fotografía para Robert Richardson. Premios Saturn, 2010: Mejor Película de Terror / Mejor Dirección: MS / Mejor Actor: Leonardo diCaprio / Mejor Actor de Reparto: Mark Ruffalo / Mejor Diseño de Producción: Dante Ferretti.    

Luis Carlos Muñoz Sarmiento (Bogotá, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crítico literario, de cine y jazz, catedrático, corrector de estilo, traductor y, sobre todo, lector. Fundador y director del Cine-Club Andrés Caicedo, desde 1984. Colaborador de El Magazín EE, 2012; columnista, 2018. Su libro Ocho minutos y otros cuentos, Colección 50 libros de Cuento Colombiano Contemporáneo, se lanzó en la XXX FILBO (Pijao, 2017). Mención de Honor por MLK: Todo cambio personal/interior hace progresar al mundo, XV Premio Int. de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (2018). Siete ensayos sobre los imperialismos – Literatura y biopolítica, coautoría con Luís E. Soares, publicado por UFES, Vitória (Edufes, 2020). El libro El estatuto (contra)colonial de la Humanidad, producto del III Congreso Int. Literatura y Revolución, con su ensayo sobre MZO y su novela Changó, el gran putas, lo lanzó UFES, 20.feb.21. Invitado por Pijao Eds. al Encuentro Nal. de Narrativa vista desde las Regiones (Ibagué, 1º a 4 nov.23) Invitado por la UFES al Congreso Literatura, Soberanía Nacional y Multipolaridad (Vitória, 25.nov.23). El 10.abr.2025 salió en Brasil La Fábrica de Sueños – Ensayos sobre Cine; el 2°, Músicos del Brasil, en dic./2025; y el 3°, Ocho minutos y otros cuentos, el 14.abr.2026. Autor en ARC, Rebelión, Magazín de EE, Las2Orillas y traductor/coautor, con Luis E. Soares, en dichos medios. Director del Cine-Club Al Filo del Tiempo, que se emite desde la bóveda interdisciplinaria de La Fábrica de Sueños. E-mail: [email protected] 

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