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Reseña de “Un año con Queipo” de Antonio Bahamonde, Jean Alloucherie y Edmundo Barbero

Testimonios para la memoria histórica colectiva (I)

Fuentes: Rebelión

Jean Alloucherie, francés, autor de «Noches de Sevilla», segundo de los textos que aparecen bajo el título general de «Un año con Queipo», fue un periodista que estuvo en la guerra; había comenzado su carrera haciendo reportajes sobre los emigrantes en Canadá, él mismo era emigrante, y pasó por diversas guerras escribiendo sobre lo que […]

Jean Alloucherie, francés, autor de «Noches de Sevilla», segundo de los textos que aparecen bajo el título general de «Un año con Queipo», fue un periodista que estuvo en la guerra; había comenzado su carrera haciendo reportajes sobre los emigrantes en Canadá, él mismo era emigrante, y pasó por diversas guerras escribiendo sobre lo que veía. «Me echaron de Abisinia los italianos. Allí ocurría con los periodistas lo mismo que en la zona rebelde española. Los que no escriben al dictado de uno de aquellos generalotes, son expulsados, si no los fusilan».

Difícil lo tenía, la zona sur de España, en manos de los fascistas, partiendo de Sevilla, iba a ser su campo de actuación. Sus documentos, que le hacían colaborador de una revista canadiense, le sacarían de apuros, hasta que la situación se hizo imposible y debió de huir.

Llegó a una Sevilla en la que a la Avenida de Mayo le pusieron el nombre de Avenida de Franco, la misma donde un hombre sacaba a su organillo las notas de las marchas militares nazis y fascistas al paso de los ejércitos alemán e italiano. Jean Alloucherie conoció una ciudad donde los gerifaltes militares hacían desfilar a los niños, donde los altavoces despedían gritos, discursos, e insultos, con el máximo de su potencia haciendo que en la calle las voces de Queipo de Llano y los suyos fuesen truenos amenazadores.

Describe el autor las noches de Sevilla como noches terribles, cargadas de detenciones y asesinatos; las patrullas de falangistas tenían su modo de actuación propia de matones. De sus primeros días en la ciudad tomada nos cuenta que ya han cometido 8.000 fusilamientos, y cómo «los falangistas motorizados consagraban noches enteras a mejorar éste cuadro de caza». Pero los asesinatos los combinaban con el baile, llegó a pisar los fusilados a pocos metros de cabarets en los que nazis, fascistas y falangistas se divertían: champagne, bailarinas andaluzas, pasodobles, tango, valses.

«A la misma hora que en Sevilla sufrían y morían inocentes,… en Madrid, ciudad mártir, caía inexorablemente, sobre millares de mujeres y niños, un huracán de metralla y fuego, …»

Conoció desde dentro la vida de las gentes bajo el primer fascismo. Entre los casos concretos destacan los de aquellas que cumplen con su conciencia, como el médico de edad avanzada al que habían requisado su automóvil, después el caballo que compró para poder asistir a quienes le necesitaban y finalmente iba a pie de un pueblo a otro para cumplir con su obligación.

Jean Alloucherie presenció la toma de Marbella, y a la noche el funcionamiento de los consejos de guerra en plena calle, haciéndose luz con los faros de los camiones.

Asiste a la toma de Málaga. Pasa por Marruecos, Tetuán, Ceuta,…, y conoce el reclutamiento de los marroquíes, la llegada de material de guerra alemán e italiano, el traslado de tropas. De vuelta a la Península conoce la colaboración de los militares portugueses con los golpistas, llega a Salamanca, y se acerca a Madrid y lo contempla desde la líneas fascistas. La resistencia miliciana de los madrileños le llena de esperanzas pues comprueba la desmoralización que causan entre el ejército de Franco. Pero el tiempo se acaba, esperan sus informes y no los entrega, investigan su procedencia y les resulta oscura, su misma documentación presenta a un periodista que no tiene clara la empresa para la que trabaja: las sospechas recaen sobre él y es conducido ante los militares, falangistas y la policía, empiezan a pensar que es un espía. Tiempo antes había comenzado a preparar una salida que pudiese ser utilizada en una situación extrema, y era la hora, ya había llegado.

Entre los últimos renglones de su escrito leemos: «Sin el apoyo de las tropas extranjeras, la preciosa colaboración de Faupel y de los generales italianos y la intolerable impunidad diplomática de que ha disfrutado Franco, nunca hubiese podido mantenerse en Marruecos, conquistar la mitad de España, atacar Madrid y jugar a futuro jefe de Estado».

Una buena serie de fotografías ilustran lo escrito.

(II)

El tercero de los libros que contiene «Un año con Queipo de Llano» se titula «El infierno azul (Seis meses en el feudo de Queipo)».

Se hace obligado señalar que sólo en la página donde aparece el copirait y en el prólogo primero, que da entrada a «Un año con Queipo» encontramos el nombre del autor. De modo que cuando llegamos tanto al texto titulado «Noches de Sevilla», de Jean Allucherie, como a «El infierno azul», de Edmundo Barbero, sus nombres no figuran bajo los títulos. En el caso de Alloucherie sabemos que es el autor porque en una pequeña entrada se habla de él, pero «Noches de Sevilla» no tiene entrada alguna.

Es un trabajo minucioso sobre el que el mismo Barbero advierte la dificultad que encuentra a la hora de escribirlo porque, dice, no es experto en ello. Su valor testimonial es enorme por lo que supone de mirada directa y fiel a los acontecimientos.

En cinco días un equipo cinematográfico de CIFE.SA debía rodar una película en Córdoba. Llegaban de Madrid el 18 de Julio de 1936, el mismo día en que los fascistas dieron el golpe contra la democracia. El pueblo pidió armas al Gobernador para defenderse, pero el Gobernador no permitiría la entrega. Los militares salieron de sus cuarteles y rápidamente empezaron su labor bajo las órdenes del coronel Cascajo. Guardias de Asalto con el capitán Tarazona a la cabeza se dispusieron a defender la legalidad: «La digna figura del capitán Tarazona merece gratitud de todos los antifascistas españoles». Esto es lo que viene a decir en las primeras páginas Edmundo Barbero, que resulta ser uno de los actores que iban en el equipo de CIFE.SA

Refleja los nervios del primer día, los registros, detenciones y el terror en la calle. En las esquinas esta pegado el primer «bando», la primera orden facciosa:

«Se recomienda a todos los paisanos de esta ciudad que, al pasar por delante de iglesias y conventos, lo hagan por el centro de la calle sin pararse ni mirar hacia los mismos, pues se disparará sin avisar. Las Juventudes Católicas».

La compañía de actores y cineastas sufrirá detenciones, interrogatorios, amenazas, y sabrán de los fusilamientos, de la crueldad y la traición de alguno que va entre ellos. Pero también conocerá actos de heroísmo, antes había mencionado al capitán Tarazona, y Edmundo Barbero recuerda a «el Comandante Zapico, gobernador civil de Cádiz, y los tenientes coroneles de la Guardia Civil y de Carabineros de Huelva. Éste último, después de besar la bandera (todavía republicana) arengó a las fuerzas de su Cuerpo que formaron el cuadro:

-Hijos míos: honradla siempre, defendedla hasta la muerte.

Después de la orden de fuego, todavía dice:

-¡Viva España!».

Edmundo Barbero cuenta que ve llegar las tropas alemanas e italianas desde Tetuán a Jerez. Nos cuenta cómo el pueblo les resiste en Utrera, Puente Genil, Baena, El Carpio, Fernán Núñez, etcétera, y cuando los nazis y fascistas consiguen conquistarlos en algunos pueblos no quedan hombres vivos, solo quedan las mujeres y los niños. En Castro del Río los facciosos piensan poner un cartel diciendo «Aquí estuvo Castro del Río». A la caída de la tarde sonaban los himnos alemán, italiano, portugués, del Requeté, y de la Falange. Cuenta una de las veces: «El día de la proclamación de la bandera se situaron las tropas delante del Gobierno Civil. Tocaron los himnos respectivos, y presentaron armas, mientras arriaban la bandera republicana e izaban la monárquica» (que es la actual bandera nacional). Después desfilaron todos ellos, incluso los niños a los que encuadraban en sus milicias vestidos con ropas militares. A esas criaturas las azuzaban para que denunciasen y hasta detuviesen a quienes escuchasen alguna crítica y «a las mujeres, por ir sin medias o sin faja». Una vez en el cuartel, se obligaba a los detenidos a tragar medio litro de aceite de ricino y a las mujeres, además, les afeitaban la cabeza, dejándoles «un mechón, al que ataban un lazo que decía: «Arriba España».»

Edmundo Barbero sigue comentando lo que ve en su andar por Sevilla: las calles y plazas cambian de nombre, al fin y al cabo los nombres representan el espíritu de la sociedad, defienden lo hecho por los individuos que los ostentan, por ejemplo: la Plaza del Duque deja de llamarse así para llamarse «de Queipo de Llano», otra plaza en la calle O’Donell pasa a llamarse «de Francisco Franco», el nombre de otra calle cambia y le ponen «de José Antonio Primo de Rivera», la «Calle del 14 de Abril» se denomina «10 de Agosto», «Fermín Galán» cambia por «Calvo Sotelo»,… En las ciudades y pueblos de España continúan esos nombres, ¿representan la sociedad en que vivimos?.

El autor pone su mirada en los barrios de Sevilla, que resistieron a los invasores y fueron bombardeados: Triana, La Macarena, San Julián, San Marcos,… cuenta cómo en el caso de San Marcos ante la resistencia popular, los fascistas, optaron por sacar a las mujeres y niños de los alrededores y ponerles delante de ellos, para así hacer que la gente se rindiese. Señala el autor que fusilaban por miles, sacaban a los hombres y en la misma puerta de su casa cometían el crimen, dejando allí a la víctima para así aterrorizar a todo el que podía verlo.

Llevaban a cabo incautaciones que iban desde la casa más pobre hasta los periódicos que no les habían sido afectos. Pasaron por los paredones los profesores del Instituto-Escuela, sus familiares, los maestros, a quines culpaban de haber instruido al pueblo.

Aquí aparecen personajes como Manuel Días Criado, que se vanagloriaba de haber firmado «sólo en Sevilla, más de 11.000 penas de muerte.»

Edmundo Barbero apunta en su escrito los nombres de los colaboradores con los que contaba el fascismo en Sevilla: «Periodistas conocidos: Luca de Tena,… haciéndose cargo de la dirección del ABC. Eugenio Montes (entonces Ministro de Estado), Gimenez Caballero,…José Simón Valdivieso,…» Toreros: «Ortega, Manolo Bienvenida, Fuentes Bejarano, Lalanda,…además de «El Algabeño, Pascual Márquez,…todos odian al «Nili», que es republicano y con otros de su oficio defienden Madrid.

La descripción de los actos de barbarie recogidos se extiende por el libro, el que sigue cierra la exposición a la que me refiero: «Otro incidente que me dejó un recuerdo imborrable fue que una noche, estando en la plaza del Duque, sentimos cantar el himno de Falange; creímos que sería un desfile, y, efectivamente, en medio de los falangistas con armamento, que cantaban iban, en cuerda de presos, cincuenta y tantos prisioneros, de dos en dos, atados por las muñecas con el compañero. Las dos primeras filas eran de mujeres jóvenes.»

En unas pocas páginas cuenta cómo denominan los sevillanos a los Requetes: «aceitunas rellenas», porque van de verde y con boina roja; la Falange es «la cofradía del yo-yo» por la manera en que estiran el brazo y la mano y los alzan; «la columna mangada» por la que circulaba por Sevilla con motos, coches, y camiones incautados o requisados, y algunas más que denotan un modo peculiar de expresión.

Las últimas páginas las deja para el Madrid resistente, al que los falangistas le prometen, si se rinde, 200.000 fusilamientos; para Cataluña prometían la destrucción sin más. Barbero cuenta al respecto: «Esta fobia contra Cataluña se manifestaba en todo. Se publicó un decreto por el cual la autoridad se incautaba de cuentas corriente, letras de pago, etcétera, de todas las familias catalanas, sin excepción,…» El odio de los fascistas a los pueblos que recobraron su libertad o se les resistieron, fue una de los pilares sobre los que el Estado Fascista se sostuvo cuarenta años, lo encontramos de forma muy evidente en los deportes, rivalidades artificiales, divisiones que enfrentan a los distintos pueblos, difusión del menosprecio del otro por defender su cultura, cuando no, campañas de boicot. El centralismo fascista ha llegado a instaurar como normal que, por ejemplo, «traguemos» publicidad en inglés como si fuese lo más natural, mientras cualquier palabra en catalán, vasco, o gallego, en vez de considerarlo como una riqueza de todos nosotros, se considere por parte de los residuales del pasado, que tienen poder, como algo a perseguir, y así difunden su propio odio.

Pero también en las últimas páginas Barbero recoge acciones de generosidad que dejan ver cómo en las peores circunstancias hay seres humanos dignos, que le ayudaron una vez que consiguió pasar a Portugal y que ayudaban a los republicanos, quizás Baldomero Custodio suene poco o nada, pero seguro que más de uno recuerda al director de orquesta y catedrático Ernesto Halffster que, desposeído de todo, en su pequeña casa de Lisboa daba de comer y dejaba estar a quien lo necesitaba.

Portugal, por otro lado, con Salazar a la cabeza fue una colaboradora del fascismo español: dinero, alimentos, armas y ejército se puso a disposición de los rebeldes, y los españoles que detenían en su territorio eran entregados. Edmundo Barbero consiguió salir también de Portugal y llegar a Francia, por poco tiempo un país libre.

Tres libros en un volumen de valor testimonial incalculable. Podríamos preguntarnos: ¿estos acontecimientos pertenecen a la memoria individual -como se nos dice ahora- o al memorial colectivo? ¿a qué se debe el interés por que no se renueven los libros de texto ni se reciclen las enseñanzas de la Historia? ¿Por qué negocia el Estado con los representantes de la comunidad judía para que se hable del holocausto judío en los libros de Historia y no se reforma la asignatura correspondiente para que se hable del holocausto del pueblo español también bajo el fascismo? ¿Será porque se puede hablar de lo lejano -nazismo, Pinochet, Videla, hornos crematorios, desaparecidos del Sur de América y otros- pero no se puede decir que si sumamos los fusilados y desaparecidos en Chile y Argentina y los multiplicamos por 10 nos sale el número de cuantos fusilaron los fascistas en España? Quieren conseguir una «ley de punto final», como las de Chile y Argentina, pero deberían saber que ninguna de esas leyes ha permanecido para siempre, lo mismo que quienes las promueven.


Titulo: «Un año con Queipo». (contiene además «Noches de Sevilla» y «El infierno azul (Seis meses en el feudo de Queipo)».

Autores: Antonio Bahamonde. Jean Alloucherie. Edmundo Barbero.

Editorial: Espuela de Plata.