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Tortura y asesinatos extrajudiciales en Iraq

Fuentes: Global Research

Durante las dos últimas semanas, la Administración estadounidense se ha visto zarandeado por la revelación de haber usado fósforo blanco en Faluya y por el descubrimiento de que el gobierno al que ha ayudado a tomar el poder tiene centros secretos de detención en los que se somete a los prisioneros a graves maltratos. El […]

Durante las dos últimas semanas, la Administración estadounidense se ha visto zarandeado por la revelación de haber usado fósforo blanco en Faluya y por el descubrimiento de que el gobierno al que ha ayudado a tomar el poder tiene centros secretos de detención en los que se somete a los prisioneros a graves maltratos.

El sábado 13 de noviembre, se descubrieron las instalaciones [de detención] de Yadriya, un distrito de Bagdad, cuando soldados estadounidenses entraron en un edificio del ministerio del Interior en busca de un joven de 15 años desaparecido. Lo que descubrieron era un cámara de los horrores: más de 170 detenidos en un fétido búnker subterráneo lleno a rebosar. Estaban medio muertos de hambre y muchos de ellos habían sido golpeados duramente. Se encontraron instrumentos de tortura en un falso techo y en los informes se indicó que a algunos prisioneros se les había arrancado la piel [1].

Como era previsible, la embajada de EEUU emitió una declaración en la que se denunciaban los hechos y se insistía en que la tortura es inaceptable, mientras que el primer ministro iraquí, Ibrahim al-Yafaari, anunciaba que habría una investigación, y Husein Kamal, subsecretario del ministerio del Interior, quitaba importancia al asunto. Semejantes negativas no convencieron a los enérgicos medios de información occidentales que, de inmediato, responsabilizaron a las formaciones chiíes, predominantes en el gobierno, en especial en el ministerio del Interior. Ciertos informes se hacían eco de los rumores de que las instalaciones las había utilizado la organización Brigadas Badr, brazo armado del Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq [2]. Para la mayoría de los periodistas occidentales, el incidente era otro ejemplo de lo que denuncian constituye una ola de violencia sectaria que se extiende por Iraq.

Lo que los medios occidentales hasta ahora no han desvelado es que un hecho sorprendentemente similar se había producido justo antes de la toma de poder nominal del gobierno interino de Iyad Allawi. El 29 de junio de 2004, la policía militar de la Guardia Nacional de Oregón, asaltó el mimo complejo del ministerio del Interior para rescatar a docenas de detenidos que, comprobaron, habían sido torturados. De la misma manera que en Yadriya, a las víctimas se les había privado de comida y se les había golpeado de forma salvaje. Se descubrió a más docenas de prisioneros en cobertizos junto a los instrumentos de tortura. Algunos de ellos estaban en situación crítica y los guardias tuvieron que proporcionales ayuda médica de urgencia.

Lo más impactante es que, cuando los guardias pidieron ayuda por radio, oficiales estadounidenses de alto rango les ordenaron que se retiraran. Tras tensas horas de negociación, los guardias se fueron de mala gana y dejaron a los prisioneros con sus torturadores.

Conocimiento de los hechos

El incidente pone de manifiesto dos muy asuntos importantes. En primer lugar, el último descubrimiento no es noticia para las autoridades estadounidenses que eran conscientes de los graves maltratos que tenían lugar en las instalaciones del ministerio desde hacía más de un año y no hicieron nada para impedirlo. En segundo, tales maltratos no pueden simplemente atribuirse al control de los chiíes en el ministerio del Interior. En efecto, muchos de los puestos más importantes del ministerio continúan ocupados por antiguos miembros del Baas, incluidos algunos de los que se han asociado más estrechamente con la represión de la rebelión chií al final de la Guerra del Golfo [de 1991].

La práctica de la tortura en las dependencias del ministerio del Interior es, en muchos sentidos, como la punta del iceberg. Durante el último año, centenares de cadáveres -aparentemente, víctimas de ejecuciones extrajudiciales- han venido apareciendo en todo Iraq, y en especial en Bagdad. En general, las víctimas estaban atadas y con los ojos vendados y se las había despachado con tiros en la cabeza y el pecho. En muchos de ellos aparecieron señales de tortura.

La única investigación seria llevada a cabo en el interior del país fue la realizada por el periodista iraquí, Yaser Salihee, quien llamó la atención sobre los centenares de victimas de ejecuciones que pasaban por la morgue de Bagdad y destacó el hecho de que en muchos casos se sabía que habían sido arrestados por pistoleros con uniforme de policía, con equipos muy caros, incluso vehículos, armas y radios sofisticadas. Su último artículo se publicó el 27 de junio, tres día después de su propio asesinato a manos de un francotirador estadounidense, pero sus alegaciones repetían las de los grupos sunníes que habían acusado al gobierno de terrorismo de Estado.

La mayor parte de las acusaciones concretas se centraban en una unidad, denominada Brigada Lobo, dependiente de los comandos especiales de policía del ministerio del Interior. Esta unidad, constituida en otoño del año pasado, desarrolló su operación principal en Mosul en noviembre de 2004, en lo que parece haber sido un grave enfrentamiento con los combatientes de la resistencia. Docenas de cadáveres comenzaron a aparecer en las calles mientras los comandos realizaban un barrido de la ciudad.

Más recientemente, en julio, la Brigada Lobo se sabe que fue responsable de un incidente en el que se secuestró a 11 albañiles de un hospital de Bagdad, se les colocó en la parte trasera de un vehículo de la policía dejándoles durante 16 horas que se achicharraran al sol. Diez de ellos murieron y los médicos que hicieron la autopsia llegaron a la conclusión de que las víctimas habían sufrido torturas, entre ellas descargas eléctricas.

Escuadrones de la muerte

Si bien en la actualidad se reconocen las matanzas al estilo de los escuadrones de la muerte, se las atribuye casi siempre al comportamiento de milicias chiíes, quizás bajo el control del ministerio del Interior. Incluso a la Brigada Lobo se la relaciona con la violencia sectaria, pero la realidad es que los comandos especiales de Policía se componen también de antiguos miembros de las fuerzas especiales y de personal de la Guardia Republicana y fueron creados por antiguos miembros del Partido Baaz, con una larga historia de complicidades con la CIA, bajo la supervisión de expertos estadounidenses en contrainsurgencia [3]. Uno de estos consejeros fue el mismo James Steele, quien estuvo al mando de la misión militar de EEUU en El Salvador en los momentos álgidos de la indecible guerra sucia que tuvo lugar en el país. Allí, Steele fue el responsable de la creación de los escuadrones de elite que ocasionaron la mayor parte de las víctimas civiles del ejército [4].

Otro de ellos, fue Steven Casteel, el consejero principal estadounidense del ministerio del Interior y el mismo que negoció con éxito la retirada de la Guardia Nacional de Oregón. Parte de su experiencia la adquirió en Colombia donde se vio envuelto en las operaciones Centra Spike, las operaciones en las que se recopiló una lista de los colaboradores del barón de la coca, Pablo Escobar, a quienes asesinó el escuadrón de la muerte Los Pepes. Los Pepes constituyen en la actualidad el núcleo central del mortífero la organización Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

EEUU, sobre todo a través de la CIA, tiene un largo historial de complicidad en operaciones genocidas, desde la Indonesia de Suharto, pasando por la operación Phoenix en Vietnam, a las que se desarrollan actualmente en Colombia. En estos momentos, las masivas detenciones que se llevan a cabo en Iraq y las matanzas que les siguen tienen el sello de aquellas operaciones. Por analogía, se puede adivinar razonablemente que el baño de sangre de víctimas incluirá a cualquiera que se oponga a la hegemonía de Estados Unidos, como los centenares de profesores y académicos ya asesinados [5] y la basura humana producida por los «duros interrogatorios». Una remota posibilidad es que los sunníes iraquíes se inmolen como parte de una estrategia para fomentar las luchas sectarias con el fin de llegar a la balcanización de Iraq. Con estos precedentes, ha llegado el momento de plantearse las preguntas difíciles sobre el papel que desempeñaban los dos miembros del SAS (Fuerzas Especiales Británicas) detenidos con un coche cargado de explosivos y acusados por las autoridades iraquíes de preparar un atentado contra una conmemoración religiosa chií [6].

De acuerdo con The Guardian, un antiguo preso del ministerio del Interior afirmaba que los detenido suplicaban que se les trasladaran a Abu Ghraib, lo que no quiere decir que se elogie el trato que EEUU aplica a los prisioneros, sino que pone de manifiesto el hecho de que la mayoría de los más execrables crímenes se encargan a sus testaferros. En relación a El Salvador, Chomsky señaló que para los paramilitares respaldados por EEUU no era suficiente con asesinar a alguien sino que había que decapitarlo y exhibir su cabeza en un estaca. Algo parecido ocurre en Iraq: las víctimas de los escuadrones de la muerte entrenados por EEEUU no sólo son humilladas: se les saca los ojos, se les quita la piel y se les agujerea las rodillas con taladros eléctricos [7].

Notas de IraqSolidaridad:

1. Según informaron telefónicamente desde Bagdad a la CEOSI fuentes iraquíes, el mismo ministro del Interior iraquí, Bayan Jabr, disponía de despacho propio y era asiduo al centro de detención denunciado como lugar de tortura de presos iraquíes y presentado como clandestino por el gobierno del primer ministro al-Yafaari. Los testimonios de numerosos detenidos en el centro, posteriormente ex carcelados, recogidos por organizaciones de derechos humanos iraquíes, confirman la presencia habitual del ministro en el inmueble, situado en las proximidades del hotel Babel, en la capital. Las tropas estadounidenses visitan frecuentemente el centro.
2. Ya formalmente disueltas como milicia, han nutrido las nuevas fuerzas de seguridad iraquíes.
3. Las primeras víctimas de los escuadrones de la muerte fueron cuadros del Partido Baaz, principalmente en las provincias del sur. Cuando la delegación de la CEOSI visitó Iraq en abril pasado, una lista de decenas de iraquíes contarios a la ocupación que debían ser asesinados fue mostrada al grupo. La lista había sido filtrada desde el ministerio del Interior.
4. Sobre la denominada «Opción salvadoreña», véase en IraqSolidaridad:
«Opción El Salvador» para Iraq – El Pentágono estudia enviar fuerzas especiales para la creación de Escuadrones de la muerte iraquíes
5. Véase en IraqSolidaridad:
Una guerra encubierta para borrar la cultura y el futuro de los iraquíes: Lista de profesores universitarios asesinados en Iraq durante el período de ocupación
6. Véase en IraqSolidaridad:
Noticias breves 2004-2005
7. Para más información sobre el papel de los escuadrones de la muerte en Iraq y la falta de información de los medios sobre el asunto, véanse los artículos de Max Fuller publicados al respecto en la web
Global Research

Traducido para IraqSolidaridad por Felisa Sastre