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Una Argentina productora de soja, gas, litio, balas y sapos…

Fuentes: Rebelión

…salvo que el diablo (que como se sabe, viene desde abajo y es rojo) meta la cola

Sorpresas te da la vida… y también el peronismo. Mientras vastos sectores de la militancia festejaron -por un rato- la candidatura presidencial de quien tiene como virtud más apreciada la de ser el hijo de revolucionarios que dieron la vida por sus ideales (quienes se enojarían con razón ante la denominación puesta de moda como “la generación diezmada”) estallaba la noticia, que movería todo el avispero oficialista y opositor, de que el “elegido” no sería este sino quien tiene como padres políticos a la embajada yanqui y al diario Clarín. El “círculo rojo” exultante. El pueblo peronista de a pie desconcertado. Las mayorías, ni fu ni fa, preocupadas por sobrevivir, padeciendo la inflación desbocada y la precarización de sus vidas a niveles extremos y apenas mirando de reojo un espectáculo electoral que les resulta ajeno y ofensivo. Claro, ningún espectáculo es apreciado de la misma manera cuando se lo ve desde la platea o desde, pongamos, el altiplano jujeño. Siempre se ve y se comprende mejor desde esta última ubicación.

El “teatro” electoral, distinto método para similar objetivo

Habrá que ver como el actual ministro de economía Sergio Massa se las arregla para mostrarse distinto, sin sonrojarse, a su amigo desde hace más de 30 años, Horacio Rodríguez Larreta. Esta vez no es la izquierda la que asegura “son lo mismo”. Es el poder económico el que se congratula de la similitud entre oficialismo y oposición. El periodista de Página 12 -diario insospechado de alguna veleidad izquierdista-, Leandro Renou, lo describió con estas palabras: “El acuerdo del kirchnerismo y el massismo para que Massa sea candidato a presidente de UP sacudió a las filas industriales, que venían jugando muy fuerte en la interna de Juntos en favor del alcalde porteño, Horacio Rodríguez Larreta. «Hoy es un fifty/fifty», cuentan”.

No es que al poder económico y político le desagraden Patricia Bullrich o Javier Milei. Pero prefieren a gente más previsible que busque acuerdos para evitar que el país se incendie ante el feroz ajuste que viene. “Es necesario un acuerdo del 70% del arco político” había ordenado Marc Stanley, el embajador yanqui. Candidatos que sepan tejer alianzas y que, si pese a todo, el país se incendia, sean capaces de “meter bala”. El antecedente del acuerdo entre Massa y Macri en el 2015 o el más actual con Gerardo Morales, es el tipo de cosas que al establishment le gusta e inspira confianza. Patricia Bullrich cree que le alcanzaría con el respaldo de las fuerzas de seguridad para “dinamitar” lo que se le oponga. Mientras se lanzan dardos envenenados con Rodríguez Larreta, sus asesores se reúnen conjuntamente para elaborar la reforma laboral que aplicarán si ganan. Y Milei, en tiempos de obsolescencia programada, ya cumplió su función de derechizar la agenda política y puede descartarse… por el momento.

Una vez es casualidad, dos es coincidencia, en tres hay causalidad

¿Cómo puede interpretarse que Cristina Fernández haya elegido la primera vez a Daniel Scioli, la segunda vez a Alberto Fernández y la tercera a Sergio Massa para que la sucedan, siendo tres exponentes del neoliberalismo que acompañaron a Domingo Cavallo? ¿Ingenuidad? Más plausible es que como “estratega” supo leer con claridad las necesidades de las clases dominantes.

A principios de los ’90, el fin de la guerra fría y la globalización del capital bajo el predominio de los Estados Unidos acabó, ya definitivamente, con la Argentina de la “sustitución de importaciones” que ponía un ojo sobre el mercado interno. El capital exigía transformaciones. Néstor y Cristina acompañaron fielmente al menemismo de las “relaciones carnales” con los EE. UU., la reforma laboral y las privatizaciones, mediante las cuales se forjó una alianza entre capitales locales, corporaciones globales, burocracias sindicales y sectores privilegiados de las clases medias, a costa de grandes sectores de la población. Los Kirchner no ahorraron elogios hacia Carlos Menem. “Señor presidente de la República Argentina, en nuestro querido Calafate, hoy honrado por vuestra presencia, le decimos, al son de nuestro cariño y nuestro afecto, por el honor de su visita, muchísimas gracias por haber venido a Calafate, acá está el pueblo de Santa Cruz, acompañando el proceso de transformación y cambio que la República Argentina debe llevar adelante”, fueron las palabras que en 1994 endulzaron los oídos del entonces presidente al inaugurar el aeropuerto de Calafate.

La crisis de la Convertibilidad y la rebelión popular del 2001 obligaron a un nuevo rumbo. Tras el fracaso de Eduardo Duhalde, quien creyó que con mano dura y los asesinatos de Darío y Maxi impondría la paz social, el matrimonio Kirchner se dispuso a integrar cierto grado de conflictividad social a la institucionalidad estatal y a conceder algunas reivindicaciones populares -convenientemente resignificadas- para recuperar para la potestad estatal y partidaria a la acción política, que había sido tomada en sus manos por sectores populares. La luna de miel con el poder político, económico y mediático, que duró hasta el 2008, se forjó en las condiciones creadas por la nueva gestión, que logró que pudieran caminar nuevamente por las calles, retirar el blindaje de los bancos y, fundamentalmente, “levantarla con pala”, como sinceró Cristina.

Pero ya en el 2012 era claro que la situación nuevamente había cambiado. El mundo había dejado de ser unipolar -con China y los Estados Unidos disputándose el control-, mientras la crisis mundial que comenzó en 2008 llegó a la Argentina. El Banco Central perdió los dólares acumulados con los superávits gemelos y sobre todo, las clases dominantes perdieron el miedo que les había infundido la rebelión y exigían avanzar contra los derechos populares, así como acabar con cualquier restricción que interfiriera sobre las cadenas de valorización global del capital. La disputa por las retenciones fue apenas un bastión desde el que las clases dominantes se aprestaban a lanzar la contraofensiva. Derrotar al pueblo se les volvió imperioso para reorganizar el país y la acumulación de capital alrededor del extractivismo. Muy conscientes de que para este proyecto sobraban 20 millones de argentinos y enormes territorios se convertirían en “zonas de sacrificio”.

Si bien en los mandatos de Cristina Fernández se avanzó en parte con lo requerido por el gran capital -expansión del monocultivo de soja con agrotóxicos, subsidios para Vaca Muerta, se vetó la Ley de Glaciares y el 82% para les jubilados, se comenzó a negociar con el Club de París y los Fondos Buitres y volvió a crecer la pobreza, en un breve e incompleto recuento- se hizo evidente que la construcción política hecha desde el 2003 era incapaz de llevar a fondo un proyecto que implicaba desarmar parte de lo hecho. Tampoco el gran capital confiaba en que el kirchnerismo podría o quisiera ir a fondo. Cristina lo sabía y el significado del “con ella no alcanza” tuvo más que ver con su rechazo a confrontar con el capital que con la pérdida de votos. El designado fue entonces Daniel Scioli, que había entrado a la política de la mano de Carlos Menem. Pero nadie elige una copia pudiendo tener el original y a Mauricio Macri le llegó su oportunidad.

La posterior elección de Alberto Fernández -al igual que Scioli de raigambre neoliberal- y la actual designación de Massa como candidato, confirma que Cristina sigue priorizando a quienes podrían representar mejor los intereses del capital integrado al imperialismo global, mientras se atrinchera en la provincia de Buenos Aires para nuevas eventualidades.

Pero Cristina está perdiendo algunos de sus reflejos. Dos hechos recientes lo sugieren.

Uno fue haber utilizado el acto por la llegada a la Argentina del avión de la muerte para ventilar sus pequeñas argucias de las internas electorales. Este avión desde donde los genocidas de la última dictadura cívico, militar y eclesiástica, perversamente arrojó vivos al mar a compañerxs que luchaban para cambiar este mundo que ya se perfilaba despiadado para la vida del pueblo. Compañerxs como Azucena Villaflor, quien buscando a su hija sembró con su amor semillas de donde brotarían las Madres de Plaza de Mayo. Algunos festejaron entre risas y aplausos, pero también generó repudios por parte de propios y ajenos.

El otro es seguir denominando “lista de unidad” a la encabezada por Massa y Rossi, dejando al descubierto, sin quererlo, que la fórmula Grabois-Abal Medina, más que otra lista, en una colectora para evitar fuga de votos por izquierda o hacia la abstención.

¿Al ritmo de los commodities o al de la naturaleza y el bienestar populares?

La prioridad para el gobierno, la oposición y el poder económico es organizar al país alrededor del extractivismo como proyecto de acumulación de capital y dependencia nacional. Es decir, explotar la mayor cantidad de bienes comunes de la naturaleza, transformándolos en “commodities”, mercancías con destino al mercado internacional. El objetivo: conseguir dólares para pagarle al FMI y a los fondos privados, aportar los recursos que requiere el imperio y, en ese rumbo, seguir engordando sus más que abultadas fortunas y poder. No hay grieta alguna en eso y el acuerdo en pagar la fraudulenta deuda con el FMI rubrica la conformidad de ambas partes.

La historia del extractivismo es tan larga como el de las mentiras sobre el desarrollo que provocaría. Potosí es un símbolo desde hace 500 años de las consecuencias del extractivismo. En Andalgalá, Catamarca, la minera la Alumbrera cumplió 25 años como pionera de la megaminería en el país y no trajo empleo ni desarrollo, sino pobreza, destrucción ambiental y represión. Son sólo dos ejemplos entre cientos.

Jujuy es un espejo en donde podemos mirarnos desde todo el país, gane quien gane las próximas elecciones. Litio, coltan, tierras raras y mega plantaciones de cannabis son la contracara de la pobreza, la discriminación, la exclusión y la represión jujeñas. Soja y maíz para aceites, biocombustibles y alimento para cerdos de China son, en gran parte del país, sinónimo de deforestación, cambio climático, contaminación por glifosato, enfermedades y empobrecimiento de suelos y personas. Vaca Muerta, en el sur, intenta ilusionar con algunos millones de dólares extra por la posibilidad de exportaciones a través del gasoducto Néstor Kirchner. Pero para nosotrxs la energía es cada vez más cara y para los pueblos de la Patagonia, es sinónimo de contaminación de las aguas, sismos recurrentes, despojo de territorios y “accidentes” laborales de sus trabajadores. El fraudulento endeudamiento con el FMI oficia, para los defensores de la dependencia nacional, como excusa para demostrar la inevitabilidad de este rumbo.

Quien suponga que el extractivismo se trata de una suma de situaciones locales se equivoca. Se trata de un sistema global, de una totalidad. En las grandes ciudades, desempleo, carestía, hacinamiento, y alimentos contaminados son otra cara de la misma moneda. Saltando el charco, en el país hermano de Uruguay, la falta de agua anuncia que el futuro ya llegó hace rato.

Poner todo por la victoria del pueblo jujeño en su lucha es un claro caso de autodefensa popular. Porque sin dudas, ya vinieron por todos y por todo.

¿Quiénes protagonizan la política argentina?

Los períodos electorales como el que se vive en el país son fértiles en promesas y por, sobre todo, en centrar las miradas en lo que hagan o deshagan personalidades providenciales, bien asesoradas por “gurues” y publicistas. “Fulanito dijo” o “Menganita replicó” se amplifican hasta el infinito y más allá.

La lucha del pueblo jujeño nos muestra en estos días otra forma de hacer política. Pocos nombres se conocieron estos días de docentes, de miembros de pueblos originarios, de mineros o trabajadorxs que se hayan destacado en la enorme lucha que están librando. Aunque los hay, en cantidad y cumpliendo un rol importantísimo. Lo que destaca es lo colectivo, lo comunitario, pelear con otrxs. No predominan los personalismos ni el intento de descollar sobre los demás, sino los aportes necesarios para impulsar asambleas, sumar experiencias valiosas que sirvan a fortalecer el proceso y por, sobre todo, poner el cuerpo donde hay que ponerlo.

Infructuosamente Morales intentó atemorizar y que se adjudique la lucha a conspiraciones de Milagros Salas o de supuestos infiltrados K. Pero todos sabemos que el gran protagonista es el pueblo jujeño.

La palabra pueblo es fácil de escribir y pronunciar, pero difícil de construir. Librar una lucha de conjunto -articulando demandas, anhelos, proyectos, tradiciones y subjetividades diferenciadas- es una gran conquista del pueblo jujeño que, para el conjunto del país, aún constituye una asignatura pendiente. En intentar impedir que lo logremos, los de arriba tampoco tienen grieta… y por ahora vienen convenciendo. Pobres enojados con otros pobres que cortan calles -despojados de casi todo, pero con la dignidad intacta- es un síntoma de una batalla difícil que tenemos que librar.

Ahora Jujuy, como antes Salta, y antes Chubut, y antes aún Mendoza, o como en su momento lxs trabajadorxs del neumático, o aceiteros, o trabajadorxs de la salud, o pueblos originarios, o el movimiento feminista y muchxs más, muestran que luchando y reconociéndonos como pueblo, ese futuro que nos preanuncian como inevitable, somos muchxs quienes queremos y podemos detenerlo.

En los próximos meses nos convocarán varias veces a votar. Al resultado lo interpretarán como un cheque en blanco para hacer y deshacer lo que quieran. Como Morales que a los pocos días de haber triunfado en Jujuy cambió la Constitución como se le dio la gana. O como el actual gobierno nacional, que en su campaña prometió no reconocer la fraudulenta deuda contraída por el macrismo. No hay mal menor que no devenga en mal mayor.

En el marco de la batalla electoral también presenta su propuesta una izquierda anticapitalista. Sin dudas es una izquierda con grandes problemas, que necesitamos debatir y transformar y que no consigue entusiasmar a amplios sectores del pueblo trabajador, pero, en las luchas populares, siempre está en la trinchera del pueblo. Aunque sea sólo por este motivo, el voto popular no puede ir a fortalecer a ninguna de las alternativas que usaran nuestro voto para blanquear su ofensiva contra el pueblo sino a esta izquierda. Esto no quita que sigue pendiente construir una real alternativa de izquierda y transformación popular.

Cerrando estas líneas, me animo a aventurar que mal que les pese a los adoradores de las relaciones de fuerza y cultores del mal menor que se resignan al futuro de miserias que nos ofrecen, del lado del pueblo el futuro de lucha, resistencia y organización también ya llegó.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.