Recomiendo:
0

Una carta de Sacristán al Ministerio de Educación traducida al catalán por Salvador Espritu.

Fuentes: Rebelión

Xavier Folch, compañero de militancia en el PSUC en los años sesenta, ha conservado un papel, traducido al catalán por Salvador Espriu, que fue escrito por Sacristán a instancias de unos estudiantes -entre ellos el mismo Folch- del incipiente movimiento universitario barcelonés de finales de los cincuenta. Pretendían dar respuesta con él a un artículo […]


Xavier Folch, compañero de militancia en el PSUC en los años sesenta, ha conservado un papel, traducido al catalán por Salvador Espriu, que fue escrito por Sacristán a instancias de unos estudiantes -entre ellos el mismo Folch- del incipiente movimiento universitario barcelonés de finales de los cincuenta. Pretendían dar respuesta con él a un artículo del entonces ministro franquista de Educación, Jesús Rubio.

No he podido encontrar el original castellano del texto que lleva por título «La enfermedad nacional». Presento a continuación una traducción castellana de la exquisita traducción de Salvador Espriu del original de Sacristán que ha contado con la generosa y competente ayuda de Carles Gil:

«Bajo el título «La buena salud universitaria», el ministro de Educación Nacional, don Jesús Rubio, publicó en La Hora un artículo en el que aseguraba que el estado de salud de la Universidad española era malo: lo explica de la manera siguiente: «Nuestros jóvenes universitarios, en contraste con lo que pasa en otros países, no son suficientemente aplicados». Después de este diagnóstico y de su comentario («Se precisa, por el propio equilibrio y por el equilibrio de la colectividad a la que pertenecen, que nuestro esfuerzo tenga una aplicación exacta…»), el núcleo del artículo queda redondeado con una promesa («El resto le será otorgado por añadidura»), mezclada con una amenaza elegante: «…y no hay error más grave que el de intentar alcanzar directamente aquello que tan sólo por añadidura se puede conseguir».

Nosotros, los universitarios de Barcelona, muy especialmente afectados por la política y por las frases del señor Ministro, creemos que esa acusación no está fundamentada. Por el contrario, los funcionarios del Ministerio de Educación Nacional han repetido muchas veces que jamás se había estudiado en España con tanta aplicación como ahora. Es cierto que el testimonio de unos funcionarios no puede convencer de nada al ciudadano español actual, pero en este caso coincide con nuestra experiencia: muchos de nosotros hemos visitado en estos últimos años universidades extranjeras y hemos podido comprobar que nuestra inferioridad intelectual, respecto al estudiante europeo de nuestra edad y de nuestra misma especialidad, no consiste en una mayor aplicación por su parte. Por el contrario, es normal que el estudiante español sea, por decirlo así, más «erudito» que su colega extranjero: sabemos más cosas -datos, por ejemplo, o, títulos de obras, o nombres de cónsules romanos-, adquiridos con una paciente aplicación. Nuestra inferioridad proviene de otra fuente: del hecho de no conocer casi nunca el planteamiento actual de los grandes problemas ideológicos y científicos. Si no tenemos la suerte de encontrarnos con un profesor ajeno a los elaboradores de cuestionarios oficiales, o si alguna casualidad no nos ayuda a dirigir con buenas lecturas nuestro forzado autodidactismo, somos inevitablemente, con todas nuestras montañas de cosas con tanta aplicación aprendidas, unos rústicos provincianos en la cultura del siglo XX, unos provincianos a los que nadie ha mostrado donde radica la fuente, signo de estudio y de discusión, de la vida espiritual del mundo en que vivimos.

Y cuanta más aplicación, peor. Porque -excepto en las disciplinas técnicas (cuya esterilidad en España proviene de otra causa: del desorden económico)- es imposible enseñar y aprender nada auténtico en un régimen universitario desprovisto de toda libertad científica y de todo contacto con la situación real de la humanidad. No hay ninguna cultura que pueda florecer en el suelo uniforme -puro carbón de piedra- de una tiranía ideológica como la que soporta la Universidad española.

El señor Ministro tendría razón si se limitara a decir, por una parte, que la Universidad española está mal, y seguiría teniendo razón si, por otra parte, ampliara su diagnóstico y dijera. «Toda la cultura española está herida de muerte, esterilizada». En efecto: el prestigio cultural del país se alimenta todavía de la cultura que en él floreció hasta la agonía de la libertad.

No es sólo la Universidad la que está enferma. La deficiencia universitaria no es más que un síntoma de la enfermedad que sufre toda nuestra cultura, fusilada por el «¡Muera la inteligencia!» que el general Millán Astray disparó a Unamuno el año 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca; un síntoma de la enfermedad nacional que se llama «tiranía».

Y, sin embargo, es cierto que el estudiar con aplicación los cuestionarios ideológicamente decretados por el Régimen puede dar algo por añadidura: puede dar unas cuantas sinecuras. Pero lo que necesita el país en el terreno universitario no es la solución poco digna de los problemas personales de cien estudiantes astutos, sino el restablecimiento de la libertad científica y de cátedra. Y esto no se consigue por añadidura, sino, empero, de una manera inversa: con nuestra lucha política conseguiremos, con la libertad de la nación, la libertad universitaria -por «añadidura»-. Por eso, pues, combatimos.

El razonamiento es tan obvio que no podemos creer que el señor Ministro haya expuesto sinceramente sus razones. Y lo creemos aún menos cuando recordamos, por ejemplo, aquel «NO-DO» destinado a calmarnos y en el que el locutor nos aconsejaba con insistencia. «Lo esencial es divertirse». Decían lo mismo las octavillas puestas en circulación por la Autoridad, en la Universidad de Barcelona, durante las acciones de enero y febrero. El señor Ministro no es sincero cuando pide aplicación: él sabe bien que los estudiantes del divertirse, los estudiantes de la estudiantina y de la «Casa de Troya» son los únicos que están a su lado.

Más allá del tema central, el artículo del señor Ministro comenta dos cuestiones a las que nos interesa aludir brevemente. Una es el reproche de «juvenilismo» (valga la palabra) que nos hace. Este reproche es también injusto. Nosotros no creemos que la juventud sea un valor moral; sólo han podido creer una cosa así las personas de contextura cerebral más peregrina que jamás haya existido: los fascistas, es decir, el señor Ministro y sus compañeros de partido. Nosotros no luchamos en nombre de la juventud contra la vejez, sino en nombre de la verdad, de la libertad, de la justicia y de la honradez -valores tan viejos como el ser humano-, contra la mentira de la prensa dirigida, contra la esclavitud bajo una tiranía que impone a los exámenes universitarios la «solución» unívoca de cada tema, contra la injusticia de la ilegalidad oficial en la que vivimos y contra la corrupción administrativa que aumenta todavía más los sufrimientos que causan estas tres plagas que acabamos de citar: la mentira, la esclavitud, la injusticia.

La otra cuestión es la de la justificación que de su violencia contra los estudiantes de Barcelona da el señor Ministro, quien dice. «La más envilecida de todas las formas de adulación es aquélla que se rinde a la colectividad». Nosotros propondríamos al señor Ministro que sustituyera la «moral» de pura emoción «viril» que le dicta esa frase, por la moral de seres racionales atentos a los postulados de la justicia pública. Entonces obtendría, en lugar de la sentencia viril-glandular acabada de citar, la siguiente afirmación ético-jurídica: «La más monstruosa de todas las formas de dictadura es aquélla que tiraniza una colectividad mayoritaria, constituida prácticamente por todo un pueblo«.

Recordaba Xavier Folch que Sacristán comentó al conocer la versión catalana de su escrito que no importaba demasiado que su papel se perdiera, que lo decisivo era conservar el texto de Espriu. Así ha sido. No sería admisible negar la posibilidad de verificar una vez más la excelencia literaria del autor de La pell de brau:

«Sota el titol «La buena salud universitaria», el ministre d´Educació Nacional, don Jesús Rubio, publicà en La Hora un article en el qual assegura que l´estat de salut de la Universitat espanyola és dolent: ho explica de la següent manera: «Els nostres joves universitaris, en contrast amb el que passa en altres països, no tenen prou aplicació». Després d´aquest diagnòstic i del seu comentari («Es precís, per al propi equilibri i per a l´equilibri de la col.lectivitat a la qual pertanyem, que el nostre esforç tingui una aplicació exacte…»), el nucli de l´article queda arrodonit amb una promesa («la resta li serà donada per afegiment»), mesclada amb una amenaça elegant: «…i no hi ha error més greu que el d´intentar abastar directament allò que només per afegiment es pot aconseguir.»

Nosaltres, els universitaris de Barcelona, molt especialment afectats per la política i per les frases del senyor Ministre, creiem que aqueixa acusació no és fonamentada. Altrament, els funcionaris del Ministeri d´Educació Nacional han repetit moltes vegades que no s´havia mai estudiat a Espanya amb tanta aplicació com ara. El testimoni d´uns funcionaris no pot convèncer de res, és cert, el ciutadà espanyol actual, però en aquest cas coincideix amb la nostra experiència: molts de nosaltres hem visitat en aquests darrers anys Universitats estrangeres i hem pogut comprovar que la nostra inferioritat intel.lectual, respecte a l´estudiant europeu de la nostra edat i de la nostra mateixa especialitat, no consisteix en un major aplicació per part seva. És normal, al contrari, que l´estudiant espanyol sigui, per dir-ho així, més «erudit» que el seu col.lega estranger: sabem més coses -dates, per exemple, o, títols d´obres, o noms de cònsols romans-, adquirides per una pacient aplicació. La nostra inferioritat prové d´una altra font: del fet de no conèixer quasi mai el plantejament actual dels grans problemes ideològics i científics. Si no tenim la sort de topar amb un professor aliè als confeccionadors dels qüestionaris oficials, o si alguna casualitat no ens ajuda a encarrilar amb bones lectures el nostre forçat autodidactisme, som inevitablement, amb totes les nostres muntanyes de coses amb tanta aplicació apreses, uns rústics provincians en la cultura del segle XX, uns provincians als quals ningú no ha mostrat on radica el fons, signe d´estudi i de discussió, de la vida espiritual del món en el qual vivim.

I com més aplicació, pitjor. Perquè -excepte en les disciplines tècniques (l´ esterilitat de les quals, a Espanya, prové d´una altra causa: del desordre econòmic)- és impossible d´ensenyar i d´aprendre res d´autèntic en un règim universitari desproveït de tota llibertat científica i de tot contacte amb la situació real de la humanitat. No hi ha cap cultura que pugui florir en el sòl uniforme -pur carbó de pedra- d´una tirania

ideològica com la que suporta la Universitat espanyola.

El senyor MInistre tindria raó si es limités a dir, d´una banda, que la Universitat espanyola està malament. I seguiria tenint raó si, d´altra banda, ampliés el seu diagnòstic i digués: «Tota la cultura espanyola està ferida de mort, esterilitzada». En efecte: el prestigi cultural del país s´alimenta encara de la cultura que en ell florí fins a l´agonia de la llibertat.

No és sols la Universitat allò que està malament de salut. La deficiència universitàrìa és només un símptoma de la malaltia que sofreix tota la nostra cultura, afusellada pel «¡Muera la inteligencia!» que el general Millán Astray disparà a l´Unamuno l´any 1936 en el Paraninf de la Universitat de Salamanca; un símptoma de la malaltia nacional que s´anomena «tirania».

I, tanmateix, és ben cert que l´estudiar amb aplicació els qüestionaris ideològicament decretats pel Règim pot donar quelcom per afegiment: pot donar unes quantes sinecures. Però el que necessita el país en el terreny universitari no és la solució poc digne dels problemes personals de cent estudiants astuciosos, sinó el restabliment de la llibertat científica i de càtedra. I això no s´aconsegueix per afegiment, sinó, tanmateix, d´una manera inversa: amb la nostra lluita política aconseguirem, amb la llibertat de la nació, la llibertat universitària -«per afegiment»-. Per això, doncs, lluitem.

El roanament és tan obvi que no podem creure que el senyor Ministre hagi exposat sincerament les seves raons. I ho creiem encara menys quan recordem, per exemple, aquell «No-Do» destinat a calmar-nos i en el qual el locutor ens aconsellava amb insistència: «El que és essencial és divertir-se». Deien el mateix les octavilles posades en circulació per l´Autoritat, a la Universitat de Barcelona, durant les accions de gener i de febrer. El senyor Ministre no és sincer quan demana aplicació: ell sap prou bé que els estudiants del divertir-se, els estudiants d´estudiantina i «Casa de la Troya», són els únics que estan al seu costat.

Fora ja del tema central, l´article del senyor Ministre esmenta dues qüestions a les quals ens interessa al.ludir breument. L´una és el retret de «jovenivolisme» (valgui la paraula) que ens fa. Aquest reprotxe és també injust. Nosaltres no creiem que la joventut sigui un valor moral; només han pogut creure tal cosa les persones de contextura cerebral més peregrina que mai hagin existit: els feixistes, és a dir, el senyor Ministre i els seus companys de partit. Nosaltres no lluitem en nom de la joventut contra la vellesa, sinó en nom de la veritat, de la llibertat, de la justícia i de la honradesa -valors tan vells como l´home-, contra la mentida de la premsa dirigida, contra l´esclavitud sota una tirania que imposa als qüestionaris universitaris la «solució» unívoca de cada tema, contra la injusticia de la il.legalitat oficial en la qual vivim i contra la corrupció administrativa que augmenta encara més els sofriments que causen aqueixes altres tres plagues que acabem d´esmentar: la mentida, l´esclavitud, la injusticia.

L´altra qüestió és la de la justificació que de la seva violència contra els estudiants de Barcelona dona el senyor Ministre, el qual diu així: «La més envilida de totes les formes de l´adulació és aquella que hom rendeix a la col.lectivitat». Nosaltres proposaríem al senyor Ministre que substituís la «moral» de pura emoció «viril» que li dicta aqueixa frase, per la moral d´éssers racionals atents als postulats de la justícia púbica. Aleshores obtindria, enlloc de la sentència viril-glandular acabada de citar, la següent afirmació ètico-jurídica: «La més monstruosa de totes les formes de dictadura és aquella que tiranitza una col.lectivitat majoritària, constituïda pràcticamet pet tot un poble.»

*

Anexo 2: Editorial de Quaderns de cultura catalana, nº 3 (revista del PSUC, noviembre 1959, firmado como «Q.C.C»).

El siguiente texto es la editorial del número 3 de Quaderns de cultura catalana. Josep Fontana ha confirmado la autoría de Sacristán (por lo demás, muy evidente). Obsérvese la coincidencia de posición con escritos de la época como «Tres notas sobre la alianza impía» y con textos posteriores enmarcables en el ámbito de la política y la sociología de la ciencia:

«En los ambientes intelectuales conservadores y tradicionalistas, los últimos acontecimientos de la técnica astronáutica (Lunik II y Lunik III) han provocado las habituales jeremiadas de menosprecio acerca de la «mecánica civilización técnica», llantos de raíz romántica y germánica difundidos en nuestra casa por las traducciones de Revista de Occidente. La alegría satisfecha de los comunistas por el éxito de la astronáutica soviética es, para estos nostálgicos de la «naturalidad», de la «escala humana» del mundo medieval, rudo y bárbaro entusiasmo respecto de la «mera acumulación» de conocimiento y conquistas técnicas materiales, irrelevantes según ellos para el destino del hombre y para su autoconocimiento. La intelectualidad burguesa de países que, al menos, han abandonado culturalmente la Edad Media -sobre todo los anglosajones- consideran que este entusiasmo natural de los comunistas es tan sólo partidismo, sentimiento espurio de la pura actividad científica, del ethos teorético. Los comunistas -según ellos- habrían estado menos felices si el Lunik III se hubiera llamado «Explorer» y hubiese despegado de alguna base yanqui.

Es verdad. Nos ha satisfecho positivamente que el Lunik III llevara una hoz y un martillo -esto que la prensa franquista llama tímidamente «el escudo de la Unión Soviética» y que en realidad es el símbolo internacional de la humanidad que trabaja y avanza. Nos ha satisfecho, naturalmente, como comunistas, pero nos ha satisfecho también como personas de profesión científica o intelectual en general, porque el hecho que el Lunik III llevase una hoz y un martillo -símbolo muy diferente del viejo nacionalismo hambriento de conquistas imperiales que se esconde en acto o en potencia, debajo de los pliegues de las otras banderas del mundo- garantiza que la ciencia continúe siendo en el siglo XX, gracias al triunfo del marxismo en parte del mundo, fiel a su función cultural revolucionaria y progresista. La ciencia -nuestra ciencia europea, usando palabras agradables a todos los oídos- nació con la voluntad y misión revolucionarias: nació con el objetivo de liberar al hombre de la más sutil de todas sus alienaciones, que es la alienación en sus propios productos culturales y especialmente en la visión teológica tradicional del mundo. No importa que Kepler o Newton tuvieran una religiosidad personal y propia; ésta era, con sus vaguedades heterodoxas, un compromiso con la religiosidad medieval, y constituía, por otra parte -esto es decisivo culturalmente- una ruptura con el teologismo de la Edad Media: la religiosidad de Newton se inserta ya a posteriori, como mítica, en la nueva visión científica del mundo, en lugar de ser, como era la teología medieval, estructura fundamental y apriorística de toda la cultura.

Aún dejando al lado la actitud reaccionaria de un mundo sin ciencia, actitud con cuya consideración hemos iniciado esta nota; aún teniendo en cuenta solamente la forma más moderna de la cultura burguesa -la mentalidad científica presuntamente libre de ideología y de ideales, tal como se presenta en el neopositivismo anglosajón-, se puede afirmar que la ciencia, en el mundo burgués, ha perdido su razón de ser humana y humanista: ser un arma en la lucha del hombre contra la alienación de su espíritu en lo que es desconocido, ser verdadera creadora de cultura, de mundo espiritual humano, y no solamente de instrumental técnico. Que la ciencia vaya adelante por obra de marxistas, por obra de humanistas, es garantía que la lamentación romántica tradicionalista sobre la escisión entre ciencia y hombre no tiene razón de ser. El científico marxista no hace ciencia simplemente porque le divierte o porque tenga su modus vivendi, para olvidarla en su vida privada y moral, como olvida la bata del laboratorio después de sacársela. El científico marxista hace ciencia como los clásicos: en función de un ideal revolucionario de progreso, al servicio de un nuevo mundo humano. Por eso nos alegra que el Lunik III haya despegado de la URSS más de lo que nos alegraría -y nos alegraría mucho también- si hubiera despegado de los Estados Unidos de América

*

Anexo 3: Entrevista con UnomásUno.

Esta entrevista fue realizada por Javier Molina y se editó los días 25 y 26 de enero de 1983. Unomásuno era un diario vinculado a la izquierda mexicana, crítica del hacer político del P.R.I. (Partido Revolucionario Institucional).

La primera parte de la conversación apareció con el siguiente titular: «Opina el catedrático Manuel Sacristán. «Marx un autor «irrenunciable» como clásico de las ciencias sociales pero «no actual» en sus detalles». Lo han desbordado las fuerzas productivas y destructivas de hoy». La segunda parte recibió otro titular no menos jugoso: «Critica el filósofo marxista la política nuclear de Mitterrand. El socialismo radical no debe considerar como bien absoluto ninguna forma de Estado: Manuel Sacristán».

Recuérdese que fue durante el curso académico 1982 83, cuando Sacristán impartió clases en la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México). Independientemente de la existencia de otras razones, la posibilidad de dar clases en esta universidad mexicana probablemente estuviera relacionada con su primera visita a la UNAM y con su intervención en el Congreso de Filosofía celebrado en Guanajuato en 1981. Allí Sacristán presentó una comunicación con el título «La relación entre la sociedad y la naturaleza en la filosofía de las ciencias sociales (Un esquema de discusión)», editada en Dialéctica y en mientras tanto, nº 10, diciembre 1981, pp. 23 34 (ha sido reimpresa en Papeles de filosofía, op. cit, pp. 453 467).

«I. La vigencia del pensamiento de Carlos Marx. Es una cuestión que se ha planteado con motivo del centenario del fallecimiento del autor de El Capital. Manuel Sacristán, catedrático de metodología de las ciencias sociales, de la Universidad de Barcelona, responde lo siguiente:

«A mi me parece que cuando nos ponemos frente a la obra de Marx hoy, hay unas cuantas cosas claras. La primera es que en el plano científico Marx es un clásico de las ciencias sociales, lo que quiere decir un autor por un lado irrenunciable y, por otro, no actual en todos sus detalles. Y otra cosa clara es que Marx es mucho más que eso: es un clásico también de la secular o milenaria aspiración de la humanidad a emanciparse de las servidumbres que ella misma se ha impuesto. Esto que dicho así suena demasiado hegeliano, en la versión de Marx se concreta suficientemente por medio de los análisis sociales de clase. En los dos campos: como científico y como filósofo de la sociedad Marx es un gran clásico que, en mi opinión, no caducará nunca.

«Pero cuando se plantea la cuestión de continuar hoy elaborando la clave de la inspiración marxiana (que consiste en asentar el movimiento emancipatorio en una base científica) se plantean problemas realmente serios. El principal de ellos, en mi opinión, se refiere a la importancia del desarrollo de las fuerzas productivas para la acción revolucionaria».

Manuel Sacristán sostiene que «las fuerzas productivas y destructivas desencadenadas en la segunda mitad del siglo XX han desbordado con amplitud lo que Marx podía imaginar. Eso pone en tela de juicio el objetivismo del modelo de origen hegeliano en el que el desarrollo de las fuerzas productivas juega un papel enérgicamente revolucionario, por aquello de que todo lo real es racional. A mi me parece que éste es hoy el punto problemático fundamental del marxismo».

Manuel Sacristán se encuentra en México impartiendo dos seminarios en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, uno para docentes y otro para la división de postgrado. Se trata de un curso de método cuyos temas son la inducción y la dialéctica.

«Escogí esos dos temas porque son dos capítulos más bien despreciados o discutidos de la filosofía de la ciencia. Discutidos hasta el punto de que hay autores que creen que son palabras vacías. Respecto de inducción, por ejemplo, Popper sostiene no hay inducción, que eso no existe, que es una palabra vacía, y respecto de dialéctica lo creen también muchos autores. Como por otra parte son dos conceptos que se usan mucho en la filosofía de las ciencias sociales, me pareció interesante estudiar los dos, un semestre cada uno. Primero desde el punto de vista lógico, formal, y luego desde el punto de vista de la metodología de las ciencias sociales».

Desde este último punto de vista, ¿qué me diría usted de la inducción y de la dialéctica?

Como los dos conceptos son muy discutidos es claro que cada uno tiene su opinión.

La mía es que tanto inducción como dialéctica, en planos muy distintos, describen operaciones cuyas reglas son muy triviales, como partos de los montes: decepciona mucho cuando se ponen en forma de reglas; pero, en cambio, son operaciones que se practican constantemente, igual en el conocimiento científico que en el cotidiano, en el común, ordinario. Por ejemplo son inductivas las generalizaciones de bajo nivel, generalizaciones empíricas como a menudo se dice, pero probablemente también muchas comparaciones analógicas que se encuentran en la producción de hipótesis y, por otra parte, se puede llamar dialécticas a muchas operaciones poco formalizables de globalización de conocimientos, de integración de conocimientos. En este sentido algunas técnicas exactas, matemáticas, y en especial las basadas en la teoría general de sistemas se podrían llamar dialécticas. Estos son asuntos de interés en ciencias sociales.

La Editorial Grijalbo ha publicado doce de 68 volúmenes que integran las Obras completas, de Marx y Engels (OME). Manuel Sacristán dirige la edición y traduce, para la misma, El Capital. Traduce ahora el libro tercero (han aparecido el primero y el segundo). Nos informa que obras completas de Marx y Engels «no hay en español todavía. El Fondo de Cultura Económica, de México, está haciendo una amplia edición, pero también está en curso».

En cuanto a la traducción de El Capital «intento, dice, una traducción que sea muy fiel literariamente. Creo que Marx fue un gran escritor, con una prosa muy enérgica que hay que intentar respetar. De todos modos me atengo, al traducir, a dos cosas: el vocabulario y el texto que traduzco.

Quiero decir que a mí me parece que El Capital que hay que traducir es el editado por Engels, porque es el único que ha sido en verdad un libro existente en el movimiento obrero y en la tradición socialista, mientras que los intentos de recomponer El Capital con los borradores de Marx, como hizo Rubel, desembocan en la fabricación de un libro fantasma que nunca existió. Lo que hay que hacer es editar El Capital que preparó Engels y, aparte, los borradores de Marx. Esa es mi opinión, por lo menos».

II. Manuel Sacristán es autor de Las ideas gnoseológicas de Heidegger y de Introducción a la lógica y al análisis formal. En España está en curso la edición de cuatro volúmenes de Escritos varios, el primero Sobre Marx y marxismo, el segundo de Escritos filosóficos, el tercero se titula Intervenciones políticas y el cuarto, Lecturas.

Sus terrenos, entonces, son lógica y filosofía de la ciencia y marxismo. En México es ampliamente conocido por la antología de Gramsci (selección, traducción y notas), cuya sexta edición fue publicada en octubre de 1981. Ha traducido, entre otros autores, a Lúcaks, Korsch, Adorno y Della Volpe (traduce del alemán, francés, inglés e italiano). «He tenido que traducir mucho (para comer), afirma, porque bajo el franquismo me expulsaron de la Universidad y viví de eso, de traducir».

¿Recuerda el primer libro que tradujo?

Sí, pues fue un libro de psicología. Hasta que uno traduce mucho puede escoger lo que traduce, pero el segundo ya fue más divertido, fue El banquete, de Platón.

«Seguramente traducir es importante, pero es, por otro lado, un trabajo muy ingrato, al menos en España; en España el traductor es un trabajador a destajo, le pagan a tanto la hoja y si está enfermo no gana nada, y en cuanto hay un poco de crisis las editoriales restringen las traducciones. Es un trabajo nada bien pagado. Ahora, es evidente que la traducción en si misma es muy importante».

Hay algunos temas actuales que se abordan desde el marxismo: la ecología, la crítica a una ciencia económica y a una práctica política alejadas de la solución de la crisis general del capitalismo…

Soy director, en Barcelona de una revista que se llama mientras tanto, de la que han salido doce números. La redacción de la revista es un grupo de personas de pensamiento marxista radical, en su mayoría procedentes del Partido Comunista y que principalmente se proponen trabajar la integración de los nuevos problemas de la civilización industrial en el pensamiento de tradición socialista revolucionaria. En la práctica abordamos esa tarea en colaboración con los pequeños partidos marxistas revolucionarios, con grupos anarquizantes, con grupos ecologistas y antinucleares y con movimientos alternativos, como feministas, etcétera.

En la advertencia de la antología de Gramsci usted se refiere a «la necesidad de pasar por encima de las clasificaciones académicas tradicionales cuando se quiere entender el pensamiento revolucionario. Para que haya pensamiento revolucionario, afirma, tiene que hacer ruptura con la estructuración del pensamiento culturalmente consagrado».

Cuando sostengo que el pensamiento revolucionario tiene que superar la estructuración académica del conocimiento, no es que esté por principio despreciando la estructuración académica del pensamiento, la cual puede ser un punto de partida imprescindible (aunque no siempre). Lo que pienso es que para ser virtualmente revolucionaria, una cultura filosófica y política ha de rebasar, en un cierto sentido, la estructuración del conocimiento en la academia. Y el sentido en que hay que rebasarla consiste en una integración intelectual, en una tendencia a hacer una síntesis, que es lo que yo considero el momento dialéctico de todo pensamiento revolucionario, y por otra parte, la tendencia a una integración todavía superior, que es la integración con la práctica.

«En este punto creo que es necesario hacer una puntualización. En realidad, todo conocimiento tiende a desembocar en una práctica, como decían los escolásticos, el entendimiento especulativo se hace práctica por extensión. Pero lo que ocurre es que esa práctica puede ser puramente tecnológica o ampliamente político social, sin que las dos se excluya, naturalmente. Una característica importante, en mi opinión, de la tradición marxista es la aspiración a un conocimiento científico, pero también integrado dialécticamente en una práctica social. Eso hace que todo marxismo cientificista o teoricista me parezca bastante lejano de la inspiración más central de Marx y de la tradición marxista».

Le preguntamos por el tema socialismo y democracia. «Yo me siento incómodo ante el tema, tengo que reconocerlo. Por un lado es muy claro… quiero decir, por otro es oscuro. Es muy claro que todo socialista normal tiene que ser partidario de la democracia, mientras sea necesaria la organización política de la vida cotidiana pero, por otra parte, un auténtico socialista tampoco puede ser un adorador de la democracia. La democracia es una forma de organización política, es decir una forma de Estado, en sentido estricto, y a mí me parece que el socialismo radical, el socialismo en serio, tiene que conservar suficiente parentesco con el anarquismo, como para no considerar bien absoluto ninguna forma de Estado político, de Estado en sentido estricto.

«En estos momentos de reflujo ideológico, de eclipse de la subjetividad revolucionaria en todos los países de capitalismo avanzado, esto que digo puede parecer una locura o una tontería, pero a mi me parece que precisamente esa crisis ideológica está pidiendo para su superación que nos remontemos a la fuente común de voluntad emancipatoria de la que nacieron todos los socialismos, incluido el anarquismo.

«Las cosas se complican todavía más si se considera la práctica socialdemócrata en Europa. Los socialdemócratas europeos, que a menudo se llaman abusivamente socialistas, fundan su legitimación en una exaltación de la democracia, y hasta el momento están contribuyendo al dictado del gobierno estadounidense al armamento nuclear de Europa. Las posiciones del gobierno socialdemócrata francés respecto del armamento nuclear en Europa son peores que las del difunto Franco, dicho sea sin pelos en la lengua. No pasaré por eso a hablar de nuevo de socialfascismo y otros conceptos aberrantes, pero se me permitirá que no me entusiasme con el democratismo de los socialdemócratas europeos, incluidos los de España«.

*

Anexo 4: La edición de la tesis doctoral de Sacristán.

La tesis doctoral de Sacristán fue publicada inicialmente por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto «Luis Vives» de Filosofía, delegación de Barcelona, «en 1959» -realmente, 1960-, al precio de 115 pesetas. La publicación llevaba la siguiente información sobre el autor: «Nació en Madrid en 1925. Cursó los estudios de la licenciatura en Filosofía y Letras, sección de Filosofía, en la Universidad de Barcelona. Terminados éstos, estudió de 1954 a 1956 en el «Institut für mathematische Logik und Grundlagenforschung» de la Universidad de Münster-Westfalia. Desde 1956 actúa en la Universidad de Barcelona como ayudante de clases prácticas en la sección de Filosofía y como Profesor adjunto, encargado de la enseñanza de Fundamentos de Filosofía en la facultad de Ciencias Políticas y Empresariales. Consiguió el grado de doctor en filosofía en 1958, con la máxima calificación. Ha publicado sobre temas lógicos y gnoseológicos en revistas de la especialidad». «Actúa» no es ninguna errata que se me pueda atribuir.

Fue para la redacción de esta tesis cuando Sacristán suspendió provisionalmente su militancia en el Partido (la segunda vez fue cuando redactó Introducción a la lógica y al análisis formal), presentando las motivaciones centrales de su estudio en los siguientes términos (Las ideas gnoseológicas de Heidegger., op. cit, p. 24)

«Los grandes filósofos antirracionalistas del siglo XX, tanto Bergson como Jaspers o Heidegger, enseñan además una doctrina más o menos coherente sobre el conocimiento, sobre la verdad, el pensamiento verdadero, la razón, la abstracción, la lógica, etc. Cuando no plenas teorías, sí es dable encontrar en ellos abundantes ideas gnoseológicas. El presente estudio tiene su principal motivo en la creencia de que la ocupación con las ideas gnoseológicas del pensamiento antirracionalista es el primer deber de la razón en su consideración de esa filosofía; y tiene como objeto el estudio de las ideas gnoseológicas del filósofo más importante desde un punto de vista cultural, y acaso también más «profundo» del antirracionalismo contemporáneo: Martin Heidegger. Su motivo y su objeto permitirían acaso cifrar la tarea de este estudio en la contestación a la siguiente pregunta:¿qué puede aprender el pensamiento racional de las ideas gnoseológicas de Heidegger?«

En una carta de 1959 dirigida al «Excmo. Sr. Jefe de la Oficina de Publicaciones», Laureano López Rodó, entonces miembro del patronato de Letras del CSIC, se manifiesta en los siguientes y curiosos términos sobre la publicación de la tesis:

«Excmo Señor:

En la reunión de esta Comisión Permanente del 9 del actual, se acordó adjudicar los trabajos de edición de la obra Las ideas gnológicas de Heidegger, por Don Manuel Sacristán Luzón, a la imprenta Gráficas Marina, S.A. de Barcelona, por un importe de 28.425 ptas que se abonarán con cargo a los fondos de la delegación de Barcelona del Instituto «Luis Vives», y elevar este acuerdo a la superioridad.

Lo que comunico a V. E. para su conocimiento y demás efectos.

Dios guarde a V. E. muchos años. Madrid, 27 de julio de 1959.

El secretario de la comisión permanente.

Firmado: Laureano López Rodó».

El adjetivo «gnológicas» hizo fortuna porque en dos cartas o comunicados más sobre la edición de Ideas se vuelve a hacer referencia a las ideas gno-lógicas de Heidegger. Probablemente todo ello fuera fruto de una lectura en profundidad de la tesis y de la aceptación no-lógica de algunas posiciones heideggerianas.

Años más tarde, el 21 de julio de 1967, el profesor Orlando Pugliese escribió una carta a Sacristán expresándose en los siguientes y elogiosos términos:

«Señor profesor Dr Manuel Sacristán

Distinguido colega:

De entre sus trabajos había conocido casi accidentalmente en Alemania el excelente libro sobre Heidegger y la interesantísima introducción a Heine, cuando en cierta ocasión, estando en Hamburgo, al hablar de aquel libro como tal vez la mejor obra en español sobre Heidegger, Carmen Díaz (hoy señora Fenner), me contó que usted había sido su profesor en Barcelona.

Desgraciadamente son los contactos entre Alemania y nuestros países (yo soy argentino, pero vivo desde hace muchos años en Europa y regresaré a Buenos Aires probablemente en marzo) no siempre desprovistos de prejuicios y, en lo que se refiere a Alemania, de ciertos aires de autosuficiencia no siempre justificables. De lo contrario, hubiese debido aparecer su obra ya tempranamente en las bibliografías de uso corriente aquí desde hace años.

Me permito enviarle, por correo separado, un ejemplar de mi propio «opus» sobre Heidegger, aunque se trate de un trabajo en parte un tanto convencional que debería reconsiderar hoy al hilo de otros intereses y sobre todo de otros planteamientos. Pero aún así, acaso pueda ser de su interés. (Le ruego, sí, dispense las pequeñas manchas de tinta en el borde). Sus señas me fueron comunicadas por una carta de la señora Carmen que recibí hoy.

Deseándole mucho éxito en su trabajo, le ruego acepte los saludos cordiales…».

Todos estos materiales pueden consultarse en Reserva de la Universidad de Barcelona, fondo Sacristán.

*

Anexo 5: Sobre el número 9 de Nous Horitzons.

La redacción de Barcelona formuló una crítica colectiva al número 9 de NH, fechada en junio de 1967, que puede consultarse en Reserva de la UB. Dirigida a la dirección del PSUC, llevaba la siguiente advertencia: «Los comentarios están hechos rápidamente y sería necesario argumentar más: perdonad que no lo hayamos hecho esta vez, pero nos ha parecido que os sería útil recibiéndolos ahora. Insisto en el punto de que estas notas han sido elaboradas por acuerdo unánime de los seis miembros de la redacción barcelonesa».

Conjeturo que el autor de la redacción final de la crítica fue Sacristán. He traducido del catalán:

«Nota: El número del margen izquierdo indica la página del trabajo.

3 [«Inutilidad de un referéndum»]. Nos ha parecido pobre de argumentación. Tenía que ser más profundo

4 [«Nuevos elementos en la lucha de la clase obrera»] Correcto

7 [«La enseñanza del catalán»] Hecho muy rápidamente. Poco riguroso. Título desafortunado. Era necesario decir «la enseñanza en catalán» (no solamente del catalán).

9 [«La Universidad en primera línea»] Acierto en poner este trabajo aquí. Lástima que no se haya vigilado la ordenación: el texto del Dr. Rubió [«Carta al Doctor Rubió», p. 10] tenía que abrir la sección y de manera más destacada

29 [ «Lenin y la cuestión nacional»] Más que la reproducción de un fragmento de la biografía de Lenin nos hubiera interesado una reseña larga del libro.

33 [«El verdadero problema no son los inmigrantes», R. Vidiella] Es una nota más apropiada para un lingüista que para un combatiente. Renovamos la petición hecha en otras ocasiones: es necesario convencer al compañero Vidiella para que escriba sus memorias. ¡Todos sus escritos sobre hechos vividos por él son enormemente bien acogidos! Repetidle el encargo, por favor.

37 [«La emocionante ayuda de los pueblos soviéticos al Vietnam», Emili Vilaseca] Propagandísticamente es muy flojo, ineficaz. Cuando sea necesario criticar la desviación de Mao y de su grupo, no recurráis más a la prensa occidental.

46 [«El PSU y la guerra nacional revolucionaria, 1936-1939»; Josep Moix] Demasiado general y sabido. En cambio, es necesario que el camarada Moix (como hemos pedido al camarada Vidiella) diese cuenta de hechos de su experiencia sindical (Sabadell, etc). Esto es muy importante.

53 [«El ciclo de Teatro Latino», Hernani] Es decente, periodísticamente muy atractivo.

59 [«En el centenario del Maestro Millet», T. P. Beltran] Interesante como experiencia vivida.

62 [«Homenaje de Barcelona a Picasso», Un estudiante] Un ejemplo de lo que sería necesario NO repetir. En primer lugar: una autocrítica nuestra por no haber hecho la nota. Ahora todos estos sucesos vendrán reseñados por nosotros. Una recomendación: cuando recibáis una nota de un francotirador llena de anomalías como esta haced el favor de no incluirla. Nosotros con tiempo ya os anunciaremos los temas y hechos que trataremos en cada número.

63 [«Paris, por los 85 años de Picasso», R. Güell] No es un artículo para NH; el tono es muy flojo.

65 [«Un buen ejemplo»] Es una versión de política cultural populista, no marxista. De todas maneras, aporta elementos interesantes.

Creemos que la presentación tendría que haber sido crítica (no paternalista), situando correctamente al lector enfrente del documento.

70 [«Algunas buenas cosas del Sant Jordi»] Nos parece una nota desafortunada: una reseña de los premios de Santa Llúcia tiene que ser más ajustada.

  1. Felicidades por la iniciativa. ¡Que se repita!».

Acaso este último aparado se refiere a la p. 76 -«Declaración de seis partidos de izquierda» o p. 77 -«Declaración de un grupo de sacerdotes y religiosos«.

*

Anexo 6: Esquema de un conferencia sobre Gramsci.

El 4 de mayo de 1977, en un ciclo de conferencias organizado por un comité de estudiantes con motivo del 40º aniversario de la muerte de Antonio Gramsci, Sacristán impartió una conferencia en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona. El siguiente esquema, con fichas anexas, es el guión de su intervención (Con ocasión de estas jornadas, fue entrevistado por Félix Manito y Miquel Subirana para Diario de Barcelona (10 de mayo de 1977). La conversación se publicó con el título «Gramsci es un clásico, no es una moda». Puede verse ahora en: De la primavera de Praga al marxismo ecologista, op. cit, pp. 81-90).

Sobre su vivencia de Gramsci, cabe recordar este paso de una entrevista de 1979, realizada por Jordi Guiu y A. Munné para El viejo Topo, que no llegó a editarse en su momento:

«[…] Supongo que no me equivoco en los factores que saltan a la vista. Por ejemplo: igual tanto la inhibición general de escribir como el cambio de temas tiene que ver con alguna pérdida de convicción sobre los esquemas clásicos del pensamiento político-cultural del movimiento obrero mayoritario (por lo menos en Europa Occidental). También sin necesidad de introspección, porque salta a la vista, recuerdo otro motivo de inhibición: el estudio de Gramsci en otras épocas, no ahora [1979]. Desgraciadamente tengo siempre la mala pata de estar siempre contra las modas. Cuando se pone de moda yo ya no estoy con el estudio de Gramsci. Pero en las años finales de los cincuenta y, sobre todo, en lo sesenta, he estudiado mucho a Gramsci, y estoy seguro de que uno de los factores de mi inhibición de escribir, de intervención política y cultural o político-cultural, ha sido la evidencia final para mí que Gramsci supo que todo era una derrota, que el proceso histórico-político en el que el había intervenido como protagonista se saldaba con una derrota total. Creo que su muerte, su larga enfermedad, su evidente neurosis y sus infinitas manías, sus auténticas manías persecutorias, por ejemplo, de las que hay pruebas fehacientes, son fruto de una enorme depresión. Creo que Gramsci ha muerto de depresión, de muerte psíquica, de catástrofe.

Eso tiene que contar mucho entre los factores de mi inhibición. A mí me parece que la historia de Gramsci es la historia de una catástrofe. Por eso, entre otras cosas, no me puedo poner ahora a cultivar la moda Gramsci. ¿Cómo va a haber esperanza de nada en la historia de una catástrofe? Uno puede tenerle mucho amor a Gramsci -yo se lo tengo, desde luego-, es un figura muy digna de amor, pero no porque sea una perspectiva de éxito del movimiento obrero, sino que, como cualquier mártir, es digno de amor.

Y, por último, hay un tercer factor de inhibición clarísimo. Así como llegué a la convicción de que la historia de Gramsci, por tanto, la historia de la III Internacional y, por lo tanto también y por anticipación, la posible historia del comunismo gramsciano, son historias catastróficas, tragedias, así también llegué a la convicción inhibitoria que la figura del intelectual y su papel es algo deleznable […]

Otro factor fue la pérdida de fe en el esquema político del momento en el movimiento obrero, particularmente en el movimiento comunista de los años 64, 65, 66, 67 y también 68 (el 68 fue la traca final claro). Luego, la generalización de eso: ver que tenía que perder la fe no sólo en la coyuntura política del partido comunista, sino en toda la tradición de la III Internacional e, incluso, en la variante gramsciana«.

El esquema de la conferencia de 1977 es el siguiente:

1.1 Lo que me apetece hacer es una conmemoración de Gramsci, que Gramsci no sea pantalla en este aniversario de su muerte. Lo merece

1.1.1. Barcelona es sitio adecuado para la conmemoración.

1.1.1.1. Radio Barcelona

1.1.1.2. Cesare Colombo

1.2. Muchos recuerdos funerarios, ciertamente. No desconectados del tema. La inclinación a la elegía no es extraña en el caso de Gramsci.

1.2.1. Infancia

1.2.2. Sufrimiento en la cárcel: visto por el mismo Gramsci

2.1. Selección de un hilo continuo para reflexionar «conmemorativamente», esto es, de un modo breve, pero globalizador

2.1.1. Y por consejo de Gramsci mismo

2.2. Varios hilos continuos importantes:

2.2.1. La práctica y la teoría

2.2.2. Los intelectuales

2.2.3. La organización de la clase obrera

2.2.3.1. Consejos

2.2.3.2. Partido político

2.2.4. El análisis de la cultura.

2.3. Mostrar el enlace entre ellos.

2.4. Y como otro hilo los resume todos: el orden y el tiempo. O el orden, el tiempo y la revolución en occidente.

2.4.1. Lo tomo también porque permite considerar el pensamiento político de Gramsci (y parte de su práctica) muy vinculado hacia su filosofía básica, por un lado, y hacia su vida, por otro.

2.4.1.1. Lástima grande que Gramsci no haya escrito su «Poesía y verdad»

2.4.2.2. Paggi (1967) y Gerratana (1975) sobre este punto: filosofía o teoría y política.

2.4.2.3. El mismo Gramsci lo ha dicho

2.4.2.3.1. El filósofo y el político

2.4.2.3.2. Insinuación.

3.1. El concepto gramsciano de revolución es instauración de un orden nuevo.

3.1.1. Recurrencia de la expresión, nombre de periódico y de revista.

3.1.2. «Tre principi, tre ordini»1

3.1.2.1 Situación del artículo:11/2/1917. LCF.

3.1.2.2. Planteamiento (págs.17/18) [No leer]

3.1.2.3. Dos órdenes capitalistas (págs. 19/20) [No leer]

3.1.2.4. Situación en Italia (pág. 22) [No leer]

3.1.2.5. El orden y el tiempo (pág. 22 ) [leer: los reformistas]

3.2. Teniendo presente la formación filosófica de Gramsci, se puede pensar que ella sea la causa de esa importancia de la idea de orden.

3.2.1. Porque se ha formado en un

3.2.1.1. Idealismo historicista (Croce)

3.2.1.2. Con punta luego biologista-organicista (Bergson)2

3.3. De todos modos, más explicativa es la fase político-social durante la cual la cual ha cristalizado el pensamiento revolucionario de Gramsci.

3.3.1. Con implicación personal: los sufrimientos de infancia y juventud.

3.4. El mundo capitalista es así vivido como un imperio del mal describible como caos, desorden.

3.4.1. La guerra del 1914 para acabarlo de arreglar

3.4.1.1 El 13 o el 14 ingresó en el PSI.

3.5. El socialismo es el orden en sí: págs. 22/23 [leer]

4.1. Está claro que detrás de las concepciones del joven Gramsci no hay en primer plano filosofía de la tradición marxista de la II Internacional.

4.1.1. Sino incluso idealismo, que es como interpreta a Marx.

4.1.2. Lo que le va a ahorrar siempre estropearse con el Diamat futuro (Lubomir Sochor)

4.1.3. El Gramsci pantalla ha protagonizado discusiones sobre esto de su formación. Paggi despojó la redacción cultural del GP.

4.2. En ese mismo artículo Paggi ha visto en la contradicción inicial de Gramsci una razón de la importancia de la resolución política de su pensamiento.

4.2.1. Por lo demás, el mismo Gramsci lo había visto: las «incrustaciones positivistas» en Marx.

5.1. Entre la evidencia del caos, la revolución de Octubre (contra el canon histórico del Capital) y, tal vez, la juventud, el concepto organicista de orden, con su expansiva totalidad, y el bergsoniano o idealista de tiempo se imponen en su concepto de revolución.

5.1.1. Los consejos: son la concreción del orden nuevo en el seno del viejo orden relativo o absoluto desorden capitalista, y la simultaneidad de dos tiempos.

5.2. En aquel momento el marxismo, el Histamat, es conservador: Serrati

5.3. Consiguientemente, Gramsci se reafirma en su idealismo;

5.3.1. La revolución contra el Capital3

5.3.2. La historia.

5.3.3. En ese cuadro, nada de «número del movimiento», sino duración instantánea distinguida de otra por su cualidad.

6.1. Contraste con unos años más adelante, ya en la cárcel.

6.1.1. El factor tiempo

6.1.2. Previsión de tiempos largos, constituyente, etc.

6.1.2.1. Aunque no es nunca «vía parlamentaria’

6.2. El sentido autocrítico es indudable. Autocrítica, sin embargo, la había habido antes de la cárcel y de la victoria del fascismo, ya desde su época de Viena (1924).

6.2.1. Sobre el partido (la coacción) y los consejos (el orden),

6.3. Pero ahora el juicio autocrítico es algo más general, un tono, además de un pensamiento teórico, y engloba a la vez la vida personal

6.3.1. Final, incluso, del optimismo de la voluntad: pág.339. Leer «Poesía y verdad».

6.3.1.1. Aunque no el político.

6.3.2. Mientras que en la autocrítica de Viena había escrito «Contra el pesimismo'»

6.3.2.1. Artículo que, por cierto, impide tomar a Gramsci como pantalla para la renuncia a la III Internacional.

6.4. La declaración más categórica sobre el tiempo es autobiográfica y es filosófica a la vez: Págs. 341/342 [leer]

6.5. Ese es el fondo biográfico sobre el que entender al Gramsci maduro.

7.1. Este último Gramsci es ante todo, como generalmente se admite, un analista de la derrota de la revolución proletaria en Occidente, y teorizador de su recuperación.

7.1.1. Autocrítica y crítica retrospectiva sobre Occidente. Aunque quizá:

7.1.2. Desesperación con el VI Congreso (1928)

7.2. Base que encuentra en el análisis: la complejidad del orden social de Occidente, con su consolidación de estratos históricos (-> Tiempo).

7.2.1. Éste es el punto de arranque de la reordenación de su pensamiento.

7.3. Guerra de movimiento y guerra de posiciones4.

7.3.1. Cómo vivieron sus camaradas la idea de Gramsci. Testimonio de GarugIieri

7.3.2. Estudio de un paso clásico

7.3.3. No ignorar precedentes [¿saltar?]

7.3.3.1. Trotski

7.3.2. Lenin

7.3.3.2.1. En general

7.3.3.2.2. Incluso la comparación militar

7.4. La hegemonía, campo clave de la guerra de posiciones:

7.4.1. Comparar con los precedentes, Lukács-Korsch: [¿saltar?]

7.5. Peculiar de Gramsci es el hacer de eso una estrategia completa

7.5.1. Con aspecto también ofensivo (y justificador de Stalin): pág. 292 [No leer]

7.5.2. Muy general: los órdenes y los tiempos.

7.5.2.1. Es curioso que se puede entender como una complementación por inversión de una idea de Marx, la de la base propia.

8.1. Muy a menudo, de todos modos, el aspecto ofensivo de sus tesis finales parece sumergido por la desesperación.

8.1.1. Ya hemos mencionado su reacción al VI IC

8.1.2. Alguna alusión a R.

8.1.3. Lo mismo en el plano más personal.

8.1.3.1. Sicco Polenton

8.1.3.2. E incluso generalización

8.1.3.3. Su indecisión finalísima.

8.1.3.4. La última impresión de Sraffa5 a Spriano.

8.2 Pero pese a reconocimiento autocrítico de la derrota histórica de la III Internacional, del error de las previsiones y de la deficiencia o incumplimiento del esquema explicativo de la revolución,

8.3. No hay, frente a la evolución socialdemócrata, abandono de fines ni desnaturalización del movimiento.

8.4. Tal vez, incluso, ni siquiera pesimismo social: págs. 502-503.

*

Anexo 7: Anotaciones sobre ensayos políticos de Lenin.

En la carpeta «Marxismo», que pueda consultarse en Reserva de la UB, fondo Manuel Sacristán, pueden verse anotaciones como las siguientes sobre diversos ensayos de Lenin.

Federico Engels, escrito en otoño de 1895, vol I, 53 ss.

1. p.55 [Desde «El desarrollo de las fuerzas productivas crean las relaciones sociales en que se basan…» hasta «…y tiende al mismo fin que se han planteado los socialistas»]. Es muy notable para la cuestión del estatuto lógico del marxismo. «Primero» está el fin propuesto.

2. En la misma página 55 la «tesis fundamental» de Hegel es la del cambio. Cuestión de lectura de época.

Marxismo y revisionismo, 1908, no más tarde 3 de abril, vol I, 66 ss.

1. Empieza historiando las pugnas doctrinales en el movimiento socialista, hasta el triunfo del marxismo en él (pp. 66-67). En este contexto, una expresión fatalista o determinista.

2. Luego de su victoria, el marxismo ve cómo las luchas doctrinales se trasladan a su interior. Continuidad de este fenómeno con el socialismo pre-marxista (Proudhon, p. e., parece claramente comentado) (p. 67)

3. Berstein, revisionismo típico.

4. Contenido ideológico del revisionismo:

En filosofía, mimetismo (p. 68). En el contexto, defensa de (el materialismo) Plejánov y ataque a Bogdánov, Lunacharski, que en su crítica se sitúan a la izquierda (p. 68) [Desde «[…] Plejánov fue el único marxista de la socialdemocracia internacional que hizo…» hasta «…de la crítica al oportunismo táctico de Plejánov»]. El punto principal para valorar la actitud de Lenin ante Bogdánov, luego ante Mach, no es, temáticamente, la pugna política con Bogdánov que se le pone a su izquierda, sino la plausibilidad o inaceptabilidad de la tesis según la cual la actitud epistemológica de estos hombres es «el viejo fárrago filosófico». No lo era literalmente. ¿Pero lo era en cuanto a la función fundamentadora de la filosofía académica? b) En economía, negación de las crisis y de la doctrina del valor (pp. 68-70). c) En política, deformación del tema de la lucha de clases. Sobre la base de 1871 y 1905 (p. 71) [Desde «Quien no comprenda la irresistible dialéctica interna del parlamentarismo…» hasta «…con los elementos más vacilantes y traidores»].

5. Situación del problema del revisionismo: hay un potente «revisionismo de derecha» -así lo llama- y otro débil «revisionismo de izquierda» que se perfila hoy en los países latinos, con el nombre de «sindicalismo revolucionario» » (p. 72)

6. La raíz básica del revisionismo oportunista o de derechas es la constante producción del capitalismo en la pequeña industria, con proletarización. En este contexto, muy aguda afirmación, al estilo del vol. III de El Capital (p. 73) [Desde «El capitalismo crea de nuevo infaliblemente, toda una serie de «capas medias» (apéndice de las fábricas, trabajo a domicilio, pequeños talleres…)»].

Carlos Marx (Breve esbozo biográfico en una exposición del marxismo). Escrito en julio-noviembre de 1914. Publicado en 1918, tomo 28 del Diccionario enciclopédico, 3ª edic, Vo I, 21 ss.

1. Prologuillo: «(…) Partidos obreros socialistas de masas«. A propósito de la época de la II Internacional (p.27).

2. La doctrina de Marx. El materialismo filosófico (2 páginas largas). a) Con alusión antipositivista (p. 29). b) p. 30. No sólo interesa la curiosa interpretación de mecanicismo, sino también, y sobre todo, la precisión sobre el concepto de metafísica.

3. La dialéctica. Una página y media. Aunque alude a dialéctica de la naturaleza, su tema didáctico es claramente la sociedad.

4. La concepción materialista de la historia. a) Dos páginas largas. b) pp. 33-34. La idea de conjunto, de totalidad.

[«La consecuente aplicación y extensión del materialismo al campo de los fenómenos sociales1«]. (1) La peligrosa «aplicación» del materialismo a los fenómenos sociales (Pannekoek) es más peligrosa que realmente, puesto que antes ha distinguido entre materialismo antiguo y moderno. Antes (p. 29) se ha adherido al concepto de materialismo del Ludwig Feuerbach…, sin dar concepto de materia. Tiene importancia la cita del LF por su inmediato sentido antirreligioso.

5. La lucha de clases. Dos páginas escasas. Poco menos de ocho páginas de doctrina general, pues.

«Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo», marzo 1913. VoI, 61 ss.

1. Tras declarar la naturaleza de clase de la ciencia burguesa, afirma el carácter no sectario del marxismo. Acentuando la continuidad (p. 61).

2. La sección dedicada a la primera parte integrante se abre categóricamente, de un modo irritante para Pannekoek o Korsch: «la filosofía del marxismo es el materialismo» (p. 62). Sigue una elogiosa recepción de la herencia burguesa ilustrada contra «las diversas formas del idealismo filosófico, que se reducen siempre, de un modo o de otro, a la defensa o al apoyo de la religión» (p. 62)

3. Pese a la herencia aún remacha el clavo: «Marx y Engels defendieron del modo más explícito el materialismo filosófico (…)» (p. 62). Es notable que dé como loci classici el L.F [Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana] y el A.D. [Anti-Dühring]

4. Marx enriquece ese fondo con disquisiciones de la filosofía clásica alemana (p. 62). De ahí pasa al materialismo histórico como extensión del materialismo filosófico (p. 62). El final de la sección es una formulación recapitulativa contundente: «La filosofía de Marx es el materialismo filosófico acabado […]» (p. 63).

Resumen de las «Lecciones sobre la esencia de la religión» de Feuerbach de Cuadernos filosóficos, págs 39 ss (1914).

1. Esta extractando Feuerbach, págs. 192-193 (lección 5ª). Y anota: N. B. (cf. Dietzgen). Por lo tanto, al menos en 1914, Lenin conocía a Dietzgen, contra lo que luego presupuso Pannekoek.

2. Importantísimo para el realismo de Lenin. Cita a Feuerbach, misma lección, p. 324. Y anota algo incompatible con las versiones románticas de los Manuscritos de 1844 (p.51).

Plan de la pequeña Lógica (Enc), 1914. Cuadernos filosóficos. págs 209 ss.

1. En estas pocas páginas Lenin está absorbido por el problema Lógica/Historia que será el tema de Lukács. Está muy hegelianizado en la afirmación (p. 200). ¿Ha pensado en las implicaciones de eso? ¿En qué habría leyes del pensamiento de aparición (no ya descubrimiento) posterior a la de otras? Más probable es que haya pensado con mistificación hegeliana. Un texto posterior permite aclarar. Pero antes está el célebre paso sobre El Capital (p. 201).

 2. Luego hay un semi-cuadro bastante instructivo y a renglón seguido el paso antes citado, que es quizás el más aclaratorio de lo anterior, e importante vaguedad hegeliana (p. 201). Y a renglón seguido el paso, antes discutido, que es quizás el más aclarativo de lo anterior, e importante, vaguedad hegeliana (p. 201).

3. p. 201. El riesgo de que esto, sin más, determine pensamiento sofístico es evidente. Para evitarlo, hay que empezar por pensar que no se trata de hablar primero de génesis de la validez, sino de génesis de estructuras. Una vez engendrada una estructura, está necesariamente dada su racionalidad interna, o sea, sus criterios de validez. Esto vale sin problemas para cualquier formación histórica. El problema se presenta en otros dos campos, para las estructuras teóricas -señaladamente las formales- y para la estructura incoada en referencia a la axial negamos racionalidad a una estructura dada. Para este segundo caso, el problema es más resoluble: las estructuras ya impulsadas no tienen racionalidad interna perfecta […]: por eso sugieren ideas de otra estructura. Para el primer caso, la dificultad es más seria -e inversa. Se trata de estructuras de racionalidad interna perfecta. Por eso no pueden sino ampliarse o abandonarse, no transformarse (sólo sus materiales se pueden conservar, los hechos recogidos). Para la lógica y la matemática básica, habrá que pensar en que la génesis ha sido cosmológica (tal modo como, en alguna fase, Russell la creyó biológica). No se trata, naturalmente, de los sistemas particulares, sino de la teoría de sistemas.

Resumen de las «Lecciones de la Historia de la Filosofía de Hegel», 1915, en Cuadernos Filosóficos, págs 203 ss.

1. Aplaude lo de que el movimiento es estin y no estin al mismo tiempo, etc. ¿Cómo es que los hegelianos no se dan cuenta de su problema de lenguaje, de que para pensar claramente su idea han de empezar por relativizar -o abandonar, en contexto técnico- el verbo «estin»? (p. 215)

2. Mach es «mal idealismo» (p. 222). Tenía ya otra justificación para Materialismo y Empiriocriticismo, a saber, el subjetivismo de lo que Hegel llama «mal idealismo».

3. Recuadrado triple a propósito de los sofistas antiguos (p. 229).

4. Identificación de filosofía y dialéctica (entre paréntesis) (p. 230).

5. Otra serie de notas sobre el conocimiento de lo concreto, a propósito de Platón. Son tres recuadros, bajo el rótulo (también en recuadro) N. B. «Dialéctica del conocimiento» N. B.

6. Habrá que tomarse en serio la insistente acusación de cobardía a Hegel -y a otros filósofos- por sustraerse a conclusiones materialistas que son, en el caso de Lenin, la aceptación de la alteridad radical del mundo externo. Ejemplo (p. 240). Tiene que haber aquí una cuestión de sensibilidad y moral. Relacionar con su afición montañesca.

7. Es curiosísima la furia bélica materialista que le sacude cuando lee el (mal) tratamiento de Epicuro por Hegel. Por ejemplo (p. 244). La entusiasta defensa de Epicuro llega al ridículo de ver en el movimiento de los electrones -que Lenin ve circularmente como en el modelo de Rutherford- una documentación del clinamen, entendido como movimiento curvilíneo (p. 244). De todos modos, en un recuadro es más cauto (p. 245). Esto expresa quizás del modo más fiel el resultado final de su primer materialismo más el estudio de Hegel (Por cierto, habría que fechar la relación entre hegelismo de Lenin y principio subjetivo de la práctica. Creo que éste es anterior).

Resumen de la «Ciencia de la lógica» de Hegel, 1914.Cuadernos filosóficos, pp. 65 y ss.

1. [Prólogo a la segunda edición]. a) Interpretaciones de textos de Hegel desmetafisicándolos y despojándolos de pseudoproblemas especulativos y conceptos absolutos (p. 75). b) Extracta, acotando doblemente, el paso ( p. 77). Añade dos veces N. B. y comenta, en recuadro (p. 77). Tiene interés para su concepto de consideración materialista, evidentemente anti-contemplativa y anti-especulativa.

2. [Interpretación: concepto general de la lógica].

a. Los extractos muestran que para Lenin son muy importantes en Hegel la concreción y el (derivado de ello) peliagudo concepto hegeliano de método. Así, por ejemplo, acota comentando (p. 79). Como en todos los escritores serios, también en Hegel aparece, como en Aristóteles el anima est quodammodo omnia [el alma es, en cierto modo, todas las cosas]. Pues sólo así puede el conocimiento proceder según la dialéctica inherente a, impulsora del proceso estudiado. Pero hay que observar que se trata de dos procesos: el de lo conocido y el del conocedor. Y aunque su raíz será la misma en último término quodammodo, eso no resuelve el problema marxista (no kantiano), o sea, el que consiste en justificar el valor de reproducción del trabajo cognoscitivo.

b. Al final de sus notas sobre la introducción se manifiesta muy interesantemente su adhesión al principio de lo concreto, también su fuente de inspiración al respecto. En mi opinión, los siguientes textos dejan fuera de duda que Lenin ha aprendido esto en comentarios del Anti-Dühring sobre El Capital.

Lenin cita a Hegel cuando éste dice que la lógica «no es el universal abstracto, sino el universal que se encarna en la riqueza del particular», y anota breve, pero significativamente: «Cf. Le Capital«. A renglón seguido escribe, recuadrando, «Formula magnífica» (p.81). Interpreta a Kant como salvador de la fe (p. 82).

3. [La teoría del ser]. a. p.85. Uno de los textos que más fácilmente permiten ver la deformación marxista del conceptos básicos de Hegel. El marxista (ya el mismo Marx) se aferra a esos conceptos para evitar la postulación de lo Absoluto, que es, en cambio, el concepto inspirador de Hegel. Por eso el marxista está presuponiendo entes múltiples en número. Hegel no.

4. [Primera sección: La determinación (cualidad)]. A) Acota insistentemente sobre el mismo tema: sobre la concreción, sobre la dialéctica (p. 88, p. 89). Se van acumulando esas notas y acotaciones, que pronto presenta repentinamente con rótulo: «Pensamientos sobre la dialéctica…» (p. 91, por primera vez). Ese rótulo me hace pensar -junto con la nota sobre dialéctica- que Lenin pensaba escribir un ensayo sobre el tema. La primera vez que aparece el rótulo, acota un comentario suyo, con los dos temas: a) dialéctica / sofística; b) el concreto universal (p. 91). B) En esta sección aparecen las primeras (que yo conozca) manifestaciones de consciencia de lo que sería la principal peculiaridad de su aportación. El apunte siguiente está recuadrado (p. 94). El último N.B es un paso grande.

5. [Tercera sección]. Lenin acota con exclamación cada vez que Hegel habla de salto, y acota con nada menos que 10 trazos la expresión «ruptura de la progresividad» (p.103).

6. [Libro segundo. Primera sección: La esencia].

a. Lenin da siempre mucha importancia al proceso histórico del conocimiento. Ejemplo aquí p. 107.

b. Superficial tendencia a reducir Mach a Kant (p. 109).

c. También la insistencia con que acota la tesis hegeliana de la realidad del Schein tiene que ver con el principio de concreción (p. 110).

d. Al final de sus apuntes sobre esta sección hay una nota recuadrada, acotada por otra más breve, también recuadrada. La expresión de ambas es más bien floja y vulgar, pero para él la cosa era de mucha más importancia, a juzgar por el modo de anotación. Por lo tanto, vale la pena buscar por debajo de la trivialidad aparente, la nota grande recuadrada (pp. 121-122). Tal vez llega a esa conclusión [«La continuación de la obra de Hegel y de Marx debe consistir en la elaboración dialéctica de la historia del pensamiento humano, de la ciencia y de la técnica»] porque piensa que esa elaboración sea necesaria para que los conceptos sean flexibles, etc. La nota breve, también recuadrada, que acota la anterior dice (p. 121). Esta breve observación ha tenido mucha importancia, para él y para otros. Es la primera formulación de la idea de método lógico-genético. Es una idea con problemas, por supuesto (por ejemplo, cuando se presenta con la ingenuidad de Lukács). Ante todo, su caso ha de ser muy especial en ciencias de la validez formal (lógica formal, matemáticas). Pero Lenin la formula muy bien como idea reguladora del pensar marxista.

7. [Sección segunda: El fenómeno]. p. 126. La medida en que este tema esencial de la dialéctica leninista se separe de Hegel (a pesar de su inspiración en él) está determinada por la medida en la cual lo concreto (incluso el todo concreto) no sea lo Absoluto. Destrucción de la categoría de absoluto. Concreción nunca definitivamente total, sino para intervenir. De eso se desprende el elemento procesual real, con tiempo real, no hegeliano, y el consiguiente posible criticismo (negado a Hegel) (p. 127).

8. [Tercera sección: La realidad]. A) A propósito de dialéctica, Lenin da a veces un sesgo epistemológico o gnoseológico a textos de Hegel que son metafísicos. Ejemplo. Lenin cita. Y, dentro de ese mismo recuadro con ese texto (tan espléndidamente no absolutista, por cierto), comenta (p. 130). En el mismo contexto, Lenin trae la siguiente frase de la Enciclopedia y comenta en un recuadro (p. 131). Dicho sea de paso, el enderezamiento de Hegel pasa para Lenin por idea = conocimiento humano. B) p.133. Recuadrado. «Estructuralismo» del dialéctico.

9. [Libro tercero. Ciencia de la lógica subjetiva]. A) Alguna manifestación de evolucionismo ingenuo en el «enderezamiento» de Hegel (p. 139). B) p. 142. Recuadrado. Este importantísimo texto empieza con una primera afirmación que parece contradecir del principio del conocimiento de lo concreto. Pero luego, en vez de afirmar la mera, esencial, sustantividad de la idea, se pasa a la práctica, en busca de una concreción no hegeliana. Ese paso presupone y consume el conocimiento de la realidad concreta.

10. [Primera sección: La subjetividad]. A) Un texto recuadrado y comentado en su primer punto, prueba que Lenin se hacía ya en 1914 la crítica que luego le dirigirá Pannekoek (p. 148). La alusión a sí mismo es inconfundible. B) Al final de una larga nota recuadrada, el eslabón mediador de la contradicción entre las dos motivaciones gnoseológicas-epistemológicas de Lenin. O quizá no mediador: mediador es quizás la práctica. Esta ¿qué sería? El determinante de la contradicción. Se pone (A) el principio de lo concreto, por anti-idealismo, anti-hipóstasis, etc. Se comprueba imposibilidad directa. En el choque con la realidad se produce (B), la abstracción, no-A, real mediación. La vuelta del conocimiento abstracto a la realidad es la práctica, «negación de la negación», consumación de la mediación (C). El texto dice (p. 151). En realidad, el mismo Lenin enseña que puede más que eso: puede, mediante la práctica, tocar la realidad, más o menos lúcidamente, en cada momento.

11. [Segunda sección: la objetividad]. Descripción de sentido común de la «dialéctica materialista», en paralelismo de contraposición con Hegel (pp. 155-156).

12. [Tercera sección: la idea].

a. A veces la reducción es tal que se puede poner en duda que quede algo auténticamente hegeliano. En el caso siguiente reduce Hegel a mero buen sentido aristotélico-escolástico (p. 161).

b. p. 162. Es comentario a un paso de Hegel en el que éste introduce la «actividad» porque la Idea lo es del verum y del bonum. Da la impresión de que para Lenin la formulación general de la que se despende todo a este respecto se encuentra en Enciclopedia, párr. 213, que acota doblemente del siguiente modo […]

c. Es curioso que en estas páginas de apariencia tan segura se repita la pregunta «¿En qué consiste la dialéctica?» (p. 163).

d. p. 164. Está recuadrado. Es una reducción mucho más drástica que la interpretación lukácsiana. Resume un texto de la Pequeña Lógica, párr. 213.

e. p. 166. Resumen y comentario están recuadrados, y luego acotados por el siguiente comentario más breve (p. 166). Pese a su sencillez el texto es intrincado. El primer comentario, reacción primera al texto de Hegel, es predominantemente materialista, hasta trivialmente. El segundo es principalmente dialéctico, praxeológico. Puede valer la pena comparar el texto de Hegel que le motiva el resumen y el comentario.

f. También Lenin ve ridiculez en Hegel (p. 168).

g. p. 171. Está recuadrado doblemente y tiene obvia importancia política.

h. Cuatros recuadros, con dos acotaciones, muestran una reflexión de importancia central para el pensamiento de Lenin. Primer recuadro (p. 174). Este primer recuadro lleva la acotación siguiente (p. 174). El segundo recuadro es trivial y traduce la ignorancia de Lenin (p. 174). Tercer recuadro (p. 174). Este texto es importante por dos razones: para la comprensión del pensamiento de Lenin y para establecer su interpretación de Marx. Cuarto recuadro, de gran importancia política (p. 174). Lleva la acotación (p. 174).

i. El desarrollo culmina unas páginas más adelante. Lenin está leyendo lo que Hegel dice sobre la idea de Bien. Lo resume así (p. 175). Con la misma intención filosófica hay algunas observaciones más. La siguiente (recuadrada) es particularmente acertada (p. 180). Que la negación es determinada (p. 185).

13. En los Cuadernos Filosóficos sale la cosa esa de que en la frase «Juan es un hombre» está ya la contradicción de los singular y lo universal. Se liquida por análisis de la cópula. También en los Cuadernos la mala herencia de Hegel en la frase «¿Hace falta cronología? ¡No!».

Igualmente, de una carpeta dedicada a la revolución bolchevique que puede consultarse en Reserva de la UB, fondo Sacristán, probable material de trabajo para una conferencia o un seminario sobre el tema, estas anotaciones sobre diversas obras e intervenciones políticas de Lenin:

¿ Qué hacer?

1. «La historia plantea hoy ante nosotros una tarea inmediata que es la más revolucionaria de todas las tareas inmediatas del proletariado de cualquier otro país. La realización de esta tarea, la demolición del más poderoso baluarte no ya de la reacción europea…» (I, 140).

Presencia de la preocupación internacional desde el primer momento.

El «eslabón» más débil» era el «más poderoso baluarte».

2. «¡Hay que soñar!» (I, p. 61).

«Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática».

1. pp. 477-478. El contenido de clase de la revolución se resuelve en su curso y es fruto de la acción política. Fundamento: el principio general de que ha sonado ya la hora de la revolución socialista. «Madurez».

. «Ahora bien, para el partido político en lucha la cuestión consiste en ver si sabremos enseñar algo a la revolución…» Principio de subjetividad.

2. «El desenlace de la revolución depende del papel que desempeñe en ella la clase obrera; de que se limite a ser un auxiliar de la burguesía aunque sea un auxiliar poderoso por la intensidad de su empuje contra la autocracia, pero políticamente importante, o asuma el papel de dirigente de la revolución popular1» (pp. 478-479). Se da por supuesto que hay base objetiva material.

(1) Quizás. Pero la decisión en ese pensamiento es el plano político. Con el peligro -claro- de identificar el partido político con la clase. En suma, es también marxismo de la subjetividad.

3. Habla del «papel activo, dirigente y orientador que pueden y deben desempeñar en la historia los partidos que tengan consciencia de las condiciones materiales de la revolución y que se pongan al frente de las clases avanzadas» (p. 500). Principio de subjetividad. Con el peligro clase = partido.

4. pp. 504-505. Sigue convencido por lo tanto, como dice explícitamente, del carácter burgués de la revolución inminente y de que desarrollará el capitalismo.

5. p. 507. La época está aquí determinada por la «revolución democrática» evidentemente para Rusia. Esto es coincidir con los futuros Pannekoeks, pero con su grano salis. Y discrepar de la futura tesis «leninista-stalinista». Quizás la posición más acertada. Transición al final.

6. «En esto consiste ahora (…) el fondo de la cuestión (…): en que nuestra revolución se vea coronada por una verdadera y grandiosa victoria o tan sólo por una transacción mezquina: en que llegue hasta la dictadura revolucionario-democrática del proletariado y de los campesinos o que ‘pierda sus fuerzas’ en una constitución liberal (…)» (I, p. 508). En el mismo contexto en que se reafirma que se trata de la «época de la revolución democrática». La noción de esa dictadura es muy complicada y oscura, puesto que su concepción sigue en el marco de la tesis de que la revolución prevista es burguesa. Entonces, ésa sería la tesis Pannekoek.

Construcciones radicalmente nuevas respecto de Marx.

7. I, p. 511 [Desde «La victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo es la dictadura…» hasta «(…) gigantesca para el desarrollo futuro de Rusia y del mundo entero»]. Es la posición intermedia.

8. «(…) todos nosotros contraponemos la revolución burguesa y la socialista, todos nosotros insistimos incondicionalmente en la necesidad de establecer una distinción rigurosa entre las mismas, pero ¿se puede negar acaso que se entrelacen en la historia elementos aislados, particulares de una y otra revolución? ¿Acaso la época de las revoluciones democráticas en Europa no registra una serie de movimientos socialistas y de tentativas socialistas? ¿Y acaso la futura revolución socialista en Europa no tendrá todavía mucho que hacer para culminar lo que ha quedado sin terminar en el terreno de la democracia?» (I, p. 536).

Este principio de concreción (histórica) es también un fundamento del principio de subjetividad.

En la página siguiente (p. 537) dice: «No existe la verdad abstracta. La verdad es siempre concreta».

La más rica intrincación del pensamiento político de Lenin. Dicho sea de paso: la presencia de versiones mucho menos complicadas en el mismo escrito hace pensar que escribía el texto definitivo como borrador.

9. «Llegará un tiempo -cuando haya terminado la lucha contra la autocracia rusa, cuando haya pasado para Rusia la época de la revolución democrática-, en la que será ridículo incluso hablar de la «unidad de voluntad» del proletariado y de los campesinos, de la dictadura democrática, etc. Entonces pensaremos de un modo inmediato en la dictadura socialista del proletariado» (I, p. 537).

Il s´engage en voyant, en prévoyant beaucoup.

En este momento -y página- había para él dos dictaduras proletarias: una democrática-revolucionaria, en unión con los campesinos; y otra socialista, sin campesinos (¿o/y sin campesinado?).

10. p. 538 [Desde «Nuestra consigna reconoce incondicionalmente el carácter burgués de…» hasta «(…) el proletariado por el socialismo tenga el mayor éxito»]. Misma tesis en p. 534. La tesis intermedia.

11. «El proletariado debe llevar a término la revolución democrática1 atrayéndose a las masas campesinas, para aplastar por la fuerza la resistencia de la autocracia y paralizar la inestabilidad de la burguesía. El proletariado debe llevar a cabo la revolución socialista…» (O, p. 549).

(1) Esta afirmación completamente nueva respecto de Marx (que en varias épocas había registrado la colaboración del proletariado en la revolución, no su protagonismo en ella), junto con la que se refiere a la revolución socialista, hoy muy convincentes, chocaban en su caso con la escasa realidad del proletariado ruso. En todo caso, es una de las visiones más articuladas de su primera posición, y facilita el paso a la segunda.

12. «La época revolucionaria (…)» sin más calificativo. «El momento revolucionario (…)» sin más calificativo (I, p.554; I, p. 560). Estas serían las formulaciones más pobres. Pero también las más anarquistas y las más cargadas de subjetividad (que puede ser buena).

13. pp. 557-558. Formulación general del contenido de la revolución rusa y de la relación del proletariado con ella.

14. p. 558. El enlace entre las dos revoluciones es la naturaleza de «vanguardia del pueblo» que tiene el proletariado. Misma idea en pp. 566-567.

«Cartas desde lejos».

1. «La guerra imperialista debía -ello era objetivamente inevitable- acelerar extraordinariamente y recrudecer de manera inusitada la lucha de clases del proletariado contra la burguesía, decía transformarse en una guerra civil entre las clases enemigas» (1ª; II; p. 25).

La función de la guerra imperialista alterando el esquema de la lucha de clases.

La primera alteración de la concepción incluye curiosamente la idea de Gramsci: «aceleración».

En cambio, de todos modos, aún no dice o implica un cambio del contenido de la revolución.

2. «Estos aliados son dos: en primer lugar, la amplia masa de los semiproletarios y, en parte, de los pequeños campesinos de Rusia (…). En segundo lugar, aliado del proletariado ruso es el proletariado de todos los países beligerantes y de todos los países en general» (II, p. 32)

Es notable que la alianza había sido ya definida como antiburguesa, pero en marzo todavía habla de revolución burguesa únicamente. Otra vez el punto de vista internacional.

3. «Con estos dos aliados el proletariado puede marchar y marchará, aprovechando las particularidades del actual momento de transición, primero a la conquista de la república democrática y de la victoria completa de los campesinos sobre los terratenientes (…) y después al socialismo, pues sólo éste dará la paz, el pan y la libertad a los pueblos extenuados por la guerra» (II, p. 32).

Eso son ya las dos revoluciones en una. Reforzado por la alianza de que se trata (v. otra ficha). Sin la idea explícita de fases.

«Las tareas del proletariado en nuestra revolución».

1. «(..) un nuevo período objetivamente necesario desde que estalló la primera guerra imperialista mundial, que abrió la era de la revolución social» (II, p. 62).

Esto es novedad importante, que anula, o engloba al menos, la cuestión de los goznes. La guerra imperialista no habría sido un gozne sólo, sino un cambio del medio, que pasa de una fase a otra. Gozne lo sigue siendo para países atrasados como Rusia. Enlaza con la motivación internacionalista, o mundial.

2. «(…) sin derrocar el capital es imposible poner fin a la guerra, con una paz verdaderamente democrática y no impuesta por la violencia» (II, p. 36).

Este hecho es enlace entre las dos fases de la revolución y tiene que ver con la doctrina del «eslabón más débil»: era el eslabón que más necesitaba la paz.

Tesis enormemente confusa o imprecisa: derrocar el capitalismo, ¿sólo en Rusia? Si su gobierno hizo luego la paz, ¿es que estaba ya derrocado el capitalismo? No olvidar que el decir del político puede ser muy precipitado. Si eso se ha dicho de Marx…

3. «La peculiaridad del momento actual en Rusia consiste en el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado necesario de conciencia y de organización2, a su segunda etapa, que debe poner el poder en manos del proletariado y de las capas pobres del campesinado1» (II, p. 36).

  1. Las dos etapas o fases.

  2. Extremo subjetivismo: supone que al proletariado no le falta cantidad.

4. «Es imposible salir de la guerra imperialista, es imposible conseguir una paz democrática, una paz no impuesta por la violencia, sin derribar el poder del capital y sin que el poder del estado pase a manos de otra clase, del proletariado» (II, pp. 53-54). La necesidad de paz, bisagra, gozne de las fases de la revolución.

p. 65. Es igual.

5. «No ‘implantación’ del socialismo como nuestra tarea inmediata, sino pasar únicamente a la instauración inmediata del control de la producción social y de la distribución de los productos por los soviets de diputados obreros» (II, p. 37).

El control resultará luego imposible y acarreará nacionalización.

6. «Tareas del partido […] modificación del programa del partido, principalmente 1) sobre el imperialismo y la guerra imperialista, 2) sobre la posición ante el Estado y nuestra reivindicación de un ‘Estado-Comuna’1, 3) reforma del programa mínimo, ya anticuado…» (III, p. 37).

(1) Idea confusa, pero realista, fruto de 1870.

7. «El poder del estado ha pasado en Rusia a manos de una nueva clase: la clase de la burguesía y los terratenientes aburguesados. En esta medida, la revolución democrático-burguesa en Rusia está terminada» (II, p.45). «Esa medida» le importaba precisamente. Fabuloso el completo desprecio de lo básico.

8. «El origen y la significación de clase de esta dualidad de poderes residen en que la revolución rusa de marzo de 1917, además de barrer toda la monarquía zarista y entregar todo el Poder a la burguesía, se acercó de lleno a la dictadura democrática revolucionaria del proletariado y de los campesinos1» (II, pp. 47-48).

(1) Él observa un hecho político. Y observa bien. Pero sobre la base de una creencia socialdemócrata ortodoxa, como era la suya acerca de la base, habría tenido que plantearse ya el interesante problema, la contradicción entre la esfera política y psico-social, por un lado, y la económica, por otro. Si no hubiera profesado aquella ortodoxia, habría podido buscar en otra vía: con más soviets y menos electricidad.

9. «La dualidad de poderes no expresa más que un momento transitorio en el curso de la revolución, el momento en que ésta ha rebasado ya los cauces de la revolución democrático-burguesa corriente, pero no ha llegado todavía al tipo «puro» de dictadura del proletariado y de los campesinos» (II, p. 48). El léxico es curioso. Él inventaba1, sabía no estar repitiendo categorías.

(1) Y lo que se inventa es a veces falso o si no, incoherente: el tipo corriente de revolución democrático-burguesa cuenta con capitalismo algo desarrollado (Aunque ahora se me ocurre que acaso él pensara sólo en el cachito del Imperio que ya reunía esas condiciones).

10. La propuesta del estado-comuna y la nacionalización de las tierras prueban que ahora es muy optimista, desde abril (pp. 54-58). Antes había despreciado la comuna.

«Discurso resumen ante VII conferencia de toda Rusia».

1. (…) la marcha de los acontecimientos ha venido a confirmar, sin lugar a dudas, la previsión de los socialistas del mundo entero, quienes en el Manifiesto de Basilea de 1912 señalaron unánimemente la inevitabilidad de la revolución proletaria, en relación precisamente con la guerra imperialista que entonces se avecinaba y hoy hace estragos» (II, p. 137). Esto es la versión amplia de los goznes.

La guerra y lo internacional (en día a día) fue lo decisivo.

2. Afirma contra Rykov la existencia de «fase de transición entre el capitalismo y el socialismo» (II, p. 100).

3. «La nacionalización de la tierra, que es una medida burguesa1, significa liberar la lucha de clases…» (II, p. 125). Modelo de operación del proletariado en la transición. (1) Esto es Marx literal.

«La dualidad de poderes».

1. «El problema del poder del Estado es el fundamental en toda revolución» (II, p. 40). Aquí el marxismo de la subjetividad, político, toma concreción política. Con esta comprobación -y su aplicación- empezó todo el problema, el triunfo y la tragedia.

«Las enseñanzas de la revolución».

1. Que la primera fase de la revolución no ha sido realmente democrática (II p. 215). Comprobaciones así chocarían con los esquemas optimistas acerca de la segunda fase. No es esquemático ya al exponerlo.

«La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla».

1. p. 277 [Desde «Los malharados marxistas al servicio de la burguesía no comprenden…» hasta «(…) puesto al servicio de todo el pueblo y que, por ello, ha dejado de ser monopolio capitalista»]. El imperialismo, fundamento teórico del gozne. Relacionar con la misma función de la guerra imperialista. Diría que el imperialismo es la base estructural y la guerra es el hecho desencadenador del funcionamiento de esa estructura. Que también en Rusia el capitalismo se ha transformado en capitalismo monopolista». Afirmación decisiva.

2. «No cabe término medio. El curso objetivo del desarrollo es tal que no hay posibilidad de dar un paso de avance, partiendo de los monopolios (cuyo número, papel e importancia ha venido a decuplicar la guerra) sin cambiar hacia el socialismo (…) Y en esto estriba la contradicción fundamental de nuestra revolución» (II, p.277). La guerra repercute además sobre la estructura imperialista. La produce ulteriormente, no es sólo un hecho en ella. El imperialismo, fundamento teórico del cambio.

3. p. 278 [Desde «la guerra, al acelerar extraordinariamente la transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista de Estado..» hasta «(…) y el peldaño llamado socialismo no hay ningún peldaño intermedio»]. Es la exposición más completa de la dialéctica imperialismo-guerra imperialista-socialismo (ergo cambio de la concepción de la revolución rusa, o más bien, teorización del gozne de sus fases).

. «(…) pues no hay insurrección capaz de instaurar el socialismo si no han madurado las condiciones económicas para él».

Luego creyó ya en esa fecha que también en la base estaba rebasado el dominio burgués.

«Segundo Congreso de los Soviets de toda Rusia».

1. El gobierno se llama «obrero y campesino».

«El movimiento obrero saldrá triunfante y abrirá el camino hacia la paz y el socialismo» (II, p. 499). Curiosamente, ahora casi se diría que se refrena un poco.

«¡La patria socialista está en peligro!».

1. La expresión «patria socialista».

La falsedad de la propaganda de Estado empieza a imponerse o manifestar el: die List der Macht…[la artimaña del Poder].

«El infantilismo izquierdista y el espíritu pequeño burgués».

1. «Si dentro de unos seis meses se estableciera en nuestro país el capitalismo de Estado, eso sería un inmenso éxito y la más firme garantía de que, al cabo de un año, el socialismo se afianzaría definitivamente y se haría invencible» (II, p. 735). Había anticipado la concepción general, como es obvio. Pero realismo: no creo ni que haya capitalismo de Estado.

Continúa:
«Me imagino la noble indignación con que rechazará estas palabras el comunista de izquierda y la crítica demoledora que desencadenaría ante los obreros contra ‘la desviación bolchevique de derecha» (II, p. 735).

«El capitalismo de estado es incomparablemente, desde el punto de vista económico, a nuestra economía actual1. Eso en primer lugar. Y en segundo lugar, no tiene nada de temible para el poder soviético, pues el Estado soviético es un Estado en el que está asegurado el Poder de los obreros y de los campesinos pobres» 2(II, p. 739).

La importancia del Poder es la clave de todo, de toda su actitud. 1) Ahora se da cuenta.¡Y es el «comunismo de guerra»! 2) Pero entonces, el principio de subjetividad rellena el hueco.

2. «(…) nosotros, el proletariado de Rusia, vamos adelante de cualquier Inglaterra y de cualquier Alemania por nuestro régimen político, en virtud del Poder político de los obreros, y, al mismo tiempo, vamos detrás del estado más atrasado de Europa Occidental en lo que se refiere a la organización de un buen capitalismo de Estado, al nivel cultural y al grado de preparación de la producción material para «implantar» el socialismo» (II, p. 744).

Importantísimo: un principio de desarrollo desigual económico-político, que cabe dentro del esquema marxista general (dialéctica) y fundamenta definitivamente toda la cuestión del principio de subjetividad, al mismo tiempo que prevélos futuros problemas*.

Paradoja dialéctica del posterior retraso político (aunque sin volver atrás: retraso no respecto de los regímenes capitalistas, sino respecto de «sí mismos»).

(*) Sobre la base de inevitabilidad de esquema dinámico europeo-occidental.

«Tesis e informe sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado. I Congreso de la IC, 4 de marzo de 1919».

1. «En nuestra revolución, nosotros no avanzamos por el camino de la teoría, sino por el camino de la práctica. Por ejemplo, la cuestión de la Asamblea Constituyente no la planteábamos antes teóricamente, y no decíamos que no reconocíamos la Asamblea Constituyente. Sólo más tarde, cuando las organizaciones soviéticas se extendieron por todo el país y conquistaron el poder político, nos resolvimos a disolver la asamblea Constituyente» (III, p. 160).

Yo creo que esta es la actitud final, ya tras las borrachera y tras las resacas. O sea, ya inicialmente por encima de las dos fases -o varias fases- ideológicas anteriores: la determinista con sus matices y grados; la politeísta con los suyos.

2. III, p. 161 [Desde «A nosotros nos fue más fácil conseguir la victoria porque en octubre de 1917…» hasta «(…) de semiproletarios, y a luchar sistemáticamente contra la burguesía rural»]. En suma, que sus teorizaciones no valían nada. Final resaca.

«Nuestra revolución»

1. «Recuerdo que Napoleón escribió: ‘On s´engage et puis on voit’, lo cual, traducido libremente, quiere decir: «Primero hay que entablar el combate serio y después ya veremos lo que pasa». Pues, bien, nosotros, en octubre de 1917 entablamos primero el combate serio y después ya hemos visto los detalles del desarrollo» (III, p. 795). Final de la resaca. Las teorizaciones eran filfa. Y la autoridad es… Napoleón. Aunque con el espíritu de Marx. Pero, repito, reconociendo el carácter ‘acientífico’ de lo que él mismo teorizó entre 1917 y ahora.

También principio de subjetividad si hay alguna superación de la ideología.

«Una clase en la que, cuando se levanta, se concentran los intereses revolucionarios de la sociedad, encuentra inmediatamente en su misma situación el contenido y el material de su actividad revolucionaria: derrotar enemigos, tomar medidas impuestas por las necesidades de lucha; las consecuencias de su propia acción la empujan adelante. No emprende investigaciones teóricas acerca de su propia tarea» (K. Marx, Las luchas de clases en Francia, p.135, Berlín 1964).

Relacionar con la cita de Napoleón por Lenin.

Pero la diferencia es que Marx habla de clases y piensa en la «astucia de la Razón».

«Acerca del papel y de las tareas de los sindicatos en las condiciones de la nueva política económica» Resolución del CC del PC(b) de Rusia del 13 de enero de 1922.

«Hay una diferencia esencial entre la lucha de clase del proletariado en un estado que reconoce la propiedad privada sobre la tierra, las fábricas, etc. y cuyo poder político se encuentra en manos de la clase capitalista, y la lucha económica del proletariado en un estado que no reconoce la propiedad privada sobre la tierra y sobre la mayoría de las grandes empresas, en un estado cuyo poder político se encuentra en manos del proletariado» (II, p. 678).

Sigue pareciéndole decisivo el problema del poder y todavía no ve peligro en la identificación dialéctica partido-(Estado)-clase.

Esquema.

1. Cómo se plantea el problema. 1.1. Entonces, la escasez de clase obrera. 1.2. Luego, el desarrollo del sistema.

2. La crítica izquierdista Mattick-Pannekoek.

3. Lenin antes.

4. Lukács, Gramsci: Lenin después.

5. Economicismo en el izquierdismo.

6. Marxismo de la subjetividad.

7. Marxismo del siglo XX.

. Porque ya está todo maduro

8. El democratismo, camino único hacia el socialismo (I, p.488)

9. La cuestión del poder y el partido lo sintetiza todo, incluso el papel (¿) de la ofensiva anticapitalista (II, p. 694) y NEP.

*

Anexo 8: Solapa para el volumen 8 de las «Obras Competas» de Lukács

Este texto, fechado el 18 de octubre de 1976, fue escrito por Sacristán como solapa para la edición del volumen 8 de las obras completas de Lukács en Grijalbo:

«El presente volumen de las Obras Completas de Georg Lukács contiene escritos de características varias pero que tienen en común, como dice el autor mismo, la condición de «preludios teoréticos» a sus estudios más extensos y conocidos sobre el realismo literario y artístico. Se podría añadir que también «preludian» las investigaciones de Lukács en el terreno de la estética general.

Se añade a ese interés el que estos textos tienen para la historia de las ideas estéticas y literarias, e incluso (indirectamente) para la historia política. Los artículos más antiguos de los aquí publicados aparecieron en el marco de la polémica interna sobre todo alemana, pero también sostenida por numerosos escritores no alemanes de la III Internacional, acerca de la actitud del escritor comunista respecto de la vanguardia burguesa y la tradición burguesa y preburguesa. Estuvieron implicados en esa polémica -y sus nombres aparecen en los escritos de Lukács aquí reunidos- Ernst Bloch, Brecht, Eisler, Anna Seghers y muchos otros menos conocidos en los países latinos. Los órganos principales en que se desarrolló la discusión fueron los del exilio comunista alemán -Das Wort- y también los de la Internacional Comunista, por ejemplo y señaladamente Internationale Literatur. Todo lector interesado por la historia de las ideas literarias en el siglo XX comprobará que con la publicación de la discusión epistolar entro Lukács y Anna Seghers del año 1938 (por dar un ejemplo) el editor de las «Obras Completas» de Lukács le presenta una pieza verdaderamente notable para su biblioteca.

El arco de tiempo por el que se distribuyen los escritos recogidos en éste volumen -1938-1967, más la nota epilogal de 1970- invita a pensar que el sentido en el que Lukács considera «preludios» esos textos no es un sentido corriente. En efecto: estos escritos tienen esa colocación preludial en la obra de Lukács porque su autor los ve como dilucidaciones metodológicas obligadas ante otros tantos nuevos problemas estético-literarios que se le plantean en su programa de edificación de una estética marxista. La vinculación de los problemas estéticos con los generales del marxismo (de la concepción del marxismo por el autor) da razón de la mayor parte de la producción de Lukács. En el epílogo a este volumen esa amplia cuestión está expresada por Lukács mismo: «en cuanto filosofía universal el marxismo no podía contentarse con tomar simplemente de anteriores concepciones sus ideas teoréticas sobre el arte, completándolas en el mejor de los casos con concreciones «sociológicas», como es el caso de teóricos incluso como Plejánov y Mehring. Por el contrario, habría que partir de que Marx, arrancando de su concepción general histórico-filosófica, podía y tenía que elaborar también en este campo material metodológicamente independiente.»

No es fácil predecir si los lectores de este volumen 8 de las Obras Completas de Lukács lo van a leer como querrían esas líneas del autor, o más bien como documento imprescindible de la historia de las ideas literarias del siglo, de la historia de la cultura comunista marxista, o incluso como documento de la historia de la III Internacional. En cambio, casi es jugar con ventaja predecir que el libro será realmente leído, desde cualquiera de esos puntos de vista

*

Anteriormente, en una carta de 15 de julio de 1971 enviada al editor Grijalbo, en torno a la entonces proyectada traducción de las Obras Completas del aristotélico filósofo húngaro, Sacristán comentaba:

» Amigo Grijalbo,

recibí anteayer a última hora su carta con el prospecto de las próximas publicaciones de Luchterhand. Aquí no tengo papel adecuado. Le mando estas líneas para decirle lo que pienso. Resuelva usted y escriban a Luchterhand desde Barcelona.

Creo que todo lo que nos interesa está en la «Sammlung Luchterhand» (Colección Luchterhand), que es su serie de bolsillo. Se trata de dos volúmenes de Lukács:

– el primero,Taktik und Ethik (Táctica y ética), nº 39 de la Sammlung Luchterhand, está anunciado para noviembre de 1971, y nos interesa muy especialmente porque el prospecto dice que contiene escritos que no aparecerán en la edición de las obras (probablemente porque a Lukács le parecían poca cosa; pero eso no cuenta para nosotros).

– El segundo es el nº 49 de la Sammlung Luchterhand. Se trata de un capítulo de la Ontologie des gesellschaftlichen Seins (Ontología del ser social, la obra póstuma e inacabada a lo que parece). En rigor no tendríamos por qué comprarlo, puesto que compraremos el conjunto de la obra (que aún no ha salido, para su inclusión en las OC [Obras Completas]. Pero valdría la pena asegurarse de que Luchterhand no va a vender ese capítulo suelto con el pretexto de que se trata de una edición de bolsillo.

El resto del prospecto no tiene, en mi opinión, interés editorial para esta casa, aunque hay títulos valiosos. El otro vol. de Lukács anunciado está ya contratado y traducido por nosotros.

* * *

¿Hay alguna novedad? ¿Llegó de México el texto de nuestro antiguo vol. 2 de las obras de Lukács, el que tengo que trasformar? ¿Ha conseguido usted el texto de Stalin de que hablamos?

Amistosamente, Sacristán«.

También en una carta de 23 de septiembre de 1970, igualmente dirigida al fallecido editor, hay referencias a la edición de la obra lukácsiana:

» Amigo Grijalbo

como ya se me ha hecho bastante tarde, renuncio a verle personalmente. Por eso la dejo este sobre; con su memorándum, la variante adjunta y un pequeño comentario.

Trabajando esta tarde en el asunto he sentido de verdad lo desagradable de mi situación como colaborador: lo bueno habría sido tener un pasaporte y salir con usted para discutir cómodamente en conversación con ellos. Mala pata,

Mi memorándum es una pura exposición de la situación. Dice menos cosas que el de usted. La razón es que me parece que se debe negociar con cautela, sin decir mucho al principio. Usted expone lo que ya es suyo y luego se suscita la cuestión acerca de lo que todavía no lo es y la cuestión acerca de si pasa a ser una relación con Luchterhand lo que hasta el momento lo era con Lukács-Artisjus.

Observará usted que al hablar de obras contratadas con Luchterhand hablo de «Obras Completas» (de la edición alemana). En cambio, cuando hablo de textos contratados con Lukács-Artisjus hablo de «Obras» simplemente. Mi intención al proceder así es la siguiente: ellos pueden sostener que nosotros no les hemos contratado más que dos volúmenes de las Obras Completas (la Estética l). Pero usted podrá contestar que, en efecto, sólo dos volúmenes de las Obras Completas, pero, además, con Lukács, hemos contratado ocho obras que forman parte de los volúmenes Luchterhand. Lo que quiere decir que en la contratación de los volúmenes que contienen esas obras no deberíamos pagar más que una modesta cantidad (por los textos sobrantes, aún no contratados por nosotros). En segunda edición se pasaría al pago igual de todos los volúmenes.

Le dejo el texto alemán en dos ejemplares por si puede ver a Lukács y darle uno.

Tengo alguna duda sobre la lista de obras contratadas con Lukács-Artisjus: ni me acuerdo, por ejemplo, de que hayamos firmado nunca contrato por Los realistas alemanes del siglo XIX. ¿Está usted seguro de que sí?

En el caso de que la frase entre paréntesis le parezca arriesgada, tache usted también el texto alemán: también en él la frase está entre paréntesis.

Que tenga éxito en el viaje

De hecho, la editorial Grijalbo, a propuesta de Sacristán, se propuso editar las Obras Completas del filósofo húngaro. En esta carta de Sacristán de 6 de junio de 1972 se comentan estas cuestiones con un rigor y precisión infrecuentes en esos asuntos:

«Amigo Grijalbo:

La tarea de clarificar, sin dejar ningún cabo suelto, la situación de las Obras Completas de Lukács y de ajustar una línea de conducta que intente sacar el mejor partido posible de esa situación ha resultado bastante más laboriosa de lo que parecía. Y si lo ha sido para mí que casi no me he ocupado más que de eso dentro del conjunto de actividades de la editorial, tengo que suponer que Ud. también necesitará un par de sesiones para dominar la situación -que ahora le presento condensada- y para meditarla un poco antes de llegar a conclusiones. Por eso, en vez de llamarlo para concertar una reunión, le dejo antes unos cuantos materiales. Le ruego que le avise cuando tenga opinión hecha, y entonces convendremos una reunión para acabar de puntualizar.

Le dejo los siguientes materiales:

a) Una lista, rotulada A en tinta roja, que da, finalmente con toda exactitud y todo detalle, la situación global, o sea, los puntos alcanzados en la contratación y en el trabajo.

b) Otra lista, marcada con B en tinta roja, que da en sustancia, lo mismo. A mí la composición de B me ha sido útil para confirmar los resultados de la exploración A, y viceversa, A confirma a B. La doble visión permite (al menos a mí) adentraras mejor en el panorama.

c) Otra lista, marcada C en tinta roja, que representa probablemente el capítulo más difícil de nuestra situación: se trata de los derechos que poseen otras editoriales de lengua castellana sobre determinados textos de Lukács. Y así como nuestro punto fuerte -además del principal: el volumen y la calidad de nuestra edición- es el hecho de que tanto Lukács como Luchterhand hayan expresado repetidamente su acuerdo con nuestra edición de Obras Completas del filósofo húngaro, nuestro punto débil es que ambos nos han dicho, también repetidamente que nos las apañemos nosotros con esas editoriales.

Esa lista C lleva un apéndice con una Información que no me ha llegado hasta después de redactarla. Es una buena noticia

d) Una minuta de carta a la Sra. Holl´o Janossy, mujer del heredero de Lukács.

e) Una minuta de carta al Sr. Otto F. Walter, uno de los tres directores de Luchterhand.

Por d) y e) verá usted la línea de conducta por la que me inclino: hablo bastante claro a los herederos y les propongo contratar directamente título por titulo. Hablo a Luchterhand impulsándole a firmar algún documento contractual que nos reconozca únicos editores en castellano de la Obra Completa de Lukács. Pero no le pongo las cartas boca arriba, sino que prefiero quedarme a la expectativa.

Veremos a qué conclusión llega usted.

f) Unas cuantas fotocopias. Cuando nos veamos nos pondremos de acuerdo sobre cuales mando y a quién, y cuáles me reservo.

g) Un memorándum en que le recuerdo los volúmenes que hemos de mandar a Artísjus , para ellos, los herederos y el Archivo Lukács de Budapest.

Espero noticias suyas. Con amistad.»

Tiempo atrás – 3 de diciembre de 1965-, Sacristán había escrito una «Nota sobre la situación actual de las obras de Lukács» para la editorial Grijalbo, a la que denominaba «la casa», en la que se expresaba en los términos siguientes:

«1. El hecho de tener ya publicadas dos obras importantes del autor, en prensa una tercera y contratada la extensa Estética aconseja que la política editorial de la casa se proponga una edición completa posible de Lukács.

. 2. La experiencia reciente con Luchterhand no se agradable. El impaciente comportamiento de este editor puede significar que se incline a conceder derechos a otros editores de lengua castellana. Pero aunque eso no sea así, de todos modos no es un trato fácil.

3. La posición de Luchterhand se fuerte a causa, sobre todo, de la avanzada edad de Lukács. Pero Lukács no está muerto, y en su carta de 6/8/65 nos insiste en que negociemos siempre directamente con él. En cambio, nunca ha contestado Lukács a nuestras propuestas de opción global.

4. De todo eso me parecen desprenderse las siguientes conclusiones:

A. Conviene hacerse cuanto antes con los derechos del mayor número posible de obras de Lukács, en trato con el autor y una tras otra puesto que no parece que a Lukács le apetezca negociar sobre mucho a la vez.

B. Como retener mucho tiempo una inversión es mala cosa, conviene contar con un grupo de traductores dedicados intensa -y, a poder ser exclusivamente- a Lukács para editar rápidamente todos los textos posibles. Es claro que yo solo no puedo ir a la velocidad necesaria.

C. Yo podría tener la responsabilidad, reconocida y dicha explícitamente a todos los demás traductores, de revisar las traducciones que no hiciera personalmente.

5. Para empezar, creo que hay que enviar enseguida a Lukács contrato para Historia y consciencia de clase, y pagarle pronto y directamente (¿no es más cómodo desde México?).

6. Si la casa está de acuerdo con el criterio de esta nota, prepararé rápidamente un plan de edición de las obras de Lukács».

También la nota siguiente -«prospecto Lukács»- es un texto que Sacristán escribió para la edición de las obras completas del filósofo húngaro. No está fechada.

«La obra del filósofo marxista húngaro Georg Lukács tiene dimensiones enciclopédicas y, al mismo tiempo, la penetración aguda, profunda y audaz del ensayo y del experimento teórico. La vida intelectual de Lukács ha sido -y sigue siéndolo, en una vejez tan lúcida que conforta a quien la conoce- una constante captación de las fuentes del pensamiento marxista. El sólido conocimiento de los clásicos y la intensa actividad revolucionaria del filósofo explican en general su extraordinaria intimidad con el tronco vivo del marxismo. Pero, de todos modos, su arraigo en el pensamiento social ha tenido a veces manifestaciones incluso asombrosas. El caso de Historia y consciencia de clase -que presentó ideas de los Manuscritos económico-filosóficos de Marx unos diez años entes de que estos fueran descubiertos- puede ejemplificar el excepcional carácter de la relación de Lukács con la matriz del marxismo.

Ya eso bastaría para hacer de la obra de Lukács un fondo de conocimiento y método de estudio obligado para todo el que se interese por la historia del pensamiento socialista productivo, no simplemente imitativo o didáctico. Pero aún hay otro motivo más: la Obra de Lukács es el reflejo teórico más dilatado de las vicisitudes del movimiento socialista europeo en el siglo XX. Desde Historia y consciencia de clase (1923) hasta las páginas, todavía inéditas, de la Ontología del ser social se extiende medio siglo de crítica, teoría y práctica socialistas, de observación y testimonio, de entusiasmo en las victorias revolucionarias y dramatismo en las grandes crisis del movimiento obrero. La obra de Lukács es un elemento ineliminable de la autoconsciencia del movimiento socialista europeo.

Obras publicadas en la edición Grijalbo:..

Las observaciones siguientes fueron escritas por Sacristán también para la editorial Grijalbo y versan sobre asuntos relativos a la publicación de las «Obras Completas» de Lukács. No están fechadas.

«1. Contratación sobre Lukács.

-Si hay tiranteces con Luchterhand, recordar que firmó S. las cartas delicadas a la señora Holló-Jánossy y al Dr. Boytha (Artisjus), lo que permite a los demás protestar de su inocencia.

-La solución de tomar como volúmenes objeto de contratos los volúmenes españoles es la solución cómoda para Ediciones Grijalbo e incómoda para Luchterhand. Pero se les puede convencer con el siguiente argumento: puesto que la edición Grijalbo no agrupa ni ordena las obras de Lukács como la edición Luchterhand, no siempre existen en español los volúmenes de Luchterhand, por lo que no se puede contratar sobre ellos. En cambio, existe siempre en español su contenido, agrupado y ordenado en los volúmenes españoles. Estos son, pues, los únicos objetos de contratación posibles: sólo sobre ellos tiene sentido hablar de impresión, tirada y 5%.

-El contrato-marco es creación nuestra, porque no había precedentes. Pero los contratos-vol siguen el esquema que utiliza normalmente para contratar el mismo Luchterhand (ejemplos: contratos, redactados por Luchterhand, sobre Der Positivismmusstreit in der deutschen Soziologie [La disputa del positivismo en la sociología alemana] y sobre Lukács, Ästhetik [Estética] I).

-Si la gestión adelanta tanto que se lleva incluso a la contratación de los volúmenes sueltos, hay que tener cuidado con las fechas de firma de esos contratos, a causa de la cláusula, tradicional para Luchterhand, que nos obliga a editar dentro de los 24 meses siguientes a esas fechas.

-Personalmente, no me parece grave que hubiera que aumentar algo el pago de 1000 DM previsto en el contrato-marco.

2. Colección Aktuelle Wissen (El saber actual) de Bertelsmann.

Aunque ya se ha entablado contacto por carta a este respecto, si hay tiempo en Frankfurt, puede valer la pena una conversación con su delegación allí, particularmente para precisar si, caso de decidirse Ediciones Grijalbo a comprar los derechos de traducción, podría contar con el suministro de todo el material gráfico en forma funcional tipográficamente y económicamente interesante.

3. Colección Library of Exact Philosophy (Biblioteca de filosofía exacta) de Springer.

Lo mismo que para el punto 2, aunque con la diferencia de que en este caso la cuestión del material gráfico no tiene prácticamente ningunas importancia.

Nota: el dossier presente contiene

a) Proyectos de contrato-marco y de contratos-vol. para OC Lukács;

b) Relación de textos de OC de Lukács por contratar, según la ordenación alemana de las Obras;

c) Relación de los textos de OC de Lukács por contratar, según la ordenación de las Obras en la edición española;

d) Relación de otras editoriales con derechos castellanos sobre obras de Lukács;

e) Titulación y ordenación de la edición castellana de las OC de Lukács.

b), c), d) y e) se tienen que devolver a S., que se queda sin esos documentos».

f) El dossier destinado a J. M. contiene, además, las versiones alemanas de a).»

También el siguiente texto es un escrito de Sacristán, no fechado, que lleva por título «Apunte para la defensa del cartel sobe las obras de Lukács», de la editorial Luchterhand.

«El texto del cartel publicitario sobre las obras de Lukács se compone de los siguientes elementos:

1. Una breve biografía de Lukács. 2. Una selección de textos críticos sobre la obra de Lukács. 3. Un texto antiguo de Lukács (1921). 4. Un texto relativamente reciente de Lukács (1962).

La biografía es, además de sucinta. estrictamente factual: no hay en ella elemento valorativo alguno, ni se le puede imputar ninguna carga emocional.

La selección crítica es ecuánime, aduce elogio y condena en una proporción sin duda análoga a la que ambas actitudes, ante la obra de Lukács, tienen entre sí en el mundo publicístico. La selección presenta, además, la elegante sutileza de presentar un autor jesuita (Kurz) entre los críticos favorables a Lukács, y un importante marxólogo (Adorno) como detractor suyo. Con ese expediente subraya el cartel el valor universal -no sólo en un sentido geográfico- de la obra de Lukács.

Los dos textos de Lukács están elegidos con una intención de información auténtica que no suele predominar tan intensamente en las producciones publicitarias: el uno documenta las ideas juveniles de Lukács, y el otro está tomado de su posterior rectificación de aquellas ideas.

El conjunto constituye, en nuestra opinión, una pieza de publicidad editorial de una gran dignidad, inspirada por un espíritu cultivado y científico que honra un tipo de publicación mercantil -a menudo tan exclusiva y vulgarmente mercantil- como es éste de los carteles, los folletos, los prospectos. Por eso nos duele particularmente tener que renunciar a su edición, tanto más cuanto que, dadas sus características, lo elevado de su concepción, la completa ausencia en él de elementos no-objetivos, emocionales, no alcanzamos a ver qué puede haber movido a un juicio negativo a su respecto.

Rogamos encarecidamente se considere de.nuevo el texto de este cartel, con objeto de descubrir si existe alguna posibilidad de facilitar su edición».

El cartel de la Luchterhand defendido por Sacristán incluía una selección de textos, bajo el epígrafe «Lukács en la polémica», de Jules Dévérité, T. Aczel, Jürgen Rühle, Bloch,…

El texto de P.K. Kurz, S J, al que Sacristán hace referencia, era el siguiente:

» Lukács nos parece excepcional porque en la cuestión de la jerarquía, la significación y la función de la obra de arte une la consciencia de las formas con la humana consciencia individual. Su esfuerzo por la posibilidad de una síntesis de forma clásica y doctrina marxista es digna de meditación». El de Adorno decía así: «De modo sumamente adialéctico, el dialéctico patentado atribuyó paladinamente en el libro El asalto a la razón todas las corrientes irracionalistas de la filosofía moderna a la reacción y al fascismo, sin preocuparse gran cosa de que en esas corrientes y frente al idealismo académico, el pensamiento se levantaba también contra la cosificación de la existencia y del pensar cuya crítica había sido cosa propia de Lukács. Nietzsche y Freud se le convirtieron llanamente en nazis, y llegó a a hablar, en la jerga suficiente de un provinciano profesor de instituto guillermino, de «los talentos poco comunes» de Nietzsche. Bajo capa de una crítica sedicentemente radical, pasó así de contrabando los más tristes clichés del conformismo contra el cual se dirigió en otro tiempo la crítica social» .

Los textos de Lukács señalados por Sacristán pertenecían a Historia y consciencia de clase y a una declaración de Lukács del 6 de noviembre de 1962 sobre esta misma obra, incorporada en el prólogo a la edición castellana de este texto lukácsiano.

Por otra parte, el 20 de mayo de 1972 Sacristán se había manifestado del modo siguiente sobre las «maquetas para la colección ‘Teoría y realidad’ «:

«No me convence ninguna de las cuatro. Si hay que elegir por fuerza entre ellas, prefiero la de formato grande y color ocre, sin trazo horizontal. Pero en ella habría que corregir, aparte de la falta de ortografía que será un simple descuido, la información que comunica. Pues el libro no es, como parece decir la portada, un libro de Lukács, sino sobre Lukács. Por lo tanto, creo que en alto debería situarse el nombre del editor (en sentido inglés) de la obra, o el nombre del autor del primer artículo y la mención «y otros», y luego:

GEORG LUKÁCS. EL HOMBRE SU OBRA SUS IDEAS

Pero la verdad es que preferiría otras propuestas de maqueta«.

*

Anexo 9: Prólogo a la primera edición catalana de El Capital,

Edicions 62, en colaboración con la Diputació de Barcelona, publicó en 1983 la primera edición completa de El Capital, con traducción de Jordi Moners. Sacristán escribió en México el siguiente prólogo, fechado el primero de mayo de 1983, y que fue publicado en traducción de la versión catalana en M. Sacristán, Escritos sobre El Capital (y textos afines), op. cit, pp. 360-364. Se da aquí el original castellano:

«La aparición de esta traducción catalana de El Capital puede parecer intempestiva. El libro sale, en efecto, alrededor de un siglo después de que empezara a estar presente en la vida social y cultural de Catalunya; y, además, en un momento que no se puede considerar de mucho predicamento de la obra de su autor, sobre todo en comparación con lo que ocurría hace quince o veinte años.

Es obvio que la primera circunstancia tiene mucho que ver con los obstáculos con que ha tropezado la cultura superior catalana durante estos cien años, desde los de lejanía raíz histórica hasta los particularmente difíciles que levantó el franquismo. Desde el punto de vista de esta consideración, la publicación de El Capital en catalán, como la de cualquier otro libro clásico, es una buena noticia para todos los que se alegran de que los pueblos y sus lenguas vivan y florezcan.

La segunda circunstancia -el hecho de que este libro aparezca en catalán en un momento que no es de los más favorables para él- puede facilitar una buena lectura. Esto no tiene mucho de paradójico: cualquier libro y cualquier autor pagan el hecho de estar muy de moda con una simplificación más o menos burda de su contenido o con versiones apologéticas demasiado estilizadas. Es posible que sólo a este precio la obra influya extensamente: por eso nadie es dueño de sus propias influencias. En el caso del Capital todo esto adquiere proporciones grandes y reales. Y, puesto que «gris es toda teoría / y verde el árbol de la vida», seguramente es más jugoso el caos de la influencia práctica de las lecturas dudosas propias de las épocas de éxito de una obra que el fruto de una lectura tranquila, relativamente fácil en una situación de escasa acción social de la ideas leídas.

En cualquier caso, el lector del Capital puede beneficiarse hoy de la conclusión de las polémicas de los años 1960 y 1970 acerca de la posición y la importancia de este libro en la obra de su autor. Hoy debería estar salomónicamente claro, por una parte, que El Capital es la obra máxima de la madurez de Marx (como, tal vez innecesariamente, lo proclamó con gran énfasis Louis Althusser) y, por otra parte, que El Capital no es toda la «Economía» planeada por su autor, ni lo habría sido aunque Marx lo hubiera terminado (como no menos insistentemente lo enseñó Maximilien Rubel en las polémicas aludidas).

Pero quizá no haya que hacerse ilusiones acerca de la superación definitiva de polémicas causadas por lecturas unilaterales de Marx impregnadas de intereses ideológicos o políticos. Tal vez ni siquiera se haya acallado para siempre la disputa acerca de la relación entre el «Marx joven» y el «Marx maduro», que presidió la literatura marxológica de los últimos decenios y en cuyo marco se inscribieron las tomas de posición de Althusser y Rubel. La verdad es que toda persona hecha a criterios académicos de discusión tiene motivos para considerar resuelta esta vexatam quaestionem. Pero no se puede decir lo mismo de los que leen a Marx con el deseo de encontrar en él argumentos, o, por lo menos, palabras en que apoyar tesis políticas propias. Así, por ejemplo, bajo el betselleriano título de Adiós al proletariado, André Gorz ha publicado recientemente unos escritos que, en lo que tienen de exégesis de Marx, utilizan líneas de pensamiento del autor procedentes de épocas diferentes de su desarrollo y aparentemente discordes, sin trabajar el problema histórico y textual que plantea esta situación. Parecería que esto no fuera posible en Francia después del Pour Marx [La revolución teórica de Marx] y el Lire le Capital [Para leer El Capital] de Althusser, pero lo es.

Sin embargo, a pesar de la aparente inmortalidad de este asunto de los dos Marx -el joven y el maduro, el filosófico y el científico-, es razonable pensar que se trata de un asunto mucho menos importante para el futuro de lo que ha sido en el pasado reciente. Pues las reconstrucciones del pensamiento marxiano unilateralmente basadas en uno u otro de los «dos» Marx están en peligro de no oír siquiera los interrogantes nuevos que una nueva época del «desarrollo de las fuerzas productivas» va a dirigir a la lectura de Marx.

En efecto, prescindiendo de la caducidad de tesis particulares de Marx, la historia reciente y las anticipaciones hipotéticas del futuro próximo coinciden en quitar verosimilitud a la hipótesis marxiana acerca de la función del desarrollo de las fuerzas productivas materiales e intelectuales en su modelo de revolución socialista.

La acentuación unilateral de la importancia del Marx maduro -el Marx del Capital y de sus borradores, de la fase de su vida que empieza en 1857 y dura hasta sus años últimos-, con desprecio de la obra anterior a esa fase, se apoya decisivamente en la objetividad de las leyes históricas, centradas en última instancia en torno a la creciente «contradicción» entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción de una época de crisis. Ahora bien, ciertas consideraciones bastante obvias tienden a desbaratar este modelo por lo que hace a la crisis de nuestros días, o, por lo menos, a la predicción que a este respecto enuncia la vulgata marxista. Los textos de Marx sugieren desde 1848 que su autor creía que las fuerzas productivas entonces operantes estaban entrando en «contradicción» con las relaciones de producción capitalistas y que la resolución de esa «contradicción» sólo podía ser el socialismo. Una lectura lo más literal posible de esos textos permite salvar el modelo teórico general marxiano (pues sin duda se puede entender el florecimiento de las sociedades anónimas industriales y financieras como la revolución de las relaciones de producción resolutoria de la «contradicción» con el desarrollo de las fuerzas productivas señalada por Marx en aquellos años), pero no su predicción socialista. Esto mismo ocurre hoy, pero todavía más demoledoramente para la predicción marxiana, porque las fuerzas productivas cuyo desarrollo caracteriza nuestra presente civilización no han sido ni soñadas por Marx, pero, a pesar de ello, la predicción del inminente «paso al socialismo» no es más verosímil que en 1848. Esta consideración quita mucho atractivo al marxismo teoricista, objetivista y cientificista, basado en el «Marx maduro», que predominó en el marxismo de los países capitalistas durante los años 1960 y 1970. Aquella lectura de Marx tenía graves defectos internos -principalmente la incoherencia entre su cientificismo y la inspiración hegeliana, presumiblemente ignorada por sus protagonistas, de su infalibilismo y objetivismo histórico-, pero sin duda es la evolución política y económica ocurrida desde entonces lo que más la desacredita. Por lo demás, ese teoricismo marxista se veía obligado a despreciar no solo la obra del «Marx joven», del que tanto se discutía, sino también la del menos leído «Marx viejo», el cual había escrito categóricamente, en una carta hoy célebre a la revolucionaria rusa Vera Sassulich, que sus tesis del Capital se referían exclusivamente a las sociedades europeas occidentales.

Pero no es probable que la reconocida implausibilidad de la imagen de un Marx teórico puro, o autor de ciencia pura, tal como tendió a verlo el estructuralismo, haga hoy mas convincente la vuelta a una interpretación de la obra marxiana desde el «Marx joven», desde los manuscritos de 1844 principalmente, como la cultivada por varias escuelas marxistas o marxológicas en los años 1950, con desprecio más o menos acentuado del «positivismo» del Capital. También en este punto lo decisivo ha de ser «la práctica», esto es, un criterio de coherencia con las necesidades sociales. No parece que los conceptos fundamentales del Marx filósofo (que así es como habría que llamarle, más que «Marx joven») -humanidad genérica, alienación, retrocaptación de la alienación, etc.-, por interesantes que sean y por adecuadamente que expresen las motivaciones y las valoraciones comunistas marxianas, sean por sí solos suficientemente operativos para permitir un manejo eficaz del intrincado complejo de problemas tecnológicos, sociales y culturales con que se ha de enfrentar hoy un proyecto socialista. Para eso hace falta ciencia, «positivista» conocimiento de lo que hay, de lo «dado», cuyo estudio es tan antipático para el revolucionario romántico cuanto imprescindible para toda práctica no fantasmagórica. Esto hará siempre del Capital una pieza imprescindible de cualquier lectura sensata de Marx, pues esas dos mil páginas y pico contienen el esfuerzo más continuado y sistemático de su autor para conseguir una comprensión científica de lo que hay y de sus potencias y tendencias de cambio.

Pero una visión científica adecuada, ni cientificista ni apologética, tiene que partir de la revisabilidad de todo producto científico empírico. Lukács hizo una vez el experimento mental de preguntarse si quedaría algo del marxismo una vez que todas sus tesis particulares hubieran sido falsadas o vaciadas por la evolución social. Pensó que sí, que quedaría algo, a saber, el estilo de pensamiento muy abarcante y dinámico, histórico, que él llamó «método dialéctico». Admitiendo que esta idea de Lukács es muy convincente, habría que añadirle o precisarle algo: el programa dialéctico de Marx -que engloba economía, sociología y política, para totalizarse en la historia- incluye un núcleo de teoría en sentido estricto que, sin ser todo El Capital, se encuentra en esta obra. El programa mismo era ya entonces inabarcable para un hombre solo; seguramente esto explica muchos de los padecimientos psíquicos y físicos de Karl Marx; y también da su estilo de época a una empresa intelectual que hoy consideraríamos propia de un colectivo, y no de un investigador solo. Por eso El Capital quedó en muñón, y por esto es inconsistente todo intento de convertir su letra en texto sagrado. Pero lo que sí parece imperecedero es su mensaje de realismo de la inteligencia: un programa revolucionario tiene que incluir conocimiento, poseer ciencia. Por su propia naturaleza, la ciencia real es caduca. Pero sin ella no puede llegar a ser aquello que no es ciencia. Por esta convicción ha dedicado Marx su vida y ha sacrificado mucho de su felicidad -con el turbio resultado que eso suele arrojar- en la redacción de estas miles de páginas que al final le producían tan escaso entusiasmo que se limitó a sugerir que Engels «hiciera algo» con ellas

*

Anexo 10: Reseña de Sacristán sobre el Lenin de Garaudy: Nous Horitzons, nº 17, segon trimestre de 1969, pp. 53-54.

Se presenta aquí la traducción castellana de la reseña de Sacristán que se publicó en Nous Horitzons en traducción catalana de Francesc Vallverdú. Creo que se ha perdido el original de Sacristán:

«La publicación de este pequeño volumen en la serie de «filósofos» de PUF es como un anticipo de la inmediata conmemoración de Lenin. La colección en la que aparece está destinada al uso didáctico en el bachillerato y en la iniciación universitaria; sería entonces injusto esperar del libro detalle monográfico o interpretación arriesgada que no tendría mucho espacio para ser argumentada (Si restamos la breve antología de textos de Lenin, que ocupa el final del volumen, el autor dispone de nada más que 66 páginas para su ensayo).

A pesar de la brevedad, el texto merece atención por proceder de un escritor marxista tan sincero y tan leído como Garaudy. La gravedad de los problemas con los que se enfrenta hoy el movimiento comunista revela ya con tanta claridad la inutilidad de la literatura marxista inauténtica, de tantos tratados y manuales con todos los problemas del mundo resueltos, que la lectura de los escritores marxistas que verdaderamente piensan -guste o no guste lo que piensen- es hoy recomendable incluso como ejercicio político. Garaudy puede haber sucumbido en otros momentos, como Althusser lo confiesa de sí mismo, a la «línea imperativa» según la cual la filosofía marxista no puede elegir sino entre el comentario y el silencio, una convicción iluminada o bien obligada y al mutismo del malestar. Pero hay mudos y mudos, y Garaudy, como su contrincante Althusser, pertenecía ya entonces a la clase de mudos que podían hablar porque saben pensar. Por esto vale la pena atender su reciente ensayo sobre Lenin.

El escrito tiene dos buenos rasgos que conviene destacar. El primero puede decirse brevemente: Garaudy no muestra en este ensayo el excesivo respeto académico por las definiciones tradicionales que es frecuente en la literatura francesa, incluso en la marxista; y así caracteriza el pensamiento de Lenin al margen de cualquier definición universitaria de la filosofía: «El problema principal de su (de Lenin) filosofía es el del militante: elaborar una metodología de la iniciativa histórica».

El segundo se presenta en su manera de construir los aspectos del pensamiento de Lenin, que Garaudy ofrece al estudio del lector. La elección es muy adecuada para las necesidades presentes. Garaudy acentúa sobre todo la insistencia de Lenin en la importancia del factor subjetivo en la historia y las enérgicas tomas de posición antidogmáticas y antisectarias de diversos textos de Lenin. No hay duda que una y otra cosa son elementos esenciales del pensamiento leninista, pero la redacción de esta nota no obedece solamente al deseo de dar noticia del ensayo de Garaudy y de registrar elogiosamente estas características de su composición, sino de añadir una observación más.

En las 66 páginas del ensayo queda muy claro que Garaudy lo ha escrito con el fin de librar la clásica batalla en dos frentes: subrayar la importancia del factor subjetivo en el pensamiento de Lenin (igual que en el de Marx, por otra parte) le es útil contra el derechismo de tipo tradicional. Mostrar que Lenin quiere pensar siempre de manera antidogmática y antisectaria le sirve contra el infantilismo o izquierdismo. Y ambas cosas le sirven, además, y muy eficazmente, contra el burocratismo y el estatalismo de la degeneración socialista, la cual presenta al mismo tiempo el mecanicismo y la razón de Estado y un sectarismo hipócritamente dogmático que disfraza de teoría, desde los tiempos de Zdanov, lo que es mera implicación del poder o de la lucha por éste en tal o cual intriga momentánea.

Los textos de Lenin que recoge Garaudy son muy eficaces para ilustrar todos aquellos puntos. La selección es un éxito. En particular, el izquierdista reflexivo podrá aprender mucho de la sólida demostración por parte de Garaudy de que Lenin ha tomado prestado los rasgos más autoritarios del ¿Qué hacer? (uno de los textos más cultivados por el extremismo) directamente del patriarca de la socialdemocracia, de Kautsky.

Aquí se plantea, sin embargo, justamente la cuestión. No parece que la mejor manera de oponerse al derechismo y el nuevo izquierdismo, al igual a que a la degeneración del poder socialista, sea continuar utilizando los clásicos del movimiento socialista convirtiéndolos en instrumentos de la disputa. Parece claro que Garaudy tiene razón en su triple polémica, pero parece dudoso que esta razón vaya a triunfar substancialmente con los mismos procedimientos que ha llevado al derechismo «filológico» de la vieja social-democracia (hecha de citas a pie de página de algunos elementos de El Capital), al infantilismo (hecho de citas a pie de página del ¿Qué hacer?, etc.) y a la degeneración burocrática revestida con todas las citas, sean de donde sean, que vayan bien para expulsar a alguien, justificar tal ley o proclamar tal sentencia).

Es necesario de una vez dejar vivir a los clásicos. Y no se ha de enseñar a citarlos, sino a leerlos».

Anexo 11: Mayo de 1968.

Sacristán, quien no dejó de simpatizar sin ceguera con lo que significaron los movimientos estudiantiles de mayo del 68, tanto aquí, en Europa Occidental, como en Usamérica, criticó, empero, algunos de los planteamientos de sectores del movimiento universitario de esos años respecto a la relación entre ciencia y política. Constató una fuerte corriente anticientificista entre algunos sectores revolucionarios de estos movimientos. Por ejemplo, en una conferencia impartida en Valencia en 1969, Sacristán ilustraba su tesis con el caso de una familiar bioquímica que trabajaba en Italia. Los estudiantes, que simpatizaban con ella y con sus planteamientos políticos, le habían preguntado los motivos por los que ella seguía en la investigación pura y no se dedicaba, en cambio, a buscar algo para el «asma de las lavanderas del Ticino». El incidente, señalaba Sacristán, no tuvo ninguna trascendencia práctica pero revelaba un estado de ánimo: el de un «movimiento estudiantil rebelde que empieza a creer que no tiene sentido hacer investigación básica en bioquímica, por ejemplo».

Siguió Sacristán ilustrando su posición citando un artículo de un dirigente estudiantil italiano en el que sostenía que la investigación pura, la fundamental, era un sistema mediante el que los países desarrollados podían asignar muchos recursos y así mantener lo que se solía llamar el «calor de la coyuntura», evitando de este modo recalentamientos, tensiones económicas por exceso de riqueza, alejando las crisis de sobreproducción, por usar términos económicos tradicionales, concluyendo, y ahí entraba la crítica de MSL, que una cultura revolucionaria lo que debía hacer es suprimir la investigación básica y quedarse sólo con la aplicada. No hacer física teórica y en las ciencias químicas quedarse con los plásticos y la farmacopea.

Citó igualmente Sacristán un artículo de un combatiente universitario norteamericano , Michael Rossman, «que lleva un montón de años saliendo y entrando a la cátedra en Estados Unidos (que es como para respetarlo en serio)»-, que llevaba por título «Notas de la cárcel local», en el que establecía una comparación entre la cárcel de ese condado y la Universidad de Berkeley, y en el que, escribiendo «maravillosamente», decía irónicamente a los estudiantes usamericanos: «Establécete una personalidad distinta, pero no amenazadora; elige un símbolo referente a tu persona, y acentúalo; sé apasionadamente dedicado a la búsqueda de la verdad; atrévete a una hipótesis audazmente heterodoxa, cuya sutil fragancia pueda captar tu profesor; admite graciosamente tu error evidente, muéstrate abierto a la enseñanza y capaz de aprovecharla. – Sacristán: «Entonces termina y aquí traduzco literalmente, rebajando un poco»-. Podría seguir pero que se vayan a hacer puñetas».

Sacristán señala que Rossman está haciendo un retrato del estudiante cobista, un retrato justo, por lo demás, pero que entre los títulos del estudiante conformista incluye el de «sé apasionadamente dedicado a la búsqueda de la verdad». Hay ironía, sin duda, pero, en su opinión, el apasionamiento por la verdad está «puesta al mismo nivel que los demás detalles del estudiante cobista».

Finalmente, otro ejemplo «terrible» extraído de una revista de los estudiantes de la misma universidad de Berkeley («La barba de Berkeley»): «No es posible reformar las universidades, hemos de entrar a saco en los campus de los Colleges, quemando libros, deshaciendo aulas y liberando a nuestros hermanos de la prisión de la Universidad». Es decir, señala MSL, no se sostiene que haya que conquistar la Universidad para un pensamiento y una cultura revolucionarios, sino que se trata de destruir la institución por «considerarla pura y escuetamente como cristalización del espíritu reaccionario».

Por otra parte, sobre las repercusiones de los movimientos sesentayochistas en algunos sectores del movimiento universitario catalán, Sacristán se expresaba del modo siguiente en una «Nota sobre la Universidad» de 5 de marzo de 1970 dirigida a la dirección del PSUC-PCE (Véase anexo de la tesis doctoral de Miguel Manzanera sobre Sacristán, UNED):

«Lo primero que a uno se le ocurre en presencia de un contingente numeroso de personas bastante conscientes de su oposición al sistema en que viven, pero que no se deciden a formar un movimiento organizado, es que esas personas no creen en la conveniencia o en la necesidad de hacerlo. Pues consciencia del problema no les falta. Me parece que esa falta de convicción se debe a varias causas, cuya importancia relativa no conozco. Son, entre otras, acaso: el saber que hubo un movimiento organizado que acabó por descomponerse; la consiguiente falta de esperanza en una vía continuada con una perspectiva atractiva para todos y que parezca alcanzable; el espectáculo de la lucha, ya muy crispada, entre partidos, obstáculo muy serio a cualquier movimiento, fuera de la minoría más activa; el deseo de no meterse en «líos», visto que todo ha salido mal. Esas causas explicarían también algo de otro modo incomprensible: el éxito de actitudes políticas sin fundamento, como las de los Che, que son mimetismo incoherente de los hechos de Francia o Italia, pero muy mal conocidos. Más de mil estudiantes pueden aplaudir hoy una intervención en la que se dice que en las condiciones actuales de España la consigna de libertad es reaccionaria. Sólo la sublimación de una completa desesperanza me parece explicar el éxito de un absurdo semejante».

Igualmente, Crítica, la revista clandestina de los estudiantes del PSUC, había insertado en su número de agosto de 1968 un artículo firmado por R. Serra, que creo que es un seudónimo de Sacristán, con el título «La significación de los movimientos estudiantiles en los países capitalistas occidentales». Fue escrito antes de las elecciones francesas del 23 de junio y 1 de julio, y su trabajo sólo tiene en cuenta la primera fase de las grandes luchas de la primavera parisina. Fue reproducido en el número de otoño de 1968 de NH, pp. 45-48.

Inicia su artículo Sacristán constatando que «los movimientos estudiantiles son intensos en algunos países capitalistas avanzados o no particularmente atrasados, como Alemania occidental, Francia, Italia, España, Gran Bretaña, Estados Unidos. Este hecho está poniendo fin a la literatura propagandística que durante años ha defendido, con fingida nostalgia y real intención paralizadora, la tesis de la despolitización de la juventud universitaria y obrera. A la luz de los recientes movimientos universitarios en diversos países occidentales se puede comprender mejor incluso la significación político-social de movimientos como los de los «mods», y los «rockers» anglosajones, por una parte, y de los «hippies» y «freepies» americanos y europeos de otra»

Para Sacristán el significado de estos movimientos juveniles es la de «una crisis profunda de los valores burgueses tradicionales y de los nuevos valores rápidamente montados en estos últimos decenios, con todos los medios de la publicidad de masas, por el capitalismo monopolista de la postguerra, denominado neocapitalismo». En su opinión, grandes sectores de los jóvenes estudiantes y trabajadores estaban tomando consciencia de «la injusticia de la supraestructura capitalista, de la hipocresía de sus valores tradicionales -la «libre» empresa, la «abundancia» por la ley de maximización del beneficio, la «democracia» puramente formal- y la reciente percepción de la necesaria lucha contra la escasez, que degenera en promoción de consumos superfluos y alienadores, mientras que la oferta de los bienes esenciales, desde la vivienda hasta la educación y la investigación, se ve limitada por su incapacidad para producir beneficios máximos privados, o bien -como en el caso de la investigación- se desnaturaliza para producir estos beneficios máximos privados, en la industria de guerra. La explotación de los países subdesarrollados, acompañada de brutales agresiones, como en particular la de Vietnam, ha contribuido decisivamente a desenmascarar la naturaleza opresiva del sistema».

Sostiene Sacristán que el llamado problema de los jóvenes, o la crisis de autoridad de los adultos, se ha planteado ya otras veces durante el siglo XX: «hacia los años 20 y 30, dio lugar a la demagogia fascista, que tuvo éxito en la universidad (en España, el SEU proporcionó una parte decisiva de los cuadros fascistas de la guerra civil)». Esta demagogia que hacía de la juventud una categoría social universal era un intento burdo de disimular la lucha de clases «y por esta razón tuvo mucho menos eficacia entre la juventud obrera».

Tuvo, en cambio, algo más fuerza entre los estudiantes universitarios. Algunas manifestaciones de este movimiento «parecían ofrecer una cierta similitud con la mística interclasista de la juventud». Así lo indicaban, a primera vista, algunas consignas de la Liga alemana de estudiantes socialistas, de la que eran miembros destacados los hermanos Wolff, Lefevre y R. Dutschke. A título de ejemplo Sacristán citaba la que afirmaba que debajo del vestido de los profesores universitarios había moho de mil años o la que presentaba a los científicos adultos como «idiotas especializados». No todo es confusión, apuntaba, pero «no hay duda de que la actitud puede hacer recordar la confusa demagogia en torno a la juventud de más de hace treinta años».

Todos estos elementos de confusión, prosigue Sacristán, han despertado esperanza entre algunos fascistas y temores profundos en el interior de algunos partidos obreros. «Pero las esperanzas fascistas y los temores poco inteligentes no tienen fundamento». Para abandonarlos, señala, basta con observar que todos los movimientos estudiantiles importantes de Europa Occidental quieren ser marxistas, no sólo el SDS alemán sino incluso los anarquistas del Movimiento 2 de marzo que se autodefinen como «anarco-marxistas», según la forma de decir de Daniel Cohn-Bendit. Por lo que, a la razón apuntada de crisis de la supraestructura ideológica del sistema de valores capitalistas, hay que añadir una segunda: «la difusión masiva de ideas marxistas y socialistas incluso en sectores externos al proletariado», y en grupos sociales que 40 años atrás habían sido foco de fascismos.

En opinión de Sacristán, la raíz social de la motivación socialista de los modernos movimientos de estudiantes en Occidente capitalista es el rápido cambio de la función de los intelectuales en la producción y en los servicios. Esta raíz de base del socialismo de los grandes movimientos de estudiantes europeos «garantiza que se trate de socialismo auténtico por muy confuso que sea ideológicamente. Esta raíz hace ilusorias las esperanzas fascistas y lamentables los temores cortos de vista que algunas organizaciones parecen sentir delante la superficial confusión teórica y política de los movimientos de estudiantes en algunos países europeos. Para nosotros, particularmente, en la Universidad de Barcelona, esta cuestión no puede ofrecer ninguna duda. En la memoria de algunos porque lo vivieron y en la de otros porque lo han oído contar, está presente el hecho de que la actual fase del movimiento universitario catalán estaba, a finales de 1956 e inicios de 1957, en un estado de superficial «confusión» tan grande que a su lado los actuales estudiantes alemanes, franceses o italianos parecían un «Instituto de Marxismo-Leninismo. Entre los portavoces más visibles del movimiento se contaban señoritos elegantes de diversos tipos y pintorescos carlistas. Pero los estudiantes comunistas de entonces no los declaraban hijos de papá y menos aún provocadores, sino que se incorporaban de lleno a la lucha y contribuyeron decisivamente a fundar y desarrollar el movimiento de estudiantes de la Universidad de Barcelona».

La principal enseñanza que, en su opinión, aportaba sobre esta cuestión el movimiento parisino era la siguiente: era necesario estar preparados y saber que la alianza de la clase obrera y de sectores estudiantiles e intelectuales, al tratarse de un fenómeno histórico nuevo, «podía presentar formas superficialmente confusas, de las que no hay que tener miedo porque son inevitables y porque se salvan en la autenticidad de su raíz histórica básica: la proletarización objetiva del trabajo intelectual».

En un plano particular, apunta finalmente MSL, el movimiento parisino permitía ver más concretamente el alcance de una advertencia reiterada en los congresos del PSUC y del PCE: la posibilidad de un desarrollo nuevo, «sin guerra civil, de las revoluciones democrática y socialista es nada más que una posibilidad, aunque esté sin duda cargada de realidad y tal que si se llegase a realizar supondría, junto con el ahorro de sufrimientos, un gran ahorro de fuerzas productivas para la inicial acumulación socialista. Y también se trata de una posibilidad que no puede tener formas de realización fijadas apriorísticamente».

En el caso de que las elecciones francesas, apunta Sacristán, abriesen o facilitasen el paso a una auténtica vía en Francia para el socialismo, no habría duda de que esta ruptura electoral habría estado motivada por los movimientos sociales, por las movilizaciones en la calle, por las manifestaciones, por las barricadas, etc. Pero, en todo caso, «la posibilidad de instaurar una democracia política y económica que garantice, por la composición de clase del poder, la construcción del socialismo sin necesidad de una guerra revolucionaria propiamente dicha no excluye una gran variedad de choques más, posibles todavía, sino que

los implica. Ni tan sólo excluye su agotamiento como posibilidad».

Finalmente, en una conferencia sobre Sartre de 1980, Sacristán se refería brevemente a los movimientos estudiantiles próximos al Mayo del 68 parisinos, a raíz del análisis de la etapa marxista sartriana, en los términos siguientes.

«(…) Esta fase marxista de Sartre que tiene también mucho que ver la historia política, económica y social de Francia y de Europa, culmina el año 68. El año 68 se produce, con un largo prólogo que venía aproximadamente desde el 67, en las Universidades norteamericanas, desde el 66 incluso, una oleada de movimientos de rebeldía, resistencia, incluso de intentos revolucionarios, en el mundo estudiantil y el juvenil, en general, empezando por Norteamérica, siguiendo luego por Francia, Alemania e Italia y, con menos fuerza, en Inglaterra también.

Ese movimiento juvenil, y principalmente estudiantil, se expresa a sí mismo en forma marxista, construyendo así el momento de mayor influencia al menos visible o superficial del marxismo en la Europa del siglo XX, en la Europa occidental del siglo XX. Pero además coincide con unos movimientos obreros de mucha importancia. Se pasa a menudo por alto, al hablar de lo que ocurrió el año 68, que ese año se produjo en Francia la huelga obrera más importante del siglo XX: diez millones de obreros en huelga y durante bastantes semanas, durante más de dos semanas.

Todo eso determina una situación en la que parecían cuajar muchas esperanzas, por usar el lenguaje de Sartre, presentes desde antiguo en la tradición marxista. Sartre traza entonces una evolución dentro de su marxismo hacia lo que podríamos llamar la extrema izquierda marxista.

La mucha esperanza, el mucho potencial de esperanza acumulado en esas semanas de los meses de mayo y junio de 1968, explica el que la desilusión al fracasar aquel movimiento, en todo o en parte -esto es una cosa que tendrán decir los historiadores-, fue una desilusión causante de mucho pesimismo. Se puede decir que ya entonces, en el otoño o en el invierno del 68, Sartre ha empezado a entrar en la última fase de su pensamiento que no es una fase marxista. No es tampoco resueltamente o explícitamente antimarxista…»

*

Anexo 12: Notas sobre El futuro (y textos afines).

En sus resúmenes de trabajo, Sacristán había realizado las siguientes anotaciones sobre algunos pasajes del libro de Waldeck Rochet:

«1. Lenguaje asqueroso:.»(…) la jeunesse ardente et généreuse(…)» [«la juventud ardiente y generosa»]

2. «La causa de la huelga, sin precedentes por su amplitud, que se desarrolló en mayo-junio de 1968 no es nada misteriosa: es la política del poder desde hace diez años. Es la indiferencia cínica de los medios dirigentes a las necesidades más urgentes de los trabajadores y la confiscación de todos los frutos del progreso científico y técnico por la oligarquía. Y la clase obrera no había esperado los acontecimientos del Quartier Latin para mostrar su descontento. ¿Es necesario recordar la huelga de treinta y cinco días de los mineros en 1963? ¿Habrá que evocar las grandes jornadas de 1967, las del 1 de febrero, 17 de mayo, 13 de diciembre, o la significativa fuerza de la manifestación de la CGT el 1 de mayo de 1958?»

Utilización indecente de una verdad. Es verdad que la fuerza es la clase obrera, y que la tenía, por ejemplo más destacado, el 1º de mayo de 1968. Pero no es verdad que sea lo mismo: porque en los días siguientes, gracias al Quartier Latin, la cualidad era otra: no unos cientos de miles de mineros, sino más de ocho millones de trabajadores de todas las categorías.

3. «Una vez recordadas brevemente las causas del descontento acumulado entre los trabajadores, se advierte que se distinguen del movimiento estudiantil como tal. Lo que sí es verdad, de todos modos, es que la potente huelga de solidaridad con los que estudiantes víctimas de la represión, desencadenada por iniciativa de la CGT el 13 de mayo de 1968, y las grandes manifestaciones populares que la acompañaron, dieron a los trabajadores una consciencia aguda de su fuerza y de sus posibilidades de lucha» (p. 12)

Ante este veraz reconocimiento, muy exacto, además, en su formulación, toma otras dimensiones la anterior formulación repugnante: se trata sólo del paternalismo propagandístico: cargar las tintas de la media verdad tácticamente en primer plano. Con eso no se puede ya hacer política.

4. p. 17. Hay que admitir que crean eso, pues es su política. Pero, ¿objetivamente?. Más bien ocurre que una política tiene sus implicaciones. Un anterior análisis puede haberles probado que era así, que tal era la situación de las masas. Eso ha hecho desarrollar otra política. Esta política impide reaccionar en seguida a un cambio brusco de la situación. Si hubiera habido un buen equipo militar del PCF (no la necedad de los adoquines de los estudiantes), ¿no habría habido masas suficientes?

5. pp. 20-21 [Desde «En el corazón mismo de la crisis social y política de mayo-junio…» hasta «(…) Eso quiere decir que si las propuestas de acción común del Partido comunista francés hubieran sido tomadas en consideración, habríamos podido tener en el plano político una salida diferente de la que hemos conocido»]. Todo eso es seguramente verdad. Pero se olvida de una consecuencia: no parece posible conseguir la alianza del pueblo negociando con sectores que no quieren más que hundirte.

6. «Ser revolucionario no es conducir la clase obrera a la derrota lanzándola con ligereza a acciones aventureras sin tener en cuenta la verdadera correlación de fuerzas» Este es el tema decisivo. Él cita a Massu.

7. p. 23 [«El poder había fijado el plan de provocar a los trabajadores en huelga, de empujarlos a reaccionar violentamente a sus provocaciones y, por último, arrastrar el movimiento obrero, y dentro de él a nuestro partido comunista, a un enfrentamiento violento, sangriento, con su policía y con su ejército…»]. Esto es muy importante. No repetir marzo. Pero tiene sus implicaciones problemáticas. Pues supone oleada fascista, por dificultades del capitalismo. Entonces no hay que seguir siendo triunfalistas.

8. «No hemos querido que la clase obrera francesa sufriera de nuevo la suerte trágica que corrió durante las jornadas de julio de 1848, ni que su canto de lucha se transformara en el «fúnebre sólo» con el que terminó la Comuna de París» (p. 24). Muy valiente.

9. p. 26 [Desde «Esta concepción de la lucha de masas se basa para nosotros en razones de principio que nuestro partido ha desarrollado a menudo y que Engels evocaba con unas palabras de admirable actualidad…» hasta «(…) que utiliza sin pudor el épouvantail [espantajo] del caos y de la guerra civil»]. 1) Aquí, al final de su argumentación más seria, se aprecia su mayor debilidad: que eso no es un «épouvantail», y que no se ve garantía contra esa operación del enemigo siguiendo la actual política. Tema de la putrefacción. 2) El equívoco es la confusión entre la democracia económica política y la posibilidad del paso pacífico a ella.

10. Ausencia de análisis marxista en la cuestión de los monopolios y la pequeña empresa burguesa (p. 41). Pura política.

11. Tratamiento del problema de los intelectuales como si no los hubiera revolucionarios, sólo progresistas (pp. 51-55)

12. Los sectores que el PCF propone nacionalizar son «la siderurgia, la química, la electrónica,…» (p. 69). Planificación democrática, crecimiento sin inflación (p. 70).

13. «Una asamblea nacional elegida por sufragio universal tendría la tarea de hacer las leyes y controlar el gobierno (…)» (p. 72). En este contexto habla de lo malo que es el sistema electoral francés actual. ¡Ya lo podía haber dicho en mayo!

14. Y al final de esta exposición dice que hay que esperarse violencias de la gran burguesía (p. 77). Pues entonces, hombre.

15. pp. 78-79 [Desde «Para un observador como Maurice Duverger el comunismo francés está «desgarrado por una contradicción esencial»…» hasta «…si no está defendida por un poderoso movimiento popular [MSL: ilusiones, a pesar de todo] constantemente en guardia, y si ese movimiento no tiende a limitar y a destruir luego, todos los privilegios de la gran burguesía»]. Rehacer esta cuestión es rehacer el núcleo de todo.

Análogamente decisivo es el paso siguiente, también lleno de verdades con una sola falsedad: el olvido de que el choque, presupuesta esa concepción, se producirá al principio, y no al final (p. 83) [Desde «El PSU, cuyas concepciones reformistas se disimulan bajo un léxico izquierdista…» hasta «(…) En cambio, luchando por una democracia avanzada, el partido comunista lucha del modo más eficaz por la instauración de una Francia socialista»].

16. «Acabamos de comprobar que la democracia verdadera es una etapa en el camino del socialismo» (p. 85)

De acuerdo, pero hay que precisar cómo. Lo es porque: a) donde no se ha hecho así el socialismo, se ha acabado en burocratismo tras el final de las ilusiones heroicas. b) No porque eso sea un vía al poder. c) Lo es también histórico-económicamente (pero respecto del pasado). Y en Europa. Y ello tanto por el desarrollo del capital cuando por el de las masas (concentraciones respectivas).

17. «Pero ¿ha de actuarse obligatoriamente en esa revolución en la forma de un enfrentamiento militar, de una guerra civil entre las fuerzas opuestas? Esta imagen catastrófica de la revolución socialista sirve perfectamente los intereses y los cálculos de los adversarios del progreso, pero no expresa las opiniones de los comunistas» (p. 96). Cura.

18. «Queda al hecho de que la vía pacífica es una posibilidad, no una certeza y que, por lo tanto, habrá que tener en cuenta las condiciones de cada momento» (p. 98). Si vis pacem, para bellum. Y estos preparan una paz insegura.

19. «Ese doble aspecto del nuevo poder político de los trabajadores -desarrollo continuo de la democracia para todos los trabajadores y el pueblo, y defensa de las conquistas sociales contra las antiguas clases explotadoras. Caracteriza lo que los fundadores del marxismo han llamado la ‘dictadura del proletariado’ «(p.124).

Luego ella es la democracia política y económica. Esta es una nueva comprensión de la dictadura proletaria.

20. Interviene en Althusser-Garaudy, p. 163.

*

 

Anexo 13. Sobre la cuestión nacional, Catalunya y España.

Manuel Sacristán no escribió específicamente ningún ensayo sobre España, Catalunya o cuestiones nacionales o de nacionalismo, pero sí se refirió a este tema y a cuestiones afines en algunos de sus escritos y en muchas de sus intervenciones políticas, de las cuales, en algunos casos, no ha quedado testimonio escrito o grabado alguno (Por ejemplo, de su intervención sobre este tema en el encierro de Montserrat).

Quizás no sea inútil recordar que Sacristán dirigió durante algunos años la revista teórica del PSUC Nous Horitzons [Nuevos Horizontes] -que tal vez fue de las primeras revistas editadas totalmente en catalán «en el interior» durante el franquismo-, publicación en la que Joaquim Sempere, Francesc Vicens y Francesc Vallverdú tradujeron algunos de sus papeles más conocidas y leídos. Por lo demás, no era imposible encontrar a Sacristán en las manifestaciones del 11 de septiembre, donde se vindicaban libertades políticas y autogobierno. Pero, desde luego, no le resultó nada cómodo el auge de los nacionalismo periféricos y el triunfo de la derecha nacionalista en Catalunya en las primeras y siguientes elecciones autonómicas.

Una de las preguntas del coloquio de su conferencia sobre «Tradición marxista y nuevos problemas» de 1983 versó sobre este tema:

«He pensado que estaba dentro de la economía de una exposición limitarme a los tres, a tres que fueran muy universales, que realmente no tuvieran ningún contexto nacional en particular, sino en un plano muy general. Por eso también he prescindido de algunos otros que son importantes Por ejemplo, la consideración cultural de la homosexualidad, que sin duda tiene importancia en sí. Pero me pareció que para administrar una hora, o una hora y cuarto, podía tocar los tres.

Por otra parte, a lo mejor es una ilusión o una petulancia, pero a mí me parece que en el problema nacional la herencia marxista no es mala. Lo que pasa es que el punto esencial se menciona poco. El punto esencial es el principio de autodeterminación, y ahora resulta que se le menciona poco aquí porque suena a muy subversivo, pero, desde un punto de vista inspirado en la tradición marxista es obvio que ningún problema nacional tiene solución si no parte de una situación de autodeterminación. Si no, no hay nada que hacer. Todo lo demás es dar palos de ciego, matarse, golpearse, sin despejar nunca la situación, ni siquiera intelectualmente. Me puedes decir que es una concepción muy breve y demasiado abrupta, pero sinceramente creo en ella, creo que, por más que se especule sobre problemas de nacionalidades, si no es sobre la base de una articulación seria, de una práctica sincera del principio de autodeterminación, no hay nunca solución clara como saben los presentes. Yo creo que en eso no ha cambiado nada. Pueden olvidarse estos problemas durante ciertas épocas históricas. A lo mejor dentro de mil años ya no nos acordamos de las nacionalidades hoy existentes. Es posible. Pero por lo que hace al planteamiento propiamente político de los problemas, es decir, el planteamiento que permita una intervención, yo sigo creyendo que esa vulgata marxista clásica es correcta.

Pregunta: Pero la tradición marxista en este punto…

Es poco sensible, seguro que estás pensando que es que poco sensible

Ambigua»

No ambigua teóricamente, porque teóricamente está el principio claro.

En la práctica de la tradición de Marx.

En la práctica, sí. Pero no sólo en ese concepto, sino en tantos otros.»

Una breve antología de sus textos podría ser la siguiente:

1. Textos de juventud.

A. Confucio es un consecuente cosmopolita que no concede valor substancial a la pertenencia del hombre a grupos étnicos o nacionales:

«He sabido que el príncipe de Ts´u ha perdido su arco; sus seguidores le pidieron que enviara a por él. El príncipe respondió: – El rey de Ts´u ha perdido su arco; un hombre de Ts´u lo encontrará, ¿Por qué buscarlo?»

Confucio lo supo y añadió:

-«Vale más decir: un hombre ha perdido su arco y un hombre lo encontrará. ¿Por qué añadir Ts´u?».

B. (…) Las personas propensas a creer que la Hispanidad no pasa de ser un pretexto de la retórica gruesa deben considerar la riqueza literaria que nos llega de la América española. Entonces descubrirán -por ejemplo- que Hispanidad es, cuanto menos, eso que nos permite leer La Colmena.

Los Breviarios del FCE son tal vez los más sorprendentes de todos esos libros que nos remite la Hispanidad. Son, en principio, manualitos divulgadores. Pero con frecuencia sus satinadas páginas producen sorpresas de cierta magnitud. De mucha es la que proporciona el manual de Wahl.

 

1. A. «Entrada Confucio» (1954). Esteban Pinillas de las Heras, En menos de la libertad. Dimensones políticas del grupo Laye en Barcelona y en España. Anthropos, Barcelona 1989, p. 207. 1. B. Manuel Sacristán, Papeles de filosofía. Icaria, Barcelona, 1984, p. 483 y 486.

2. ¿Qué es España?

A. Estaba yo pensando profundamente en todo eso cuando me llegó un sobre voluminoso con el membrete de El País. ¡Cáspita! me dije, como si estuviera traduciendo el Cuore, esta carta debe ser muy importante, a juzgar por su remitente y por lo gorda que es. Abrí el sobre y vi que era una carta con título. Y qué titulo. A saber. «¿Qué es España?».

Me precipité a consultar el Ferrater, para ver si don Miguel de Unamuno, o don José Ortega y Gasset, don Ramiro de Maeztu, o incluso don Ángel Ganivet (todos esos autores son inevitablemente «don») estaba todavía vivo. Comprobé que no.

Por otra parte, la carta no da muchas pistas para responder a la pregunta; es verdad que dice que España no es una unidad de destino en lo universal, pero eso no me lo resuelve todo, porque también podría ser un dolor, o un enigma histórico, o un problema, o un sin-problema, o incluso un invertebrado.

Ni tampoco contribuye mucho a resolver la cuestión el encomiable ejemplo de las democracias occidentales ante las que se postra la carta al exhortarnos a adoptar «la perspectiva moderna con que, con la ayuda de la razón crítica, los países más civilizados afrontan sus problemas». Es obvio que la Gran Bretaña es un país de los más civilizados, por lo menos desde que Astérix y sus amigos enseñaron a los anglos a tomar el té. Entonces, la razón crítica que según El País, nos permitirá descubrir qué es España ¿tendrá que ver con la muerte por inanición de algún preso del IRA? O tal vez con algún bombazo corso, ya que también Francia es un país muy civilizado.

Consulté el diccionario de María Moliner, cosa siempre recomendable. Y en la página 1199 de su primer volumen descubrí que la autora no se atreve a definir «España». Pero, sin decirlo, explica, en realidad, por qué no define, enjaretándonos la retahíla de términos que transcribo sólo parcialmente: «alanos, arévacos, ártabros, astures, autrigones, bastetanos, benimerines, béticos, cántabros, caporos, cartagineses, celtas, celtíberos, cerretanos, cibarcos, contestanos, cosetanos, deitanos, edetanos, fenicios, godos, iberos, ilercavones, ilergetes, iliberritanos, ilicitanos, ilipulenses, iliturgitanos, indigetes, italicenses, lacetanos, layetanos, masienos, moriscos, mozárabes, numantinos, oretanos, pésicos, saldubenses, santones, suevos, tartesios, tugienses, turdetanos, túrdulos, vacceos, vándalos, vardulos, vascones»

Entonces me puse a pensar profundamente sobre todo eso.

B. (…) porque España no es propiedad de los reaccionarios, yo me siento y soy español aunque fuera de una España pequeña que limitara con los Picos de Europa, Andalucía, Galicia y el área catalana, porque España no es una ficción, es la nación de mis padres y abuelos, de Garcilaso, de Cervantes…

C. En la edición de Gerónimo se ha notado que el editor español, yo, soy un español que sigue siendo español y no tiene vergüenza de ser español, en un momento en que se puso ferozmente de moda no ser español, moda que sigue existiendo. A lo sumo, se admite que uno puede ser, tirando a mucho, castellano, pero español, ¡qué horror!. En cambio, allí se habla de Felipe II, de ministros de Felipe II, y de conquistadores, sin odio y como de antepasados de uno en vez de como unos cabrones que están en la acera de enfrente y con los que uno no quiere saber nada. Es decir, volviendo a repetir el esquema tradicional de buenos y malos, completamente adialéctico y farisaico que hemos heredado de la tradición católico-integrista, repitiéndola al revés.

2. A. «Otra página del diario filosófico de Filóghelo» , mientras tanto, nº 18, 1984, pp. 151-152 . 2. B. «Manuel Sacristán o el potencial revolucionario de la ecología», Tele/Expres, 2-6-1979 (Ahora en: De la primera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón, Los Libros de la Catarata, Madrid, 2004, pp 115-125; edición de Francisco Fernández Buey y Salvador López Arnal). 2. C. ‘ ‘Una conversación con Manuel Sacristán’, por J. Guiu y A. Munné’, Ibidem, pp. 102-103.

 

3. Sobre el derecho de autodeterminación

¿Qué particularidades se ven hoy [diciembre 1984] dentro del comportamiento político y social en la sociedad catalana respecto de la española? ¿Puede echar una mirada a lo que es el nacionalismo catalán respecto a España?

A mí me parece que los nacionalismos ibéricos están más vivos que nunca, los tres. Paradójicamente el menos vivo es el español -por eso no he dicho los cuatro- en el sentido siguiente: en el caso de la nacionalidad española, los nacionalistas son de derechas, incluida mucha gente del PSOE, pero de derechas de verdad; en cambio, en los otros tres nacionalismos, por razones obvias, por siglos de opresión política y opresión física, el nacionalismo no es estrictamente de derechas sino que hay también nacionalistas de izquierda, como dice el mismo nombre de una formación política catalana [Nacionalistes d’Esquerra], y a mí me parece que la vitalidad de los tres nacionalismos no españoles de la Península es tanta, que aunque parecer utópico, yo no creo que se clarifique nunca la situación mientras no haya un auténtico ejercicio de derecho a la autodeterminación. Mientras eso no ocurra, no habrá claridad ni aquí ni en Euskadi ni en Galicia. Sólo el paso por ese requisito aparentemente utópico de la autodeterminación plena, radical, con derecho a la separación y a la formación de Estado, y viendo lo que las poblaciones dicen enfrentadas con una elección tan inequívoca, tan clara, sólo eso nos podría permitir un día reconstruir una situación limpia, buena, ya fuera la de un Estado federal, ya fuera la de cuatro Estados. Pero en todo caso con claridad.

A mí me parece que por más vueltas que se le dé, por más técnicas políticas y jurídicas con las que se intente organizar algo que no sea eso, no saldrá nunca un resultado satisfactorio. Eso siempre será una justificación del mayor mal que sufre España, que es tener un Ejército político como el que tenemos. Este es el problema fundamenta de este país.

B. (…) Doy brevemente cuenta de una pequeña peculiaridad de la traducción: traduzco algunos valencianismos -los que más se prestan a ello- por andalucismos. Por ejemplo: traduzco poc por «poco» y miqueta por «poquito», porque son términos corrientes en Cataluña; pero traduzco poquet, que en catalán del País Valenciano, por «poquiyo», no por «poquito», ni por «poquillo». Quiero así incitar a mis paisanos a ver de qué modo el valenciano es, sencillamente, un catalán, igual que el andaluz es un castellano. Y quizá por causas parecidas a las que hacen que para mi oído el castellano más hermoso sea el sevillano, creo que el valenciano de Raimon es un catalán particularmente agraciado.

* * *

Me siento algo incómodo al ver reproducida en esta edición para lectores de lengua castellana la nota que escribí en 1973 por cordial encargo de Raimon. Alguna gente de izquierda en sentido amplio (yo diría que en sentido amplísimo), creyéndose inminentemente ministrable o alcaldable, considera hoy oportuno abjurar sonoramente de Lenin. No pretendo ignorar los puntos del leninismo necesitados de (auto-)crítica. Pero por lo que hace a la cuestión de las nacionalidades, la verdad es que la actitud de Lenin me parece no ya la mejor, sino, lisamente, la buena. Ahora bien: una regla práctica importante de la actitud leninista respecto del problema de las nacionalidades aconseja subrayar unas cosas cuando se habla a las nacionalidades minoritarias en un estado y las cosas complementarias cuando se habla a la nacionalidad más titular del estado. A tenor de esa regla de conducta, tal vez sea un error la publicación en castellano de mi nota de 1973, dirigida primordialmente a catalanes.

Espero que no sea un error importante. Y me anima a esperarlo así la acogida de mis paisanos madrileños a Raimon en este suave y confuso invierno de 1976.

C. Argumentos: El marxismo se ha convertido en un fenómeno universal, pero creo que más como método de solución a todos los problemas. Sin embargo, en este momento, la tendencia es hacia una interiorización, hacia una nacionalización de la política. No soy universal porque soy de este mundo, soy universal a partir de un punto concreto, un barrio, una ciudad, de un país o una autonomía, y a partir de ese momento, puedo trascender para llegar a la universalidad. No obstante, el marxismo no ha entendido ni las autonomías, ni los nacionalismos y mucho menos los elementos subjetivos, psicológicos de las sociedades. ¿Cree usted que esta crisis del marxismo es definitiva?

La nacionalización de la política es uno de los procesos que más deprisa pueden llevarnos a la hecatombe nuclear. El internacionalismo es uno de los valores más dignos y buenos para la especie humana con que cuenta la tradición marxista. Lo que pasa es que el internacionalismo no se puede practicar de verdad más que sobre la base de otro viejo principio socialista, que es el de la autodeterminación de los pueblos. Lo que hay que hacer es criticar a muchos partidos de izquierda, marxistas o no, que han abandonado un principio fundamental como es el de la autodeterminación de los pueblos. Todo lo demás que dice usted en esta pregunta es pura moda neorromántica irracionalista, efecto de la pérdida de esperanzas revolucionarias.

5. «Entrevista con Mundo Obrero» (1985). De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón. Los libros de la Catarata, Madrid, 2004 (edición de Francisco Fernández Buey y Salvador López Arnal), pp. 219-220.

*

Anexo 14. Correspondencia en torno a la publicación de la entrevista sobre la invasión soviética en Cuadernos para el diálogo.

El 21 de agosto de 1968 las tropas del antiguo Pacto de Varsovia invadieron la entonces República Socialista de Checoslovaquia (RSCh), liquidando manu militari la experiencia del llamado «socialismo con rostro humano» que encabezaba Alexander Dubcek (1921-1992), secretario general del P.C.Ch. La dirección del P.C.U.S. y del Estado soviético trató de justificar el atropello apelando a la supuesta vía revisionista o liquidacionista seguida por los dirigentes del P.C.Ch., sendero que, sostenían, conducía inexorablemente a la restauración del sistema capitalista y de sus relaciones de producción y aniquilación en el país del Moldava.

En noviembre de ese mismo 1968, Sacristán publicó unos escritos de Dubcek con el título La vía checoslovaca al socialismo. Significativamente, su presentación del volumen -«Cuatro notas a los documentos de abril del Partido Comunista de Checoslovaquia»- iba encabezada con un breve pero sustantivo paso del programa de acción del P.C.Ch.: «La victoria de la verdad, que es la causa del socialismo».

José Mª Mohedano, colaborador en aquellos años de la revista antifranquista Cuadernos para el diálogo, elaboró un cuestionario para Sacristán poco tiempo después de la invasión. La entrevista fue publicada con el título «Checoeslovaquia y la construcción del socialismo» en el número 71-72 de la revista, (agosto-septiembre 1969, pp.11-19), y ha sido reimpresa en Manuel Sacristán. Intervenciones políticas. Barcelona : Icaria,1985, pp.239-261.

Mohedano presentó la entrevista con la siguiente nota:

«El 1 de agosto se ha cumplido un año desde que las fuerzas del Pacto de Varsovia penetraron en la República Checoslovaca. La prensa burguesa de los países occidentales, la única que llega a nuestras manos, resarciéndose de los temblores que habían sufrido los cimientos de uno de los países puntales del mundo capitalista durante el mes de mayo, nos dio una visión superficial y externa de los hechos, apenas una apariencia. Y todo ello en medio de un gran gozo por su parte. Lo más triste es que algunas fuerzas socialistas actuaron en los mismos términos, con la preocupación máxima de quitarse de encima la pesada carga de la invasión, pero sin erosionar demasiado los métodos burocráticos existentes en los países del Este. En realidad, hemos conocido muy pocas críticas en profundidad, auténticamente socialistas. La elección del profesor Sacristán para esta entrevista se debe a que además de ser una de las personas más preparadas en el tema, en España, está en estos momentos dentro de la órbita señalada. No se trata ya de hacer lamentaciones lacrimógenas sobre la invasión, sino de hacer una crítica y un análisis materialista, de recorrer el camino que separa la esencia de la apariencia. Y es indudable que Sacristán puede contribuir a darnos una visión no formalista del problema».

En carta dirigida a Xavier Folch, escrita pocos días después de la invasión y en tono directo, Sacristán apuntaba:

«Tal vez porque yo, a diferencia de lo que dices de ti, no esperaba los acontecimientos, la palabra «indignación» me dice poco. El asunto me parece lo más grave ocurrido en muchos años, tanto por su significación hacia el futuro cuanto por la que tiene respecto de cosas pasadas. Por lo que hace al futuro, me parece síntoma de incapacidad de aprender. Por lo que hace al pasado, me parece confirmación de las peores hipótesis acerca de esa gentuza, confirmación de las hipótesis que siempre me resistí a considerar.

La cosa, en suma, me parece final de acto, si no ya final de tragedia.»

La elaboración de la entrevista originó correspondencia de interés entre José Mª Mohedano y Sacristán. En una carta fechada el 29/6/1969, Sacristán pedía una ampliación del tiempo de espera:

«(…) Desgraciadamente, hasta entrado julio no me podré sentar tranquilamente ante sus preguntas.Estos días tengo por fuerza que terminar trabajos editoriales nada interesantes, pero de los cuales vivo. Yo creo que hacia el 14-16 de julio podría enviarle las respuestas. Así lo haré si no me da usted indicación contraria. Espero que esto no le revuelva demasiado sus proyectos.»

En una segunda carta, de 17 de julio de ese mismo año, Sacristán solicitaba cortésmente la máxima exactitud en la reproducción de preguntas y respuestas:

«Otra vez tengo que pedir perdón, ésta vez por dos cosas: primera, por los dos días de retraso sobre lo que preveía. Segunda, porque no me ha sido posible embutir las respuestas en diez hojas.

Esto plantea una cuestión que me preocupa seriamente y en la cual le ruego con encarecimiento su colaboración. No he podido limitarme a las diez hojas por el carácter muy delicado y super-rico de las preguntas. Cada una de ellas implica problemas teóricos y prácticos varios, pero todos importantes. Mas esa misma característica -en un país cuya publicística se encuentra en las condiciones que todos conocemos- me obliga a poner una condición sine qua non a la publicación de este texto: que ni las preguntas ni las respuestas sean alteradas absolutamente en nada. Una alteración por ligera que fuera, en una discusión llevada entre el Scylla de la censura y la Carybdis de una opinión pública poco informada me resultaría catastrófica. Ruego a usted que considere vital para mí esta exigencia y que complete el honor que amablemente me ha hecho solicitándome estas respuestas con una rigurosa atención a que el texto no sea mudado ni en una coma. Si ello no es posible, le ruego que renuncie a la publicación. Repito que esta condición se refiere también al texto de las preguntas.

Le agradezco por anticipado el trabajo y, acaso, los malos ratos que esta necesidad mía le va a ocasionar.»

En la última de las cartas, de 30 de julio de 1969, puede verse una referencia en torno a la posición tomada por el P.C.de Cuba , además de reflexiones de interés sobre la intervención política ciudadana en varios países del entonces llamado «bloque socialista»:

«(…) recibí su carta del 24 en la que me anuncia que la entrevista no podrá salir ahora. He pasado cuatro días con fiebres muy altas y hasta hoy no me he levantado. Siento que a pesar de trabajar bastante tiempo y con bastante urgencia no haya podido satisfacer las necesidades periodísticas de usted ni desde el punto de vista del calendario ni desde el de la extensión.

Lo de la convicción ya es cosa aparte. No me propongo convencer a nadie casi nunca. En este caso menos todavía puesto que era imposible un tratamiento global, realmente dialéctico de los problemas suscitados. Me propongo sólo -y porque creo que es útil le he dedicado muchas horas- mostrar que el tipo de pensamiento de moda que se reflejaba en las preguntas excluye él mismo el tratamiento dialéctico, a causa de su manera mecanicista y mítica de proceder, presuponiéndolo ya todo.

Por eso queda fuera de nuestra entrevista lo esencial, algo que usted recoge muy acertadamente en su carta: el tema de la despolitización. Aquí está de verdad el meollo de la cuestión, porque toda dialéctica real acaba en la consciencia y en ésta es donde se puede sacar balance. (Acaba, ¿eh? no empieza).

Por cierto que si usted lo examina con valor, sin asustarse por tener que reconocer muchas cosas tristes del desarrollo del socialismo, tendrá que reconocer (si es que -cosa que ignoro- conoce usted Centroeuropa) que lo característico del intento del PCCH fue que consiguió por vez primera desde 1950, aproximadamente, repolitizar en sentido comunista a un alto porcentaje de comunistas y en sentido filosocialista a un alto porcentaje de la población procedente de la antigua burguesía culta urbana, al mismo tiempo que repolitizaba y hasta movilizaba a una aplastante mayoría de la clase obrera. Si usted tiene noticias de la monstruosa despolitización de los proletariados húngaro, alemán, etc. y de la persistencia de ideología reaccionaria en el polaco, por ejemplo, valorará lo que tenía de promesa (de mera promesa, ¿eh?) el intento checo. El gran error de Fidel Castro consistió, en mi opinión, en no darse cuenta de que para decir verdades de a puño cogía, precisamente, la ocasión en la cual acaso se iba a abrir un portillo para que empezara de nuevo una dialéctica política interna al socialismo. Y ello le obligó a cometer el pecado de diplomacia consistente en callar que la RSCH era el país socialista menos degenerado políticamente de toda Centroeuropa.

En fin, dejémoslo, la cosa está de todos modos perdida por ahora. Precisamente porque lo está se agravará. Y precisamente por eso le hago un último ruego: que si realmente va a publicar alguna vez la entrevista la feche en 15 de julio de 1969, o 16 o 17, que ya no me acuerdo el día en que yo mismo se la envié. Pues se puede temer que con el paso del tiempo la situación en Checoslovaquia sea una tal victoria de la reacción que nuestra entrevista carezca ya de sentido si no se da la fecha. Fechada, siempre servirá para recordar por qué mecanismo el neostalinismo consiguió convertir a una población entera -empezando por el proletariado- que era la única socialista de Centroeuropa en una población reaccionaria.»

Diez años más tarde, al ser preguntado sobre la invasión, en el coloquio de una mesa redonda sobre estalinismo celebrada en Barcelona, Sacristán se manifestaba en los siguientes términos:

«(…)Pienso que el experimento de Dubcek, cualquiera que hubiera sido su resultado, era lo que había que apoyar y, modestísimamente, lo apoyé. De las pocas cosas agradables de esos dramas es que papeles míos sobre Dubcek han circulado por Checoslovaquia entonces.

He dicho ‘cualquiera que fuera el resultado’,porque garantía no había ninguna. Lo que pasa es que si, como yo pienso, el rasgo característico malo de la tradición estalinista es precisamente la falsificación ideológica, entonces, por desgraciado que hubiera sido el resultado final de la experiencia de los comunistas checos mayoritarios, por lo menos iba a poner de manifiesto una verdad sociológica: se iba a saber de una vez qué era aquella sociedad; es decir, se iban a ver manifestaciones de voluntad no reprimidas de la clase obrera y de otras clases sociales.

De modo que, aun en el supuesto de que hubiera salido mal, yo estaba a favor y creo que había que estar a favor».

Para completar sus puntos de vista sobre la experiencia checa, puede verse igualmente una entrevista de 1978 con las juventudes comunistas de Catalunya (Intervenciones políticas. Barcelona: Icaria,1985, pp.275-279).

Salvador López Arnal

Julio-Octubre 2006