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Reseña del ensayo "Utopías e ilusiones naturales" de Francisco Fernández Buey

Vuelta de lo inesperado

Fuentes: Rebelión

UTOPÍAS E ILUSIONES NATURALES. Francisco Fernández Buey    Libros de EL VIEJOTOPO. BARCELONA, 2007 335 PÁGINAS. Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, nº 100, invierno 2007-2008, pp. 210-211   Cualquier reseña de un clásico de la filosofía política y de la historia de las ideas corre el riesgo de ser injusta, de ser incapaz […]

UTOPÍAS E ILUSIONES NATURALES. Francisco Fernández Buey 

 

Libros de EL VIEJOTOPO. BARCELONA, 2007 335 PÁGINAS.

Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, nº 100, invierno 2007-2008, pp. 210-211


 

Cualquier reseña de un clásico de la filosofía política y de la historia de las ideas corre el riesgo de ser injusta, de ser incapaz de apuntar los numerosos senderos que abre. Este es sin duda el caso de este breve comentario porque, sin atisbo de error, Utopías e ilusiones naturales se convertirá en un futuro próximo, se está convirtiendo ya, en un destacado clásico de la filosofía española.

Recuerda Fernández Buey en los compases finales de su introducción que Herbert Marcuse, con El final de la utopía, nos dejó el tema en herencia y que desde 1990 el asunto se ha planteado en numerosas ocasiones si bien con orientaciones muy diversas de la marcusiana. Unas veces desde la perspectiva popperiana de la ingeniería social fragmentaria; otras, desde la consideración de que utopía y totalitarismo son necesariamente conceptos sinónimos, y que, consiguientemente, el único ámbito libre, y razonable por inocuo, para la expresión de la utopía en nuestra época sea el estético. Para «el autor» -es la expresión que usa el autor para firmar su introducción- ésta es una verdad a medias que oculta una decisiva parte del asunto y que choca, además, con hechos cada vez más sólidos. La reflexión sobre el sentido socio-político de la utopía ha vuelto sin que se le esperara en los comienzos del siglo XXI y lo ha hecho de la mano de lo que hoy llamamos movimiento de movimientos.

Por ello, cabe defender razonablemente que a pesar de lo visto y vivido, después de los numerosos desastres del siglo XX, la utopía no ha perdido su vigencia. A desarrollar esa tesis, a argumentar con precisión, detalle y excelente erudición esa posición filosófico-política, está dedicado este último libro del filósofo y profesor de la Universidad Pompeu Fabra Francisco Fernández Buey.

Para el autor de Leyendo a Gramsci el moderno concepto de utopía ha nacido de la combinación de la critica moral del capitalismo incipiente, del propósito de dar una forma modera alternativa a la reivindicación de la prioridad comunal y de una vaga atracción por la forma de vida existente en el nuevo mundo entonces recién descubierto. Hay en el nacimiento de la utopía moderna una serie de rasgos que se han conservado a lo largo de los tres últimos siglos y que pueden detectarse, por ejemplo, en el Bloch de El principio esperanza: el recuerdo de la comunidad que hubo, la critica abierta a la injusticia y a la desigualdad del presente y la atracción por la novedad que apunta en lo recién descubierto o en lo recién intentado, en la medida en que este apuntar a lo nuevo enlaza con el tiempo pasado acaso idealizado. En todas las utopías modernas, sostiene Fernández Buey, es posible encontrar una idea de dialéctica histórica según la cual la critica de lo existente hace enlazar el recuerdo del buen tiempo pasado con la armonía, la justicia y la igualdad que se desean para el futuro.

Al estudiar la evolución del concepto de utopía, el autor pretende defender y argumentar tres tesis más: que la utopía no ha muerto, que el destino de las grandes ideas utópicas es hacerse realidad político-social en un lugar diferente al pensado por las propias utopías, y que al final de la modernidad europea, al igual que en sus comienzos, la intención irónico-positiva es clave para poder seguir hablando de utopía en serio.

Utopías e ilusiones naturales se abre con un texto de Leopardi cuyo punto final señala: «Parece un absurdo, pero es exactamente verdadero que, siento todo real una nada, no hay cosa más real ni sustancial en el mundo que las ilusiones». La paradoja, la aporía que señala contrastes y diferentes perspectivas y permite, esta vez sí, una fructífera mirada dialéctica, es la magnífica atalaya usada por Fernández Buey a lo largo de estas páginas, escritas en una magnífica lengua que consigue que el lector se quede enganchado siempre a esta narración histórico-filosófica, como quedamos fijados y atentos a las imágenes y narrativa de una película clásica.

Contiene Utopías e ilusiones naturales una colección de ensayos sobre la historia de esta idea. Como el número de utopías propuestas desde Thomas More es amplísimo, Fernández Buey ha hecho una amplia selección en la que incluye el estudio de la utopía antes de la propia utopía (primera paradoja), de la ciudad ideal y el profetismo, con su tesis anexa: al imaginar la ciudad ideal y profetizar una nueva Jerusalén, la admiración de lo que debe ser y lo que habitualmente se llama realismo no solo andaban reunidos sino que saltaban juntos a la palestra. Sigue el análisis de la propuesta de More mirada desde el estupor del primer encuentro entre Europa y América, pasando a ocuparse a continuación de utopías que surgieron en el tránsito del Renacimiento al Barroco y que conectan con la época de las revoluciones científicas. La paradoja apunta en este caso a que la utopía da la bienvenida a la ciencia moderna, al análisis riguroso, pero lo hace con argumentos religiosos, al mismo tiempo que esa misma utopía que se quiere idealmente republicana se hace realmente monárquica.

El hilo conductor de la parte dedicada a las utopías ilustradas destaca otra aporía, la que representa que la aspiración a la tolerancia y a la paz perpetúa nunca fueron pensadas en forma utópica aunque de ambas se dijera que lo eran. A «Utopía y socialismo» dedica Fernández Buey dos apartados que explican cómo la utopía se fue convirtiendo en un concepto deshonroso y hasta qué punto hay que considerar responsable de tal deshonra a la pretensión socialista de pasar, de una vez y por todas, de la utopía a la ciencia, a una ciencia mal pensada en ocasiones como conocimiento firme, seguro y no revisable.

Los dos ensayos siguientes están dedicados a discutir la idea de que desde 1984 y Un mundo feliz la utopía ha dejado paso definitivo a la distopía. Ni siquiera en los peores momentos del mundo bipolar ha perdido fuerza la idea utópica. Fernández Buey lo muestra a partir de un detallado estudio, uno de los memorables pasajes de este libro de libros, de las obras de ciencia ficción y futurología, poco o escasamente atendidas en la tradición socialista, de Zamiatin, Huxley, Le Guin, Orwell, Stanislaw Lem y Philip K. Dick. La tesis hermenéutica central en este asunto es que no hay que leer las distopías del siglo en clave anti-socialista sino en clave anti-ideológica, como criticas del mundo bipolar y de las ideologías en confrontación.

Como quedó apuntado, Fernández Buey cierra su introducción señalando que es sólo media verdad reducir el ámbito de la utopía al campo de lo estético. Lo es sin duda. Pero no es ninguna afirmación utópica afirmar que su ensayo no sólo es excelente en su contenido, sino que, además, su edición ha dado pie a un hermoso libro, a un bello objeto nada superfluo, donde el trabajo de composición de Neus Porta debe ser destacado y donde la invocación final a la petición árabe escrita en libros antiguos -«Oh, Kubéjkag salva mi libro de las termitas»- es oportuna, significativa, pero sin duda innecesaria. No es ninguna utopía, en el mal sentido del concepto, creer que las termitas del XXI serán respetuosas con obras clásicas y bellas como ésta.

En una reciente reseña de Noticias de ninguna parte recogida en las páginas de www.rebelion.org, una utopía de William Morris de la que Fernández Buey da cuenta detallada, Constantino Bértolo sostiene que la lectura o relectura de la novela le ha recordado «que para salir de la derrota es tarea prioritaria construir otro horizonte». El autor de Utopías e ilusiones naturales nos ha facilitado con este deslumbrante ensayo los cimientos, la estructura y gran parte de los materiales del nuevo proyecto: un hogar afable, justo y sostenible, que cultive la paradoja y goce de un deseable sentido del humor.

En resumen, no se pierdan este clásico, no cometan ese error. Se lamentarían.