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Los iraquíes, que solían festejar la Nochevieja, se encierran en sus casas

«Ya no tenemos nada que celebrar»

Fuentes: El Mundo

Mahmud recuerda con añoranza cuando Irak se dejaba contagiar de los preparativos de su minoría cristiana y celebraba el Fin de Año según el calendario gregoriano, emulando a las capitales europeas. «Allá por los 70 y 80 nos dejábamos invitar por nuestros vecinos cristianos para celebrar Nochebuena y Navidad. Muchos incluso decorábamos una palmera como […]

Mahmud recuerda con añoranza cuando Irak se dejaba contagiar de los preparativos de su minoría cristiana y celebraba el Fin de Año según el calendario gregoriano, emulando a las capitales europeas. «Allá por los 70 y 80 nos dejábamos invitar por nuestros vecinos cristianos para celebrar Nochebuena y Navidad. Muchos incluso decorábamos una palmera como si fuera un abeto. El día 31, el canal estatal solía emitir una fiesta durante toda la noche, y aquéllos que tomaban alcohol bebían hasta la hora de dormir». A Mahmud se le empañan los ojos por un instante. «Ya no tenemos nada que celebrar», dice sacudiendo la cabeza. No porque este suní de Bagdad sea musulmán y según el calendario islámico el 31 de diciembre no represente nada, sino porque Irak no está para fiestas.

El año 2007 ha traído una calma relativa y temible al país árabe. Desde que Estados Unidos cambiase de estrategia militar la pasada primavera, los ataques suicidas y los combates entre fuerzas irregulares, hace dos años pavorosos, se han reducido en un 60 %, según los datos de Washington. La clave de este aparente éxito se explica por tres factores : la alianza con las milicias suníes que hasta entonces combatían contra EEUU con la excusa del ‘enemigo común’ (Al Qaeda), el despliegue de miles de hombres en la capital para garantizar cierta calma entre facciones y la operación militar contra su principal enemigo chií, el Ejército del Mahdi, que derivó en un alto el fuego de seis meses por parte de su líder, el clérigo Muqtada al Sadr.

El problema es que pocos se creen que la calma vaya a durar mucho . La capital iraquí disfruta la tregua con el temor a que una nueva explosión de violencia inminente consume la guerra sectaria iniciada en 2005. El escepticismo de sus habitantes explica que apenas se haya festejado el Eid al Adha (la fiesta del sacrificio, de importancia similar a la Navidad para los musulmanes). Lo cierto es que en Mesopotamia hace cinco años que se acabaron las celebraciones con la excepción de las demostraciones de fervor chií, más en boga que nunca desde que los líderes religiosos de esta confesión islámica están en el Gobierno.

La violencia de la ocupación angloestadounidense, la guerra sectaria y los coches bomba entierran a sus habitantes en vida, obligándoles a estar entre las cuatro paredes de sus viviendas por temor a ser alcanzados por el penúltimo ataque o ser víctimas de un secuestro criminal como tantos miles en Bagdad. Las fiestas de Nochevieja que se celebraban hace dos décadas, a menudo en discotecas y hoteles, y en las que no faltaba el alcohol, sólo reposan en la memoria de unos pocos .

Los festejos duraron hasta los 90, cuando un Sadam Husein deseoso de congraciarse con el mundo árabe tras el fiasco de la invasión de Kuwait lanzó una campaña de ‘islamización’ en el país laico que incluyó duras restricciones en la venta de alcohol. Eso no impidió que se pudiera adquirir licores en el mercado negro y que muchos, sobre todo los cristianos, siguieran año tras año con sus celebraciones.

Ahora la minoría cristiana, más perseguida por los fanáticos religiosos que nunca, se prepara para continuar con la tradición sin invitados , casi en secreto, porque en Bagdad existe la sensación de que nadie tiene derecho a ser feliz ni aunque sea por un instante.

http://www.elmundo.es/elmundo/2007/12/24/internacional/1198515006.html