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El gigante latinoamericano roza la recesión sólo dos años después del colapso

Brasil, otra década perdida

Fuentes: La Vanguardia

  Millares de personas protestaron el miércoles en Río de Janeiro por los recortes en educación impulsados por Bolsonaro, quien tachó a los manifestantes de «idiotas útiles» (Ricardo Moraes / Reuters) Tras una explosión de optimismo en los mercados cuando Jair Bolsonaro, el polémico presidente ultraconservador de Brasil, se impuso en las elecciones presidenciales de […]

 

Millares de personas protestaron el miércoles en Río de Janeiro por los recortes en educación impulsados por Bolsonaro, quien tachó a los manifestantes de «idiotas útiles» (Ricardo Moraes / Reuters)

Tras una explosión de optimismo en los mercados cuando Jair Bolsonaro, el polémico presidente ultraconservador de Brasil, se impuso en las elecciones presidenciales de octubre del año pasado, una cruda realidad empieza a descender sobre la economía más grande de América Latina.

Crecen los temores a una segunda recesión sólo dos años después del colapso del 2015 y el 2016 cuando el producto interior bruto (PIB) cayó el 6,8%. Ya es casi inevitable que Brasil -que hace unos años se consideraba una emergente potencia global, imán de fuertes inversiones multinacionales, entre ellas muchas españolas- cierre otra década perdida, 40 años después de la crisis de la deuda de los ochenta. Aunque el resto de América Latina -con sonadas excepciones como Argentina y Venezuela- no arrastra los mismos problemas de crecimiento, muchos temen por el futuro económico de la región cuyos niveles de deuda han crecido peligrosamente en los últimos años.

«La economía brasileña ha estado recuperándose a un ritmo dolorosamente lento tras la peor recesión del siglo», resume Alberto Ramos, el director de análisis de América Latina de Goldman Sachs. «La diferencia entre esta década perdida y la de los ochenta es que, esta vez, no ha habido graves choques externos, solo errores de la política y una falta de reformas», añadió en una entrevista.

En los mercados

Se ha esfumado el optimismo que suscitaron las reformas liberales de Bolsonaro

Declarada persona non grata por el alcalde de Nueva York debido a sus incendiarias declaraciones racistas y homofóbicas, Bolsonaro, no obstante, había sido, hasta hace poco, un héroe en Wall Street. Su victoria electoral provocó en cuestión de minutos una subida del 6% de los valores bursátiles de las empresas brasileñas. En los meses posteriores, los inversores descontaron el impacto positivo de una batería de reformas estructurales, privatizaciones y la liberalización de una de las economías más protegidas de América Latina.

El nuevo súper ministro de Economía, el liberal Paulo Guedes, formado en la Universidad de Chicago, prometió que la terapia de shock facilitaría una rápida recuperación y miles de millones de dólares volvieron a los mercados de bonos brasileños, la prima de riesgo cayó en picado y el real se disparó.

Los que pueden, se marchan  

La tasa de paro sube al 12,7% y millones de pobres ni se registran al desempleo

El anuncio de un nuevo modelo de capitalización de pensiones para sustituir el sistema actual -una bomba de relojería fiscal, según el consenso en los mercados-, se sumó al optimismo.
Al despejar el horizonte fiscal, la reforma permitiría un descenso estructural de los astronómicos tipos de interés brasileños, aseguraba el equipo de Guedes. (Incluso en un momento de estancamiento económico y con una tasa de inflación de solo el 3,6%, el tipo de referencia del Banco Central sigue por encima del 6%).

El optimismo respecto a Brasil se mantuvo durante varios meses. El Fondo Monetario Internacional (FMI) elogió el plan de reformas de Bolsonaro en abril y anunció una previsión del crecimiento brasileño del 2% en 2018 y el 2,5% para el 2019. La agencia de calificación de deuda Moody’s aplaudió «un programa de reformas de gran envergadura» destacando «la reforma de las pensiones, la incorporación del sector privado a los proyectos de infraestructura y una simplificación del sistema tributario, así como los esfuerzos para consolidación fiscal». Todo esto «debería impulsar el crecimiento a medio plazo», vaticinó.  

Pero como si la primavera en Wall Street se convirtiera en el lluvioso otoño brasileño, el optimismo se esfumó en cuestión de semanas. Lejos de responder a la euforia bolsonarista de los mercados financieros, la economía brasileña ha ido hundiéndose aún más profundamente en el lodo. La inversión sólo se ha recuperado el 6% desde el 2016 tras
el colapso del 32% en los dos años anteriores. La tasa de paro ya asciende al 12,7%, muy elevada si se considera que millones de pobres ni se registran como desempleados y en cambio se buscan la vida en la enorme economía informal o delictiva.

«Acabo de echar a todos mis empleados y llevo la empresa solito», dijo el fundador de una agencia de publicidad, pluriempleado como profesor de una universidad privada en Río. Los que pueden, se marchan. La migración a Portugal subió el 5,6% en el 2017. En las calles de Río, ya es común ver a familias que viven en las paradas del autobús de alta velocidad construido para los Juegos Olímpicos del 2016.

Sin buenas perspectivas  

Una recesión agravará la ya preocupante situación fiscal de Brasil

Con estos niveles de desocupación laboral, es imposible que el consumo compense el raquítico comportamiento de la inversión para impulsar la demanda. Por si fuera poco, el entorno externo ha empeorado. Tras subir el 178% desde el 2016, exportaciones, principalmente materias primas como soja, carne y hierro, ya se ven amenazadas por la desaceleración de la economía china.

La pésima coyuntura económica se suma a la percepción de que Bolsonaro pretende basar su futuro político en la polarización. El presidente tachó a cientos de miles de personas que se manifestaron contra los recortes en la enseñanza el pasado miércoles como «idiotas útiles». «El país es ingobernable», dejó entrever en su cuenta de Twitter el jueves.

 

 

Protestas por los recortes en educación, en Rio de Janeiro (Mauro Pimentel / AFP)

El economista Alexandre Texeira, citado en el diario Valor Económico, resumió la percepción de un gobierno que poco antes había despertado entusiasmo en los mercados. Bolsonaro «tiene una capacidad extraordinaria para crear crisis para si mismo», dijo. Ricardo Cardiel, el economista de la universidad Unicamp, se mostró aún más contundente: «El gobierno de Bolsonaro por su incompetencia ha tirado a la basura la oportunidad del efecto riqueza por la apreciación del tipo de cambio, la caída de los tipos de interés y la subida de la Bolsa», afirmó. «Ya es muy probable que tengamos una recesión este año».

Una recesión agravará la ya preocupante situación fiscal de Brasil, que tiene un déficit público equivalente al 6,9% del producto interior bruto, lo cual si no se reduce, convertirá una deuda pública equivalente al 77% del PIB en un verdadero quebradero de cabeza para Bolsonaro.

Pobreza  

En Río, se ven familias viviendo en las paradas del bus de alta velocidad de los Juegos Olímpicos

Guedes minimiza el problema: «Una vez que se apruebe la reforma de las pensiones, las expectativas van a recuperarse», dijo el viernes en Río. La mayoría de los analistas esperan que el Congreso apruebe la reforma, aunque en versión algo descafeinada, en dos o tres meses. Brasil – a diferencia de aquella década perdida de los ochenta- no tiene un problema de deuda externa y cuenta con reservas de divisas por 380.000 millones de dólares (339.000 millones de euros).

Pero Ramos, de Goldman Sachs, advierte sobre una realidad chocante y preocupante en Brasil. «El crecimiento del producto interior bruto per cápita brasileño ha sido decepcionante durante cuatro décadas», dice. Las tendencias demográficas se sumarán al problema. «Se corre el riesgo de que la próxima década sea perdida también», añade.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/economia/20190520/462340967288/brasil-economia-latinoamerica-recesion.html