El norte fragilizado convoca al Sur cultural. El Festival de Cine de Friburgo abre sus puertas a un centenar de películas, en su mayoría de América Latina, Asia y África.
Cuando nació, en los años 80, fue el principal evento suizo dedicado al cine del entonces denominado Tercer Mundo. Más tarde extendió su selección a otras regiones –Europa del Este, significativamente– así como a temáticas y secciones que exceden cualquier frontera geográfica.
La 39ª edición del FIFF (Festival Internacional de Cine de Friburgo)
exhibe en los últimos diez días de marzo 108 películas de 52 países. Entre
ellas,14 latinoamericanas y 2 españolas, con unas cuantas que acaban de
producirse: 20 son estrenos mundiales, y 47, europeos. Los organizadores
esperan superar las 48 mil entradas del año anterior, incluyendo no menos de 11
mil estudiantes de todas las edades, en particular del Cantón de Friburgo y su
Ciudad universitaria, a tan solo 30 kilómetros de Berna, la capital suiza.
La lucha por las libertades
Si se trata de encontrar el hilo rojo de esta 39ª edición, Thierry Jobin, director artístico del FIFF, no duda en conceptualizarlo así: “El espíritu de resistencia”. Según Jobin, y en referencia a los países que el mercado cinematográfico habitualmente no prioriza, el centenar de películas seleccionadas este año –de entre las 2.100 que llegaron a la comisión de selección– “nos invita a todos a recordar la importancia de nuestras libertades y a ser conscientes de lo frágiles que son esas libertades”. “Más que nunca, como nos gusta decir”, subraya, “si no ves estas películas en el FIFF, no las verás en ningún otro sitio. En efecto, sólo tres de los 67 estrenos llegarán luego al circuito comercial de los cines helvéticos”.
Al hablar de la resistencia, Jobin subraya el artículo femenino y explica que diez de los dieciséis cortometrajes seleccionados cuentan con una protagonista femenina. Otro aspecto común entre algunas de las películas, comenta, es “su marcado interés por las historias sobre animales, o que cuestionan más ampliamente la relación del ser humano con la naturaleza”. Y acota que los brutales acontecimientos de hoy, enmarcados en la realidad mundial de crisis climática y guerras, “demuestran que nuestra sociedad se rige por normas bestiales. El ser humano vuelve a su condición animal y siente la tentación de equipararse a ella para encontrar nuevas soluciones”. “Estas historias de violencia y desilusión, pero también de solidaridad”, puntualiza Jobin, “lanzan juntas un grito de rabia y esperanza”. Jobin además recuerda que en algunos países a menudo son las situaciones de crisis político-institucionales las que estimulan una producción fílmica de calidad. “No es solo una cuestión de medios”, explica el director del FIFF, ya que “las crisis promueven la creatividad. En poco tiempo veremos películas de gran contenido provenientes de los Estados Unidos”, resultado de la resistencia cultural a esta etapa que se abre con el nuevo período presidencial de Donald Trump.
El aporte de América Latina
“Me alegra mucho que 4 de las 12 películas de la competición
internacional sean producciones latinoamericanas”, enfatiza el director del
FIFF, y alude a la presencia activa de Brasil con O silêncio das
ostras, de Marcos Pimentel, y Senhoritas, de Mikaela
Plotkin. “Las dos son muy interesantes”, comenta Jobin, y agrega que “esta
última me sedujo porque presenta un tema muy raro, aparte de lo que se presenta
a través de comedias sin nivel: el placer en la tercera edad, las ganas de
gozar, incluso a nivel sexual”. Las otras dos películas latinoamericanas
son Lo deseado, del realizador argentino Darío Mascambroni,
y Zafari, de Mariana Rondón, una coproducción de Perú, México,
Brasil, Chile, República Dominicana, Venezuela y Francia. “Dos cineastas muy queridos,
que ya estuvieron en Friburgo”, recuerda Jobin, quien señala que “es importante
para nosotros y para el público poder darle seguimiento a la obra de cineastas
conocidos y poder acompañarlos en su camino artístico”. Tres cortometrajes
colombianos (La mona, Mañana y Lanawaru) anticipan la pujanza del nuevo
cine de ese país. En la sección Pequeño Planeta se proyecta la película
peruana Raíz, de Franco García Becerra.
Al repasar el programa de esta nueva edición del Festival de Friburgo, Jobin no
puede abstenerse de recordar algunas de las históricas películas
iberoamericanas que marcaron época y lo hace a través de un testimonio
anecdótico: “Le solicitamos al antiguo productor y gran cinéfilo Jérôme
Paillard, que hizo que el mercado del Festival de Cannes se convirtiera en el
más importante del mundo, que le presentara en esta edición al público de
Friburgo cinco de sus películas favoritas. Su elección refleja su profundo
conocimiento y su pasión por el cine de ese gran continente cultural. Tres de
las cinco películas que Paillard eligió fueron las argentinas Relatos
salvajes (2014), de Damién Szifrón, y El secreto de sus
ojos (2009), de Juan José Campanella, así como la española Blancanieves (2012),
de Pablo Berger”.
La motosierra helvética
Actualmente, el compromiso cultural que promueve desde años el
Festival de Cine de Friburgo, el cual le ofrece al público suizo la posibilidad
de enriquecerse con la cinematografía del Sur Global, se ve amenazado. A fines
de enero, la Agencia oficial Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE)
decidió renunciar a todas sus asociaciones estratégicas de apoyo a la
multiculturalidad en Suiza. Aunque esta medida de economía
representa una parte muy modesta del presupuesto total de la COSUDE, que depende
del Ministerio de Relaciones Exteriores, golpea de una u otra forma la
existencia de 12 instituciones culturales helvéticas, entre ellas el propio
FIFF; el proyecto Open Doors del Festival de Locarno; Artlink; la sección
africana del Salón del Libro de Ginebra; el Festival de Cine de Winterthur; la
casa de distribución de cine alternativo Trigon Film; el Festival de cine
documental Visión de lo Real; los fondos para la diversidad cultural de la
UNESCO; las actividades del Teatro de Zúrich y el Fondo de Producción Cinematográfica
Visión Sud Este.
A partir de este año, los fondos para dichas instituciones
culturales se reducen un 45%, de 4 millones de dólares a 2.2 millones. En 2029
el corte será total. Estos recortes presupuestarios, definidos sin ningún tipo
de diálogo previo con las instituciones afectadas, forman parte de las medidas
presupuestarias de ajuste adoptadas por COSUDE. A partir de 2025, casi 125
millones de dólares anuales menos que ya no llegarán a numerosos países del Sur
Global. Detrás de esta decisión, nuevas exigencias federales que afectan al
sector de la cooperación internacional, consecuencia de un aumento sustantivo
del presupuesto de seguridad y defensa en respuesta a una nueva prioridad: el
apoyo militar y de reconstrucción de Ucrania.
Un comunicado reciente de estas 12 entidades culturales afectadas subraya “que
la decisión del Parlamento y su aplicación por parte de COSUDE están
destruyendo sin previo aviso una red que se ha ido construyendo a lo largo de
mucho tiempo y pone bajo presión a organizaciones suizas respetadas y
reconocidas”. Y señala que están “profundamente conmocionadas por
el cambio de rumbo elegido por un país de tradición humanitaria y signatario de
la Convención de la UNESCO para la protección de la diversidad de las expresiones
culturales”. Por último, argumenta que “en un momento de creciente
polarización, Suiza envía una señal preocupante que podría alimentar el auge
del populismo”. Panorama agravado por la situación mundial, donde los espacios
para el diálogo internacional son cada vez más restringidos, al igual que los
mecanismos para promover la diversidad cultural, la libertad de expresión, la
transición económica y la cohesión social.
El arte y la cultura ofrecen un espacio para el debate crítico y
el diálogo pacífico, enfatizan estas entidades culturales, razón por la cual
“Suiza debe desempeñar su papel de pionera y contribuir a la estabilidad y la
paz en todo el mundo”. Y argumentan que “estos recortes envían una señal muy
sombría y son un paso alarmante hacia el desmantelamiento de la cultura a nivel
federal”.
El Festival de Cine de Friburgo, que pierde 330 mil dólares anuales debido a
este recorte de inmediato ha tomado medidas para tratar de encontrar fondos de
otras fuentes de financiamiento. Una situación preocupante y desafiante al
mismo tiempo, según Philippe Clivaz, su responsable administrativo. Reflexión
que comparte también Thierry Jobin, quien no logra entender la falta de visión
histórica y estratégica de las autoridades suizas: “Golpean todo un entramado
cultural que se venía gestando desde años, que multiplicaba las sinergias, que
abría puertas a la producción cultural del Sur y que enriquecía, aun en mayor
medida, la propia diversidad cultural helvética”.
La motosierra helvética y los recortes que conlleva en el plano de la
cooperación internacional (incluido el ámbito de la cultura) tienen un único
objetivo político: aumentar en casi 600 millones de dólares anuales el
presupuesto de seguridad y defensa. La carrera desenfrenada en Europa por
incrementar sus presupuestos destinados a gastos militares crea víctimas
colaterales. El Estado social, la cooperación y la cultura ya están pagando las
consecuencias, con tributos bien visibles, como es el caso del cine del Sur
Global históricamente activo y renovador en Suiza.
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