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México, Venezuela y la resistencia contra el imperialismo

Fuentes: Rebelión

El 3 de enero de este 2026, el gobierno de Estados Unidos encabezado por la locura sin límites de Donald Trump, invadió Venezuela con el objetivo de secuestrar y luego apresar al presidente legítimamente electo Nicolás Maduro y su compañera Cilia Flores. El operativo, sin precedentes en la ya larga historia de invasiones norteamericanas[1], se llevó a cabo luego de meses de una intensa cruzada mediática contra Maduro acusándolo como el líder de un supuesto cártel del narcotráfico, así como de una serie de medidas unilaterales impuestas desde el norte trumpeano. La campaña estuvo precedida por un largo y sostenido linchamiento de años a la figura del mandatario hoy injustamente preso tildándolo de “dictador”; campaña creada, promovida y sostenida por el imperio estadounidense, pero replicada y asumida también por sectores pretendidamente progresistas y pretendidamente de izquierda.

Desde aquel día, el pueblo venezolano no ha dejado de movilizarse en protesta por lo sucedido y demandando la libertad de Maduro y Flores. Sin embargo, en el abanico considerado de izquierda en México y América Latina, el respaldo al pueblo venezolano que está en las calles no ha sido, al menos desde la perspectiva de quien esto escribe, con la decisión y la fuerza que se requiere ante tamaña afrenta. El golpe inicial, el desconcierto, las dudas sobre lo ocurrido jugaron un innegable papel capaz de contener el necesario apoyo hacia los venezolanos. No obstante, es imprescindible señalar que el desánimo, el desconcierto y las dudas son promovidas por el propio imperialismo.[2] La “extracción” –como si Maduro no fuese más que un objeto al que se puede sacar de un puzzle– tiene en el fondo un mensaje que busca imponerse a toda costa: Estados Unidos es dueño del mundo y no importa si un país, su pueblo y su sistema político han decidido su forma de gobierno y elegido a sus representantes según sus leyes. El sentimiento de derrota resultó incuestionable, pero es precisamente ese pueblo agredido, y el propio Maduro, quienes han mostrado el camino a seguir, es decir, el del combate y la resistencia. Solamente un pueblo que no resiste, solamente un pueblo que no se moviliza ante un acontecimiento de tal envergadura, puede considerarse derrotado y Venezuela, ha quedado claro, no lo está.

Además, es necesario señalar lo siguiente: desde el momento en el que Delcy Rodríguez asumió como presidenta encargada del gobierno bolivariano, el imperio lanzó sus dardos hacia ella. La campaña en su contra va desde publicar noticias sobre sus relaciones amorosas hasta el extendido rumor de que fue ella quien “entregó” a Maduro pasando por una supuesta negociación con Trump para llegar al poder e iniciar una “estabilización” política, económica y social en Venezuela.[3] Que la campaña sea incesante no resulta novedoso, pero es verdaderamente preocupante el hecho de que, así como con el epíteto de dictador, un espectro amplio de “progresismo” y la “izquierda” hagan suyo dicho discurso y lo promuevan maquillándolo de críticas necesarias al proceso porque “se puede estar en contra de la invasión, pero también en contra de Maduro”.[4] El fallido malabar lingüístico solamente demuestra hasta qué grado el discurso imperialista hace mella en las mismas filas de quienes, sin miramientos y sin dudas, deberían resistir, por solidaridad, por el nivel de agresión y por su propio bien, ante la voracidad del imperio.

El elemento anterior es todavía más preocupante en el caso de México. El movimiento social mexicano necesita tener altura de miras. Si se contribuye a vencer en y con Venezuela, se estará contribuyendo a generar una fuerza capaz de frenar las intenciones de invasión en otros suelos de América Latina, especialmente Cuba y nuestro propio país. Las amenazas de Trump son cada vez más insistentes y ha quedado claro que, si así lo decide, puede emprender un nuevo operativo allí donde lo crea conveniente.[5] Este componente es todavía más relevante si se reflexiona en torno a la postura que el gobierno de la autonombrada cuarta transformación ha mostrado en esta coyuntura. El hecho de solicitar un “juicio justo” a Maduro implica un reconocimiento tácito a que es válido su secuestro y su injusto encierro, pero además esboza una táctica condenada a la derrota. Ceder terreno a Trump, así sea discursivamente, no evitará que si éste lo decide enfile sus fuerzas contra México o Cuba o Colombia. Precisamente por ello, es el movimiento social mexicano, en su conjunto, sin dudas y con el centro de sus preocupaciones en la libertad de Maduro y Flores, el que debe empujar y generar fuerzas en la defensa de la soberanía y la decisión de cualquier país y pueblo latinoamericano de gobernarse como decida.

Asimismo, y quizá como nunca en la historia reciente de México, es sumamente importante entender la solidaridad con los pueblos latinoamericanos como una estrategia política que permitirá no sólo la resistencia necesaria ante cualquier agresión, sino también el hecho de nombrar y vislumbrar un proyecto político opuesto a la rapacidad imperial. Tiene razón Fernando Buen Abad cuando afirma que, en este contexto de tempestades, lo que se está jugando es incluso la posibilidad de imaginar una alternativa diferente a la que ofrecen los dueños del dinero a nivel mundial.[6] Por eso, más allá de la ambigüedad que se presenta en el caso del petróleo mexicano que se envía a Cuba, es vital hacer de la solidaridad una realidad. Y, en estos momentos, solidarizarse significa cerrar filas con la Revolución Bolivariana y con la Revolución Cubana, sin ambages de ninguna índole, sin permitir que el discurso imperialista se cuele. La solidaridad no es sólo la ternura de los pueblos, es también un arma política de gran valía tan necesaria como la utopía misma.

Notas:

[1] Eva Golinger y Roman Migus, La telaraña imperial. Enciclopedia de injerencia y subversión, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 2010.

[2] Para muestra, basta ver la campaña en medios como The New York Times, disponible en:https://www.nytimes.com/es/2026/01/03/espanol/opinion/trump-captura-maduro-venezuela.html

[3]  Como ejemplo, véanse las siguientes notas: https://www.elmundo.es/loc/famosos/2026/01/05/695ba086fc6c835b148b4573.htmlhttps://www.panamaamerica.com.pa/variedades/los-amores-de-delcy-rodriguez-de-fernando-carrillo-su-joven-pareja-de-origen-libanes

[4] Véase HC-5-Consejos-Narrativos-Frente-a-la-Invasion-en-Venezuela.pdf

[5] Ver La Jornada – Trump: sabemos dónde viven los narcos; ataques terrestres, en “cualquier lugar”, incluido México  y  Trump ‘no le quita el ojo’ a cárteles: Insiste con ataques por tierra en cualquier país, incluido México – El Financiero

[6] Véase, Fernando Buen Abad,  VENEZUELA: GUERRA COGNITIVA HASTA EN LA COCINA. Fernando Buen Abad Domínguez. – Observatorio de Trabajador@s en Lucha

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