Javier Tolcachier

Artículos

Celebrar y reflexionar son dos acciones que no suelen ir apareadas. La celebración supone un logro, aunque tan solo sea la satisfacción de algo bien hecho, mientras que la reflexión acompaña por lo general al fracaso o al error.

Este 19 de Diciembre tiene lugar la segunda y definitoria vuelta presidencial en Chile. Definitoria, no solo porque el vencedor será el próximo presidente del país andino, sino porque en ella se juega también la posibilidad de una nueva Constitución para el pueblo chileno, en la que los derechos sociales y políticos hasta ahora cancelados por los cerrojos pinochetistas, puedan florecer.

La pandemia mundial profundizó las condiciones de precariedad de las mayorías, generadas por la financiarización capitalista y mostró cruelmente las carencias y desigualdades producidas por el orden neoliberal, atenuadas apenas en algunos lugares por sistemas sociales de contención de carácter progresista.

¿Qué duda cabe que la época está atravesada por una rasante revolución tecnológica, con la irrupción de la digitalización en casi todas las actividades sociales?

Como es sabido, el capitalismo atraviesa una acelerada fase de reconversión tecnológica, cuyo elemento principal es la digitalización.

Como expresión del signo de los tiempos, parece haber llegado el momento de un proyecto refundacional y revolucionario: el de la América Plurinacional.

La histórica victoria de Pedro Castillo como presidente electo del Perú fortalece en términos geopolíticos el ala de gobiernos progresistas y de izquierda y las acciones de integración regional de signo soberano y solidario en la región.

A 41 años de una constitución impuesta a sangre y fuego por la dictadura militar, el pueblo chileno amanece a las puertas de comenzar a decidir un nuevo destino.

En la segunda vuelta presidencial que tendrá lugar el próximo 11 de abril, los ecuatorianos enfrentan la disyuntiva entre apostar por un candidato progresista o tener que soportar durante cuatro años un gobierno empresarial, ligado a las finanzas y a los poderes económicos fácticos, nacionales e internacionales.

La red internet, como hoy la conocemos, tiene apenas 30 años. Si bien sus orígenes se remontan a un proyecto de carácter militar de la Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados (ARPA) del Departamento de Defensa de los EEUU en los años 60, cuyo objetivo era crear un sistema de comunicación capaz de resistir un ataque nuclear, los protocolos HTML, HTTP y URL serían escritos recién en octubre de 1990 por Tim Berners-Lee, por entonces ingeniero de software en el Centro Europeo para la Investigación Nuclear (CERN) de Suiza.

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