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Cómo ganar y mantener el apoyo de las masas populares

Fuentes: Rebelión [Imagen: Manifestantes pidiendo la destitución de Dilma Rousseff y el encarcelamiento de Lula ocuparon la céntrica Avenida Paulista (São Paulo) el 13 de marzo de 2026. Créditos: Rovena Rosa/Agência Brasil]

En este artículo el autor reflexiona sobre las razones que explicarían el distanciamiento que las clases populares manifiestan con respecto al PT, que alega son de carácter político, principalmente relacionadas con el hecho de que esas mismas clases no perciben los logros sociales de los que se han beneficiado como conquistas.


En su discurso en el acto de celebración del 46.º aniversario del PT, Lula hizo alusiones críticas a la actuación de su partido en las últimas décadas. De los puntos por él mencionados, podemos destacar la drástica pérdida de influencia y relevancia sufrida por la agrupación en diversas regiones importantes.

A este respecto se mencionaron nominalmente los grandes centros obreros del ABCD (Santo André, São Bernardo, São Caetano y Diadema), las ciudades de Guarulhos, Campinas, Araraquara, etc., donde, de ser la principal y más pujante fuerza política, el PT ha pasado a desempeñar un papel mucho más limitado.

Podríamos añadir que, además de haber sido detectado en varias zonas geográficas, ese decaimiento también se observa claramente en el seno de la juventud. No hay dudas de que, hasta aproximadamente los primeros años de este siglo, ninguna otra organización o corriente política entusiasmaba tanto el imaginario de nuestros jóvenes. Hoy, sin embargo, la adhesión juvenil al PT está lejos de ser igual de apasionada.

Tras haber hecho esta constatación, debemos necesariamente intentar descubrir cuáles fueron los cambios ocurridos en nuestra sociedad que llevaron a muchos a alejarse del partido que antes gozaba de una simpatía mucho más amplia. Para complicar nuestro análisis, es preciso tener en cuenta que las mayorías populares, incluida casi la totalidad de nuestra juventud, obtuvieron avances significativos en relación con su nivel de vida en el período en que Lula y Dilma estuvieron al mando del gobierno federal.

Ante este escenario, hemos encontrado explicaciones simplistas, que atribuyen lo ocurrido a un sentimiento de ingratitud supuestamente inherente a gran parte de nuestro pueblo. No obstante, esta constatación también ha servido para agudizar un antiguo debate entre, por un lado, quienes argumentan que las motivaciones económicas juegan un papel decisivo en la lucha política en una determinada sociedad y, por otro, quienes defienden que los valores de índole moral ejercen más influencia en el comportamiento de las masas que los relacionados con factores económicos.

De mi parte, estoy convencido de que muchos de aquellos que se posicionan como adeptos de la segunda alternativa creen, de hecho, que la primera es la correcta. Explicando mejor esta aparente contradicción: estoy seguro de que muchos de quienes alegan que los valores morales son y deben ser tomados como prioritarios adoptan este posicionamiento exactamente por reconocer la mayor relevancia de las cuestiones económicas reales. Pero, como siento que aún no he sido entendido, intentaré aclarar este punto en las siguientes líneas.

Primero, hay que tener en cuenta que en sociedades constituidas por clases con intereses conflictivos, quienes hegemonizan el poder se esfuerzan en hacer que su ideología y sus valores específicos sean sentidos y acatados por el resto de la sociedad como si también les fueran propios. Por ello, cuanto mayor sea el control ejercido por los grupos dominantes sobre los instrumentos de formación ideológica y difusión comunicacional, tanto más factible les será llevar a cabo esta tarea de manera satisfactoria.

Así, aunque los teóricos que sirven conscientemente al gran capital saben muy bien que lo más importante y “sagrado” para el mantenimiento de los privilegios de los capitalistas es garantizarles que puedan seguir obteniendo grandes ganancias mediante la explotación del trabajo ajeno, se dedican a no permitirles a las clases sociales subordinadas que lleguen al mismo nivel de comprensión sobre este asunto. Y es el propósito de impedirles que alcancen tal conciencia lo que pauta su actuación.

Para tener un ejemplo bastante ilustrativo de lo que acabamos de decir, retrocedamos a 2018 y analicemos cómo los medios de comunicación corporativos y los demás órganos retransmisores del pensamiento de las clases dominantes abordaron la campaña electoral que llevó a un agente del neonazismo-bolsonarismo a la presidencia de la nación.

En aquella ocasión, se hizo todo para inducir a un expresivo número de personas con recursos limitados a dejar de lado demandas relacionadas con mejoras concretas del nivel de vida propio y de sus familiares (como mejores salarios, jornadas laborales más cortas, educación de mejor calidad para sus hijos, ampliación y mejora de la asistencia médica, etc.) para preocuparse por temas típicamente morales, como el temor a la instalación de baños unisex en escuelas y centros comerciales, así como la presencia de un supuesto kit-gay en el currículo escolar; es decir, cosas que absolutamente no aliviarían sus condiciones de penuria.

Sin embargo, debemos reconocer que no pocas personas de extracción humilde fueron convencidas a votar por el candidato neonazista-bolsonarista em función de tales absurdos.

Pero, incluso sectores sociales con condiciones económicas y nivel educativo más elevados suelen ser blanco de manipulación. En este sentido, los acontecimientos de junio de 2013 en Brasil ilustran bien cómo segmentos significativos de la clase media fueron alcanzados por la intensa campaña mediática anti-PT (Partido de los Trabajadores). En aquella ocasión, miles de ellos salieron a las calles en protesta contra la corrupción y, en el impulso del movimiento, se dispusieron a aceptar la privatización de nuestra empresa de petróleo (Petrobras), la entrega de los recursos del pre-sal a grupos extranjeros, así como la destrucción de nuestras grandes empresas de ingeniería. Al final de cuentas, todo eso terminaría deteriorando sus propias condiciones de vida, así como sus perspectivas de futuro.

En las dos situaciones presentadas, lo que hizo que las personas de los sectores más humildes y las de la clase media se comportaran políticamente en detrimento de sus propios intereses socioeconómicos fue el proceso de manipulación ideológica al que estuvieron sometidos por los órganos de comunicación de las clases dominantes. Por lo tanto, y esto tiene gran relevancia y debe ser bien entendido, esta manipulación ha sido realizada esencialmente para preservar y garantizar la continuidad de los privilegios de carácter económico disfrutados por los poderosos.

Ahora, reflexionemos sobre las observaciones críticas de Lula que expusimos en los párrafos iniciales. Si, a pesar de los evidentes avances materiales obtenidos, varios grupos populares se alejaron del PT, esto indica que algo se hizo mal. ¿Habría sido debido a fallos de comunicación? Probablemente sí, pero no exclusivamente, y ni siquiera principalmente. A mi modo de ver, el error es fundamentalmente de carácter político. Y cuanto a esto, me gustaría profundizar en el siguiente párrafo.

Creo que los percances del PT señalados y criticados por Lula se deben a una política equivocada por parte de los propios gobernantes. Para mí, el mayor error fue el abandono de la idea de que el pueblo debe ser protagonista activo en la conquista de sus reivindicaciones. Desde que asumió las riendas del gobierno en 2003, Lula nunca ha convocado al pueblo a movilizarse para librar las luchas concretas a favor de los objetivos propuestos. Lo mismo se puede decir de Dilma, en su gestión, así como de la orientación proporcionada por el PT como partido dirigente.

Al descuidar la educación política del pueblo, los gobiernos del PT han reforzado sentimientos de oportunismo latentes entre las masas populares, acostumbrándolas a ser meros receptores pasivos de medidas gubernamentales que las beneficien. Y, puesto que el pueblo no se siente partícipe activo de los logros obtenidos, sus vínculos y compromisos con el gobierno y el partido que se los ha proporcionado tienden a ser muy débiles, o incluso inexistentes. Estoy seguro de que todo sería muy diferente si, en vez de recibirlos como beneficios, los sintieran como conquistas, por las cuales ellos mismos habían luchado. Eso, ciertamente, también funcionaría como un agente educador que aumentaría su capacidad de resistencia a los intentos de manipulación por parte de las clases dominantes.

Entonces, en pocas palabras, para recuperar y mantener el apoyo de las masas populares y tenerlas efectivamente comprometidas con su proyecto político, Lula y el PT deben volver a creer en el poder constructivo de la movilización consciente del pueblo. Simplemente, no se puede esperar contar con la lealtad de los sectores populares sin que estos tengan participación activa y consciente en la lucha social. Es necesario que tengamos comprensión de esta deficiencia y que tomemos acciones efectivas para corregirla de inmediato. Por supuesto, eso requerirá determinación y firmeza política. Pero, todavía estamos en condiciones de llevar a cabo esta tarea.

Traducido del portugués para Rebelión por el propio autor. Fue publicado originalmente en:

– https://www.brasil247.com/blog/como-ganhar-e-manter-o-apoio-das-massas-populares

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.