Eric Nepomuceno

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El ultraderechista presidente Jair Bolsonaro asegura que Brasil es un modelo de preservación ambiental, y que los incendios forestales ocurren “normalmente en esta época del año”.

Cristina Serra es uno de los nombres con más talento y contundencia de su generación en el flojo periodismo practicado en el Brasil actual.

El pasado lunes, 7 de septiembre, fecha de la independencia, Brasil escuchó dos pronunciamientos.

Es natural, en Brasil y en cualquier país, que luego de asumir el mando de la nación el presidente electo se decepcione con los ,límites que le imponen las leyes y la realidad. Lo común es que cuando aparecen sorpresas desagradables para el mandatario, éste busca hacer los cambios necesarios para adaptarse a la nueva circunstancia, negociando con el Congreso.

Hay cosas que ocurren en mi destrozado y devastado país que no logro entender, y mucho menos explicar a mis amigos extranjeros, siquiera a los de estas comarcas de América Latina acostumbradas a ser barridas por turbulencias y tragedias.

En el acto «Brasil venciendo a la covid-19» , el presidente reivindicó el uso de cloroquina. El número uno del Ministerio de Salud no habló y el número dos, el coronel Antonio Franco, no mencionó ningún programa específico para proteger a los 212 millones de brasileños del avance de la pandemia.

Jair Bolsonaro ya no sorprende a nadie. Sigue con una mezcla de estupidez, ignorancia e irresponsabilidad sin remedio, mientras Brasil naufraga en la peor tragedia sanitaria de su historia. Y cada día que pasa se refuerza la imagen de que no existe quien sea capaz de pararle la mano.

El martes 21 de julio el ultraderechista Jair Bolsonaro hizo el tercer test para saber si seguía infectado por el covid-19. El miércoles 22 vino el resultado: positivo. El jueves 23 Bolsonaro apareció en moto, paseando por los jardines del Palacio da Alvorada, la residencia presidencial. No usaba mascarilla. Paró para conversar con jardineros y personal de limpieza. Ninguno usaba mascarilla.

La existencia de “fichas” de 597 funcionarios públicos, tanto en actividad como jubilados, definidos como “antifascistas”, confirmaría la persecución política e ideológica de los adversarios.

A lo largo de los últimos quince días el país gobernado por el ultraderechista Jair Bolsonaro viene sumando más de mil nuevas víctimas fatales del coronavirus cada 24 horas. Son más de dos millones de infectados y casi ochenta mil muertos. Brasil se tomó cuatro meses para llegar al primer millón de infectados. Y escasos 27 días para alcanzar el doble.

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