Eric Nepomuceno

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Faltan pocos días para el estreno de 2022. Pero ya quedó claro que será un año especialmente largo para los brasileños.

Llevamos nueve días de 2022, pero la verdad es que, al menos en este Brasil destrozado, seguimos como en los peores momentos de 2021, el año maldito que parece no terminar nunca.

Hasta enero de 2019 muy poca gente sabía de la existencia de la señora Damares Alves. Se trataba de una oscura auxiliar en el Congreso brasileño, trabajando siempre al lado de figuras igualmente oscuras y evangélicas.

Ha sido una semana de victorias del ultraderechista Jair Bolsonaro. Logró aprobar en el Senado una ley que le permitirá liberar a diputados y senadores enmiendas al presupuesto nacional sin ningún control sobre el destino de generosos millones. Tampoco se sabrá el nombre de los contemplados. Faltan ajustes finales, pero todo indica que será aprobada: al fin y al cabo la reforma incluye el “Auxilio Brasil”, unos 75 dólares que se distribuirán cada mes a 17 millones de miserables.

Nuevas imágenes divulgadas en los últimos días refuerzan lo ya sabido: la impunidad total con que actúan mineros ilegales en la región amazónica, inclusive en áreas de reserva ambiental y territorios demarcados de comunidades indígenas, crece cada vez más.

Entre agosto de 2020 y el pasado julio fueron talados al menos 745 millones de árboles. En la Amazonia los pueblos originarios ven cómo sus tierras son invadidas por minerías ilegales.

La economía brasileña empezó a tambalear en el segundo mandato de la entonces presidenta Dilma Rousseff (2014-2016), pasó a hundirse lentamente con la ascensión del usurpador Michel Temer luego del golpe institucional que la destituyó (2016-2019) y se destrozó de una vez bajo el ultraderechista Jair Bolsonaro, actual mandatario.

El informe leído por el senador de oposición Renan Calheiros el pasado miércoles cerró la etapa de trabajos de la Comisión Parlamentaria de Investigaciones (CPI) dedicada a examinar, en el Senado, quienes son los responsables por la más letal crisis sanitaria vivida por el país, la pandemia de Covid-19, que causó al menos 606 mil muertes.

Brasil vive una etapa en que el cotidiano muestra dos caras. Una, la de un mandatario sin rumbo, un gobierno que resbala en promesas incumplidas y que a la vez destroza todo y cualquier aspecto de la vida nacional. La más reciente iniciativa en esa dirección fue imponer un severísimo recorte en el presupuesto destinado a investigaciones científicas, que paralizará al sector.

Medios de comunicación de Brasil y de varios países, Página 12 entre ellos, informan que el ultraderechista mandatario Jair Bolsonaro fue impedido de entrar al estadio para ver el partido entre Santos y Gremio por no tener como presentar el “pasaporte sanitario”, o sea, el comprobante de vacunación exigido para tener acceso a eventos públicos.

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