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Corporación-Estado versus Estado-partido

Fuentes: Rebelión

La aparición del manifiesto de Palantir con sus 22 puntos, que, sin eufemismos, llama a la construcción de un nuevo tipo de Estado clasificado por los analistas como tecnofascismo, causó la consternación del mundo intelectual derramando ríos de tinta o bits. Sin embargo, para comprender sus derroteros geopolíticos hay que ir a la exégesis del planteamiento, entenderlo como enfrentamiento por la supremacía y la hegemonía entre las naciones.

El ascenso de China -que amaga a los Estados Unidos en el primer lugar de la economía mundial-, lanza el desafío de pasar desde la unipolaridad americana a la multipolaridad de diversos polos rectores mundiales, ese es el fundamento del reconocimiento de Palantir. Buscan evitar una derrota que ya se hace palpable con el declive imperial.

¿Por qué hacer explícito el tecnofascismo de Palantir? Calculan que el nuevo fascismo estará mucho tiempo en el poder, que llegó para quedarse. Creen que el conflicto con China es existencial: una derrota económica es una derrota militar = una derrota tecnológica es militar; un triunfo militar es una victoria económica y tecnológica. Exigen poner todos los recursos y energía en la tecnología de la inteligencia artificial (IA)/militar, pero también convertir la sociedad hacia el belicismo, endureciendo a la población. Usar la fuerza negra del algoritmo para convencer a las personas de ser parte activa o al menos pasiva de las fuerzas armadas.

En el mundo de las máquinas los que mueren son los humanos, los artefactos son solamente destruidos. Como vemos en la guerra en Ucrania, a pesar de la enorme cantidad de drones, las bajas son altísimas en ambos bandos. La guerra sigue siendo un sacrificio de la vida de los soldados y los civiles; las máquinas son una forma de hacer más eficiente la muerte humana.

“La guerra, por sí sola, lleva al límite todas las energías humanas e impone el sello de la nobleza a los pueblos que tienen el valor de librarla”. Esta es una afirmación de Benito Mussolini, el Duce, que resume las expectativas del fascismo tecnológico de convertir las sociedades en militarizadas.

La tesis que puede construirse es: Occidente ve en el ascenso de China la eficiencia del Partido Comunista controlando al Estado por su capacidad en la toma de decisiones rápidas y efectivas, creación de sentido y dirección de lo nacional. Ven una incapacidad de la democracia liberal para enfrentar ese sistema. Para tener éxito en detener a China, buscan subordinar abiertamente el Estado a la corporación tecnológica.

El punto de encuentro entre el fascismo decimonónico, el nuevo fascismo y la tecnología, es el sacrificio de la población, que puede ser en la guerra, pero también en la necesidad, en la carencia de medios que permitan la sobrevivencia, apretarse el cinturón para el engrandecimiento de la patria.

Interviene aquí la manipulación algorítmica: la nueva industria de las relaciones públicas del imperialismo de EE. UU. por sobre las antiguas prácticas de los medios de comunicación masiva, la industria cultural, los derechos humanos y la democracia. La nación como Estado/corporación, su objetivo (es aquí donde está el salto cualitativo): la construcción de la CORPORACIÓN/ESTADO, donde es la corporación quien entrega sentido y dirección al Estado nacional.

China logró el éxito al subordinar el capital al Estado. La corporación/Estado busca lo mismo reemplazando el consumo por la guerra: “la guerra es para el hombre lo que la maternidad para la mujer”, decía Benito Mussolini.

El reemplazo de los humanos por las máquinas elimina la esencial condición de la plusvalía capitalista, la inversión en maquinaria se convierte en el centro del sistema. ¿Pero a quién vender la producción de objetos ya que el poder de consumo se vería altamente restringido? Es aquí donde se hace esencial la guerra como elemento central de la economía: los artefactos bélicos son consumidos en la batalla. El complejo militar industrial se hace centro neurálgico de la sociedad y la política.

Ya que el Estado es funcional a las élites, el capital y las corporaciones, sería un error abolirlo, se hace necesario su control total por la corporación, que sea ésta la que entregue las directrices geopolíticas, políticas y sociales.

Palantir coloniza el Estado influyendo en pasar del aislacionismo propuesto por el MAGA de Trump hacia una fase imperialista sin disfraces o subterfugios. Trump engañó al público cuando dijo que llevaría la industrialización a los EE. UU., pero no con la intención de hacer grande América de nuevo, sino usando los recursos de la guerra permanente (aunque esté fracasando). El imperialismo y el fascismo son las formas inherentes para que cualquier retórica belicista se materialice, esto implica un salto en el rearme de las naciones.

Si bien Palantir es una corporación fundada en Palo Alto, en el EE. UU. de Silicon Valley, tiene ramificaciones que colonizan Europa, donde controla agencias de inteligencia, datos y seguridad. Las ideas de la corporación se materializan en el esfuerzo militar que hace la Unión Europea para armarse con el objetivo de la guerra contra Rusia, como reponer la conscripción obligatoria que desde ya se empieza a implementar en Alemania.

En su manifiesto, Palantir hace explícito que el castigo tras la Segunda Guerra Mundial a la Alemania nazi y el Japón imperial fue desmedido. Hacen un llamado para usar a esas naciones en el rearme general, utilizando a Alemania contra Rusia y a los nipones contra China.

En las sociedades militarizadas como la de Israel, la guerra es consustancial a la vida social y política. Una vez instalada la maquinaria bélica debe ser usada, si no, se produce un pasivo que no genera utilidad, quedando solamente en la idea de la disuasión.

Producto de los sucesivos conflictos armados, las élites de los diferentes países han reelaborado sus doctrinas sobre la disuasión nuclear, volviéndose más proclives al uso de los artilugios atómicos. Por esto la amenaza de Trump a Irán sobre “desaparecer una civilización” tuvo un impacto tan grande.

Dos informaciones relevantes aparecieron en los medios, pero fueron mencionadas de soslayo: primero, la visita de Peter Thiel, fundador de Palantir, a Argentina. Las reuniones con los principales funcionarios del Gobierno y el propio presidente de la República, Javier Milei, dan a entender que la corporación se prepara para colonizar ese país, que está ideológicamente preparado para el tecnofascismo. En la lógica de la guerra permanente, con posibles retaliaciones nucleares, las naciones alejadas de las metrópolis parecieran refugios ideales. Thiel compró una mansión en Buenos Aires por 12 millones de dólares, pero su interés principal es por la Patagonia, que presenta recursos inestimables.

Segundo, una investigación de la Universidad Flinders de Australia concluyó que la humanidad vive por encima de lo que los ecólogos denominan “capacidad de carga”, estimando que: “Las economías actuales, basadas en el crecimiento continuo, no reconocen las limitaciones regenerativas del planeta, porque los combustibles fósiles compensan artificialmente la diferencia”. Plantean que el óptimo sostenible para el mundo son 2.500 millones de personas.

El fascismo de Palantir cruzado con la tecnología IA promete un mundo de control de los 8.100 millones de habitantes de la Tierra, tanto como la eliminación de los inservibles, para esto, la guerra permanente es esencial para llevar adelante sus propósitos, con China siempre como objetivo central.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.