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El proceso de asimilación a la opresión

Fuentes: Rebelión

La enseñanza para la sujeción se rige por el principio de servicio y respeto al poder en todas sus formas, conecta con toda vía posible de filtrar y depositar las señales del sometimiento al poder económico, político o social, de asimilarnos al sistema de dominación.

Entre las claves de la enseñanza para la sujeción, tenemos la trasmisión estructural, instrumental y experiencial de los patrones conductuales y relacionales afines a la supervivencia del capitalismo a través de la sobrexposición a sus mecanismos de funcionamiento y sus dinámicas de reproducción. Asimilamos la opresión pasando por la institución de la familia, la escuela, el ámbito laboral, los escenarios comunicativos, el contexto y el espacio social, hasta el escenario digital.

En el campo formativo de la totalidad capitalista, lo que asimilamos por todos los medios empíricos y racionales, por sobre todas las cosas que se nos presentan en el conocimiento estandarizado; son los hábitos, los moldes y formas de un proceso social opresivo altamente organizado.

La libertad que se nos trasmite hace parte de este proceso de asimilación, cubre el fondo de lo que realmente se nos está cincelando en las mentes, lo mismo cabe decir del derecho internacional y otros valores volcados al interés de la depredación occidental, asimilamos unos conceptos y valores que hoy el imperialismo está ajustando a sus prioridades. No dejamos de insistir en que, aunque en el mundo se proclama una libertad inalienable por encima de todo poder, la realidad sistémica va desgastando este ideal de la esencia humana al aprendizaje del control social, percibiéndose un desfase de la anterior asimilación para amoldarnos a los intereses geopolíticos del imperialismo.

En el paso de nuestras vidas el sistema social instrumentaliza la libertad, la acción y conciencia social a ser oprimidos, a ser juzgadas y sojuzgadas, a ser subalternos e inferiores, a asumir roles prefigurados, a ser las partes integradas de su lego imperial, porque la estructura piramidal-patriarcal del capital así lo condiciona y exige desde la interioridad de su mandato de poder.

Por consiguiente, la libertad humana que se nos inculca en el escenario histórico capitalista, está asimilada a este, no es transparente como tampoco lo es el sistema de dominación que la sustenta, queda bajo caución de la fuerza invisible del orden social, se amolda a la altanería del capital para delinear la vida misma, las sociedades y sus culturas a su imagen y semejanza.

Inherente a este proceso social de asimilación a la opresión, se afianza el argumento regulador de la realidad imperante llamada a recrearse en las lógicas de las ideologías dominantes ahora irradiadas desde múltiples ángulos; que van del discurso de Estado, los sistemas de creencias subordinadas, la fe religiosa, la argucia política, la jactancia empresarial, la influencia psicológica, a la inteligencia artificial por citar algunos ámbitos.

En el cierre de pinzas hace parte también el proceso de la asimilación relacional hegemónica, que es como hacerse al esquema y reproducirlo desde todos los ángulos, tanto de los que corren al servicio del sistema como de los que debieran presentar ruptura.

Cabe detenernos un momento respecto de este proceso, en el orden económico interactúan y coexisten fuerzas muy poderosas para enseñarnos a ser sumisos, desde las relaciones de explotación que regulan el control, la disciplina y el comportamiento de las clases sociales con el amparo de toda la estructura de poder. También el manejo fundamental de las relaciones políticas de control que ligan y regulan la vida pública dominante sobre la que descansa el edificio de la democracia formal capitalista, interfiere para delinear “lo viable de lo inviable”.

Además, dentro de este proceso de asimilación a la opresión, entre lo material y lo intangible, hace parte el marco cultural asentado en las relaciones concertadas históricamente como imperialismo cultural que dan un margen de movilidad y recreación sistémica.

En este armazón de asimilarse a la opresión están las relaciones de una violencia en evolución hacia el hundimiento del humanismo, que de la simple represión ha pasado al exterminio del tejido social enconadamente desde las décadas en que en la estructura económica capitalista impactaron con profundidad el neoliberalismo, el expansionismo monopólico trasnacional, la postura hegemónica, el interés por la financiarización del mundo, el recrudecimiento del armamentismo y la gran empresa internacional del narcotráfico y del crimen organizado.

Del rango público al privado, del legal al ilegal, del nacional al imperial, la violencia fue ejercida con daños fundamentalmente canalizados contra los pueblos; particularmente en Latinoamérica, contra sus condiciones de existencia materiales, políticas, territoriales, nacionales y socioculturales.

El relato ideologizado de la perspectiva burguesa hacia todos los fenómenos de la vida social es parte sustancial de esta asimilación, más que un agregado juega su trascendencia entre el negocio y la posición de clase a través de medios e instituciones tradicionales y avanzados, adjuntos o “independientes” que transitan por todo el engranaje social.

La pedagogía del opresor calibra estos procesos para establecer la estructura de su educación institucional pública y privada, institucional o difusa, atendiendo como bastante se ha dicho, los requerimientos del mercado capitalista como “desarrollo humano”, tanto en la formación como en el mantenimiento del orden social dentro y fuera del esquema formal educacional.

Con respecto al proceso de asimilación relacional debe considerarse que más que contemplar el aprendizaje de tareas, hace referencia a la internalización del sistema de dominación, clasista, étnico, nacional, de género y racial, en la asimilación de que la actual opresión histórica es lo natural de la vida, una realidad normalizada e inevitable, una divinización de los hechos al estilo del discurso trumpista.

Así como lo expresan los debates en la educación, evidencian los controles de fondo de la educación regulada (el docente-cuidador, integrado e integrador al sistema, la jornada extensiva, el salario depreciado, los programas ad hoc, la dominancia de la estratagema política, la degradación instrumental de sus procesos, la conveniencia financiera, el autoritarismo educativo, el miedo a la ultraderecha, la subordinación del componente pedagógico, el criterio de la autoridad y el absolutismo del sistema empresarial);  que en los hechos asimila y oprime a trabajadoras y trabajadores de la educación para satisfacer las demandas del sistema dominante.

En el contexto de su realidad alterada, el hegemón norteamericano instruye una obediencia total, está ejerciendo presión en todo, con sus notas de fascismo y de fanatismo oligárquico trasnacional, sobre la práctica del terror imperialista, la intransigencia de sus demandas, la exigencia de rendición, y el avasallamiento de gobiernos y de los pueblos.

Referenciada en el marco de la descomposición del actual sistema de dominación mundial, que ve en este proceso de asimilación un modo de conservación con un imperialismo decimonónico empeñado en aniquilar civilizaciones y la enseñanza de la mentalidad colonial; el proceso de asimilación en la opresión hará implosión dado el extremo de sus pretensiones. Porque sus antagónicos son reales, diferentes económica, política, cultural, social e históricamente, por más sometidos que puedan estar o parecer en las actuales circunstancias, tienen por naturaleza de su existencia rumbos opuestos, cuando menos se espera, vuelven a manifestar su sentido social como la persistente resistencia boliviana.

El sistema capitalista no es la humanidad en sí misma, es el fenómeno de dominación histórica más crítico y desafiante para la civilización, en lo que concierne a la explotación social, el control político y la enajenación como prisión de la conciencia.

Por ahora la resistencia es fundamental, Latinoamérica quieren eternizarla como botín irreductible de la hegemonía yanqui. La palestinización de América latina es una estrategia peligrosa, pero aún así persisten en el mucho abarcar, aunque para ello deban pasar sobre nuestros pueblos. Las presiones de este proceso son extremas, pero asimilarse al sistema, integrarse al engranaje imperial y a toda forma de opresión jamás será una opción válida para la existencia de los pueblos y naciones.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.