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Ediciones Akal publica El momento gramsciano, del historiador del pensamiento Peter D. Thomas

Gramsci y los Quaderni del carcere, un «clásico» de las ciencias sociales

Fuentes: Rebelión

33 cuadernos manuscritos con cerca de 3.000 páginas y 2.000 notas; componen los Quaderni del carcere del filósofo marxista italiano Antonio Gramsci (1891, Cerdeña – 1937, Roma), uno de los fundadores en 1921 del Partido Comunista de Italia (PCI). Promotor del periódico L’Unità y diputado comunista, Gramsci escribió los Quaderni entre 1929 y 1935, durante los años de encierro en las prisiones de Mussolini.

En esta serie de ensayos aborda, entre otras cuestiones, el concepto de hegemonía, el papel de los intelectuales, la importancia de la cuestión meridional (diferencias socioeconómicas del sur de Italia respecto al norte), Maquiavelo, la cultura nacional italiana, el folklore o el Risorgimento.

Profundiza en la obra del pensador sardo el libro de 528 páginas El momento gramsciano, del historiador del pensamiento político y de la filosofía, Peter D. Thomas, editado por Akal en febrero; Thomas es especialista en la obra de Gramsci e imparte estas materias en la Brunel University of London.

El autor destaca que los Quaderni del Carcere fueron publicados en una edición temática tras la II Guerra Mundial; tuvieron eco popular en los años 50 y 60 del siglo XX y -a partir de los 60- se produjo una irradiación internacional del pensamiento gramsciano; un hito en el recorrido de los Quaderni tuvo lugar en 1975, con la edición crítica a cargo del filósofo Valentino Gerratana.

El momento gramsciano subraya cómo, actualmente, la obra de Gramsci constituye un referente para las ciencias sociales en general; y, en concreto, para disciplinas como la historia, la sociología, la antropología, la teoría política o las relaciones internacionales.

Uno de los grandes principios que inspiró la obra del filósofo italiano fue la producción de una teoría política que orientara a las clases populares en sus intentos de alcanzar la dirección social y política; así, uno de los conceptos más difundidos y valorados de Gramsci es el de hegemonía, que se caracteriza por cuatro rasgos.

En primer lugar, el objetivo de generar consenso como idea opuesta a la coerción; además, la hegemonía opera en la sociedad civil en mayor medida que en el Estado; un tercer aspecto es la consideración de Occidente como ámbito adecuado a la guerra de posiciones (similar a la de trincheras), mientras que Oriente lo sería a la guerra de movimientos (ataque frontal); por último, la hegemonía, como teoría genérica, puede aplicarse tanto a las formas de dirección proletaria como a las burguesas.

Sin embargo, matiza Peter D. Thomas, “la naturaleza y la forma distintivas de la hegemonía proletaria sigue siendo el leitmotiv de todo el proyecto de los Quaderni del Carcere (…); a lo largo de los Quaderni se da una relación dialéctica entre los estudios de Gramsci sobre una hegemonía burguesa lograda y sus propuestas para la construcción de su antítesis proletaria”.

De hecho, añade Thomas, Gramsci “no comienza por hacer valer el concepto de una hegemonía proletaria en su inmediatez pura e indeterminada, sino que es el análisis de la hegemonía burguesa lo que constituye su punto de partida”.

Siguiendo este hilo, El momento gramsciano subraya la vigencia de los Quaderni para forjar una política de masas transformadora; habría de tenerse en cuenta, primero, la forma-Estado capitalista y la producción de lo político en la sociedad burguesa; y, frente a ello, la necesidad de fraguar un aparato hegemónico proletario; en segundo lugar, el entendimiento del marxismo como filosofía de la praxis con la que construir la hegemonía proletaria; en este punto, el historiador y teórico político reflexiona sobre la actualidad del frente único.

Una de las distinciones de interés planteadas en el libro de Akal es la que se da entre intelectuales orgánicos y tradicionales; los dos tipos, según Gramsci, están relacionados con el mundo de la producción económica; pero los intelectuales orgánicos de una clase social lo son, además, en los ámbitos social y político.

“La especificidad del intelectual orgánico está completamente conectada con la especificidad del proyecto de clase del que surge”, subraya el autor de El momento gramsciano; así, cada forma de organización -asociada a un proyecto de clase concreto- precisa de un tipo específico de intelectual orgánico, que dé forma a esta organización en los sentidos ideológico y práctico.

En el caso de la intelectualidad proletaria -contrapuesta al intelectual tradicional: el literato, el filósofo o el poeta, con la elocuencia como motor de los afectos y las pasiones-, ha de mezclarse activamente con la vida práctica, como constructor, organizador, persuasor permanente y superior al espíritu abstracto-matemático.

Y que, en palabras de Antonio Gramsci, “de la técnica-trabajo llega a la técnica-ciencia y a la concepción histórica humanista, sin la cual se sigue siendo ‘especialista’ sin pasar a ser ‘dirigente’ (especialista+político)”.

En uno de los apartados finales de la obra, Peter D.Thomas aborda el papel del moderno príncipe, en el que el comunista sardo se hace eco de la propuesta de Maquiavelo; se trata de la fusión de un nuevo tipo de partido político y cultura de oposición, de lucha, que reuniría a los intelectuales (organizadores) y las masas; en el partido político se darían los elementos de organización, unificación y coordinación; y las voluntades colectivas parciales tenderían a ser universales y totales.

“Para Gramsci, encarcelado por ser miembro de un Partido Comunista, el Príncipe moderno era un cuerpo colectivo constituido como una relación social activa de conocimiento y organización, era la ‘expresión activa y efectiva’ del proceso de formación de una ‘voluntad colectiva nacional-popular’ y de una ‘reforma intelectual y moral’”, subraya el autor.

Pero los Quaderni de Gramsci han de situarse en el contexto personal e histórico del autor; escritos en una situación de grave enfermedad y aislamiento carcelario, al filósofo italiano le resultó imposible participar directamente en los debates de la época; por ejemplo, las contribuciones al marxismo realizadas por dos filósofos soviéticos, Nicolai Bujarin, autor de Teoría del materialismo histórico, y Abram Deborin; también las aportaciones del húngaro Lukács y de Karl Korsch, autor de Marxismo y filosofía.

Finalmente El momento gramsciano subraya cómo, para Gramsci, la obra de Marx rompe con la tradición filosófica anterior en lo conceptual; también  respecto a la naturaleza y definición de la filosofía; además, en la cosmovisión conocida como marxismo se condensaron históricamente -con la contribución no sólo de Marx- las luchas de las clases populares por un mundo nuevo.

En conclusión, Peter D. Thomas reproduce las palabras de Gramsci sobre la filosofía de la praxis:

“No tiende a resolver pacíficamente las contradicciones existentes  en la historia y en la sociedad, y de hecho es la teoría de tales contradicciones; no es el instrumento de gobierno de grupos dominantes para obtener el consenso y ejercer la hegemonía sobre las clases subalternas; es la expresión de estas clases subalternas que quieren educarse a sí mismas en el arte de gobierno y que tienen interés en conocer todas las verdades”.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.