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Argentina

A contramano de la región

Fuentes: Miradas al Sur

En la semana, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) de la Naciones Unidas, difundió su informe «Estudio Económico de América latina y el Caribe 2015: Desafíos para impulsar el ciclo de inversión con miras a reactivar el crecimiento», donde dio cuenta de las estimaciones de crecimiento económico para la región durante […]

En la semana, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) de la Naciones Unidas, difundió su informe «Estudio Económico de América latina y el Caribe 2015: Desafíos para impulsar el ciclo de inversión con miras a reactivar el crecimiento», donde dio cuenta de las estimaciones de crecimiento económico para la región durante el presente año. Así, pronosticó para América del Sur una caída en el PBI 2015 (el total de lo producido por la región durante el año) del 0,4%, corrigiendo su estimación de abril, cuando había pronosticado un crecimiento del 1% para este mismo 2015. Sin embargo, la situación para nuestro país fue prácticamente la inversa, pues mientras que en abril este organismo había pronosticado un crecimiento nulo (0%) en su último informe dio cuenta de una suba del 0,7%.

Con todo, si bien Argentina quedó por delante del promedio de la región, la misma Cepal dio cuenta de que este sería «otro año de relativamente bajo crecimiento» (el año pasado fue del 0,5), explicando que esta situación tenía que ver con «factores positivos» como «el probable aumento de los salarios reales y la continuidad de la política fiscal expansiva» pero que quedaban «contrarrestados por otros negativos», entre los que mencionaba los «precios internacionales desfavorables», la «persistencia de la incertidumbre cambiaria» y el «bajo nivel de actividad en el Brasil», país para el que de hecho pronóstico un caída del 1,5%, la cual guarda una estrecha relación con el fuerte ajuste ortodoxo (alrededor del 1,3% del gasto público) que la presidente Dilma Rousseff está implementando de la mano del ex banquero y directivo del FMI Joaquim Levy, actual ministro de Economía.

Que sea la misma Cepal la que pone al contexto global y especialmente a Brasil como algunos de los principales factores negativos para el mayor crecimiento argentino, posiblemente haga reflexionar a quienes evalúan la situación económica solo en función de las medidas implementadas a nivel local.

De todas formas, esta descripción del organismo de Naciones Unidas ya podía ser observada tiempo atrás, desde los fríos números. Sucede que el Brasil es nuestro principal socio comercial, y el país al que se destinan el 50% de las exportaciones industriales, compuestas en gran parte por el sector automotor, pues allí se colocan el 60% de la totalidad de los autos producidos localmente, o el 85% de las exportaciones automotrices totales.

En el primer semestre de este año, la recesión brasilera produjo que las ventas de automóviles argentinos hacia ese país cayeran un 25%, y que las exportaciones totales disminuyeran un 20%.

Asimismo, en línea con la receta clásica del FMI de reducción del salario y el consumo vía devaluación, durante el último año Brasil devaluó su moneda, el real, un 35%, cotizándola en la semana que finalizó en su punto más bajo de los últimos doce años, lo cual se transformó en otro elemento perjudicial para la Argentina en la relación bilateral comercial con este país.

De la misma forma, y como panorama más general, la caída en el precio internacional de las materias primas, fue puesto en números por el Indec: 2.960 millones de dólares. Es el monto que nuestro país hubiera percibido por las mismas exportaciones que realizó en este año, a los valores del 2014. En el caso de la soja, principal producto de exportación argentino, se explica por una China que pasó de un crecimiento del 10% en su PBI en 2014 a otro proyectado del 7% para este año, aunque según la Cepal «las últimas volatilidades en los mercados financieros generan incertidumbre sobre este pronóstico, que podría ser menor al 7%».

El plan K

Tal como lo reconoció la Cepal, en medio de las actuales turbulencias internacionales la Argentina tuvo un moderado crecimiento, pero crecimiento al fin.

Otra vez los números. Esta semana el Indec difundió que las ventas de junio en cantidades en los supermercados de todo el país, crecieron de manera interanual 6,7% y un 12% en los shopping. En relación a la actividad económica en general, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del Indec, difundió que la actividad creció un 2,2% interanual en mayo, alcanzando el mayor incremento desde diciembre de 2013, y sosteniendo el ritmo de suba iniciado desde comienzos de año (enero 0,6%, febrero 1,1%; marzo 1,6%, y abril 1,7%).

Tal como lo señaló en otro de sus párrafos el organismo de Naciones Unidas, fueron la acción estatal y la defensa de los salarios lo que permitió que este crecimiento. Aquí resulta atinado mencionar las medidas llevadas adelante por el actual gobierno K, a través del ministro de Economía Axel Kicillof, un firme defensor de la teoría del economista británico John Maynar Keynes, para quien en contextos recesivos, los Estados debían llevar adelante medidas contracíclicas basadas en el aumento de la presencia y el gasto público.

Así, muchos de los programas que tienen como uno de sus vectores el estímulo al consumo (como los aumentos en la Asignación Universal por Hijo (AUH), las jubilaciones, el Progresar, el Procrear, el Ahora 12) explican en parte un aumento del gasto público que crece en un 40% anual, en comparación con una recaudación del 31%. De todas formas, en este sentido bien vale un dato aportado por el Estudio Bein referente a mayo, el último mes informado por la administración pública, que señala que de no contar el pago por intereses por la deuda pública, tanto la recaudación como el gasto (primario) se ubicarían en niveles similares (33,9% y 34,3% interanual respectivamente).

Esta misma consultora proyecta para el actual año un déficit fiscal (diferencia entre ingresos y egresos de las arcas públicas) del 6,4%, aunque menciona que gracias a los aportes del Banco Central, el déficit en que incurriría la administración pública será de 4,2%.

Una u otra cifra, o la del 5% del 2014, el déficit de las cuentas públicas argentinas se ubican dentro del rango en que se adentraron nuestros más importantes socios comerciales para capear la crisis global. Por caso, Estados Unidos tuvo en 2013 un déficit del 5,7 de su PBI, y Brasil en 2014 del 6,23.

Proyección 2016

En medio del intenso debate electoral, una de las muletillas por parte de políticos, economistas, y medios opositores, consiste en señalar la falta de sustentabilidad en el tiempo de este plan K de fomento a la actividad económica por medio de la intervención y el gasto público, con déficit fiscal.

Lo cierto es que no existen medidas económicas que garanticen un blindaje total frente a un mundo económicamente interconectado, y, aun cuando sean atendibles algunas objeciones puntuales a determinadas políticas, como los subsidios energéticos o la falta de una política de mayor desarrollo del entramado industrial, la teoría keynesiana y la experiencia económica concreta prueban la contraindicación de efectuar, en medio de la actual coyuntura internacional, el tan reclamado ajuste por el que brega gran parte de la oposición política, económica, y mediática. Brasil, España o Grecia, por la negativa, y Estados Unidos, por la positiva, son recientes pruebas de esto.

La restricción eterna

El célebre economista Aldo Ferrer suele hacer referencia a la «restricción eterna» para hablar del sostenimiento en el tiempo de la «restricción externa», es decir la falta de dólares para suplir, fundamentalmente, las necesidades industriales.

En efecto, desde 2011 volvió a experimentarse en el país este fenómeno clásico en la historia económica argentina, motivado en ese momento por la fuga de divisas por parte de los sectores concentrados de la economía. La situación llevó al Gobierno a imponer restricciones parciales a la adquisición de moneda extranjera, un fenómeno al que la prensa opositora le da hasta nuestros días el nombre de «cepo», pese a que ello implicaría una restricción total a la compra de dólares, algo que no sucedió.

De hecho, durante este año se ampliaron los cupos para dos de los sectores más demandantes de divisas, las automotrices (de 160 a 190 millones mensuales) y los productos electrónicos (233 a 300 millones), y se batieron al mismo tiempo récords en la venta de dólar ahorro, que alcanzó los 3.500 millones en lo que va del año. Las reservas del Banco Central, sin embargo, crecieron de los 31.500 millones de dólares a los casi 34.000 millones.

Claro que esto es sólo una parte del cuadro. La balanza comercial (diferencia entre los productos vendidos y comprados al exterior), que se convirtió en una de las pocas fuentes de divisas debido a la restricción al crédito externo motivado por el conflicto con los buitres, tuvo en el semestre un saldo positivo, pero de sólo 1.323 millones de dólares, es decir cerca de la tercera parte del año pasado y la sexta del 2013. Por otro lado, en octubre próximo el gobierno debe afrontar el Boden 2015, que podría hacer perder de las reservas hasta 6.300 millones de dólares.

Deuda. La opción

El bajo nivel de deuda pública que logró el gobierno luego de la política de desendeudamiento llevada adelante desde 2003, es un factor clave para alejar el fantasma de una profunda crisis económica. De hecho, este tipo de crisis, como la que se están viendo en países de la Eurozona, suelen producirse por un excesivo endeudamiento público, más allá de que este no sea el único factor.

La Argentina llegó a tener una deuda del 166,4% de su PBI en 2002, pero la redujo a cerca del 50% el año pasado. Este hecho, sumado a que menos de la mitad de esa deuda es con acreedores privados, ya que el resto se reparte en deuda intrapública (con organismos estatales, y expresada en pesos) y con organismos multilaterales como el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo, es decir en ambos casos fácilmente refinanciable, da cuenta de la situación de holgura que Argentina tiene al respecto.

En rigor, la política desendeudamiento acabó este año, en el que el Gobierno ya tomó deuda por 1415,9 millones a través de los bonos Boden 2014 y 41.000 millones de pesos por medio de ocho emisiones de los Boden 2016. La deuda tomada en dólares fue a una tasa de interés cercana al doble de la región (8,75%), debido en gran medida al conflicto abierto con los buitres, y ese parece ser el mayor desafío que se presente de cara al futuro, en relación con la deuda pública.

Uno sin dudas mucho menor que el sobreendeudamiento que legaron otros gobiernos, tanto dictatoriales como democráticos.

Fuente original: http://www.miradasalsur.com.ar/2015/08/02/revista/panorama-economico-a-contramano-de-la-region/