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A los trabajadores brasileños

Fuentes: Manifiesto de la CGTB

«La Patria no condecora a los traidores«Ulysses Guimarães  Hay algo muy equivocado con los sectores del movimiento sindical que, por parálisis o sabotaje, han debilitado la lucha contra el ataque a nuestros derechos, en vísperas de ser votada la Ley de Esclavitud Laboral del gobierno Temer. Contra esa agresión a la Consolidación de las Leyes […]

«La Patria no condecora a los traidores«
Ulysses Guimarães
 
Hay algo muy equivocado con los sectores del movimiento sindical que, por parálisis o sabotaje, han debilitado la lucha contra el ataque a nuestros derechos, en vísperas de ser votada la Ley de Esclavitud Laboral del gobierno Temer.

Contra esa agresión a la Consolidación de las Leyes del Trabajo (CLT), hicimos, día 28 de abril, la mayor huelga general de la Historia del Brasil. En el día 24 de mayo, ocupamos la capital, Brasilia, con 200 mil trabajadores.

El gobierno, en ese día 24, estaba tan desesperado que intentó recurrir a la represión armada contra una manifestación pacífica – represión, además, totalmente fracasada.

En ese momento, en que caminábamos hacia una nueva y aún más pujante huelga general, marcada para el día 30 de junio, una parte del movimiento sindical traicionó la lucha contra el ataque a nuestros derechos.

La huelga del día 30 fue decidida en común y general acuerdo de todo el movimiento sindical. Sin embargo, dirigentes de sindicatos y centrales, a la medida que se acercaba el día de la verdad -es decir, de la huelga- prefirieron la omisión y el sabotaje.

Algunos ejemplos son suficientes:

Dos semanas antes del 30 de junio, hubo la propuesta, totalmente desmovilizadora, de anticipar la huelga, lo que era una forma segura de hacerla fracasar.

Rechazada esa propuesta, hubo, en el día anterior a la huelga, los que defendieron, abiertamente, en la asamblea de los trabajadores del metro de San Pablo, categoría esencial para el movimiento, que debía ignorar la convocatoria para el día siguiente.

Otros, con responsabilidad en la organización del movimiento, hicieron declaraciones en redes sociales contra la huelga, justo cuando el gobierno promovía en el Congreso un verdadero mercado de pulgas, sobornando parlamentares para aprobar el ataque a los derechos laborales.

Para coronar esa obra de traición, al mismo tiempo que desconvocaban o se omitían con relación a la huelga del 30 de junio, abrieron «negociación» por separado con el ministro del Trabajo (y con Temer, el ladrón en la presidencia) para discutir una Medida Provisoria que cambiaba los derechos de los trabajadores por la creación de una contribución financiera para los sindicatos.

¡Como si fuera lícito a un dirigente sindical entregar los derechos de los trabajadores! ¡Cómo si hubiera cualquier «negociación» con ese gobierno que no fuera la sumisión a través de propina!¡Como si la palabra de ese gobierno tuviera algún valor!

Han apostado en un presidente corrupto, sin palabra y sin honra, y en parlamentarios que están por la bola siete en la Lava Jato, o sea, todos en el bolsillo de los bancos, de las multinacionales y de las contratistas.

Días antes de la votación del ataque a los derechos de los trabajadores en el Senado, la reunión de las centrales, para discutir el balance del día 30 y la movilización para ocupar Brasilia el día de la votación, fue saboteada, y acabó siendo suspendida.
 

La unidad

No hay, para los trabajadores, un bien más precioso que su unión, porque no existe para nosotros ninguna otra forma de vencer la miseria, el desempleo, los bajos salarios, la opresión patronal que no sea a través de nuestra unidad. Por eso mismo, siempre estuvimos en la primera línea de la lucha por la unidad sindical.

Todavía, no hay otra manera de realizar esta unidad que no sea en torno a nuestros intereses, de los intereses de los trabajadores. ¿Para qué serviría una unidad que no fuera en torno a nuestros intereses? Sería sin una falsa unidad, una falsa unión.

La batalla contra el ataque a nuestros derechos, condensados en la legislación del trabajo, CLT, aún no ha terminado.

La aprobación de tal estupidez por un Congreso ocupado por involucrados en los crímenes revelados por la Operación Lava Jato significa decir que comenzó nuestra lucha para revocar la Ley de Esclavitud Laboral. No tenemos duda en cuanto a la victoria, porque somos 200 millones de brasileños contra una minúscula camarilla de ladrones.
 

Ley de esclavitud

Esta Ley de Esclavitud cambia 203 dispositivos de la CLT.

Permite que el trabajador sea contratado como autónomo exclusivo, sin derecho alguno; permite que el trabajador esté a disposición del patrón, ganando sólo por las horas trabajadas; permite que las trabajadoras embarazadas -o en período de lactancia- trabajen en un ambiente insalubre.

Establece que lo «negociado» directamente entre trabajador y patrón -es decir, lo impuesto por el patrón- pueda pasar por encima de la ley en cuestiones como reducción de salario, aumento de la jornada para 12 horas diarias y disminución del horario de almuerzo entre otras. Sofoca financieramente a los sindicatos, para debilitarlos en la negociación.

Si esa Ley de la Esclavitud Laboral fuera de alguna manera aceptada por los trabajadores, aumentaría bárbaramente la concentración de renta en el país -que ya es una de las mayores del mundo-, reduciendo drásticamente el poder adquisitivo de los trabajadores.

Lo que significaría hundir aún más el país en la crisis pues, cuanto menos el trabajador recibe, menos puede comprar y, por lo tanto, menos las empresas nacionales pueden vender. Y eso, en una situación donde ya estamos, hace 4 años, cayendo en el abismo con 26,5 millones de brasileños desempleados o subempleados.

La devastación nacional a la que los gobiernos Temer y Dilma llevaron al país no fue generada por los derechos y rendimientos de los trabajadores, sino por la criminal transferencia de recursos del sector público, de los trabajadores y de los empresarios nacionales a los bancos, fondos extranjeros y otros parásitos, cebados con los intereses establecidos por el propio gobierno.

Durante 13 años, de 2003 a 2016, los gobiernos del PT y del PMDB transfirieron, sólo a través del pago de intereses, 3 billones 600 mil millones de reales del sector público para el sector financiero. Durante el gobierno Temer fueron 500 mil millones de reales.

Bajo una intensa movilización popular, Dilma fue derrotada y ganó fuerza la operación Lava Jato. Además de Temer, de Lula y Aécio, ocho ministros son investigados. Ya fueron para la prisión los jefes del cártel y políticos de tres gobiernos.

La lucha continúa y, a pesar de venir desde hace mucho tiempo, apenas está empezando.

Vamos a resistir en las campañas salariales anuales, en las calles, en las plazas, en todo lugar donde haya un trabajador brasileño.

¡Por la revocación de la Ley de Esclavitud Laboral!

¡Contra el desmantelamiento de la Seguridad Social!

¡Ningún derecho a menos!

¡Fuera Temer!

Fuente: http://www.cgtb.org.br/documentos/manifesto.pdf