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A pesar de la bancarrota de EEUU el «Sueño Americano» sigue más vivo que nunca

Fuentes: Agencia Comunicación Popular Noticias

En un mundo en donde hay cada vez más riqueza inequitativamente distribuida, la única forma de domesticar y evitar así la rebelión de quienes han sido eternamente privados de los medios materiales esenciales que necesita una vida digna, es convencerlos de que son los únicos responsables de su desdicha. Que la sociedad adopte este pensamiento […]

En un mundo en donde hay cada vez más riqueza inequitativamente distribuida, la única forma de domesticar y evitar así la rebelión de quienes han sido eternamente privados de los medios materiales esenciales que necesita una vida digna, es convencerlos de que son los únicos responsables de su desdicha. Que la sociedad adopte este pensamiento es crucial para que permanezcan intactos los privilegios que la misma minoría de siempre detenta.

Esa estrategia parecería estar funcionando. Uno de los libros más vendidos del año 2008, «Queremos que seas rico», escrito por los multimillonarios Robert Kiyosaki y Donald Trump, es uno de los tantos exponentes «literarios» que sintetizan la perversa idea de que no es el contexto económico y social, sino el esfuerzo individual, el verdadero y único motor del progreso material. Según todo este tipo de ejemplares de «autoayuda-financiera», la diferencia entre el rico y el pobre estaría en que estos últimos no habrían sido instruidos correctamente en el manejo de sus finanzas. En teoría, una vez leído el libro y conocida la fórmula, ya no habría dificultades para que cualquier mendigo se vuelva millonario.

A comienzos de la década del 90, el ex presidente argentino Carlos Saúl Menem, en los inicios de sus brutales políticas económicas que generarían crecientes niveles de desocupación y pobreza, dijo: «estamos mal, pero vamos bien». Y esa eterna promesa, ese sueño americano que recorre la psiquis colectiva es la respuesta más efectiva que el sistema ha encontrado ante las inexplicables atrocidades que comete.

Paradójicamente, los estudios más importantes de movilidad social (1) encuentran que EEUU, la meca del sueño de la abundancia, presenta una de las mayores elasticidades ingreso padre-hijo del mundo. Esto significa que el principal factor que explica el éxito económico no es el esfuerzo individual (como el sueño americano promete), sino la riqueza familiar.

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Las evidencias que recogen las investigaciones sobre la materia señalan a la riqueza del entorno familiar, la educación de los padres y propia, y las condiciones sociales como los principales factores determinantes de la movilidad social. Esto implica que el progreso económico está en su mayor parte determinado por variables que uno no elige ni controla. Distintos niveles de educación (medidos por años de escolaridad) explican entre el 35 y el 50 % de la correlación del ingreso intergeneracional. (2) Un aumento del 1% en la proporción de hombres desempleados conduce a una disminución del 1,7% del salario de sus hijos (3) Por otra parte, los mismos autores desestiman a las habilidades cognitivas como factores explicativos. El coeficiente intelectual contribuye sólo el 1 o 2% a la explicación del fenómeno estudiado. (4)

Durante las últimas décadas EEUU ha venido perdiendo posiciones en todo tipo de indicadores de movilidad social, siendo actualmente superado por muchos países industrializados. Francia, Alemania, Suecia, Canadá, Finlandia, Noruega, Dinamarca: ninguno de ellos es tan injusto ni da tan pocas posibilidades de progreso económico como ese país. De hecho, los ingresos de las nuevas generaciones son menores a los de las generaciones pasadas. Para el año 2004, los ingresos de los hombres de 30-39 años eran un 12% menor comparado con aquellos de la misma edad en 1974. (5)

No obstante esta contundente realidad científica, los resultados de las encuestas de percepción ciudadana indican que la fe en el sueño americano se encuentra más vigente que nunca. (6)

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El 92% de los encuestados considera al «trabajo duro» como un factor muy importante en la dinámica de la movilidad económica. El 89% señala que «tener ambición» es esencial para lograr el mismo cometido. Sin embargo, sólo el 28% considera que «venir de una familia rica» es importante, y tan sólo el 15% considera que el factor racial juega algún rol en la materia. Como contracara de la percepción ciudadana, los estudios sobre la brecha racial en la movilidad económica, quizás no muy difundidos por los medios masivos de comunicación, señalan que si tomamos cualquier grupo de ciudadanos, aún cuando hayan nacido en vecindarios con similares tasas de pobreza, los negros experimentan menores tasas de movilidad ascendente y mayores de movilidad descendente que los blancos. Es decir que para ellos, por ser negros en una sociedad racista, siempre será más difícil progresar económicamente y siempre más probable volverse más pobres. (7)

Tal como escribió Marx hace 150 años y la historia lo demuestra una y otra vez, ni la opresión ni la miseria bastan para impulsar una revolución social. No son las condiciones objetivas (extrema pobreza), sino las subjetivas (conciencia política y de clase) lo que impide en la actualidad que ese justo odio y resentimiento generalizado se direccione hacia donde debe. Eso sucede porque existe actualmente una poderosísima maquinaria educativa y cultural cuya misión es enceguecer al pueblo y que éste no pueda identificar correctamente a sus enemigos. Cuando hay pobreza, dirán que los enemigos son los «vagos» que no quieren trabajar. Cuando hay desocupación, dirán que los enemigos son los inmigrantes que «roban» el trabajo local. Cuando no hay progreso, dirán que el enemigo es uno mismo y su falta de esfuerzo individual. Pero es fácil reconocerlos, ellos son, precisamente, los dueños de esa maquinaria.

1 -Corak (2006). D Addio (2007)

2- Blanden et al. (2006); Osborne (2005); Bowles et al. (2005); Rumberger (2006); Blanden (2005a); Piraino (2006)

3 – Palmer (2002);Hertz (2006); Bowles and Gintis (2002a)

4 – Bowles and Gintis (2002a); Bowles et al. (2002); Blanden et al. (2006) ; Rumberger (2006); Osborne Groves (2005) (Bowles and Gintis, 2002a,b)

5- Economic Mobility: Is the American Dream Alive and Well? Brookings Institution. (2007)

6 – Understanding Mobility in América. Tom Hertz (2006)

7 – Patrick Sharkey. Neighborhoods and the Black- White Mobility Gap. (2009)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.