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¿Dónde están nuestros tribunos?

Adam Smith y la nación de tenderos

Fuentes: Sin Permiso

Yo pensaba que había sido Napoleón. Pero no; fue Adam Smith, en la Riqueza de las naciones (1776), en el libro IV, sección vii, parte 3 (hacia la mitad). He aquí lo que dice: «Fundar un gran imperio con el único propósito de levantar a un pueblo de consumidores podría a primera vista parecer un […]

Yo pensaba que había sido Napoleón. Pero no; fue Adam Smith, en la Riqueza de las naciones (1776), en el libro IV, sección vii, parte 3 (hacia la mitad). He aquí lo que dice:

«Fundar un gran imperio con el único propósito de levantar a un pueblo de consumidores podría a primera vista parecer un proyecto adecuado sólo para una nación de tenderos. Sin embargo, resulta un proyecto de todo punto inadecuado para una nación de tenderos, y extremadamente adecuado para una nación cuyo gobierno está bajo la influencia de tenderos.»

Nosotros tal vez querríamos añadir incendiarios mediáticos, hackers telefónicos, policías en el ajo, parlamentarios ansiosos de sorber la manteca del pesebre, todos los banqueros y los otros individuos de elevado valor neto.

¿A qué se refería Adam Smith?

Estaba criticando las Leyes de Navegación (1651), que dieron un monopolio de los productos coloniales a los tenderos de Inglaterra. El mantenimiento de ese monopolio fue «tal vez el único fin y propósito del dominio asumido por Gran Bretaña sobre sus colonias». La producción era el producto de la esclavitud; la esclavitud fue al principio irlandesa e inglesa, luego se hizo africana. Centenares de miles se consumieron durante dos siglos bajo el látigo, el sol y las cadenas de la opresión para que los tenderos de Inglaterra levantaran una nación de consumidores muy, muy alejados del gemido de los esclavizados.

Sí, una sociedad de «consumidores» «servida» por tenderos: tal era la apariencia. Pero detrás de cada consumidor hay un productor (¡no hay forma de escapar a eso!), y los descendientes de los esclavos siguieron al producto producido por sus ancestros, y eso fue mucho antes de que el Empire Windrush llegara en 1948 a los muelles de Tilbury con los veteranos jamaicanos de la II Guerra Mundial.

La historia la contaron muy bien Eric Williams y C.R.L. James, ambos de Trinidad, ambos afincados en Londres. También la podéis encontrar en el magnífico sumario de Robin Blackburn: The American Crucible: Slavery Emancipation and Human Rights. Londres es una ciudad-mundo, y durante siglos ha sido una comuna en las Edades Medias, la primera comuna. Entre 1620 y 1660, los tenderos se impusieron totalmente (Adam Smith lo dejó dicho). Lo llamamos la «revolución burguesa» (¡toma ésa, Napoleón!). Las rebeliones municipales de los años 60 del siglo XX inspiraron a una generación de académicos de ambos lados del Atlántico al estudio de los disturbios de la década de los 60 del siglo XVIII. ¿Acaso no lo destacamos suficientemente? ¿No se enseñó a los políticos esta historia en la escuela? ¿Cercamientos? ¿Criminalización de costumbres? ¿Economía moral? ¿Esclavitud?

Evidentemente, no.

En el siglo XVIII, lanzaban productos a los «consumidores», por lo general, drogas (café, te, azúcar), y luego, en el XIX, metían política de por medio para dividir e imperar (género, religión, raza, empleados/desempleados, viejos/jóvenes). Un pueblo compuesto de consumidores y una nación de tenderos chupaba a un mundo de esclavos, y chupaba tanto, que el ruido chupador se hizo inaudible. Los pollos llegan a casa para ser rustidos, como dijo Malxom X en otro momento aleccionador (cuando fue asesinado JFK). Sólo ahora la globalización es completa. Por eso Darcus Howe habla de Tottenham y Siria, Tottenham y Puerto Príncipe. Lo que no está completa es la historia. Toda la historia no ha sido sino contada ni a medias. Eso es lo que hace de esto un momento histórico, como también dice Darcus.

¿Una segunda comuna? ¿Un archipiélago de comunas?

El propio Adam Smith llegó a temerlo:

«Los tribunos, cuando tienen en mente animar al pueblo contra los ricos y los grandes, recuerdan la antigua división de la tierra y presentan la ley que restringía este tipo de propiedad privada como la ley fundamental de la república.»

El miedo a los bienes comunes y a los comunarios fue lo que causó la expansión imperial, la conquista y la colonización, como sostiene Adams Smith en la sección «De lo motivos para el establecimiento de nuevas colonias».

¿Dónde están nuestros tribunos?

Peter Linebaugh es profesor de Historia en la Universidad de Toledo. The London Hanged y (con Marcus Rediker) La hidra de la Revolución: la historia oculta del Atlántico revolucionario (trad. castellana: Editorial Crítica, Barcelona, 2005). En Serpientes en el jardín se incluye su ensayo sobre la historia del Día de Mayo. Su último libro es el Manifiesto de la Carta Magna (California Univ. Press, Berkeley, 2009).

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4368